Manuel Santelices

Archive for the ‘arte’ Category

Edward Villella

In arte, musica, Ocean Drive Espanol on November 14, 2011 at 7:01 pm

“Fui un simple mortal en un mundo de Dioses”, dice Edward Villella hablando de su larga y extraordinaria carrera como primer bailarín del American Ballet Theatre. Ahí estuvo, arrancando aplausos y acumulando honores, bajo la severa supervisión de algunos de los mas grandes maestros de la danza del siglo XX, incluyendo a Jerome Robbins y George Balanchine.

Quienes lo recuerdan en el escenario estarían, sin duda, en desacuerdo con su modestia.

Villella es para muchos un Dios por derecho propio, el bailarín americano mas célebre de su tiempo, un hombre que podía conmover hasta al mas cínico de los aficionados con su perfecta mezcla de técnica, talento y virilidad sobre el escenario. “Pero uno no puede vivir en el pasado”, dice, “y ahora mi pasión y mis esfuerzos están concentrados en el presente”.

El presente, por supuesto, incluye su brillante labor como Director Artístico del Miami City Ballet, la compañía que fundó en 1986 con 19 bailarines y solo un millón de dólares de presupuesto, y que hoy está considerada como una de las mas importantes de Estados Unidos y el mundo. “Ahora se nos menciona en el mismo párrafo que el New York City Ballet, el American Ballet Theatre o el San Francisco Ballet”, asegura orgulloso, “Hemos bailado en el Kennedy Center en cuatro oportunidades, la última junto al Kirov. Y cuando aparecieron las criticas, no ocupamos el segundo lugar”.

A  los 69 años, Villella muestra una vitalidad y un entusiasmo envidiables.. “A estas alturas de mi vida me siento lleno de energías”, asegura, “Mi mujer me cuida muy bien. Mis pulmones, mi corazón, mi circulación y mi mente funcionan estupendamente. Y mientras pueda seguir haciendo mi trabajo al nivel que lo hago, seguiré adelante. Cuando ya no sea así, será el momento de pensar en soluciones y reemplazantes”.

Aunque no tiene una ‘short list” de potenciales sucesores, dice que está bien dispuesto a colaborar en la búsqueda de “uno o varios individuos que comprendan que esta una compañía de repertorio, que tengan una visión amplia del ballet y que entiendan diferentes estilos de danza. Y ese tipo de personas”, agrega con una sonrisa, “no se encuentran en cada esquina”.

El mayor desafío de la compañía a futuro, dice, es conseguir los recursos necesarios para continuar adelante con su labor. Y aunque asegura que en ese sentido el apoyo de Miami Beach ha sido enorme, no ha sucedido lo mismo con la ciudad de Miami. “Han pasado 22 años, y aun estamos esperando”, dice con cierta desilusión, “Eso es algo que debemos solucionar”.

De todas cualidades de Villella como Director Artístico, quizás la mas importante, la mas clara, es su profundo y genuino aprecio por sus bailarines. “Existe una larga historia de abuso de bailarines en el mundo de la danza y no quiero que eso se repita en mi compañía. Tengo un grupo de bailarines muy felices, porque soy accesible”, señala, “Entiendo que el Miami City Ballet no se centra en mi, sino en lo que puedo enseñarles como profesional y como persona”.

“Amo a los bailarines”, continúa después, “Son personas dedicadas, apasionadas, con una gran voluntad. Nuestra compañía está compuesta de talentos, y ese es nuestro gran tesoro. Hemos sido capaces de crear nuestras propias estrellas, y lo hemos hecho descubriendo esos talentos. Uno puede enseñar técnica al talento, pero es imposible enseñar talento a nadie”.

Con su experimentado ojo Villella busca “calidad de movimiento” en los miembros de su elenco, “algo tan personal en cada uno como una huella digital”.

“El bailarín debe ser capaz de hablar con su cuerpo, transmitir estilo, rango dramático, velocidad, poder…En eso fui siempre muy afortunado, en parte, porque trabajé junto a los mejores de mi tiempo”.

En su compañía los bailarines son lo mas importante, y en ella hay poco espacio para los egos o grandes personalidades que tan bien conoció durante su propia carrera en la danza.. “Mis bailarines han puesto sus carreras en mis manos, y tomo esa responsabilidad en forma muy seria. Quiero ser un ejemplo no solo por mis conocimientos y mi experiencia, sino también por mi humanidad. Hay personas en el ballet que siguen con su capa puesta una vez que la cortina del escenario ha bajado. Yo no soy de esos”.

Esta es una lección que Villella aprendió a golpes en su propia carrera.

En su famosa autobiografía, “Prodigal Son: Dancing for Balanchine in a World of Pain and Magic”, publicada originalmente en 1992, Villella habla de su conflictiva relación personal y profesional con George Balanchine, el célebre fundador del New York City Ballet, que en el libro es descrito como un genio narcisista que en ocasiones fue incapaz de lidiar con las complejas emociones de los miembros de su compañía.

“En cierto modo, todos éramos pequeñas niñas frente a ese padre autocrático que era Balanchine”, escribe Villella, “Un juego tan antiguo como el mismo ballet, donde hasta hace poco los bailarines eran llamados ‘boys’ y ‘girls’”.

En “Prodigal Son”- el mismo título del famoso ballet de Balanchine de 1929- Villella hace un paralelo entre el corógrafo y su padre, un descendiente de italianos de Queens que durante toda su vida trabajó en su propia empresa de transportes en el “garment district” de Nueva York y que, en un principio al menos, no recibió bien la noticia de que su hijo pensaba dedicarse a la danza.

“Yo también me sentía avergonzado”, reconoce el bailarín, “Mi madre me llevó obligado a las clases de danza que tomaba hermana después de un accidente que sufrí jugando béisbol con mis amigos. Pensó que ahí estaría mas seguro. Me senté al final de la habitación a observar a las niñas durante la clase, y cuando empezaron a saltar, yo, que siempre fue un atleta, comencé a saltar también. La profesora le dijo a mi madre que me ponía mallas y me integraba a la clase o me sacaba de ahí, porque distraía a las alumnas. Al día siguiente aparecí con mallas”.

Cuando su hermana se retiró de las clases, su padre, aprovechando la oportunidad, dio por terminado el asunto y lo envió a Maritime Collage, una Universidad de estilo militar donde Villella pasó cuatro años estudiando, boxeando y jugando béisbol. Fueron cuatro años duros, donde la danza nunca dejó de rondar sus pensamientos. En su último año de College regresó, a escondidas de su padre, a la Academia de Ballet.

“Desde que cumplí quince años, todo lo que quise fue bailar. Durante los veranos trabajaba en la empresa de mi padre, pero siempre supe que esa no era la vida que quería. Mis aspiraciones eran mayores”.

Convencido de su destino, Villella se inscribió finalmente en el School of American Ballet de Balanchine, y en 1956 fue invitado a integrarse al New York City Ballet. Dos años después se convirtió en solista y, en 1960, en bailarín principal.

Su primer rol, como protagonista del “revival” de “Prodigal Son”, fue, quizás, el mas famoso de su carrera. Muchos pensaron que el titulo era una ironía, considerando la difícil relación entre maestro y alumno.

Unos años antes, Villella había hecho lo impensable, abandonando las clases de Balanchine para seguir su aprendizaje junto al danés Stanley Williams.

Para Balanchine, esta fue una traición. Para Villella, un asunto de supervivencia.

“Si no lo hubiera hecho, mi carrera habría terminado al poco tiempo”, señala, “Después de cuatro años lejos del ballet, sus clases, que eran verdaderos laboratorios coreográficos, se me hacían imposibles. Sufrí heridas, lesiones, y sentí que en lo personal y lo físico no tenia alternativas. Las clases de Stanley, en cambio, abrieron mis ojos a un nuevo mundo donde encontré todo lo que estaba buscando. Nos hicimos muy amigos desde el principio. Después de clases nos íbamos a comer, a tomar cerveza, y hablábamos hasta las tres o cuatro de la mañana sobre la complejidad de lo que estábamos tratando de conseguir físicamente. Nunca tuve una relación como esa con Balanchine”.

En su libro, el bailarín habla de lo difícil que fue ese periodo. “Abandonar la clase de Balanchine me produjo una enorme vergüenza y humillación”, escribe, “Y creo que hasta el día de su muerte, Balanchine nunca me perdonó por no rezar en su altar”.

Aunque ha pasado largo tiempo desde entonces, Villella todavía siente que su decisión fue “como insultar a Mozart”.

“En el ambiente de la danza hubo algunos que pensaron que estaba tomando mi carrera en mis propias manos. Otros creyeron que estaba desafiando a Balanchine, porque fui el único que no lo seguí y mi presencia era palpable por mi ausencia. Y hubo muchos que sabían como eran sus clases y entendieron perfectamente las razones de por qué no podía seguir ahí. El mundo del ballet, como el del teatro, está regido por rumores, quejas y política. Yo preferí mantenerme al margen de la controversia y me dediqué a trabajar duro para convertirme, así, en un bailarín fundamental para Balanchine”.

Sus esfuerzos, como quedó claro en el escenario de “Prodigal Son”, fueron bien recompensados. A partir de entonces, Villella acumuló una larga lista de triunfos y honores. Fue el primer bailarín americano en aparecer junto al Royal Danish Ballet, y el único en recibir ruegos de “encore’ en el teatro Bolshoi de Moscú. Bailó durante la inauguración del Presidente Kennedy y luego para Johnson, Nixon y Ford. Produjo y dirigió la serie “Dance in America” para PBS, ganó un Emmy y recibió, en 1997, la National Medal of the Arts de manos del Presidente Clinton. Pero durante todo ese tiempo, la sombra de Balanchine nunca dejó de acompañarlo.

“Mientras trabajamos juntos tuvimos siempre una relación cordial, aunque nunca socializamos. Balanchine era un profesional supremo, pero, de vez en cuando, hacia un comentario para recordarme lo que había sucedido y ponerme en mi lugar. Eso era algo que yo estaba dispuesto a aceptar a cambio de trabajar con el mejor”, dice. “Cuando fui a decirle que abandonaba la danza por las lesiones en mi cadera, se mostró sinceramente triste y preocupado. ‘Por lo menos te vas cuando estás en tu mejor momento’, me dijo, ‘Todos te recordarán en el top y nadie será testigo de tu decadencia’”.

Villella vio a Balanchine por última vez en su cama de hospital, dos semanas antes de su muerte, en 1983. “En un mundo lleno de genios, Balanchine era el mas grande”, dice ahora.

Seria imposible que un hombre como este bailarín, que durante décadas creó magia con su pirueteas sobre el escenario, no se emocione hablando de su arte.

“No hay un día en que no sienta nostalgia por la danza”, confiesa, “Es frustrante no poder hacer lo que hacia antes con mi cuerpo, pero esa es la naturaleza de este juego. En la danza, los mayores traspasan a las nuevas generaciones su conocimiento y experiencia. Es la ley de nuestra vida. Esta es una forma artística que pasa de cuerpo a cuerpo, pero también de mente a mente. Y esa frase no es mía. Es de Balanchine”.

Ocean Drive en Espanol, 2007

Alejandro Jodorowsky

In arte, cine, Cosas, Libros on October 26, 2011 at 6:10 pm

(Una tarde de invierno de 1992, en París, visité a Jodorowsky en su casa de Vincennes. Aquí, nuestra conversación, publicada en Cosas ese mismo año).

Si no fuera por ese color púrpura furioso que lleva en su bata y sus calcetines perfectamente combinados, por esa gata Iris misteriosa y regalona que se sienta en su falda y de ahí no sale, y por esa mirada que tiene algo de loco y algo de genio y que es por donde se le asoma su alma de surrealista embravecido, Alejandro Jodorowsky podría ser un caballero cualquiera. Pero no lo es. Jodorowsky es un poeta, un escritor, un cineasta, un fanático productor de comics, un actor, un mimo. Jodorowsky es una mente lúcida y distinta que hace cuarenta años marcó a Chile con sus pensamientos revolucionarios, cuando junto a Enrique Lafourcade y Enrique Lihn, tan rebeldes como él, se paseaban por Santiago leyendo a Rimbaud en voz alta y soñando con el mundo refinado y delirante con que suenan los poetas.

Quizás porque en 1953 se fue de Chile y  no volvió hasta el año pasado, porque no vivió los mil días de Allende ni los 17 años de Pinochet, porque no vivió ni huelgas ni booms, ni supo de utopías socialistas o libremercadistas, es que esos sueños permanecieron intactos, como guardados en el tiempo. Y por eso también es que los jóvenes de hoy, igual o más que los de ayer, se vuelven a fascinar con sus relatos. “El Loro de Siete Leguas”, una de sus últimas novelas, se convirtió en el libro preferido del ‘under’ nacional. Sus películas, entre las que están “Santa Sangre” y “El Topo”, circulan en videos piratas por las calles de Bellavista o por entre las mesas del Café de la Plaza del Mulato Gil. Y sus Comics, pesadillas y ensoñaciones en tinta china, son devorados por los fieles seguidores de la iglesia surrealista o, mejor aun, la del Pánico, ese movimiento intelectual que el creó para reírse a gritos de la cultura “establecida”.

En 1953 Jodorowsky partió a Francia, a París, a seguir clases de pantomima con Marcel Marceau. Llevaba un plan de cinco años: el primero iba  a estudiar con Marceau; el segundo formaba su propia compañía; el tercero hacía cine; el cuarto se empezaban a exhibir sus películas en todas partes y el quinto se hacia conocido mundialmente. Luego volvía a Chile cargado de fama y honores.

“Era un plan muy grande”, reconoce ahora, sentado en un sillón en el tercer piso de la casona que tiene en el barrio de Vincennes, a las afueras de París. Los cinco años se transformaron en cuarenta y las ambiciones de grandeza quedaron enmarcadas en los límites de su propia vida, traicionadas por sus propias exigencias artísticas. Así, hubo veces en que pudiendo publicar sus propios libros, publicó los de otros. Así, hubo veces en que pudiendo conseguir grandes presupuestos para sus películas, renunció a ellos para no perder el timón de sus propias obras.

En Chile, la figura de Jodorowsky se convirtió en un leyenda, un mito romántico. Por eso, el año pasado, cuando volvió al país, no hubo escritor o cineasta que se lo perdiera, no hubo Universidad que no visitara, no hubo periodista que no quisiera conocerlo. Fue un huracán intelectual la visita de Jodorowsky. Y él, feliz, encantado de la vida y de saber que este país, del que siempre se acuerda, nunca lo olvida.  Seria imposible olvidar una mente tan original y él lo sabe. Por eso defiende tan ferozmente su individualidad, su derecho a ser distinto. “La diferencia es la felicidad total”, dice. Y si Jodorowsky lo dice…

“Una vez vi en Nueva York dos mil rabinos, todos iguales. Casi me morí de dolor”, cuenta. “El gran problema de la actualidad es la falta de diferencia; lo que provoca la televisión, Mao, Hitler, Stalin, las dictaduras, la Coca Cola…Todo aquello que provoque igualdad es totalitario, dictatorial y nefasto. Nosotros debemos luchar por la diferencia y el respeto a ella entre nosotros. Para la persona vulgar, el gran horror es la diferencia. Pero para la persona evolucionada, la diferencia es la felicidad total”.

-¿Por qué se demoró tanto en ir a Chile?

-Porque nadie me invitó nunca y ahora me invitaron. No es que quisiera que me pagaran el pasaje, pero sí que me dijeran que fuera a hacer algo.

-¿Cuál fue su impresión del país?

-Desde luego uno cree que no se va a impresionar, pero ya cuando pone los pies en el suelo como que se emociona y llora. Es algo que no tiene nada que ver con lo que ve, con la ciudad, sino que es poner los pies ahí. Es una vibración inconsciente, porque uno vivió ahí desde que nació. Es como recuperar el cordón umbilical.

-¿Usted pensó que no iba  a sentir nada después de tanto tiempo?

-Claro, vinieron dos o tres personas a entrevistarme y no sabia ni qué responder. Estaba muy cansado. Y después ver Chile, que cambia y sigue siendo igual.

-¿En que sentido?

-Es difícil definirlo, es una manera de ser que sigue siendo lejana. Chile es un país lejano. Es una manera de vivir lo lejano, en el aislamiento y en una adolescencia perpetua. Chile es un país adolescente, lo que es una maravilla. Hay muchas cosas que no cambian, como las relaciones entre la gente. Para mi no cambió nada. Todos mis amigos estaban ahí. Algunos muertos, otros abuelos. Mis novias eran abuelas.

Yo no pasé las desgracias, las luchas y todo lo que hubo en Chile. No pase por Allende ni pasé por Pinochet. No podía tener reacciones viscerales no en pro ni en contra de lo que había pasado. Lo único que podía tener era un gran entusiasmo por 1991. Era una mirada un poco ingenua y virgen. No me tocó reaccionar como reaccionaria un chileno normal que ha estado en Chile y que ha padecido o ha triunfado”.

-¿Cree que esas experiencias marcaron a los chilenos?

-Los marcaron y mucho. Vi cambios sociales fuertes en la gente que conocía, de donde están ahora y donde estaban. Claro que los marcaron.

-¿Y usted cómo vivió lo que sucedió en Chile, la UP, Pinochet…?

-Yo tenia amigos en los dos lados. En la época en que salí de Chile, nos mezclábamos. Nosotros, los artistas, nos mezclamos en todas las clases sociales. Si había una fiesta, venia la Marta Montt, nieta de dos Presidentes, Enrique Lihn Carrasco, que era mezcla de alemán y chileno, un boxeador, y Julio Escamez, que era obrero; había judíos, árabes, de todo. Las amistades fueron completas. Y cuando yo salí, había unos de un lado y otros del otro. Yo no podía tomar partido. Y si lo tomaba, tenia que ser en forma íntima.

-¿Alguien se lo echó en cara?

-No, nunca.

-¿Por eso no fue a Chile?

-Claro, para no tomar partido. No me consideré digno de tomar partido. Esa es la verdad. Fue muy difícil, muy doloroso, como vivir sin raíces.

-¿A quienes vio ahora en Chile? ¿Qué hizo?

-Vi a todo el mundo. Para eso fui, para tener un contacto con quien quisiera. De pronto, terminando una charla con alumnos de la universidad Católica, justo tres días después del asesinato de este político…

-Jaime Guzmán.

-Claro, un amigo, que había sido expulsado de Chile, un hombre de ultra izquierda, me dijo que no fuera a la Universidad porque me iban a matar, que iba a la boca del lobo y no se que mas….Yo le pregunté a un chofer que yo tenia, y él me dijo ‘usted no puede dejar de ir’. Y yo le obedecí al chofer y estuve feliz. Fue maravilloso. Nos reímos como dos horas, todos. Así también fue con los dibujantes de comics. Estuve con mis antiguos amigos, con Nicanor Parra, con Lafourcade…

-¿Usted se  siente parte de esa generación?

-Yo no me siento parte de nada, incluso ahora. En Chile nosotros éramos una generación de poetas mas jóvenes que Nicanor Parra; estábamos Enrique Lihn, Mario Espinosa, Yaconi…La que se llamó por Lafourcade la generación del Cincuenta. Nuestros grandes monumentos espirituales eran cinco: Nicanor, Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral y Huidobro.  Y entre esos pasaba Diaz Casanueva, Prado y otros poetas que considerábamos menos apasionantes aunque buenos también. Sí siento que pertenecí a esa gente. Mis emociones van a eso. Mi mas grande amigo fue Enrique Lihn. Ahora vi a su hija.

-¿Le dan ganas de volver definitivamente?

-Dan ganas. Para ser honesto, dan ganas de vivir seis meses allá y seis meses acá. Acá en París la vida es dura. No hay un país mas desolado que Francia. En francés la palabra “sufranse” es  sufrimiento, pero “sus” es bajo y “France” es Francia. La Francia es un país que está lleno de sufrimiento, de miedo al futuro, de mal humor. Cada persona vive aislada; tener amigos franceses es extremadamente difícil. Yo los tengo, trabajo con ellos, pero uno se demora entre diez y veinte años en conseguirlos. En Chile uno llega y los tiene. En Chile veo siempre viejos mezclados con jóvenes, no hay diferencias generacionales, porque todo el mundo es adolescente. Nicanor Parra es un maravilloso adolescente. El lado humano es maravilloso, pero hay un lado cultural que le falta.

-¿Por qué cree que sucede eso, si Chile es un país de gente que escribe, gente que pinta…?

-Porque la televisión vino a arruinar todo en el mundo. Yo soy best seller en Chile ¿Y qué es ser best seller?, vender dos mil ejemplares. Estoy en la segunda edición de “El Loro de Siete Leguas”, pero recién estoy en cuatro mil ejemplares. Ser best seller no es nada. Hay dos mil lectores. En Chile no se lee y los libros son carísimos. No sé por qué se habla mucho de la poesía y nadie la lee; yo voy al aeropuerto y lo único que veo a es Neruda. Se diría que Chile tiene un solo poeta. Para conseguir un libro de Pablo de Rokha tuve que ir a las librerías de viejos en San Diego.

-Dicen que usted es el ultimo surrealista…

-Yo soy el creador del grupo Pánico, post surrealista. Ahora, el movimiento surrealista para mi fue una maravilla pero limitado por André Breton, una persona digna de todos los respetos, pero también digno de todos los gargajos, porque un movimiento que pudo haber sido mucho mas vasto e importante, lo redujo a una corte donde él imperaba. Es un stalinista más, disfrazado. No me considero surrealista si pienso en Breton. Si no lo considero, sí me siento surrealista.

-¿Y qué significa ser surrealista?

-Siempre significó poner los sueños en la realidad, entrar en el inconsciente y manifestarlo sin critica. Se confunde a veces el surrealismo con Freud, pero el surrealismo chocó profundamente con Freud, porque el surrealismo niega toda la interpretación científica de lo que sucede en el inconsciente.

Yo creo que hay un lado oscuro de nuestro ser y otro luminoso, y que la razón está del medio y que decide entre los dos lados. El lado oscuro para mi corresponde al pasado, y el luminoso al futuro.

-¿Terminó el surrealismo?

-Si, el surrealismo terminó en el momento que a Breton se le hizo una gran exposición en una casa en la que yo estuve, en Boubourg. Esa es la muerte del surrealismo. El surrealismo no admitía premios, ni publicaciones de lujo; no salía en revistas, no tenia libros de bolsillo.

-¿El gran premio fue la lápida?

-Fue la lápida. Pero la actitud surrealista no depende de un grupo. Uno es surrealista desde el momento que sueña. En el sueño, uno está por lo menos ocho horas fuera de la vida racional, y digo por lo menos, porque a veces en la vida racional también tenemos actitudes irracionales, sin saber por qué. En realidad, estamos casi siempre en una actitud irracional, con pocos momentos de lucidez. Somos surrealistas siempre.

-¿Hay herederos del movimiento surrealista?

-Debe haber gente que se llama surrealista, pero a mí no me interesan. Nadie que se llame surrealista hoy puede ser interesante. Por eso creamos el Pánico y nos burlamos del surrealismo. Creamos un grupo que no existió nunca.  Estamos, no sé, en cuarenta divisionales y hay convenciones de Pánico, pero lo que quisimos fue burlarnos de la historia cultural y hacer un movimiento que no ha existido nunca y que, sin embargo, va a pasar a la historia. Y pasó a la historia una cosa de la que nunca hubo nada. Lo único que hicimos fue ponerle “Pánico” a todo lo que hacíamos. Hacíamos teatro, y le poníamos teatro- pánico. Una película, película- pánico.  Era un movimiento sin contenido; nunca hubo un manifiesto. Y ahora en los libros de arte y todas esas cosas aparece “el Pánico”. Y eso  fue para demostrar que la cultura es falsa, y lo demostramos.

-¿No encuentra usted que hay una actitud de desencanto en su generación respecto a las ideologías políticas también?

- ¿Es que quién no está desencantado ahora, con lo que pasó en Rusia, donde la última utopía se fue al suelo? Yo estoy feliz porque es la primera vez en mi vida y en la historia del ser humano en que no hay ningún intelectual que sepa que está pasando. Están en pánico. No se pueden afiliar a nada. El pensador actual ya no sabe donde está. Lo único que puede hacer es comentar los periódicos, que están mucho mas en la realidad que los filósofos.

-¿Estamos viviendo sin filosofía?

-Ya no tenemos moral, no tenemos filosofía, no tenemos utopía.

-¿Por cuánto tiempo podemos vivir así?

-Es lo que no sabemos.  ¡Que maravilla! Vamos a vivir así hasta que se destruya el planeta. Nadie pensaba que lo que iba a estar en juego era la supervivencia del ser humano. Antes se hablaba de los obreros, de los pobres, de los explotados. Ahora el explotado es el planeta y están los explotadores del planeta. Hacia eso vamos.

-Pero los problemas no se han acabado…

-Ningún problema se acaba. Pero es bueno, porque así como la pareja humana es una crisis constante, la vida humana es una crisis constante. Es una gran fiesta tremebunda.

-¿Le gusta vivir esta etapa de la historia?

-Es la mejor que nos ha tocado nunca. No quisiera otra. Yo quisiera vivir mínimo ciento veinte años.

-¿Con quién vive usted en esta casa?

-Va cambiando. Actualmente vivo con mi gata, con la que duermo, y tres de mis hijos. Uno ya se casó, no sé si se casan o viven, y mi hija ya está encinta también. O sea, se me fueron dos. Se van nada mas que cuando se reproducen.

-¿Cuántos hijos tiene?

-Cinco. Cuatro hombres y una mujer. La mamá de tres es mexicana; del otro la mamá es francesa, y de la otra la mamá es alemana. En la casa, eso sí, siempre hablamos español.

-¿Cuantas veces se casó?

-¿Casarme o vivir con…?

-Da lo mismo…

-Como buen chileno ya no llevo la cuenta. Madres hay tres. Pero viví con una mujer diez años y no tuve hijos, serian cuatro. Quizás cuatro o cinco, o cinco o seis, no sé.

-¿Ahora está con alguien?
-Ahora estoy separado. Tengo una amiga…claro que no todos los días.  Uno a mi edad, tengo sesenta y dos años, ya no puede coger todos los días; pero con una vez cada quince días me conformo. Y después conversación y esas cosas. Ya no puedo tres veces diarias o cosas así, ya no puedo.

-¿Usted es un romántico o un seductor?

-Yo siempre decía, como me sentía muy mal pero tenia buen físico, que era como un sapo viviendo dentro de un príncipe. Ahora me siento como un príncipe viviendo dentro de un sapo. A los sesenta y dos años no te puedes acercar a una mujer y seducirla así no mas, porque ya no tienes como. Además, el funcionamiento sexual no es delirante. Ya ves a las mujeres como seres y te interesa su espíritu. Claro que también te interesa su cuerpo, como de costumbre. Pero ya desconfías, porque se pueden acercar a ti para que les soluciones la vida económica. A esta edad, uno es el papá de la mujer, es un Edipo, ya no es normal. Ya nada es gratis. Uno tiene que responder. Uno ve a una mujer y calcula cuanto le va a costar, y ahí decide si quiere meterse o no. Yo tengo amigas de treinta, e inmediatamente quieren que les haga un niño. Porque una mujer de treinta que se mete con un caballero de sesenta, es porque no ha realizado realmente su vida. Tienen un complejo de Edipo que no han solucionado, sienten que la vida se les va y buscan un papá que les solucione todo. Pero después viene el príncipe azul y te la lleva. En la lucha por la mujer, uno puede vencer todo menos la juventud. No se puede con las hormonas; aparece un joven, les da la locura, y uno no puede hacer nada. Te vencen; cualquier muchacho te vence. Entonces uno ya esta mas humilde.

-¿Le ha costado aceptarlo?

-Las primeras veces me ha dolido. Pero después no, uno se contenta con lo que le den.

-¿No siente celos?

-No. Uno da las gracias por lo que dura. Una mujer tendría que estar loca para meterse y sacrificar su juventud por un caballero de mas de sesenta. Y uno lo sabe. Ya no puede ser seductor.

-¿Y el amor a usted se le da en historias cortas o hay un gran amor?

-Uno, a medida que progresa, encuentra su alma. El alma se encuentra en los sueños cuando tienes unos profundos amores con una mujer desconocida, que es el alma. Cuando has solucionado tus problemas con esa mujer, luego la puedes encontrar fuera, y sin embargo ya no puedes porque pasó el tiempo, ya es demasiado tarde.

-¿Tanto demora uno en enamorarse del alma?

-Mi padre a los sesenta años se enamoró por primera vez, de una mujer de cuarenta. Ahora tiene noventa y un matrimonio que el dice feliz. Además que a los setenta lo pillaron engañando. El amor… ¿Qué es el amor? El amor tiene diferentes capas. Hay diferentes clases de amor, y el amor final, es el amor divino, que pasa por el amor consciente, ese amor en el que uno esta feliz solo por la existencia del otro.

Oliver Jeffers

In arte, Cosas, Diseño on November 26, 2010 at 4:45 pm

En “El Increíble Niño Come Libros”, Oliver Jeffers cuenta la historia de un niño que siente tanto apetito de conocimiento e inteligencia, que un día se come una palabra, luego un párrafo, después una frase y al poco tiempo comienza  a devorar un libro detrás otro hasta quedar no solo con indigestión, sino también totalmente confundido, incapaz de digerir toda la información que ha consumido.

Es poco probable que Jeffers- que a los 32 años y con media docena de libros infantiles publicados se ha transformado en uno de los autores e ilustradores más populares y comentados del mundo- tenga ese problema. Sentado en un café de Brooklyn hace pocos días, habló de su vida y su trabajo saltando de la pintura a la ilustración, y de ahí a las matemáticas, la psicología o la religión sin poner siquiera una coma entre un tema y otro, todo parte de un enorme caudal intelectual que se transforma en pura emoción en cuanto aterriza en un lienzo o una página.

La ilustración es solo parte de su trabajo, el que también incluye el arte, el diseño de productos y la literatura.

Aunque sus libros están pensados para niños,  sus historias tienen una profundidad que toca a menudo corazones mas adultos. En “Lost and Found”, por ejemplo, un niño se embarca en un largo y heroico viaje para ayudar a un nostálgico pingüino a regresar al Polo Sur. En “The Way Back Home” , otro niño rescata a un pobre marciano perdido en la luna.  Son cuentos de soledad y aislamiento que, a diferencia de otros, no siempre tienen un perfecto y dulce final feliz. “Lo que me importa es la idea central”, dice, “si viene acompañada de alguna moraleja, mejor, pero no es algo que me preocupe demasiado”.

Jeffers creció en Belfast, Irlanda del Norte, y se instaló hace tres años en Nueva York.  Este año contrajo matrimonio y formó una nueva empresa de diseño con dos colaboradores. “Nos dimos cuenta que había muchos productos que buscábamos y no existían. Entonces, pensamos, ¿por qué no diseñarlos nosotros?”.

Jeffers viajará a Chile por estos días para una serie de presentaciones personales, talleres literarios y conferencias. Será un viaje de diez días, el primero a Sudamérica, y la excitación es tan evidente en su voz como su acento irlandés.

- ¿Por qué decidiste instalarte en Nueva York?

-Vengo del norte de Irlanda, un lugar muy bonito con gente fantástica, pero donde existe una mentalidad un poco estrecha que me estaba produciendo mucha frustración, Quería rodearme de gente que tuviera una visión más amplia de las cosas.

-¿Cómo ha afectado la ciudad a tu trabajo?

-La productividad ha disminuido, porque aquí hay muchas distracciones, pero la calidad y la dirección de mi trabajo han mejorado y mi mente esta mas clara que nunca. Mi obra está mejor, porque estoy constantemente rodeado de gran arte y grandes artistas.

-¿Cómo nació tu interés en el arte?

-Vengo de una familia con inclinaciones artísticas. Mi tío es dramaturgo, mi otro tío es un documentalista y tengo un tercero que es profesor de arte. Mi mamá pinta, y mi bisabuelo fue un poeta bastante conocido en Irlanda. Crecí sintiéndome muy estimulado a hacer lo que me interesara, y lo que me interesó siempre fue pintar y dibujar.

-¿Qué artistas te influenciaron?

-Muchos, y eso siempre ha sido algo problemático para mi: el saber qué tipo de artista quiero ser. Me encantan muchos tipos diferentes de trabajo, como el de los ilustradores Quentin Blake o Tomi Ungerer, pero también el de artistas como Edward Hopper o John Singer Sargent. Me fascina el trabajo de algunos directores de cine, escritores, y músicos…Creo que tuve mucha suerte de crecer y vivir en estos tiempos, porque actualmente los limites creativos ya no tienen mucha importancia.  La gente ya no se guía por las barreras que dividen cada disciplina. En mi caso, primero viene la idea y luego la ejecución; concibo un proyecto y después busco el mejor método para ejecutarlo.

-¿Qué fue primero, los libros o la pintura?

-La pintura, pero la mayoría de mis primeras obras exploraron la relación entre imágenes y palabras. Desde un principio me fascinó el cómo una palabra puede cambiar el sentido de una imagen y viceversa. Un día, trabajando en una serie de pinturas que terminaron siendo la portada de mi primer libro, me di cuenta que había tanta narrativa en mi trabajo que en realidad lo que estaba haciendo no era una serie pictórica, sino un libro.. Una vez que llegué a esa conclusión, la transición fue muy fácil.

-¿Desde un principio supiste que seria un libro para niños?

-Si. La historia se hizo más y más importante, y me di cuenta que un libro era la perfecta plataforma para mezclar imágenes y palabras. Después de eso, nunca mas puse palabras en mis pinturas. Los libros no solo transformaron mi carrera, sino también mi pintura.

-¿Que seas un famoso ilustrador va a favor o en contra de tu carrera como pintor?

-En contra, aunque eso está cambiando. Los libros infantiles no son muy ‘sexies’, que es la palabra clave en el mundo del arte. Los artistas asiáticos fueron muy sexies hace dos años, luego vino el regreso de la pintura figurativa, que también fue muy sexy…En el ultimo año hay muchos pintores reconocidos y celebridades que han comenzado a hacer libros de ilustraciones, lo que es malo y bueno. Malo, porque la calidad de muchos de estos libros no es la mejor, pero bueno porque ha hecho que la atención se desvíe hacia la ilustración. Se ha puesto de moda.

-¿Estás sorprendido por el éxito de tus libros?

-Un poco, pero no realmente. Creo que hago un buen trabajo, e incluso antes publicar mis propios libros siempre pensé que este era un campo donde había mucho que hacer. Veía los libros disponibles en el mercado y me daba cuenta que no eran muy buenos; la gente se había vuelto un poco floja respecto a la ilustración. En mi caso, los hago lo mejor que puedo y pongo todo mi esfuerzo en ellos. Pero no me gusta pensar demasiado en el éxito, porque eso podría afectar la manera en que trabajo. Cada libro es una progresión del anterior.

-¿Qué relación ves entre tus pinturas y tus libros?

-Muchas de mis pinturas hablan de aislamiento y tienen mucho espacio vacío, algo que temáticamente también está presente en mis libros. Uno de los ejemplos mas claros es “El Increíble Niño Come Libros”, que sueña con ser la persona más inteligente del mundo. Trabajé en ese libro al mismo tiempo que hacia una serie de pinturas llamada “Información Adicional”, donde aplicaba ecuaciones matemáticas y teorías de la física quantum a las obras. Los dos proyectos se referían a la adquisición de inteligencia, pero en formas muy diferentes.

-¿De donde vienen tus historias?

-Siempre tengo un pequeño cuaderno en mi bolsillo donde anoto cosas que escucho, pensamientos que se me ocurren en el día, situaciones estúpidas que veo en la calle…Es una combinación de cosas.

-¿Hubo algún libro que fuera especialmente importante en tu niñez?

-Si, “The Grouchy Ladybug” de Eric Carl. Ese libro me marcó mucho, porque había una enorme rueda en la última página y me costó entender por qué, si era del mismo tamaño que las ruedas que aparecían en cualquier otro libro, parecía tan grande. Y era porque la “chinita” estaba a su lado, como un punto en la página. Sentí que había descubierto el secreto de un mago; que podía hacer que algo se viera grande poniendo algo pequeño a su lado. Eso cambió totalmente mi forma de dibujar y mi sensación de escala.

-Partiendo por el trabajo de Andersen a los hermanos Grimm, los libros para niños tocan frecuentemente temas muy duros, casi aterradores. Los tuyos hablan de aislamiento, soledad…

-Creo que seria irresponsable evitar esos temas y presentar una realidad completamente azucarada a los niños. No se puede decir que todo tendrá siempre un final feliz, porque no es así. En México descubrí una actitud muy refrescante sobre este tema; alguien me dijo que los niños deberían estar  expuestos a una gran gama de emociones, buenas y malas, porque ese es el mundo en que vivimos y no tiene sentido ocultárselos. En Inglaterra y Estados Unidos existe la tendencia a mantener a los niños en una burbuja, pero trato de mantenerme al margen de eso. Creo que el conflicto hace que las historias sean mas interesantes y que los niños puedan identificarse con ellas en forma mas real. Los niños son mucho mas inteligentes de lo que la gente piensa.

-¿Cómo es tu relación con ellos cuando estás en “book tour”?

-Depende de la edad de los niños, pero generalmente no les importa quien soy. Muchas veces no entienden que soy el autor del libro hasta que empiezo a dibujar, y solo entonces hacen la conexión. Es muy interesante ver como el trabajo que hago en la soledad de mi estudio llega a tanta gente y produce un impacto tan fuerte.

-En YouTube hay muchas versiones cinematográficas de tu obra. ¿estás involucrado en todas ellas?

-Estoy involucrado en dos: una entrevista que me hizo un amigo en mi estudio, y la sinopsis de “Lost and Found”. Con el resto no tengo nada que ver.

-¿Eso te molesta?

-No, para nada. Al contrario, me halaga. Seguramente hay mil leyes de propiedad intelectual que están siendo infringidas, pero no me importa. Nadie está diciendo que es su obra.

-Esta entrevista aparecerá en nuestra edición de fiestas de fin de año. Viniendo de Irlanda supongo que la Navidad ha tenido importancia en tu vida y tu trabajo.

-Una de las cosas que no quiero hacer es un libro de Navidad. Una de las fiestas que más me gusta en Estados Unidos es el día de Acción de Gracias, porque tiene mucho espíritu pero no está marcada por el comercialismo ni tiene una carga religiosa. Eso no significa que no me guste la Navidad. Me encanta, y  mi trabajo tiene muchas imágenes de invierno que seguramente se relacionan con esta época del año y con la estética de la Navidad.

-¿Sientes nostalgia cuando pasas la Navidad lejos de Irlanda?

-Este año será el primero en que me quedaré aquí y no viajaré a Irlanda a reunirme con mi familia. Será el primero, también, que pasaré con mi mujer en Nueva York. Estoy muy entusiasmado con la idea.

 

Cosas, Noviembre 2010

Allen Ginsberg

In arte, Libros, politica on May 6, 2010 at 1:50 am


En el invierno de 1958 Allen Ginsberg tenia 31 años, vivía en el West Village de Nueva York con sus amigos William Borroughs y Gregory Corso, venia llegando de un viaje de mas de un año por Europa y estaba a punto de sacudir y revolucionar para siempre la poesía americana.
El estallido se escuchaba venir desde hacia algún tiempo. Los periódicos y revistas hablaban del escándalo que estaba provocando este grupo de nuevos autores a los que denominaron “la generación beat”.

La novela de Burroughs “Naked Lunch” era considerada obscena e impublicable por los  editores norteamericanos, y un extracto de ella que había aparecido en un ejemplar del “Chicago Review” había llevado a las autoridades de la Universidad de Chicago a cerrar la revista. “On the Road”, de Jack Kerouac, había obtenido una brillante critica en “The New York Times”, pero el poderoso Norman Podhoretz y otros críticos establecidos la habían destrozado. Gregory Corso, con su poema “Bomb”, había logrado crear tal furia de parte de los partidarios del desarme nuclear, que cada una de sus apariciones le significaba una lluvia de improperios y zapatazos. El mismo Ginsberg con su primera obra, “Howl”, había protagonizado un publicitado juicio contra la censura en San Francisco que le llevó a ser considerado en los círculos literarios como el que- en plena era McCarthy y durante el mismo mes en que el gobierno norteamericano había ordenado  quemar los libros del investigador y sexólogo Wilhem Reich-, se había atrevido a confesar no solo su simpatía por el comunismo, sino también su homosexualidad.

Los norteamericanos no estaban preparados para un hombre así. Y ahora, que han pasado casi cuarenta años desde entonces, que Estados Unidos ha vivido la revolución sexual, la liberación femenina, Vietnam, los derechos civiles, la píldora y los derechos homosexuales, a veces pareciera que un no lo están.

Es cierto que Ginsberg es a menudo mencionado como “el poeta vivo más importante de Norteamérica”. Es cierto que sus lecturas se han convertido en una especie de peregrinación para estudiantes e intelectuales fascinados por el aura de conciencia y rebeldía de la generación beat. Y también es cierto que “Holy Soul Jerry Roll”, su compilación de cuatro CD que incluyen poemas y canciones grabados desde 1948 a 1993, se convirtió, desde su lanzamiento en Septiembre del año pasado, en un inusitado superventas. Y sin embargo, a pesar de la fama y la gloria, después de toda una vida de premios y honores académicos y artísticos, Ginsberg sigue siendo lo que siempre fue: un marginal. Un proscrito. Un revolucionario. Un poeta.

El precio que ha tenido que pagar por decir lo que piensa y expresar lo que siente ha sido alto; sus poemas siguen siendo objeto de la más ridícula censura; sus opiniones políticas siguen provocando los feroces embates de los jerarcas conservadores; y su legendaria lucha ecológica le ha valido la antipatía de la mayor parte de las grandes corporaciones norteamericanas. Pero para él estas son como medallas de guerra, la prueba de que sus palabras han logrado hacer temblar a sus adversarios.
Este es un hombre que ha vivido su vida como si fuera un experimento, buscando claridad primero en las drogas y el sexo, y luego en la meditación y el budismo. Sus poemas son la expresión perfecta de su existencia, a veces pura razón, a veces pura emoción. Pero siempre, siempre, pura libertad.

-¿Por qué cree que el movimiento beat logró una influencia tan grande en términos sociales y artísticos?
-La gente nos llamó escritores ‘beat’, nosotros nunca nos autodenominamos de esa manera. El movimiento, a mi modo de ver, logró la importancia y la trascendencia que tiene porque estaba formado por genios, gente como Burroughs, Gregory Corso, Gary Snyder, Michael McClure y otros. Durante muchos años vivimos en la oscuridad, sin ninguna posibilidad de ser publicados ya sea por el estilo de literatura o por censura directa, como sucedió con “Naked Lunch”. Tuvimos muchos años de gestación en el vientre, por así decirlo, lo que conduce a bebés saludables. Tuvimos un largo periodo para crear este sentido de comunidad, de relación y creación entre nosotros mismos. Kerouac escribió sus primeros quince libros durante este periodo, cuando escribía solo para el mismo y sus amigos. Mi poema “Howl” no fue escrito para un mercado definido y nunca pensé en publicarlo. había un candor personal en cada uno de nosotros. Además, todos éramos bien educados, interesados en la belleza, por eso escribimos poemas y novelas muy bellas. Crecimos en una atmósfera donde se hacia arte por amor al arte, una especie de torre de marfil muy independiente. Todos compartíamos también nuestro interés por la naturaleza de la conciencia, lo que se fue haciendo cada vez mas importante. Nos adentramos en el pensamiento oriental, la meditación budista, la ecología, la apertura sexual, los derechos gay, y todos esos aspectos se convirtieron en valores permanentes que siguen vigentes hasta hoy.

-¿Existe una expresión moderna de ese movimiento?
-Bob Dylan dijo que se había inspirado en Kerouac, e incluso Bono, de U2, ha dicho que Kerouac es su mentor, su ideal.
Hay muchos poetas jóvenes a los que considero brillantes. Toda la serie del punk al grunge y ahora la generación X, ha sido influenciada por el movimiento beat. Hay una continuidad entre los poetas, la misma que existe entre William Carlos Williams, Walt Whitman y Ezra Pound.

-Cuando su último trabajo, “Holy Soul Jerry Roll” fue lanzado el año pasado, muchos críticos mencionaron el impacto de observar su obra bajo la perspectiva del tiempo. ¿Qué significó para usted revisar su trabajo de 40 años?
-Esa obra es familiar para mi y la conozco bien. Reunir el material significó mucho trabajo, sudor y tiempo. Fue una labor enorme que ha significado juntar cientos y cientos de cintas a través del tiempo, guardarlas en algún lugar seguro, ordenarlas y catalogarlas, y luego ser capaz de encontrar el material adecuado de un periodo de 44 años. Mantener todo ese conjunto es un trabajo enorme. Luego vino la edición, la mezcla y todo eso. Lo que me tiene contento es que fue lanzado mientras aun estaba vivo, porque nunca pensé que eso sucedería. Tenia guardadas esas cintas pensando que la ‘inmortalidad’ vendría después.

-¿Vio su trayectoria artística en forma distinta después de realizar este proyecto?
-Sí. Lo que más me impactó finalmente fue la enorme cantidad de emoción que involucran los poemas. Hoy en día hay muchas quejas de que la generación mas joven está alienada, deshumanizada por la televisión, la política y los medios en general. Hay falta de sentimiento. Sin embargo, solo la emoción permanece, y me sorprende cuanta emoción ha permanecido en poemas como “Kaddish” y algunos otros.

-Usted culpa a los medios por la deshumanización de los jóvenes…
-Si, y en aspectos muy específicos. Las emociones que se muestran en los medios son plásticas, reptiles o violentas. Hay muy poco dolor, muy poca ternura y muy poca comunicación humana. Y me sorprende la enorme cantidad de dolor y ternura, y también de hilaridad, humor y exuberancia que hay en mi poesía.

-¿Usted también ha sido afectado por esta deshumanización?
-No, de hecho creo que me ido acercando más y más a mis propios sentimientos.

-¿Cómo?
-Bueno, en parte por la práctica de la meditación, en parte porque soy poeta, que es el mejor trabajo del mundo, y en parte porque tengo buenos amigos con los que puedo reír y llorar. Burroughs y Corso todavía están vivos, y tuve a Kerouac. He tenido muchos amantes jóvenes, así que tenido mucho amor, y tengo una buena relación con mi familia. Algunas drogas sicodélicas pueden haberme ayudado también a mantener cierta profundidad en los sentimientos. Nunca he bebido al punto de destruir mi hígado. He mantenido mi cuerpo en buen estado.

-¿Por qué considera el de poeta el mejor trabajo del mundo?
-Porque uno tiene la posibilidad de decir lo que realmente siente y piensa. Uno puede usar su cuerpo en la recitación o las presentaciones. Uno puede usar su discurso, su respiración. Uno puede usar su mente. La poesía unifica el cuerpo, el discurso y la mente. Es como ser un rey que reúne cielo y tierra, el cielo de la mente y la tierra del cuerpo. El discurso es como la proclamación desde el trono.

-¿La poesía es la estructura que mantiene a todas estas partes unidas?
-Así es, y comunica al espíritu. En un mundo fragmentado, donde los sentimientos y el intelecto están separados, donde los sentimientos permanecen reprimidos o distorsionados por miedo o alienación, la poesía puede reunir los sentimientos del cuerpo y las razones de la mente. Es una buena medicina para los jóvenes.

-¿Cree que los jóvenes son pesimistas, que sienten que no pueden hacer nada para cambiar el estado de las cosas?
-La mayoría de los jóvenes sienten que no pueden hacer nada. De hecho, el punto central de la generación X o el grunge, parece ser el reclamo de que hubo un intento de salvar el planeta en los años 60 y que, sin embargo, las cosas han ido de mal en peor. También que los fundamentalistas y los teopolíticos de la derecha parecen estar decididos a destruir completamente la tierra.

-¿Qué pasó con todas esas esperanzas de los años 60?
-Esas esperanzas estaban basadas en el deseo de reconstrucción ecológica, y fueron destruidas por la desertificación de tierras productivas, la deforestación de los bosques, el uso de la energía nuclear y sus residuos. Las esperanzas de esos años incluían relaciones sexuales mas humanas, liberación femenina, liberación gay y liberación racial. Algunos de esos puntos son ahora parte de la discusión colectiva, pero las metas finales aun no han sido logradas. Kerouac dijo que “caminar sobre agua no se logró en un día”. Le tomó doscientos o trescientos años a la revolución industrial llegar a la hipertecnología y la hiperdestrucción. Puede que la reconstrucción tome también varios siglos.

-Pero pareciera que estamos cada vez mas lejos de esa reconstrucción, que el ‘milagro” está cada vez mas distante…
-Puede que sea así, y creo que las esperanzas de la gente están insatisfechas. Pero también pienso que al menos hay mayor conciencia respecto a estos problemas de la que hubo antes. La reacción de la nueva derecha norteamericana se parece mucho a la de un alcohólico que no desea escuchar que es alcohólico y está en estado de negación. Pero recuerde: en este país solo el treinta o cuarenta por ciento de la gente vota en las elecciones, y solo la mitad de esos votos son para los neo conservadores. Con solo el veinticinco por ciento de los potenciales votantes, estos políticos hacen creer que están destinados a ser la mayoría.

-¿No cree que la revolución conservadora y Newt Gingrich, vocero del Congreso, sean un fenómeno real?
-Son muy reales, pero no creo que representen el sentimiento de la mayoría norteamericana.  El otro problema es que los medios de comunicación son mayoritariamente conservadores y están en manos de muy poca gente. La derecha quiere ahora destruir la radio y la televisión pública para conseguir el monopolio de todas las comunicaciones.

-¿Cómo puede defenderse la sociedad?
-No sé. ¿Cómo se defendió la gente del comunismo? ¿Cómo se deshicieron de Hitler? ¿Cómo escapa la gente de cualquier dictadura?

-A menudo con una revolución.
-O con la desintegración de los imperios, como en Rusia.

-¿Quiénes diría usted que son los verdaderos revolucionarios de nuestros tiempos?
-Gente como Gary Snyder, que está llamando a la sanidad ecológica. No se por qué algunos llaman a Newt Gingrich un revolucionario: lo único que hace este hombre es volver a los principios de siglo promoviendo el desempleo, la brutalidad, el poder bélico y militar. Esta agenda no es exactamente revolucionaria en el sentido histórico de la palabra. Son asuntos que la gente combatió en 1910. Quizás sea un contrarrevolucionario.

-¿Se siente interpretado por algún líder o moviendo político actual?
-Creo que Clinton es una excelente persona y ha hecho mucho, aunque los medios hacen creer lo contrario. Los medios lo tratan como  a un perdedor, pero no investigan en la misma forma a Pat Robertson, Newt Gingrich o Jesse Helms. Le dan mas respeto a un monstruo como Jesse Helms que al Presidente, que es un buen tipo.

-¿Usted se considera un hombre libre?
-Depende de lo que usted defina como un hombre libre.

-Un hombre que tiene control sobre su vida y la vive como desea y sin miedo.
-Tengo muy poco control sobre mi vida y también tengo enormes miedos. Pero por otro lado no tengo miedo de tener miedo ni de estar fuera de control. Esa es la visión budista: la vida es caos y, finalmente, el caos es la solución. Pero el caos no es permanente, y por lo tanto es inofensivo. No hay nada que temer.  Yo siento miedo todo el tiempo, pero el miedo es vacío, como los sueños. Los sueños son reales, pero vacíos al mismo tiempo. Desaparecen cuando uno despierta. Con el miedo sucede lo mismo. La vida es así también. Y la libertad. Me falta libertad en el sentido que tengo demasiada correspondencia: ahora es tarde en la noche y todavía estoy en la oficina cuando podría estar en mi casa disfrutando un buen libro. Aquí, a mi alrededor, tengo cientos de libros, manuscritos y cartas que la gente me envía. Soy esclavo de las demandas de otras personas. Como ahora de las suyas.

-Usted ha visitado Latinoamérica…
-En 1960 pasé unos meses en Chile y conocí a algunos poetas chilenos, particularmente a Nicanor Parra.

-¿Es amigo de él?
-Sí. Traduje uno de sus poemas, y cada vez que viene a Nueva York a hacer alguna lectura, generalmente lo acompaño haciendo la lectura en inglés de su obra.  Lo quiero mucho, es un gran hombre y me gusta su poesía. Viví con él y su familia, con Violeta y Angel Parra, a los que conocí bastante bien. También conocí a Eduardo Anguita, Luis Oyarzún, Braulio Arenas, y también al gran amor de Vicente Huidobro, Raquel Señoret.

-También visitó Cuba…
-Si, y fui expulsado de Cuba en 1965.

-¿Cómo sucedió?
-Me quejé, privadamente, del ataque de Castro a los homosexuales. En los días que llegué a Cuba, Fidel estaba denunciando que la Escuela de Teatro estaba llena de “maricones” y los envió a todos a trabajos forzados en el campo.  Eso me pareció una práctica stalinista y traté de averiguar qué pasaba en la Casa de las Américas. Yo estaba ahí con Nicanor Parra y otros intelectuales.  Habíamos visitado Cuba durante un mes y nos preparábamos para irnos, cuando un día mi habitación fue invadida por oficiales de inmigración. Fui puesto incomunicado,  y luego me subieron a un avión rumbo a Checoslovaquia. También hice bromas, privadamente, respecto al rumor de que Castro era gay. Y ese rumor existe, pero al parecer la gente no tiene derecho a bromear en Cuba.

-¿Es cierto que usted una vez dijo que todo lo que necesitaba para sentirse cómodo era marihuana y hombres?
-Por supuesto que no. ¿Quién dijo eso? ¿Suena como algo que yo diría? Eso suena a una estrategia de desinformación cubana. Sin embargo, debo reconocer que conocí a varios miembros de su milicia  que fumaban marihuana y no me parecía que Castro debía adoptar la política anti marihuana de los norteamericanos. Pero eso no lo comenté con él; lo hice con otras personas.

-Usted ha luchado gran parte de su vida contra la represión y la censura.
-No, no he luchado. He estado ahí, sentado escribiendo mis poemas cuando ha llegado la policía o los censores. Pero su posición es tan injustificable e inestable que termina siendo una especie de broma. ¿Sabia que en las artes marciales si se mantiene balanceado en su lugar, cualquiera que lo ataque pierde su equilibrio? Eso es lo que yo hago; me siento en mi lugar y escribo poesía. Ahora estoy en el medio de una ola de censura. ¿Sabia que está prohibido que mis poemas sean transmitidos en Estados Unidos durante el día?

-Si, pueden transmitirse después de las ocho de la noche, ¿No?
-Exacto. Esto se debe a una ley promovida por el Senador Jesse Helms en Octubre de 1988, prohibiendo la transmisión de lo que él llama “lenguaje indecente” veinticuatro horas al día. Eso se aplica a mi poesía, poesía que es estudiada por alumnos secundarios y universitarios.

¿Qué fue considerado “indecente” en su poesía?
-Nunca fue definido. Quizás sea porque hablo abiertamente de sexo o de política en mis poemas. Uno puede transmitir esas cosas en la radio y la televisión europea o canadiense, pero no en Estados Unidos. Quizás lo pueda hacer si tiene 200 mil dólares para pagar una multa o un juicio de derechos Constitucionales, pero las radios y estaciones pequeñas que sobreviven con el apoyo del público no manejan esas sumas de dinero. En un país que se supone que promueve el libre mercado, la televisión y la radio constituyen el principal mercado de ideas. Ese mercado está cerrado para mi poesía.

-¿Qué siente frente a eso?
-Es una situación interesante. Cuando la gente dice que ahora soy un miembro aceptado de la sociedad, yo contesto que claro, salvo que mi poesía está prohibida.

-Usted se está acercando a los 70 años…
-Tengo sesenta y ocho.

-¿Cómo se siente a estas alturas de la vida?
-Tuve un ataque cardiaco, pero ahora estoy en una dieta macrobiótica así que he mejorado mi salud. Me siento relativamente feliz porque, ya sabemos, dolor y placer vienen en el mismo trago.

Cosas, 1995

Sam Haskins

In arte, Cosas, Diseño, moda, modelos on October 16, 2009 at 5:54 pm

haskinsblogdef
Después de la muerte de Irving Penn hace poco más de una semana, y de Richard Avedon y Helmut Newton hace un par de años, Sam Haskins es, a los 84 años, posiblemente el último gran fotógrafo de modas de su generación.
El nombre quizás no es inmediatamente reconocible, porque, a diferencia de sus contemporáneos, Haskins no creó su carrera bajo el ala protectora de Vogue o Harper’s Bazaar, sino con plena independencia, fotografiando lo que se le daba la gana, como se le daba la gana, a menudo con escasos presupuestos y modelos no profesionales.
Sus primeros calendarios fueron rechazados a comienzos de la década del 50 por las editoriales británicas, que consideraron sus imágenes demasiado arriesgadas, demasiado atrevidas y, mas importante aun, poco atractivas para un mercado todavía atado al conservantismo de esa época. Haskins decidió entonces publicarlos él mismo, y su enorme éxito no solo fue una revancha- y un augurio de lo que traería la década siguiente-, sino también la puerta de entrada a mas de cincuenta años de constante y aplaudido trabajo.
Su primer libro, “Five Girls”, de 1962 , es todavía considerado como uno de los más influyentes en la fotografía de modas del siglo veinte. Curiosamente, no es exactamente un libro dedicado a la moda, sino al espíritu de los 60’s, encarnado en un puñado de atractivas e inocentes jovencitas para las que su sexualidad parece ser solo un juego. Algo similar sucede con “Cowboy Kate”, publicado dos años después, donde una modelo no profesional inspira a Haskins a explorar los mitos norteamericanos con toda su libertad, sensualidad e ingenuidad.
Incluso si usted no ha visto las imágenes originales, las ha visto mil veces. Ahí están, en avisos publicitarios, en pasarelas de moda, en el trabajo de otros fotógrafos y directores de arte, en el cine y la televisión, y, por supuesto, en la portada de Elle hace un tiempo, donde Madonna, rubia y en sombrero negro, hizo su propia versión de “Cowboy Kate”.
Haskins, como queda claro en esta entrevista, recibe estas imitaciones con una mezcla de orgullo y rabia, pero no le da mayores vueltas al asunto. No tiene tiempo. Aunque vive en semi reclusión en Australia, lejos de Sudáfrica, donde nació, y de Europa, donde vivió durante largo tiempo, su existencia es sorprendentemente activa.
En la ultima década su colaboración con Vogue Francia ha sido productiva y fructífera para ambas partes, llevándolo a trabajar, por primera vez, con editores, asistentes y estilistas. “Cuando era un fotógrafo joven, tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces, equipo…ahora llego a la sesión con mi manos en los bolsillos”, explica riendo.
El fotógrafo estuvo hace unas semanas en Nueva York lanzando su nuevo libro, “Fashion Etcétera”, el primero en dos décadas, una completa revisión de toda su carrera. El libro fue publicado en dos ediciones, una regular y otra de lujo patrocinada por Tommy Hilfiger que, además, organizó una exhibición de las imágenes incluidas en el libro en la Milk Gallery de Manhattan.
Pocas horas antes de la inauguración, conversamos con este genio de la fotografía.

-¿Por qué tuvimos que esperar 20 años por un nuevo libro?
-Estaba ocupado haciendo otras cosas, enseñando, trabajando en proyectos de moda y publicidad…ganándome la vida.
-¿Cómo fue revisar sus archivos? ¿Es algo que hace a menudo?
-¡No, nunca!. Hay fotos que no había visto en 30 años. Hay otras que había olvidado. Y hay otras que en su momento fueron rechazadas en la edición y ahora las miras y te preguntas por qué. Son fantásticas.
“Con este libro quise compartir el trabajo de toda una vida, especialmente con los fotógrafos jóvenes. Durante décadas he trabajado en diferentes países, y hay grandes vacíos en el conocimiento que la gente joven tiene de mi trabajo”.
-El nombre “Fashion Etcétera” sugiere que su fotografía va mucho mas allá de la moda…
-Si, incluye muchas otras cosas. La moda y el estilo son grandes influencias en mi obra, pero no lo son todo. Mis imágenes están mas interesadas en la forma en que la modelo juega con su pelo, por ejemplo, que en lo que lleva puesto. Hay muchos gestos pequeños en mis imágenes que no tienen nada que ver con tendencias ni modas.
-Pero que aun así capturan el espíritu de la moda…
-Exactamente. Hay una cita de Coco Chanel que incluí en el libro y que explica muy bien este concepto. “La moda no solo existe en los vestidos. Existe en el aire, nos llega con el viento, es posible sentirla. Está en el cielo y en la calle; depende de ideas, costumbres y acontecimientos’. Eso explica muy bien mi filosofía respecto a la moda y mi fotografía.
-En un principio usted hizo una fotografía que no tenia nada que ver con lo que mostraban las revistas de la época, fotos de “catalogo” como las llamaba usted. ¿Le costó imponer su propia visión?
-Durante mucho tiempo no tuve mayor interés en la moda, y por lo mismo no presenté mi trabajo a revistas o editores. Estaba muy ocupado haciendo trabajo publicitario o calendarios, donde además servia como director de arte y tomaba todas las decisiones. Eso me gustaba mucho. Luego, a través de un agente, conocí y comencé a trabajar con editores y es una experiencia que ha sido muy satisfactoria. Especialmente con los mas jóvenes, que son gente muy profesional. Además, trabajar con revistas te da acceso a modelos bonitas, ropa fantástica, hermosas locaciones…!Y ellos pagan por todo! Cuando era un fotógrafo joven tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces y equipo. Ahora llego a la sesión con mis manos en los bolsillos.
-¿Cuándo comenzó su interés por la fotografía?
-Me interesó desde que era niño. Pero no solo la fotografía, sino también la ilustración. En mis cuadernos de colegio lo mas importante eran mis ilustraciones, a las que dedicaba mucho tiempo y esfuerzo.
-¿Eso se tradujo finalmente en fotografía?
-Después del colegio estudié arte en Johannesburgo, y después de graduarme, aprovechando una oferta de la Universidad, tomé un curso de fotografía una vez a la semana durante un año. Fue ahí donde me enamoré de este medio. Luego partí a Londres, donde pensé que podrían enseñarme mucho mas. Pero no fue así; en los cursos semanales que había tomado en Sudáfrica aprendí todo lo que necesitaba: las reglas básicas y los buenos modales de la fotografía.
-¿Qué año llegó a Londres?
-El 49, y fue fantástico. El 51 se organizó el “Festival of Britain” que creó un nuevo interés en el arte y el diseño después de la guerra. Fue un momento maravilloso para estar ahí. Todo se hizo mas vivo, mas interesante. Había arte por todas partes.
-¿Se sintió parte de una generación de artistas?
-En su momento uno no piensa en esas cosas. Lo mismo que durante los 60’s, cuando tantas cosas pasaban en Inglaterra. Ninguno de nosotros pensamos que estábamos viviendo un momento especial. Simplemente nos sentíamos abiertos, listos para participar, muy influenciados por lo que existía en el aire. Por eso muchos nos consideran “fotógrafos de los 60’s”, pero ese no es un titulo que nosotros hayamos inventado. Fue, en todo caso, un tiempo fabuloso: los Beattles, el “Love Power”, Mary Quant…
-Muchos piensan que el mundo se ha hecho mucho mas conservador desde entonces. ¿Está de acuerdo?
-No, no me parece que sea así. Pienso que hoy las cosas son mas libres y abiertas que en los 60’s. Esa fue una época que trajo gran libertad, pero hay que pensar que veníamos de los 50’s, que fue una era muy conservadora. Los 60’s estuvieron llenos de música, color y diversión, pero si miras una revista de hoy, tiene una libertad de expresión mucho mayor de la que existió en esa época.
-Una de las cosas mas interesantes de sus imágenes es la mezcla de provocación e inocencia. ¿Es deliberada?
-Muéstrame una imagen…
-Esta, por ejemplo…(Abro el libro y le muestro a una modelo desnuda, con el pelo amarrado con dos cintas y actitud despreocupada).
-Esta era una mujer muy joven, estudiante de arte, que venia a mi estudio por las tardes después de clases. Estaba interesada en crear imágenes conmigo, y a mi me parecía muy, muy sexy, pero también tenia esa inocencia de la adolescencia. Esa tensión me ha parecido siempre muy atractiva.
-¿No era entonces una modelo profesional?
-No, para nada. Cuando comencé a hacer mis libros en blanco y negro y mis calendarios, no había agencias de modelos ni agentes. Todo el mundo usaba a conocidos.
-¿El proceso de trabajo era distinto que con una profesional?
-Un aspecto muy importante de mi trabajo es que trato de evitar ser un titiritero. No quiero controlar los brazos, las piernas o las cabezas de mis modelos. Ellas son seres humanos y pueden moverse por si mismas. Lo que hago es mantener una conversación durante la sesión, un dialogo, y trato de que eso se traduzca en las imágenes. Son conversaciones guiadas por mi, claro, pero donde hay dos participantes, no un director y una dirigida. Muchas veces modelos muy importantes descubren su expresión favorita y la usan constantemente. Uno puede tomar veinte fotos, y la primera va a ser igual que la vigésima. Eso se hace muy aburrido para la modelo, el fotógrafo y obviamente para el público.
-¿Cuando era niño o adolescente, tenia iconos o grandes referentes en moda, arte o fotografía?
-En el colegio me arrancaba a menudo de clases y me iba a la biblioteca pública. Ese fue mi referente mas grande. Vengo de una familia que no estuvo expuesta al arte, y Johannesburgo, donde crecí, no era tampoco una ciudad importante en esos términos. Todo venia, entonces, de la biblioteca.
-¿Y luego?
-Cuando llegué a Londres ya me había enamorado de la fotografía, pero no me di cuenta de sus enormes posibilidades hasta que visité el Victoria & Albert Museum. Ahí tenían un salón dedicado solamente a revistas de arte, y revisándolas descubrí el trabajo de Irving Penn, que esa época todavía no era demasiado conocido en Europa. Su obra me abrió los ojos, me di cuenta de que con la fotografía podía hacer cosas que jamás había ni siquiera soñado. Ese fue el gatillo de mi pensamiento artístico. Luego descubrí lo que estaba haciendo Richard Avedon y eso me llevó a experimentar aun mas.
-¿Tuvo alguna relación con ellos?
-No. Ellos estaban aquí en Estados Unidos, y yo en Sudáfrica e Inglaterra. Conocí a Penn en una oportunidad y tuvimos una muy buena conversación. Quedé sorprendido, porque sabia mucho de mi trabajo. Habló de fotos mías en particular, lo que encontré muy halagador.
-¿Por qué cree que en un mundo tan obsesionado con la juventud como el de las revistas de moda, fotógrafos como usted o los que menciona pueden seguir adelante hasta los 80 o 90 años?
-No sé la razón, pero es algo maravilloso. Sin duda sucedió con Penn, que a los 92 seguía tan profesionalmente activo como siempre.
-Si tuviera que explicar como ha madurado su trabajo desde un comienzo hasta ahora, ¿Qué diría?
–Una de las cosas mas difíciles en la fotografía es la manipulación de las personas. Muchos fotógrafos jóvenes hacen un trabajo maravilloso con paisajes, arquitectura o naturalezas muertas, pero tienen problemas cuando se enfrentan a una figura. No es fácil trabajar con personas frente a la cámara, pero la madurez ayuda y la tarea se hace mas fácil. Lo otro importante con el paso de los años, es que uno crece visualmente y su aprecio por el arte en general se hace también mas grande.
-Cuándo ve sus antiguas fotos, ¿Recuerda cuando las tomó? ¿En qué circunstancias?
-¡Oh, por supuesto! Revisando los archivos regresan todos los recuerdos. Algunos felices, otros no tanto. Algunas imágenes estuvieron repletas de problemas, pero el que hayas sido capaz de solucionarlos y lograr una buena foto es algo que da cierto orgullo. Es como ver un álbum familiar, reconoces cada cara, cada momento.
-¿Qué le parece que su trabajo haya inspirado a tantos fotógrafos y directores de arte que, no sé como ponerlo, han ‘re-creado’ su trabajo?
-De hecho, la palabra adecuada es robo- dice riendo-. Me gusta influenciar a otros fotógrafos, estimularlos para que hagan su trabajo. Pero cuando llega un tipo que no tiene una sola idea original en su cabeza y simplemente toma las mías, me molesta. Esto no es algo que me suceda solo a mi, ocurre con todos los grandes fotógrafos. Cuando el trabajo es copiado, nunca es tan bueno como el original. El aspecto negativo de todo esto es que hay mucha gente que no sabe cuál fue la primera foto, no puede distinguir el original de la copia. Eso es irritante.
-Leí en alguna aparte que detesta las fiestas de moda…
-¡Odio las fiestas! Pero no soy el único. Nunca vi a Avedon o Penn en las páginas finales de alguna revista, fotografiados en fiestas. Hay gente a las que les encanta. Si Lagerfeld no va a un cocktail, o Mario Testino, la fiesta es un desastre. No necesito eso en mi vida, prefiero la tranquilidad. Tengo demasiado trabajo que hacer. Y tengo además una biblioteca llena de libros que amo en mi casa. Eso me entretiene más que cualquier fiesta.

Manuel Santelices

Cosas, October 09

Ron Galella

In arte, Esquire, periodismo on August 13, 2009 at 6:17 pm

redfordgalella
“Un paparazzo debe saber conducir’, dice Ron Galella al volante de su enorme Chrysler negro, mientras avanza rápido por las serpenteantes calles del suburbio de New Jersey donde vive.
En el camino cruza centros comerciales, estaciones de servicio, restaurantes de fast-food, un par de carreteras, gigantescos caserones, pequeños bungalows, y esos jardines americanos tan perfectamente cuidados que parecen falsos. “Un paparazzo no puede viajar en taxi”, continua, “Un taxi no va a pasar una luz roja para seguir a una estrella, y uno jamás puede perder su presa por una luz roja. Esa es la primera lección”.
Galella sabe bien de qué esta hablando. En medio siglo de carrera, el fotógrafo de celebridades mas famoso del mundo ha cometido mas infracciones de tránsito de las que probablemente le gustaría recordar. Y no solo eso. Ha pasado horas escondido detrás de algún arbusto o en el guardarropía de un elegante restaurant. Ha dormido incómodo en el asiento de un viejo automóvil o la banqueta de un hotel. Ha coqueteado con mucamas y dado propinas a porteros a cambio de información. Se ha montado sobre tarros de basura para captar a alguna estrella en su jardín de Beverly Hills. Se ha camuflado bajo sombreros, pelucas y postizos. Ha demandado y ha sido demandado en los tribunales. Y, por supuesto, ha recibido mas de algún puñetazo. Pero jamás, en todos estos años, ha perdido su presa.
“Uno tiene que romper las reglas. Esa es la segunda lección. Romper las reglas, evitar los intermediarios y dirigirse siempre a la persona mas importante”, dice mientras vira violentamente el automóvil hacia un cul-de-sac, “Déjame darte un ejemplo: estaba en Las Vegas y Frank Sinatra ofrecía un evento. El encargado de seguridad, que me conocía y no me tenia simpatía, me dijo ‘!Galella, aquí no entras! ¿Qué hice yo? Me fui directamente a Sinatra…!Lo encontré comiendo en un restaurante!”.

Así son la mayoría de las historias de Galella, una anécdota que comienza con una advertencia, sigue con un golpe de suerte que incluye el nombre de uno o dos famosos, y termina con la inevitable moraleja de que para conseguir la foto perfecta un paparazzo no debe seguir mas reglas que las propias.
“Hay que sorprender a la estrella, porque esa es la foto mas interesante. Cuando la encuentras desprevenida, natural…Warren Beatty en el garaje del Beverly Whilshire, por ejemplo. Aparezco por detrás de un auto estacionado, le grito ¡Warren!, y disparo el flash. ¡Perfecto! Luego Warren se detiene, sonríe, pero ya no me parece tan interesante. El comienzo de una sonrisa es mucho mas revelador que la sonrisa en sí. Cuando aparecen los dientes, se acaba el misterio”.
Para cuando termina la historia de Beatty, el fotógrafo ya ha cruzado los dos monumentales conejos de piedra que, como leones a la entrada de algún palacete, cuidan la entrada de su casa.
“A mi mujer, Betty, y a mi nos gustan los conejos”, anuncia en un tono que suena mas a advertencia que explicación. “Teníamos nueve, pero se los comieron los mapaches”.
Ahora los conejos muertos descansan en su propio cementerio construido por las mismas manos de Galella en el patio trasero de su hogar, una enorme “McMansion” que en su momento fue considerada por la cadena HBO para servir como hogar a Tony Soprano y su familia de mafiosos en la serie “The Sopranos”.
El recuerdo de las mascotas, sin embargo, sigue vivo en los conejos de yeso, cerámica y plástico instalados en el garaje y la terraza; en los pequeños conejitos escondidos entre los muebles, los libros y los objetos en la sala; en las orejas y pompones que se asoman por la cocina o el comedor; y también, claro está, en la habitación del segundo piso que, para efectos prácticos, es un museo de memorabilia conejuna con una enorme vitrina levantada como un altar y dedicada exclusivamente a los delicados conejos de Limoges.
“Betty y yo no tuvimos niños, pero tuvimos nuestros conejos”, dice Galella en un profundo vozarrón, quizás sin advertir la ironía de ver a estos adorables “bunnies” derretir el corazón de un hombre como él. Un hombre de 76 años con imponentes espaldas, nariz de boxeador y la reputación de ser uno de los paparazzo mas duros y astutos en un negocio donde astucia y dureza son la moneda obligada. Un hombre que fue amenazado por Richard Burton, Ryan O’Neal y Jackie Kennedy, y que provoco la ira de Sean Penn, Sam Shepard, Liz Taylor y Doris Day. Un hombre que, en un legendario episodio, perdió cuatro dientes después de recibir una golpiza a manos de Marlon Brando.
Vamos a esa historia, que vale la pena.

El 12 de Junio de 1973, Galella, como había hecho tantas veces antes, fue a instalarse a las puertas del estudio donde Dick Cavett grababa diariamente su célebre programa de entrevistas. ¿El invitado de esa noche? Marlon Brando, que por entonces terminaba de rodar “El Ultimo Tango en Paris” con Bertolucci.
Después de la entrevista, el actor y Cavett se dirigieron a un restaurant de Chinatown con Galella siguiéndoles los pasos y disparando su cámara insistentemente; una foto mas, y una mas, flash, clic, una mas y otra mas, hasta que Brando, con voz profunda e intimidante le pidió que se acercara.
Galella, quizás advirtiendo peligro, se acercó pero le habló a Cavett. “Siempre habla con el mas amistoso del par”, señala, dando otra lección, “Si quieres a Brando, habla con Cavett. Si quieres a Paul Newman, habla con Joan Woodward”.
Así, le pidió a Cavett que ambos se sacaran los lentes de sol. La foto era ridícula, le dijo, tomada de noche con los dos en gafas oscuras…y en eso estaba, hablando de las gafas, cuando sintió el puñetazo que le dislocó la quijada y le arrancó los cuatro dientes frontales inferiores.
Brando, sin advertencia alguna, dejó salir su furia con tal fuerza que al día siguiente se vio obligado a ir al hospital con su mano infectada.
“Lo demandé por un cuarto de millón de dólares”, recuerda Galella, “Pero negociamos un acuerdo fuera del tribunal. No fue mucho, poco menos de 40 mil dólares. El abogado se llevó una buena parte, así que quedé con 25 mil dólares. Y Brando, por supuesto, tuvo que pagar por mis cuatro operaciones a los dientes”.
Pero el fotógrafo no es rencoroso, y mantiene la atractiva imagen del actor junto sus otros grandes “hits” en un mural a la entrada de su casa. Ahí está, peligroso y seductor, junto a Jackie, la princesa Diana de Gales, Liz Taylor, Richard Burton, Robert Redford, Barbra Streisand…
Galella habla sin cuidado, casi divertido, sobre ese y otros líos legales. Cuenta que recibió 10 mil dólares después de demandar a Armand Aassante por asalto, otro tanto de una revista que publicó sus fotografías sin permiso, y una pequeña fortuna de una tienda francesa que usó su imagen de Robert Redford sin pagar derechos… “¡¿Cuánto ganamos en esa ocasión?!”, le pregunta a Betty, que permanece en la otra habitación.
“!No hablamos de dinero en entrevistas!”, advierte ella, “Eso es ‘off the record’”.

Galella conoció a Betty en 1978, después de mas de dos años de conversaciones telefónicas negociando la venta de sus fotografías para una revista con la que ella colaboraba en Washington D.C. El flechazo fue instantáneo. Cinco minutos después de verse cara a cara, Galella le ofreció matrimonio. Mas sorprendente aun, ella aceptó.
¿Por qué?
“Era un ‘Hunk”’, dice Betty, arrastrando el halago en uno de esos acentos sureños que parecen filtrados en whisky y miel, “Tenia talento, y una vida fascinante llena de aventuras. Me pareció irresistible”.
Galella también tenia, hasta entonces, una vida solitaria. “No me casé hasta los 48 años, porque fue imposible encontrar una mujer que se integrara a mi vida de paparazzo”, cuenta. “Pero la soledad no es mala, porque hace crecer el alma. Para mi fue una suerte, porque otros fotógrafos se iban a sus casas a ver sus mujeres, sus novias o sus madres. Yo en cambio tenia todo el tiempo para seguir a Jackie”.

Hasta la llegada de Betty, Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis fue la mujer mas importante en la vida de Ron Galella.
Cada vez que Jackie abandonaba su departamento de 15 habitaciones en el 1040 de la Quinta Avenida, a solo pasos del Museo de Arte Metropolitano, ahí estaba él y su cámara esperándola. En el mejor de los casos Jackie lo ignoraba. En el peor, ordenaba a sus agentes del servicio secreto que lo arrestaran y destrozaran su filme. Así, día a día. Galella la acompañó de compras en Bloomingdale’s, en sus paseos con Aristóteles Onassis por Madison Avenue, a la entrada de la Opera o mientras comía con I.M Pei en un restaurant “downtown”. A veces lo hizo a escondidas y otras a plena luz; siempre inoportuno, ansioso, irritante, insistente y, claro, peligrosamente halagador.
“Jackie era la modelo perfecta para lo que yo llamo ‘el estilo paparazzo’”, recuerda el fotógrafo, “Jamás posaba, y por lo mismo siempre aparece en las fotos espontánea, con la guardia baja, cándida…todas las cualidades que busco en una fotografía. Por supuesto, también había un buen mercado para sus fotos. ‘Modern Screen’, ‘Photoplay’, “Silver Screen’, todas esas publicaciones que ya no existen pagaban hasta mil dólares por una foto de Jackie. Pero ella odiaba esas revistas de cotilleo, de mentiras…Decía que ella no era una estrella de cine, que no pertenecía a esos pasquines, y en cierto modo tenia razón”.
Durante largo tiempo Galella organizó sus días alrededor de la agenda de Jackie. Llegaba a su departamento cerca de las once de la mañana para ver si salía de día. Si no era así, volvía a las siete de la tarde a esperar que saliera al teatro, el ballet o la Opera, o a las ocho, por si salía a comer. La vigilaba en eventos y cenas, y luego la fotografiaba nuevamente de regreso a su casa. Los fines de semana la seguía a Central Park con sus hijos, Caroline y John, o a Hyannis Port, New Jersey, al aeropuerto y, en un par de ocasiones, la siguió hasta la isla de Skorpios, donde una vez se disfrazó de marinero griego para fotografiarla nadando en el Mediterráneo.
Si Jackie se quedaba una noche en su casa, Galella iba al “Studio 54”, donde fue bien recibido hasta que un día fotografió a Ali McGraw sin corpiño, mostrando mas de lo aconsejable en la pista de baile. Play Boy publicó la foto y después de eso Steve Rubell le prohibió la entrada a su legendario club. “Era un pequeño Cesar”, recuerda el fotógrafo, “y un mentiroso, porque Ali nunca se enojó por esa foto. Fue él”.
Una noche era Brooke y otra Farrah. Una Cher y otra Liza. Y todas las noches era Bianca. Pero ninguna de ellas, a los ojos de Galella, alcanzó jamás el brillo de Jackie.

Esta “relación de amor y odio”, como la define él, alcanzó su clímax en 1971, cuando la ex Primera Dama, hastiada de tanta persecución, presentó una demanda por acoso en su contra que le impidió acercarse a menos de 50 yardas de distancia de ella y sus hijos y que, de paso, lo convirtió en el paparazzo mas célebre y controvertido del mundo.
Durante el juicio, Jackie presentó como evidencia fotos que la mostraban arrancando del fotógrafo en Central Park, igual como un ciervo arrancaría de un cazador. Galella recuerda perfectamente el día que las tomó.
“Llegué una mañana a su departamento y el portero me dijo que habían ido a Central Park con sus raquetas. Encontré a Caroline practicando tenis, tomé un par de fotos, y de pronto me di cuenta que Jackie también estaba ahí, apoyada en un árbol. Traté de fotografiarla, pero dio vuelta la cara. De pronto le dijo algo al oído a su servicio secreto y se puso a correr. Pensé que iba a acusarme a la policía, porque había un auto patrulla ahí cerca; pero no, siguió corriendo y yo detrás, jadeando, porque estaba en muy mal estado físico. No podía mas, pero un paparazzo nunca pierde su presa. Después me di cuenta que lo había planeado todo…”.
Con el juicio Galella perdió sus derechos, pero no su obsesión. Continuó fotografiando a Jackie a la distancia, desde tejados y arbustos, y en una imagen de su libro “No Pictures” aparece en medio de un enjambre de fotógrafos rodeando a la ex Primera Dama mientras se sube a una limousine, sonriente con su cámara colgando del cuello y una cinta de medir en las manos.
En 1982 hubo un segundo juicio y Galella se declaró culpable de no haber respetado la distancia establecida una década antes. De ahí en adelante, por ley, no pudo jamás volver a dirigir su cámara a Jackie. Sin embargo en 1994, cuando su musa, su presa favorita, su máxima estrella ya había muerto, firmó un acuerdo con John Kennedy Jr. que aceptó ser fotografiado por Galella siempre y cuando fuera solo en eventos públicos. “Así pude captar los últimos tres años de su vida”.

A pesar de su reputación, Galella se considera a sí mismo un caballero. Como evidencia número uno, cuenta su historia con Greta Garbo, a la que encontró un día de tormenta rumbo a su departamento por Sutton Place.
“Yo no he hecho nada, ¿Por qué me molesta?”, le dijo la solitaria diva, y él, sin saber qué responder, disparó su flash cinco o seis veces y la dejó seguir su camino al anonimato.
¿Otra historia de caballerosidad? Ahí está la de Truman Capote en Southampton.
“!Betty! ¿Qué fue lo que dijo Truman?”- llama el fotógrafo a su mujer, para que otorgue el necesario dramatismo a la anécdota. “Estábamos en Montauk, donde van muchos famosos en el verano”, comienza entonces a contar ella con el tono afectado de una heroína de Tennessee Williams. “Leímos en el periódico que Truman había sido internado en el hospital de Southampton por un problema de drogas o alcohol. No recuerdo cual de los dos. Llegamos al hospital y no había nadie en la recepción, así que abrimos el libro de pacientes, vimos que Truman estaba en la habitación 205 y nos dirigimos ahí sin que nadie nos detuviera. Truman no quiso que Ron lo fotografiara porque no estaba afeitado, y Ron le dijo que bien, que lo fotografiaría en otra ocasión. Y así fue. Truman dijo entonces que quería regresar lo antes posible a su departamento en el U.N. Plaza de Nueva York para darse una buena afeitada y seguir con su proyecto.
-‘¿Tu nuevo libro?’- le pregunté.
-‘No, mis cajas de decóllage. Tomo cajas ordinarias de cartón y las convierto en algo extraordinario pegándoles imágenes de serpientes”- dijo.
-‘!Truman!, ¡que exótico…! ¿Cómo encuentras tiempo para hacer algo así?- le pregunté.
-‘Dahhhling, lo único que tengo es tiempo’”.

Galella recibe la historia de su mujer con una gran carcajada, como si fuera la primera vez que la escucha. Su risa tiene algo de nostalgia, porque aunque no pierde mucho tiempo pensando en “the good old times”, a estas alturas está bien consciente que no volverán. El ya no es el mismo vigoroso paparazzo que un día fue, y el mundo de las celebridades, su mundo, ya no es esa glamorosa, decadente y sensual fiesta que tan bien conoció.
“No tengo idea como sobreviven los fotógrafos de hoy”, dice, “Fui a una premiere hace un tiempo con Angeline Jolie y Brad Pitt. Gran premiere, mucha gente. Me asignaron el numero 65 entre los fotógrafos. ¡El 65! Y llegaron al menos veinte mas, todos tomando la misma foto de Angelina en la alfombra roja. Un paparazzo ya no tiene el acceso de antes”, agrega, “Hay mucha seguridad alrededor de las estrellas, ya no puedes acercarte. Solo te dan la entrada y la salida, y uno esta siempre detrás de un cordón. Los encargados de relaciones públicas son terribles, peor que los de seguridad, peor que la policía. No me interesa mucho”.
Afortunadamente para él, aquellos días en que pasaba una noche entera esperando la aparición de una estrella han terminado. Ahora su trabajo, que creció en los últimos y mas menospreciados peldaños de la cultura popular, es considerado, tratado y transado como una obra de arte, expuesto en lujosos libros con introducciones escritas por Tom Ford o Diane Keaton, y en los muros de algunas de las galerías especializadas mas prestigiosas del mundo, incluyendo “Stanley Wise Gallery” en Nueva York, donde su nombre aparece junto al de otros grandes fotógrafos como Avedon, Steichen o Cartier Bresson.
Nada podría ponerlo mas orgulloso.
Nada, excepto quizás el documental que el conocido director Leon Gast (When We Were Kings) está preparando sobre él, un filme que lleva el certero titulo de “I Am a Camera; The Unwelcome Art of Ron Galella”, y que será estrenado en el Festival de Cine de Sundance en Febrero próximo.
¡Ah, el encanto de vivir la alfombra roja desde el otro lado del cordón! Galella no puede dejar de sonreír con satisfacción con solo pensar en la ironía.
“Mi profesor de italiano en el colegio, el señor Costanza, siempre decía que en esta vida eres alguien o eres un Don nadie, y eso quedó muy grabado en mi mente”, cuenta. “Tengo un gran ego. Todas las grandes estrellas tienen un gran ego. Pero ellas interpretan personajes y se pierden en ellos. Yo, en cambio, soy yo mismo en esta película. Aquí el director no me da ordenes. El director, en mi película, es Dios”.

Manuel Santelices

Esquire Espana, 2009

Joaquin Cortes

In arte, musica on June 23, 2009 at 10:43 pm

joaquin-cortes_1244467c

“Este hombre es puro sexo”, dijo en una ocasión Elle McPherson refiriéndose a Joaquín Cortés, y cualquiera que lo haya visto hace pocas semanas sobre el escenario del City Center de Nueva York, agitando sus pies como mariposas sobre el tablao, jugando con su cabello largo y oscuro y luciendo orgulloso su torso desnudo mientras cientos de fanáticas enloquecidas gritaban su nombre, tendrá que estar de acuerdo. “Nunca he buscado el morbo en el público”, se defiende este bailarín de 35 años que, como dice sin falsas modestias, ha marcado “un antes y un después” en la historia del Flamenco. Sin embargo, su obvio atractivo físico es inevitablemente mencionado cada vez que la prensa habla de él y los críticos están lejos de ser los únicos que caen rendidos a sus pies. Sus romances con Naomi Campbell y Mira Sorvino fueron ampliamente publicitados, y entre sus fervientes admiradoras se encuentran Madonna, Emma Thompson y Jennifer Lopez, que apareció junto a él en su concierto de Puerto Rico en el 2002.

Almodóvar filmó sus encantos y talentos en “La Flor de Mi Secreto”, y el director italiano Bernardo Bertolucci, visiblemente emocionado frente a su presencia, escribió una oda para él.

Sin embargo, tanta adulación y halago parece haber tenido poco efecto en Cortés, que en persona habla y se comporta como el sencillo gitano que es. Sentado en la gigantesca terraza de un “loft” en el exclusivo “Soho Grand Hotel” de Manhattan, vestido en jeans, una camisa rosada sin mangas, lentes oscuros y su legendario pelo recogido en un moño, no se da aires ni de estrella ni de seductor. Y aunque al día siguiente visitaría la Casa Blanca para celebrar la “Cultura Latina en las Artes” junto  a Antonio Banderas, Marc Anthony y Alejandro Sanz, entre otros, insiste que no es más que un “bailaor”. Un “bailaor” con talento y suerte, sin duda.

Cortés nació en 1969 en medio de una familia gitana de Córdova y comenzó a bailar desde que pudo pararse en dos pies. A los doce comenzó sus estudios de danza en Madrid, a los catorce ingresó al Ballet Nacional de España, y a los diecisiete ya era un aplaudido solista. Algo aburrido con las piruetas y tutús del ballet clásico, dirigió sus pasos a la danza moderna y trabajó junto a estrellas como Maya Plisetskaya, Silvie Guillem y Peter Schauffus en Europa, Asia y Estados Unidos. En 1992, cuando tenía apenas 23 años, creó su propia compañía, “Joaquín Cortés Ballet Flamenco”, y en cuestión de meses se convirtió en el bailarín español más célebre del mundo. “Gracias a mí cada vez hay más niños aprendiendo a bailar”, dice, “Antes los padres no querían llevarles a los conservatorios porque tenían miedo de que les salieran maricones, en cambio ahora los padres son los primeros en pedir clases de baile”.

“Live”, el show que presentó en Nueva York, es su cuarto espectáculo e, igual que los anteriores, ha tenido un impresionante éxito internacional. Pero el tiempo pasa, incluso para Joaquín Cortés, y aunque su cuerpo sigue envidiablemente firme y ágil él ya está pensando en el día en que no podrá- o no querrá- seguir a solas durante dos horas zapateando sobre un escenario. Por eso acaba de crear una nueva compañía, “Gitana Cortés Company”, con la que está planeando un espectáculo de 60 personas que piensa presentar en Broadway y teatros europeos. También, según dice, está pensando pasar más y más tiempo en Nueva York. “Ya estoy mirando departamentos que me están localizando y, en principio, voy a arrendar uno por un año y vivir entre Nueva York y Madrid. Esta es una ciudad donde ya viví dos o tres meses hace un tiempo, pero tuve que volver a España por problemas familiares y lo dejé todo. Ahora que estoy tranquilo y tal, me apetece volver”.

-¿Para ti no es mejor estar en España, donde en Flamenco se aprecia más?
-Aquí también se aprecia muy bien. Entiendo tu pregunta, pero parte de una equivocación. Yo llevo veintitantos años viajando por los cinco continentes, y la reacción que la gente tiene frente al Flamenco, o a mí bailando al menos,  es igual en todas partes. Cuando bailo en Chile, en Tokio o Nueva York, consigo los mismos aplausos que en España. Donde vaya, la gente entiende y vive el Flamenco.

-Sin falsas modestias, ¿Eso se debe a ti o al flamenco?
-Yo he creado un estilo propio y personal que es una fusión de flamenco, jazz y música latinoamericana que me ha permitido llevar este baile a las masas, algo que en el flamenco no existía. Es verdad que hay un antes y un después y que no podemos comparar, pero yo te hablo de mi propia experiencia. No sé como le ira a un bailarín de flamenco desconocido que llega a Nueva York y actúa en un local para doscientas personas. Yo he hecho el Radio City Música Hall para siete mil personas, el City Center, hemos trabajado en el Metropolitan Opera House, y siempre se ha llenado. No sé por qué…Quizás es porque han visto un espectáculo de calidad y han salido emocionados. Pero yo no me puedo quejar. Pero lo que te quiero decir es que, en mi caso, no me siento necesariamente más cómodo en España.

-Tu espectáculo ha sido exitoso, pero muy criticado por los puristas del Flamenco…
-Eso fue en un principio. Llevo quince años como persona conocida, viajando por todo el mundo, y al principio los puristas me trataron mal, cosa que entiendo y no entiendo a la vez. Lo entiendo, porque piensan que lo mío no es lo puro, lo verdadero. Pero por otro lado no aceptan que nadie haga algo nuevo. Entonces llego yo, con veinte años, y me convierto en el héroe nacional, un revolucionario. Pero el tiempo, como dicen, le da la razón al que la lleva. Yo, independiente de las críticas, he seguido adelante con mi carrera y he cambiado la historia del flamenco. Hoy día la mayoría de las compañías de danza de mi país imitan a Joaquín Cortés, porque es sinónimo de éxito. Además, ¿Qué es la pureza? Yo me siento cien por ciento puro como Joaquín Cortés, porque he creado algo propio. Esta es la manera que yo siento la danza. Cuando yo empecé había dos compañías de baile en España, porque la danza era un tema que a nadie le interesaba. Hoy puedo citarte treinta nombres de compañías. ¿Y eso a quién se debe? Parece petulancia por mi parte pero todo el gremio se ha beneficiado de mi tirón.

-¿Que tiene de común el flamenco con el jazz o la música cubana?
-Yo creo mucho en el mestizaje cultural, que es algo que me ha gustado desde niño. La danza es un idioma como cualquier otro, y tengo la suerte de haberme cultivado en muchos idiomas distintos. Hice ballet clásico, contemporáneo, danza española, flamenco…entonces eso me ha llevado a crecer y crear algo que siento muy natural. Eso me permitió convertirme en estrella desde muy joven, a los veinte años.

-¿Con tanto éxito y tan temprano, es difícil mantener una carrera en el tiempo?
-Lo más difícil es mantenerse.  Hay mucha gente que le cae bien a los medios de comunicación y en un dos por tres lo ponen arriba. Mantenerse durante quince años, vivir los altibajos propios de una carrera, y seguir haciendo grandes espectáculos es muy complicado. Y eso pasa en cualquier profesión. La mayoría pega un “boom” y desaparece en dos o tres años.

-Como bailarín, ¿Te molestan tus 35 años?
-Mira, te voy a decir una cosa: cuando tenía veinte estaba bien, pero lo increíble es que a estas alturas me siento mucho más fuerte que entonces. Ahora estoy haciendo un show que no podría haber hecho a los veinte. Ahí estoy, durante dos horas, solo sobre el escenario, sin parar de taconear. Estoy en un momento físico increíble. Yo no sé cuando me voy a retirar, quizás en un año o cinco, pero no pretendo retirarme a los sesenta aunque tenga éxito. Quiero retirarme en un tiempo prudente, porque me doy cuenta que los años pasan. Con la edad se pierde poco en el Flamenco; posiblemente frescura, pero se gana muchísima madurez, sabiduría y  experiencia.

-¿Que te gustaría hacer después?
-Me estoy metiendo en muchas cosas. Soy empresario, productor, acabo de crear una compañía nueva, “La Gitana Cortés Company”, para darle oportunidades a los nuevos músicos españoles, y estoy en el mundo de la publicidad y la moda. Quiero hacer todo lo que pueda. Yo creo que integrar el flamenco a otras artes es bueno.

-¿Siempre te interesó la moda?
-Claro que me interesa, porque forma parte de mi vida.  Es algo que me divierte, pero que me ayuda también a crecer como artista. Yo soy un creativo, y mientras más colabores con cineastas o diseñadores, más recibes para crear. Te conviertes en una esponja.

-¿Cómo surgió tu colaboración con Giorgio Armani?
-Eso fue hace muchos anos, cuando estaba grabando un programa en la Piazza Navona en Roma. Era un desfile con 300 modelos y cinco diseñadores, donde estaban Armani, Valentino, Krizia, Versace, Gianfranco Ferré…. Al final todos los diseñadores estaban emocionados y me querían vestir, invitarme a comer, conocerme. Y yo no sé por qué, pero establecí una muy buena relación con Armani, entendí que su filosofía era parecida a la mía en lo que se refería a la moda y la danza, y me interesó nuestro contraste de estilos. Para mi Armani es un tío muy elegante, muy minimalista, y eso combinado con la pasión y la fuerza del flamenco es algo que funciona muy bien. Es como crear un animal elegante.

-¿Tiene también que ver con tu imagen de símbolo sexual?
-El flamenco despierta imágenes de exotismo en el extranjero. Para los gringos ver a un hombre sudando y zapateando es muy sensual, muy erótico Hay mucha sensualidad en el flamenco, y su música es muy agradecida del cuerpo, muy racial, muy caliente. Eso hace que la gente se emocione y empiece a buscar ese lado erótico y sexy. Tu sabes que los gitanos somos de la India, y ahí los brujos y hechiceros bailaban con el torso desnudo. Por eso se me ocurrió hacer un poco de historia, escarbar en mis raíces en mi segundo show, y sacarme la camisa. Salí al escenario con una falda negra larga, el pelo suelto y el torso desnudo. La gente se enloqueció, las mujeres gritaban y los hombres también. La mayoría estuvo a favor del espectáculo, pero los puristas alegaron que era una provocación y una herejía. Pero los bailarines clásicos bailan con el torso desnudo y no pasa nada, y hay bailarines contemporáneos que han aparecido desnudos. Entonces, ¿Por qué tanto escándalo?

-¿Te sientes cómodo como sex symbol?
-Ni cómodo ni incomodo. A mí me gusta sacar el máximo partido en todo lo que hago. Si hay gente que va al teatro a buscara un sex symbol, pues bien, que vengan, porque después que vean el espectáculo van a encontrarse con algo más que eso. Se van a encontrar con un muy buen bailarín, con buena técnica y preparación. Si puedo usar mi sensualidad para atraer más aficionados a la danza, que así sea. Mi deber como artista, como profesional y como amante de la danza es crear adictos. Me da lo mismo ser o no sexy, siempre y cuando atraiga al público.

-¿Eres tan seductor como comentan?
-Yo no soy el típico tío que entra en una discoteca con un cartel en la frente que dice: busco hembra para follar. En ese sentido soy especial porque no llevo cartelito ni voy de follador. Así que las chicas normales se acercan. Yo puedo tener un día loco de los que se te cruza el cable y sales a pillar cualquier cosa, pero normalmente no voy a saco, soy más especial.

-¿Eres machista?
-Mi lado machista está ahí, lo he mamado y no lo puedo borrar de la noche a la mañana. Yo nunca me he metido en la cocina ni he puesto la mesa porque en casa eso lo hacían las mujeres. ¡Si no sé freír ni un huevo!

-¿Te ha beneficiado estar tan involucrado con el mundo de la farándula?
-No sé si me ha beneficiado o perjudicado. En España no me dejan tranquilo y eso es terrible. La prensa rosa me parece patética. La verdad es que no me siento parte del famoseo español, porque lo que tengo me lo he ganado a pulso y no por salir en las revistas junto a famosos. Me molesta ser uno de los pocos españoles con proyección internacional y que aun así digan que lo mío es puro cuento.

-¿Con una carrera como la tuya, es difícil tener vida personal?
-He intentado llevarla adelante, pero siempre ha estado en segundo plano porque no he tenido tiempo. La suerte de ser dueño y señor de tu propia carrera, es que de pronto puedes tomarte tu respiro y pasar tiempo con tu familia y la gente que quieres. Pero por mi trabajo, ha sido duro. No he parado durante años, he viajado por todo el mundo. Pero solo tengo 35 años, me siento muy joven, y ahora puedo decidir cuando quiero bailar y cuando no. Tengo libertad y puedo dedicarme a mi vida privada.

Cosas, 2005

Philippe Starck

In arte, Diseño on June 23, 2009 at 11:47 am

07-08starck_lg

Puesto simple, Philippe Starck es el diseñador mas celebre del mundo. Durante las dos ultimas décadas sus diseños se han apoderado del mundo y han cubierto, sin limites ni prejuicios, desde autos a cepillos de dientes, definiendo, de paso, una nueva modernidad. Sus fanáticos viajan con maletas, zapatos, lentes y equipos electrónicos Starck, y a menudo ocupan una suite en el Royalton, el Paramout o el Hudson en Nueva York, el Mondrian en Los Angeles, el Faena en Buenos Aires o el Sanderson o St. Martin’s Lane en Londres, algunos de los hoteles que ha creado. El elaborado dramatismo de sus espacios- incluyendo blancas cortinas de treinta metros de alto, gigantescos candelabros, sillas Luis XVI con cuernos y forradas en pieles de animal, y un minimalismo que no tiene nada de simple- ha sido imitado hasta el cansancio. Hoy en día, de Buenos Aires a Kuala Lumpur, es imposible encontrar un hotel boutique que, con menos recursos e ingenio que los de Starck, no parezca una deslavada copia de sus obras.

Durante largo tiempo, el diseñador francés se negó a aceptar proyectos residenciales, convencido de que cada uno debe ser el arquitecto de su propia vida. Sin embargo, hace un par de anos cambio de opinión y, junto al empresario británico John Hitchcox, fundo una constructora llamada “YOO” que actualmente esta construyendo edificios en una decena de ciudades en tres continentes, incluyendo Nueva York, Buenos Aires, Boston, Londres, y Miami. Su primer condominio, “Icon”, en Miami Beach, se convirtió rápidamente en el edificio mas comentado de los últimos anos, una enorme torre de cristal y acero de cuarenta pisos frente a la bahía de Key Biscayne que aumento de precio hasta tres veces antes de ser terminada y que lleva el sello Starck por sus cuatro costados. Hace algunas semanas, Starck llego nuevamente a Miami para presentar su segundo proyecto, “Icon Brickell”, en el distrito financiero de la ciudad.

-¿Cómo está, Starck?
-Estoy maravillosamente. Soy el prototipo humano ideal, no tengo fallas. Soy perfecto.
-Eso es lo que mucha gente dice de usted…

-Sí, es lo que mucha gente estúpida dice sobre mí, porque no me conocen.
-¿Por que decidió finalmente comenzar a diseñar edificios residenciales?
-De todas las cosas que uno puede comprar, pocas son tan definitivas e importantes como un departamento. La mayoría de los planos de los edificios actuales vienen del siglo 18 y no entiendo como alguien puede sobrevivir en lugares tan obsoletos. Con una pequeña ayuda de su amigo- es decir yo- los clientes de YOO evitan cometer errores, pero ellos siguen siendo los responsables de crear su propio hogar y sus propias vidas. Uno debería ser capaz de diseñar su propia vida y rechazar cualquier vida prefabricada No creo en el diseño residencial; de hecho, me parece una terrible idea. Sin embargo, mi diseño en los espacios públicos de nuestros edificios es muy fuerte, y por eso sus habitantes se dan cuenta que viven en un edificio de Starck.

-¿Qué significa eso?
-Que cuando cruzan el lobby sienten que todo es posible en la vida; que pueden ser creativos, sexies y que merecen ser amados. Eso es lo que les doy cada vez  que cruzan uno de mis espacios. Pero cuando llegan a su hogar, les es propio. No viven en mi casa, sino en la suya. A mi no me interesa probar que soy un buen diseñador, sino dar alegría a la gente que vive en mis espacios. Quiero ver su inteligencia, su elegancia y su belleza. Nada más.

-Usted es un diseñador, pero también un hombre de negocios. ¿Se siente igual de cómodo en ambos papeles?
-No me interesa para nada la parte comercial de mi trabajo. En el caso de los edificios, eso esta a cargo de un hombre muy talentoso, Johnny Hitchcox. Yo no me meto para nada, porque no se nada de negocios, Yo trabajo con mis amigos, amo a mis colaboradores, confío en ellos, y cuando me pagan es un regalo maravilloso.

-¿Le molesta ser el diseñador mas copiado del mundo?
-Cuando la gente me copia, está copiando mi pasado. Yo me estoy moviendo hacia adelante todo el tiempo, y por lo mismo, lo que estoy haciendo en determinado minuto es inimitable, porque aun no existe. El pasado está ‘out’. Mis imitadores llegan con diez años de diferencia. Me dan pena; pena por ellos y por sus clientes, que están siendo abusados. Pero yo no soy un policía y no puedo estar cuidando a todo el mundo.

-¿Que diseñadores han tenido influencia en su trabajo?
-Darling, no tengo la menor idea. No tengo el menor interés en otros diseñadores. Trabajo a solas, en la mitad de la nada. Jamás leo revistas de diseño, no conozco a otros diseñadores y es un mundo que no me resulta para nada familiar. Yo hago lo que puedo y lo que quiero, cuando puedo y cuando quiero.

-¿De donde vienen sus ideas entonces?
-Mis ideas vienen de mi compresión del mundo en que vivimos; donde estamos, quienes somos, cual es nuestra civilización…Vienen de la astrofísica, la biología y la matemática cuántica. Trato de entender las grandes reglas que rigen la tierra, y las mezclo con mi visión del  futuro, mi utopía política, mi locura personal y mi fantasía enfermiza.

-¿Por que cree que su trabajo tiene tanto eco en el resto del mundo?
-Creo que es porque jamás hablo de diseño. Hablo de poesía, romanticismo, humanidad, ternura y amor. Nunca de arquitectura o tendencias. Por eso mi conversación es universal y todo el mundo puede entender lo que estoy diciendo

-Sus diseños siempre han sido definidos como dramáticos, teatrales…
-Si, creo que necesitamos cierto dramatismo para vivir. Cuando trabajo en un espacio público, lo que busco es despertar a la gente, darles una experiencia y crear un recuerdo. Quiero que lleguen a sus casas diciendo ‘Estuve en un lugar fantástico. No puedo describirlo, pero estaba lleno de energía, y ahora quiero cambiar el mundo, quiero luchar ¡Estoy despierto!’ Quiero que la gente se dé cuenta que son los protagonistas de sus propias vidas

-¿A que se refiere cuando dice que trabaja en medio de la nada? ¿Dónde esta su oficina? ¿Donde vive?
-Hace dos años le di mi empresa a la gente que trabajaba conmigo. Ahora no tengo nada. No tengo autos, porque me gusta estar en lugares sin trafico.  Lo único que tengo es un avión muy cómodo y muy eficiente. Lo uso para vivir, para trabajar o para viajar a una pequeña isla en el sur de Francia. Me gusta estar en medio del mar o en medio de un bosque, no en las ciudades. Vivo completamente fuera de la civilización. Nunca voy a cine, ni a exhibiciones ni a cocktail parties. Soy un monje moderno.

-¿Tiene amigos o es un solitario?
-Tengo una pequeña tribu, pero como viajo tanto no tengo el tiempo necesario para verlos tan seguido como quisiera. Donde sea que me encuentre, trato de encontrarme con ellos, lo que me da gran placer porque son personas fantásticas.

-¿Que siente cuando ve sus proyectos terminados?
-Todo lo que hago me parece un desastre. Detesto ver lo que he hecho, porque soy un ‘control freak’, un maníaco y un hombre muy honesto también. Mi trabajo me muestra mis propias vulnerabilidades. Veo que he sido cínico, flojo, banal…Es una pesadilla. Pero eso es también lo que me hace continuar, porque espero que algún día haré bien mi trabajo

-Cuando ve un objeto, ¿Piensa inmediatamente como re-disenarlo?
-No tengo ningún interés en rehacer nada. Pero veo muchos productos que han sido diseñados por gente muy talentosa en marketing o ‘product development’, y son un desastre. Han sido diseñados para robarle el dinero a lo que ellos llaman el ‘target consumer’. ¡Es un concepto tan anticuado, tan ridículo y tan injusto!. Trato de combatir esa idea. Trato de luchar contra la deshonestidad.

-¿Que opina del ‘boom’ del diseño en la ultima década?
-Me parece bueno y malo. Es bueno, porque la gente se había concentrado en su ropa, en la forma en que se vestían, y se habían olvidado de sus casas. Ahora han vuelto al hogar, lo que me parece positivo porque muestra que  se están preocupando de sus propias vidas. El problema es que el Diseño se ha convertido en un gran negocio, un negocio que esta creciendo constantemente, y todos quieren un trozo de el. Ahora hay mas diseño que antes, pero su calidad esta disminuyendo. Eso no es mi meta. En veinte anos, he creado lo que yo llamo el ‘Diseño Democrático’, tratando de dar lo mejor a la mayor cantidad de gente posible, aumentando la calidad y bajando los precios. Lamentablemente pocos piensan como yo en este respecto.

-¿Cuál considera su máxima obra?
-Ninguna. No me interesan los museos, aunque tengo muchas piezas ahí.  Para mí, mi mejor trabajo es el que he creado para mis amigos. Cuando uno de ellos me dice que fue al Delano, que hizo el amor con su mujer en una de las habitaciones y que fue una experiencia maravillosa, eso me parece suficiente. Esa es mi obra maestra.

-¿Cómo se lleva con su fama?
-No me importa. Es muy bueno para el ego, muy agradable, pero no me interesa porque no vivo en los lugares donde están mis proyectos. No tengo “feed back”. Un minuto después de terminar mi trabajo, desaparezco y regreso a la mitad de la nada.  Para mi, mi familia y mis amigos, no soy una estrella. Mi novia siempre me dice ‘no estamos interesados en Starck, sino en Philippe’. Todos los que me conocen piensan que Philippe es mucho más interesante que Starck.

-¿Tiene algún proyecto sonado?
-No. Lo que quiero es crear menos materiales y más conceptos; ser más político, mas violento, mas útil. El diseño no es muy útil, especialmente ahora que hay tantas otras prioridades. Hemos vuelto a los tiempos de los bárbaros, y es un poco ridículo estar hablando de sillas cuando hay tanta gente muriendo en el mundo. Lo único urgente es la acción política y salvar nuestra civilización. Mi sueno seria ser candidato a un cargo político, pero creo que eso es algo que no debería hacer jamás

Ocean Drive Espanol, 2008

Ferran Adria

In arte, cocina, Ocean Drive Espanol on June 22, 2009 at 9:00 pm

03

Habría que ser gastrónomo, poeta, historiador, científico y filosofo para describir los hechizos que el chef Ferran Ardrià realiza en la cocina de su célebre restaurante, “El Bulli”, ubicado en la playa de Rosas, a dos horas al norte de Barcelona.

¿Quién podría explicar, por ejemplo, los mágicos efectos que producen mezclas como médula y caviar? ¿O un tagliatelli que no es pasta, sino una gelatina de consomé de pollo con agar-agar cortada en cintas translúcidas? ¿O una sopa de arvejas y menta que debe beberse de un solo sorbo, como un shot de vodka, y que en su primer sabor es caliente y en el siguiente helado? Sus tapas incluyen un helado de ajo blanco, un trozo de foiè-gras frío flotando en un ardiente consomé de ave, o un cous- cous de colifor con salsas aromáticas que, en cada cucharada, va abriendo la puerta a un sabor distinto: mandarina, albahaca, eneldo… ¿Qué puede decirse del chef que transformó la tradicional tortilla española en un magnifico liquido servido en copas de Martini, que puso el aroma de las paellas de Valencia en los cereales infantiles Kellog, y que, en uno de sus trucos mas aplaudidos, convirtió tomates, mariscos y papatas en etéreas “espumas” de aire que, sin peso o consistencia, acarrean sin embargo todo el sabor? ¿Cómo describirlo?

Intentos no han faltado. Le Monde lo llamó “El Alquimista”; The New York Times dijo que era “un científico loco, un genio, el Dalí de la cocina”; la revista Time lo incluyó en su lista de los 100 personajes más influyentes del mundo y, en un acto de humildad poco frecuente en los círculos culinarios, importantes chefs como el español Juan Mari Arzak y francés Joël Robuchon lo han elevado a un altar diciendo que es “el más imaginativo chef de la historia” y “el mejor cocinero del planeta”. Nada de mal para un hombre que llegó a la cocina por pura y simple casualidad.

Ferran Adrià tenia 17 años cuando, sin un centavo pero con muchas ganas de divertirse, buscó trabajo en un restaurant de Barcelona para juntar dinero y viajar a Ibiza. “Partí lavando platos, pero fue totalmente casual”, recuerda, “También podría haber terminado como mecánico en un taller de automóviles”. Fue ahí, en la cocina, donde aprendió lo básico, desde hervir el agua a preparar la sopa, pero no fue hasta años después, cuando ya era el cocinero oficial de “El Bulli”, que su pasión alcanzó otras temperaturas.

En 1984 asistió a una clase maestra del chef Jacques Maximum, que por esos días estaba a cargo del restaurant Chantecler del Hotel Negresco en Niza, y fue ahí donde escuchó la frase que cambiaría su vida. Alguien le preguntó a Maximun que significaba “crear” en gastronomía, y el cocinero, sin pensarlo dos veces, contestó: “Crear es no copiar”.
Desde entonces hasta ahora, Adrià no ha parado de crear y, de paso, ha provocado una revolución. En un comentado articulo en The New York Times, fue retratado como el padre de la “Nueva Cocina”, el responsable de la aparición de España en el mapa gastronómico- y la caída de Francia en estas lides-, y, más importante aún, como la brújula a seguir en el futuro de la alta cocina. Con una modestia innecesaria, Adrià dice que lo único que le interesa es “disfrutar la vida con mi trabajo”, pero luego agrega que al levantarse cada mañana también espera “dar un paso más en la evolución de la gastronomía”.

“El Bulli” está abierto al público solo seis meses al año. En ese periodo, el restaurante recibe casi un millón de solicitudes de reservación, pero solo acepta a 8 mil afortunados. El resto del tiempo, el chef y su equipo de casi cincuenta personas se dedican la investigación, la creación y- no hay otra forma de decirlo- la magia en un verdadero laboratorio al que han llamado “El taller”. Ahí, cada receta es archivada con fecha, ingredientes y preparación, y luego publicada en enormes volúmenes que se han convertido en una Biblia para los interesados en la cocina y un documento invaluable para los historiadores gastronómicos.
Adria, de 45 años, visitó Miami el mes pasado y fue homenajeando por el “South Beach Wine & Food Festival”, que acaba de celebrar su quinto aniversario, durante una cena en el Loews Miami Beach Hotel.

-¿Te gusta el titulo de “Alquimista” que te puso “Le Monde”?
-No está mal. Me han llamado tantas cosas y de tantas maneras, que alquimista me parece bien, porque algo de alquimia tiene lo que hacemos. Yo veo al alquimista como un romántico, una persona que investiga, que hace cosas para ir hacia adelante, más que como un loco carioco. El verdadero alquimista tiene sensibilidad y cierta magia para mezclar los elementos.

-¿De donde vienen tus ideas?
-Las ideas vienen de la vida, que aunque suene como una respuesta sencilla, es real. Vas trabajando, vas viendo, y las ideas surgen del trabajo en equipo. Alguien se encarga de buscar los productos, otro de trabajar con diseñadores industriales, otro con el mundo científico, otro con las texturas, otro investigando las cocinas del mundo…. Hay muchos caminos para hacer cosas nuevas.

-¿Viajas buscando cocinas distintas? ¿ Visitas restaurantes?
-Sí, por fuerza y por placer. Ahora por ejemplo voy a Hong Kong y luego a Miami, donde no he estado nunca y donde seguro encontraré algo interesante. Lo que más me interesa es ver a la gente, como respiran, como se mueven, como viven, y trasladar esa sensación a la comida. Vas a un sitio, observas, luego vas al mercado y poco a poco capturas una idea. La comida es una forma de reconocer a las personas, y a través de ella aprendes que todos somos diferentes.

-¿Qué podemos descubrir de ti a través de tu cocina?
-Pues que me importa pasármelo bien, que es algo tan sencillo como dificil.

-¿Qué rol te atribuyes en que España sea hoy considerada el centro de la nueva cocina?
-Yo de mí mismo no puedo hablar, pero si te puedo decir que España está, sin duda, en la vanguardia de la nueva cocina. Es algo que viene de nuestra cultura, nuestra historia, de los buenos productos y de que tenemos una cocina tradicional de donde partir. Después de la dictadura y la transición a la democracia, tuvimos un momento socioeconómico importante que permitió un brote creativo. Claro, España siempre ha sido un país creativo y muy latino, pero estas circunstancias han hecho que en cocina yo y otras personas hayamos creado un estilo que está marcando la alta cocina en todo el mundo.

-Tu documentas todas tus recetas. ¿Por qué?
-Las documento, y es una cosa muy extraña en la gastronomía, cuando debería ser lo normal. Cuando hablamos de cocina no podemos hacer historia, porque hasta ahora nadie se preocupaba de las fechas. No puede ser que la gente no sepa de cuando es una receta. En cualquier otro campo- literatura, arte, fotografía- seria imposible vivir sin fechas porque eso no permitiría la investigación ni la historia. Nosotros hemos hecho un catálogo de 8 mil páginas donde está archivado y documentado todo nuestro trabajo, y eso sirve mucho para quien quiera estudiarlo.

-¿Qué te gustaría que dijeran sobre tu trabajo y tu aporte en cincuenta anos?
-Me gustaría que dijeran que demostramos que había otros caminos, que ilusionamos a mucha gente en momentos en que parecía que era muy difícil crear algo nuevo. Esa ilusión es muy importante en cualquier campo.

-Tu pareces muy generoso en compartir tus descubrimientos y tus recetas con otros chefs, algo que no es común…
-Un creativo sabe que lo que hizo hoy no vale mañana. Ya lo hiciste. Y gente como yo, que ha tenido suerte en la vida, debe compartir.

-¿En qué estas trabajando actualmente?
-Estoy preparando el léxico- científico- gastronómico que va a salir esta semana; estoy haciendo el libro de “El Bulli” 2005; y a nivel de cocina, estoy marcando lo que será “El Bulli” 2006.

-¿Y qué nos puedes adelantar?
-Va a ser una continuación del trabajo de los últimos dos o tres años, que es el aprovechar toda la labor que han hecho los técnicos de la industria de la alimentación y trasladarlo a la alta cocina. Es algo que no se había hecho nunca y que es muy importante. Compañías como Nestlè, por ejemplo, tienen técnicos increíbles que nunca habían sido aprovechados en la alta cocina. Nunca hablaron unos con otros. Cuando hay gente como nosotros, que los traemos a la alta cocina, es una locura, porque se trata de un siglo de conocimientos que no estaban siendo utilizados. Es una autentica revolución.

-Debe haber algunos que se oponen a tus revoluciones.
-Bueno, claro. Pero yo respeto mucho a aquellos que no les gusta mi cocina, siempre y cuando lo expresen con educación. Otra cosa es estar en contra de la evolución; eso es algo que no entiendo. En la vida hay que evolucionar, y nuestro trabajo como cocineros es explorar los limites que existen en la cocina. Nosotros nunca decimos que lo que hacemos es LA cocina y que todos deben seguir nuestros pasos. Lo que buscamos son los limites y, con ellos, investigar cosas que después pueden aprovecharse de otro modo.

-¿Y cual es tu conclusión después de tantos años? ¿La cocina tiene limites?
-Seriamos unos ilusos si pensáramos que la nuestra será la ultima generación creadora. Es verdad que hay un momento peligroso, cuando la comida se convierte en arte o el arte en comida. Son dos peligros latentes. Hay que poner una barrera; tener claro que lo más importante cuando uno va a comer, es comer. La creatividad, la evolución y todo mi discurso está muy bien, pero lo más importante cuando comes es que te guste y sea rico. Si el juego es solo intelectual o artístico, se vuelve algo peligroso. El futuro de la alta cocina, que es de lo que estamos hablando, tiene el riesgo de convertirse en una experiencia artística más que gastronómica. La comida, como asunto social, está cada vez más alejada de la alta cocina. A mí lo que me interesa es la sensibilidad, crear emociones, no una obra de arte.

-Tu llegaste a la cocina por casualidad…
-Así es.

-¿En que momento se convirtió en pasión?
-Fue de a poco, y mientras más trayectoria tengo y más tiempo pasa, me doy cuenta que esto ha sido muy importante para mí. Yo me sigo preguntando el por qué de las cosas. Si hubiera tenido interés en la gastronomía desde niño, quizás habría estado muy marcado por influencias de grandes cocineros, pero eso no ocurrió. Partí de cero, preguntándome, por ejemplo, para qué comemos pan en un restaurant de alta cocina. A restaurantes como estos no vas a comer lo mismo que comes en tu casa. Recorrer miles de kilómetros para comer tres trozos de pan no tiene lógica. Estas son preguntas que me hago todos los días.

-¿Eres tan curioso para todo?
-La verdad es que me gusta preguntar, aunque no tengo mucho tiempo para nada más que el trabajo. Lo que no soy es vanguardista. La música de vanguardia, por ejemplo, no me gusta mucho; prefiero la música latina. Lo mismo en el cine de vanguardia radical, que me cuesta mucho. No porque te guste algo de vanguardia te conviertes en un vanguardista.

-¿Que comes en tu casa, cuando estas con tu familia?
-Como lo mismo que todo el mundo, nada extraordinario. Tu cuando vas a tu casa no haces entrevistas a tu familia, y yo no cocino alta cocina. Algo bueno y malo que tiene la cocina, es que la hacemos todos los días. Lo que hacemos en la alta cocina, más aún si es cocina de investigación como la que hago yo, no es la cocina diaria. Es un universo distinto. Es como conducir un Formula Uno, que no es lo mismo que manejar un coche corriente. Yo en mi casa cocino cosas muy sencillas: un pescado, una ensalada. Las prioridades en mi casa son sano y rápido, no más de media horita.

-¿De todo lo que has creado, que te parece lo más importante?
-El tiempo lo dirá. Me parece que lo más importante es la evolución a través de técnicas, conceptos y filosofías, mas que una cosa concreta. También ha sido importante hacer entender a la gente que una patata o un espárrago es tan bueno como una langosta o un caviar, cosa que es muy difícil. La gente iba a los restaurantes y pedía lo más caro, Foie Gras o trufas. Nadie iba a un lugar de alta cocina a pedir una ensalada. Hoy en día, en cambio, la gente pide lo que es bueno sin importar lo que cueste. El caviar es muy bueno, pero un huevo también. Esa es una línea filosófica que iniciamos nosotros a mediados de los noventa y que ha revolucionado la cocina.

Manuel Santelices

Ocean Drive Espanol, CASAS 2007

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.