
La sospecha de que Michelle Bernstein es una de las mejores chefs del país- compartida por cualquiera que haya puesto siquiera un pie en su célebre restaurant ‘Michy’s” en Miami- quedó confirmada hace unas semanas, cuando la prestigiosa James Beard Foundation le entregó el galardón como Mejor Chef del Sureste de Estados Unidos.
Ya era hora, dicen sus fanáticos, que han seguido su carrera culinaria no solo a través de su fabulosa cocina, sino también de sus frecuentes apariciones en televisión y, por estos días, su nuevo libro, “Cuisine à Latina”, que está actualmente promocionando en un tour nacional. Si, Michelle es una chef famosa, pero no la llames “celebrity chef”. Es un título que detesta, como queda claro en esta entrevista.
Su pasión por la comida es herencia de su madre, una argentina aficionada a la gastronomía que desde un principio decidió compartir los secretos del fogón con hija. Fue ella la que le sugirió- luego de un breve flirteo con la danza profesional- que se inscribiera en una escuela culinaria. Después graduarse, Michelle viajó a Nueva York para trabajar junto a dos de los chefs mas importantes e influyentes de la ciudad, Jean- Louis Pallain y Eric Ripert, pero cuando llegó la hora de decidir su futuro, regresó a Miami. “Esto es lo que conozco”, dijo en una ocasión a “Food & Wine”, “Conozco a su gente y sé lo que les gusta comer”.
A comienzos del nuevo milenio se hizo cargo de “Azul”, el extraordinario restaurant del Hotel Mandarin Oriental, y fue ahí donde conoció a su actual marido y socio, David Rodríguez. Se enamoraron, imaginaron un futuro juntos, y decidieron que era el momento de probar suerte con su propio restaurant.
El 2004 abrieron las puertas de “Michy’s”.
La historia suena romántica, es cierto, pero este no es un romance solo de a dos. Es un romance con la comida y su ingredientes; con cada receta y cada cliente. Es un romance con la idea de que, como dice Michelle, una noche cualquiera su cocina produzca un plato que sea “memorable”. Es, en definitiva, una verdadera historia de amor.
OD-Antes que todo, ¡felicitaciones por tu James Beard Award!
MB-Gracias, muchas gracias
OD-¿Cómo celebraste?
MB- De hecho, no celebré. Fui a un par de fiestas, pero todo lo que quería, después de tanta ansiedad, era regresar a mi hotel y dormir. Recibir el premio fue algo maravilloso, pero todos sabemos que no se trata solo de mí, sino de todo mi equipo y especialmente mi marido, que trabaja tan duro conmigo.
OD-Para quienes no estamos en el mundo de la gastronomía, ¿Cómo explicas lo que significa este premio?
MB-Uno podría compararlo a una actriz ganando el Oscar o una cantante un Grammy. Finalmente sientes que has sido reconocida y aceptada por sus pares.
OD-¿Qué queda después de eso?
MB- ¡Tantas cosas! En cierto sentido hace el trabajo mas difícil, porque crea expectativas en la gente. Te obliga a volver a cero y tratar, una vez mas, de crear un trabajo que sea memorable.
OD-Hablemos de tu labor con Delta, donde haces el menú para sus clases superiores… ¿Cómo enfrentaste la mala reputación que tiene la comida de avión?
MB-Lo que hicimos fue poner un poco mas de esfuerzo en las recetas y trabajar con productos de la temporada. El truco que he descubierto es cocinar los platos en sus propios jugos, lo que mantiene su sabor incluso si son recalentados por largo tiempo, como ocurre durante turbulencias. Es fácil crear algo que tenga buen sabor, pero lograr textura y consistencia en un avión es una pesadilla. El ‘juguito” es fundamental.
OD-¿El menú tiene un sabor latino?
MB-No, no necesariamente. Hacemos un poquito latino, un poquito francés, un poquito asiático..Lo mas importante es conseguir los ingredientes mas frescos de la temporada.
OD-¿Es esa una de las tendencias del momento? ¿Una cocina completamente cosmopolita?
MB-Sí, particularmente aquí en Estados Unidos, donde hay gente de todas partes del mundo e influencia de diferentes culturas. La otra tendencia importante, por el problema de la sustentabilidad y el precio de los alimentos, es que la cocina se está concentrando cada vez mas en los ingredientes. La idea es que todo vaya de la granja a la mesa.
OD-Acabas de publicar un nuevo libro, “Cuisine à la Latina”…
MB-Es un libro divertido. Incluye desde recetas que mi madre me enseñó cuando era niña hasta platos que preparo hoy en día. Tienen mucho sabor y mucho amor.
OD-Cuando escribes un libro como este, ¿Tienes a un tipo particular de lector en mente?
MB-No, simplemente trato de crear la mejor comida para cualquier tipo de paladar, que no sea muy extraña y con ingredientes que no sean complicados de encontrar. Cuando una vive en Miami tiene tantos ingredientes diferentes a la mano… Si quieres empanadas, simplemente vas al supermercado y las encuentras. Por eso los lectores que mas tuve en consideración, quizás, fueron los del “midwest”, donde no siempre es fácil encontrar algunos ingredientes.
OD-La gente dice que eres una “celebrity chef”. ¿Es un titulo que te gusta?
MB-No.
OD-¿Por qué no?
MB-Porque es un término que ahora se usa de manera muy suelta. Si apareces por cinco minutos en un programa de noticias, la gente te llama ‘celebrity chef’. Es ridículo. Somos chefs, algunos mas conocidos o mejores para la televisión que otros, pero no somos celebridades. Estamos todo el día en la cocina, no en la televisión. Si eres un “celebrity chef” y estás permanentemente en pantalla, eso es todo lo que haces. Yo soy un chef chef. Siempre quise ser un chef que le gustara a otros chefs.
Hay algunos chefs en televisión que son increíbles, como Mario Batali, que tienen restaurants y saben como cocinar en forma consistente y deliciosa para miles de personas. Pero hay otros que nunca han trabajado en un restaurant, que jamás han cocinado su propio caldo de pollo, que no saben como hacerlo, y que sin embargo están en pantalla porque tienen una gran personalidad y saben como venderse a sí mismos. Si sabes abrir una lata y tienes una cara atractiva, a veces es suficiente. No creo que sea algo malo ni denigrante, pero no es algo que me gustaría hacer.
OD-Mas de un critico ha dicho que con el “Food Network” y programas como “Top Chef”, ahora todo el mundo es un chef…
MB- Exacto. Hay mujeres que vienen a mi restaurant y me dicen ‘Yo también soy chef’. ‘ ¿De verdad? ¿Dónde has trabajado?’…’Soy chef en mi propia casa’. ¡Eso significa que mi madre también es chef! Comentarios como ese pueden resultar un poco ofensivos para aquellos que, como yo, llevamos trabajando en la cocina veinte años y nos rompemos el culo tratando de ser buenos chefs. Pero es lo que es…No es fácil ser un buen chef. No creo que yo sea un buen chef todavía, me queda mucho por aprender.
OD-¿Ves ventajas en toda esta popularidad?
MB-Creo que ha permitido a los chefs ampliar sus horizontes, sus carreras, hacer cosas que antes eran imposibles. La cocina se ha vuelto muy ‘trendy”, y no es algo que estuviera en mi mente cuando fui a la Escuela Culinaria. Siempre pensé que iba a estar encerrada en la cocina sin a hablar con nadie. ¡Era perfecto!. Pensé que iba a manejar un auto viejo y arrendar un departamento por el resto de mi vida, ¡y ahora hemos podido comprar una casa, un buen auto y tener un perrito!
OD-¿Hay características que se repiten en todos los buenos chefs?
MB-Obviamente son todos creativos. Muchos son muy tímidos. Y muchos son masoquistas también, porque en este trabajo hay que serlo.
OD-¿Qué quieres decir con eso?
MB-Nunca sientes que eres suficientemente buena ni que tu comida alcanza la excelencia que buscas. Estás siempre rodeada de fuego y cuchillos. Te odias a ti misma y tu cocina la mayor parte del tiempo. ¡Es muy duro!
OD-¿Sientes que no tienes control sobre lo que estas haciendo?
MB-¡Por supuesto! Por eso prefiero los sábados en la noche, cuando 800 platos salen de mi cocina y me resulta imposible poner mi mano siquiera en la mitad de ellos. Ahora me comporto mejor, pero solía ser una locura porque no permitía que ningún plato llegara al comedor sin que yo lo probara, lo tocara o lo manipulara de alguna manera. Ahora estoy demasiado cansada para hacerme cargo de todo y, mas importante, me doy cuenta que tengo gente joven que es mas rápida y fuerte que yo. Tienes que darles el respeto que merecen y confiar, porque de otro modo jamás serás capaz de dejarlos hacer su trabajo.
OD-Considerando todos tus proyectos, ¿Cuánto tiempo te queda para pasar en la cocina?
MB-Estoy en la cocina todas las noches. Paso las mañanas con mi familia, mis tardes trabajando en asuntos de administración, y las noches en la cocina… A no ser que mi marido quiera sacarme a una cita.
OD-¿Y que es una cita con Michelle Bernstein? ¿Salir a comer un restaurant?
MB-¡Soy tan fácil de complacer! Me puede llevar a cualquier lugar donde no tenga que cocinar. Anoche fuimos a comer comida coreana y me encantó…Me gusta comer cosas que yo no puedo cocinar, porque si puedo hacerlo y consigo los ingredientes adecuados, prefiero cocinarlo en mi casa.
OD-¿También cocinas en tu casa?
MB-Me encanta, y es muy diferente. Si pruebas mi cocina en un restaurant y en mi casa, jamás pensarías que lo hizo la misma persona. Creo que cocino mas como mi madre cuando estoy en casa.
OD-¿Cómo así?
MB-Muy simple, con sabores y una mesa muy sencilla. En mi casa cocino lo que hace a mi gente feliz y a mi también. En el restaurant todo es mas complicado, mas refinado. No puedo comer en mi propio restaurant.
OD-Ferran Adriá comentó en una ocasión que la sofisticación de algunos restaurantes hacían que la gente que olvidara de lo mas importante: la comida. ¿Qué tan importante es mantener el balance entre una cosa y la otra?
MB-Increíblemente importante. En vez de tener flores o velas en las mesas, mi marido y yo siempre nos concentramos en lo fundamental, que es la comida. Nos gusta que los platos sean simples, blancos, que no distraigan la atención de la comida. No me gustan los olores tampoco, y prefiero que mis mozos no usen perfume. Nunca hay que olvidar que lo mas importante en un restaurant es el servicio, la comida y el vino. Al mismo tiempo, debo reconocer que en los últimos años la gastronomía y el diseño de restaurantes ha cambiado muchísimo. La intimidad ya no es importante; todo el mundo quiere algo mas casual, mas social y relajado. Preferimos sentarnos en mesas comunales y compartir la comida.
OD-¿Cómo es trabajar con el marido?
MB-Increíble. Tratamos de no traer el negocio a la casa, y aunque trabajamos también en nuestro hogar, jamás hablamos del restaurant. Pasamos todo el día juntos, pero en mundos paralelos. El en el comedor y yo en la cocina. A mí no me gusta el comedor y a él no le gusta la cocina, so, there you go.
OD-El matrimonio perfecto…
MB-así es.
Manuel Santelices
Ocean Drive en Espanol, 2008
