
Después de la muerte de Irving Penn hace poco más de una semana, y de Richard Avedon y Helmut Newton hace un par de años, Sam Haskins es, a los 84 años, posiblemente el último gran fotógrafo de modas de su generación.
El nombre quizás no es inmediatamente reconocible, porque, a diferencia de sus contemporáneos, Haskins no creó su carrera bajo el ala protectora de Vogue o Harper’s Bazaar, sino con plena independencia, fotografiando lo que se le daba la gana, como se le daba la gana, a menudo con escasos presupuestos y modelos no profesionales.
Sus primeros calendarios fueron rechazados a comienzos de la década del 50 por las editoriales británicas, que consideraron sus imágenes demasiado arriesgadas, demasiado atrevidas y, mas importante aun, poco atractivas para un mercado todavía atado al conservantismo de esa época. Haskins decidió entonces publicarlos él mismo, y su enorme éxito no solo fue una revancha- y un augurio de lo que traería la década siguiente-, sino también la puerta de entrada a mas de cincuenta años de constante y aplaudido trabajo.
Su primer libro, “Five Girls”, de 1962 , es todavía considerado como uno de los más influyentes en la fotografía de modas del siglo veinte. Curiosamente, no es exactamente un libro dedicado a la moda, sino al espíritu de los 60’s, encarnado en un puñado de atractivas e inocentes jovencitas para las que su sexualidad parece ser solo un juego. Algo similar sucede con “Cowboy Kate”, publicado dos años después, donde una modelo no profesional inspira a Haskins a explorar los mitos norteamericanos con toda su libertad, sensualidad e ingenuidad.
Incluso si usted no ha visto las imágenes originales, las ha visto mil veces. Ahí están, en avisos publicitarios, en pasarelas de moda, en el trabajo de otros fotógrafos y directores de arte, en el cine y la televisión, y, por supuesto, en la portada de Elle hace un tiempo, donde Madonna, rubia y en sombrero negro, hizo su propia versión de “Cowboy Kate”.
Haskins, como queda claro en esta entrevista, recibe estas imitaciones con una mezcla de orgullo y rabia, pero no le da mayores vueltas al asunto. No tiene tiempo. Aunque vive en semi reclusión en Australia, lejos de Sudáfrica, donde nació, y de Europa, donde vivió durante largo tiempo, su existencia es sorprendentemente activa.
En la ultima década su colaboración con Vogue Francia ha sido productiva y fructífera para ambas partes, llevándolo a trabajar, por primera vez, con editores, asistentes y estilistas. “Cuando era un fotógrafo joven, tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces, equipo…ahora llego a la sesión con mi manos en los bolsillos”, explica riendo.
El fotógrafo estuvo hace unas semanas en Nueva York lanzando su nuevo libro, “Fashion Etcétera”, el primero en dos décadas, una completa revisión de toda su carrera. El libro fue publicado en dos ediciones, una regular y otra de lujo patrocinada por Tommy Hilfiger que, además, organizó una exhibición de las imágenes incluidas en el libro en la Milk Gallery de Manhattan.
Pocas horas antes de la inauguración, conversamos con este genio de la fotografía.
-¿Por qué tuvimos que esperar 20 años por un nuevo libro?
-Estaba ocupado haciendo otras cosas, enseñando, trabajando en proyectos de moda y publicidad…ganándome la vida.
-¿Cómo fue revisar sus archivos? ¿Es algo que hace a menudo?
-¡No, nunca!. Hay fotos que no había visto en 30 años. Hay otras que había olvidado. Y hay otras que en su momento fueron rechazadas en la edición y ahora las miras y te preguntas por qué. Son fantásticas.
“Con este libro quise compartir el trabajo de toda una vida, especialmente con los fotógrafos jóvenes. Durante décadas he trabajado en diferentes países, y hay grandes vacíos en el conocimiento que la gente joven tiene de mi trabajo”.
-El nombre “Fashion Etcétera” sugiere que su fotografía va mucho mas allá de la moda…
-Si, incluye muchas otras cosas. La moda y el estilo son grandes influencias en mi obra, pero no lo son todo. Mis imágenes están mas interesadas en la forma en que la modelo juega con su pelo, por ejemplo, que en lo que lleva puesto. Hay muchos gestos pequeños en mis imágenes que no tienen nada que ver con tendencias ni modas.
-Pero que aun así capturan el espíritu de la moda…
-Exactamente. Hay una cita de Coco Chanel que incluí en el libro y que explica muy bien este concepto. “La moda no solo existe en los vestidos. Existe en el aire, nos llega con el viento, es posible sentirla. Está en el cielo y en la calle; depende de ideas, costumbres y acontecimientos’. Eso explica muy bien mi filosofía respecto a la moda y mi fotografía.
-En un principio usted hizo una fotografía que no tenia nada que ver con lo que mostraban las revistas de la época, fotos de “catalogo” como las llamaba usted. ¿Le costó imponer su propia visión?
-Durante mucho tiempo no tuve mayor interés en la moda, y por lo mismo no presenté mi trabajo a revistas o editores. Estaba muy ocupado haciendo trabajo publicitario o calendarios, donde además servia como director de arte y tomaba todas las decisiones. Eso me gustaba mucho. Luego, a través de un agente, conocí y comencé a trabajar con editores y es una experiencia que ha sido muy satisfactoria. Especialmente con los mas jóvenes, que son gente muy profesional. Además, trabajar con revistas te da acceso a modelos bonitas, ropa fantástica, hermosas locaciones…!Y ellos pagan por todo! Cuando era un fotógrafo joven tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces y equipo. Ahora llego a la sesión con mis manos en los bolsillos.
-¿Cuándo comenzó su interés por la fotografía?
-Me interesó desde que era niño. Pero no solo la fotografía, sino también la ilustración. En mis cuadernos de colegio lo mas importante eran mis ilustraciones, a las que dedicaba mucho tiempo y esfuerzo.
-¿Eso se tradujo finalmente en fotografía?
-Después del colegio estudié arte en Johannesburgo, y después de graduarme, aprovechando una oferta de la Universidad, tomé un curso de fotografía una vez a la semana durante un año. Fue ahí donde me enamoré de este medio. Luego partí a Londres, donde pensé que podrían enseñarme mucho mas. Pero no fue así; en los cursos semanales que había tomado en Sudáfrica aprendí todo lo que necesitaba: las reglas básicas y los buenos modales de la fotografía.
-¿Qué año llegó a Londres?
-El 49, y fue fantástico. El 51 se organizó el “Festival of Britain” que creó un nuevo interés en el arte y el diseño después de la guerra. Fue un momento maravilloso para estar ahí. Todo se hizo mas vivo, mas interesante. Había arte por todas partes.
-¿Se sintió parte de una generación de artistas?
-En su momento uno no piensa en esas cosas. Lo mismo que durante los 60’s, cuando tantas cosas pasaban en Inglaterra. Ninguno de nosotros pensamos que estábamos viviendo un momento especial. Simplemente nos sentíamos abiertos, listos para participar, muy influenciados por lo que existía en el aire. Por eso muchos nos consideran “fotógrafos de los 60’s”, pero ese no es un titulo que nosotros hayamos inventado. Fue, en todo caso, un tiempo fabuloso: los Beattles, el “Love Power”, Mary Quant…
-Muchos piensan que el mundo se ha hecho mucho mas conservador desde entonces. ¿Está de acuerdo?
-No, no me parece que sea así. Pienso que hoy las cosas son mas libres y abiertas que en los 60’s. Esa fue una época que trajo gran libertad, pero hay que pensar que veníamos de los 50’s, que fue una era muy conservadora. Los 60’s estuvieron llenos de música, color y diversión, pero si miras una revista de hoy, tiene una libertad de expresión mucho mayor de la que existió en esa época.
-Una de las cosas mas interesantes de sus imágenes es la mezcla de provocación e inocencia. ¿Es deliberada?
-Muéstrame una imagen…
-Esta, por ejemplo…(Abro el libro y le muestro a una modelo desnuda, con el pelo amarrado con dos cintas y actitud despreocupada).
-Esta era una mujer muy joven, estudiante de arte, que venia a mi estudio por las tardes después de clases. Estaba interesada en crear imágenes conmigo, y a mi me parecía muy, muy sexy, pero también tenia esa inocencia de la adolescencia. Esa tensión me ha parecido siempre muy atractiva.
-¿No era entonces una modelo profesional?
-No, para nada. Cuando comencé a hacer mis libros en blanco y negro y mis calendarios, no había agencias de modelos ni agentes. Todo el mundo usaba a conocidos.
-¿El proceso de trabajo era distinto que con una profesional?
-Un aspecto muy importante de mi trabajo es que trato de evitar ser un titiritero. No quiero controlar los brazos, las piernas o las cabezas de mis modelos. Ellas son seres humanos y pueden moverse por si mismas. Lo que hago es mantener una conversación durante la sesión, un dialogo, y trato de que eso se traduzca en las imágenes. Son conversaciones guiadas por mi, claro, pero donde hay dos participantes, no un director y una dirigida. Muchas veces modelos muy importantes descubren su expresión favorita y la usan constantemente. Uno puede tomar veinte fotos, y la primera va a ser igual que la vigésima. Eso se hace muy aburrido para la modelo, el fotógrafo y obviamente para el público.
-¿Cuando era niño o adolescente, tenia iconos o grandes referentes en moda, arte o fotografía?
-En el colegio me arrancaba a menudo de clases y me iba a la biblioteca pública. Ese fue mi referente mas grande. Vengo de una familia que no estuvo expuesta al arte, y Johannesburgo, donde crecí, no era tampoco una ciudad importante en esos términos. Todo venia, entonces, de la biblioteca.
-¿Y luego?
-Cuando llegué a Londres ya me había enamorado de la fotografía, pero no me di cuenta de sus enormes posibilidades hasta que visité el Victoria & Albert Museum. Ahí tenían un salón dedicado solamente a revistas de arte, y revisándolas descubrí el trabajo de Irving Penn, que esa época todavía no era demasiado conocido en Europa. Su obra me abrió los ojos, me di cuenta de que con la fotografía podía hacer cosas que jamás había ni siquiera soñado. Ese fue el gatillo de mi pensamiento artístico. Luego descubrí lo que estaba haciendo Richard Avedon y eso me llevó a experimentar aun mas.
-¿Tuvo alguna relación con ellos?
-No. Ellos estaban aquí en Estados Unidos, y yo en Sudáfrica e Inglaterra. Conocí a Penn en una oportunidad y tuvimos una muy buena conversación. Quedé sorprendido, porque sabia mucho de mi trabajo. Habló de fotos mías en particular, lo que encontré muy halagador.
-¿Por qué cree que en un mundo tan obsesionado con la juventud como el de las revistas de moda, fotógrafos como usted o los que menciona pueden seguir adelante hasta los 80 o 90 años?
-No sé la razón, pero es algo maravilloso. Sin duda sucedió con Penn, que a los 92 seguía tan profesionalmente activo como siempre.
-Si tuviera que explicar como ha madurado su trabajo desde un comienzo hasta ahora, ¿Qué diría?
–Una de las cosas mas difíciles en la fotografía es la manipulación de las personas. Muchos fotógrafos jóvenes hacen un trabajo maravilloso con paisajes, arquitectura o naturalezas muertas, pero tienen problemas cuando se enfrentan a una figura. No es fácil trabajar con personas frente a la cámara, pero la madurez ayuda y la tarea se hace mas fácil. Lo otro importante con el paso de los años, es que uno crece visualmente y su aprecio por el arte en general se hace también mas grande.
-Cuándo ve sus antiguas fotos, ¿Recuerda cuando las tomó? ¿En qué circunstancias?
-¡Oh, por supuesto! Revisando los archivos regresan todos los recuerdos. Algunos felices, otros no tanto. Algunas imágenes estuvieron repletas de problemas, pero el que hayas sido capaz de solucionarlos y lograr una buena foto es algo que da cierto orgullo. Es como ver un álbum familiar, reconoces cada cara, cada momento.
-¿Qué le parece que su trabajo haya inspirado a tantos fotógrafos y directores de arte que, no sé como ponerlo, han ‘re-creado’ su trabajo?
-De hecho, la palabra adecuada es robo- dice riendo-. Me gusta influenciar a otros fotógrafos, estimularlos para que hagan su trabajo. Pero cuando llega un tipo que no tiene una sola idea original en su cabeza y simplemente toma las mías, me molesta. Esto no es algo que me suceda solo a mi, ocurre con todos los grandes fotógrafos. Cuando el trabajo es copiado, nunca es tan bueno como el original. El aspecto negativo de todo esto es que hay mucha gente que no sabe cuál fue la primera foto, no puede distinguir el original de la copia. Eso es irritante.
-Leí en alguna aparte que detesta las fiestas de moda…
-¡Odio las fiestas! Pero no soy el único. Nunca vi a Avedon o Penn en las páginas finales de alguna revista, fotografiados en fiestas. Hay gente a las que les encanta. Si Lagerfeld no va a un cocktail, o Mario Testino, la fiesta es un desastre. No necesito eso en mi vida, prefiero la tranquilidad. Tengo demasiado trabajo que hacer. Y tengo además una biblioteca llena de libros que amo en mi casa. Eso me entretiene más que cualquier fiesta.
Manuel Santelices
Cosas, October 09