Manuel Santelices

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Guy Burgos

In Cosas, modelos, periodismo on December 22, 2011 at 7:09 pm

“Hace veinte años que no abro estas cajas”, dice Guillermo Burgos sumergido en las profundidades de su closet, de rodillas, con pantalones beige, camisa a rayas azules y su eterno bronceado, buscando recuerdos de su pasado.

Y recuerdos tiene miles.

De tres enormes cajas de cartón van apareciendo sin orden alguno, sin anotaciones ni fechas, trozos de su vida. Una foto con Brigitte Bardot en Saint Tropez. Una comida con Dalí y Mia Farrow en Nueva York. Una fiesta de 15 años en Santiago donde aparece alto, moreno y delgado, no muy distinto de como está ahora, sentado junto a Margarita Eyzaguirre, Laura Correa y Alfonso Undurraga. Ahí está Guy en una fiesta con la Duquesa de Windsor, o entrevistando a Elsa Martinelli o Barbara Carrera para “Interview”. También, de entre un centenar de tarjetas postales y cartas, aparecen una invitación a celebrar su cumpleaños en el “Studio 54”, otra al matrimonio de Alexander Von Furstenberg y  Alexandra Miller, y decenas de añejas invitaciones a bailes en un Chile que ya no existe, las que guarda en un viejo libro verde fechado en 1957. También están, por supuesto, los recortes de diarios y revistas que parecen haber seguido cada uno de sus pasos, desde la antigua “Zig- Zag” cubriendo entusiasmada y con exasperante detalle la lista de asistentes a la fiesta de la embajada Británica en 1958, hasta el “Women’s Wear Daily”, donde Guy aparece junto a Vera Swift en la fiesta que él e Igor Cassini organizaron para la princesa Margo Alliata di Montereali en el “Club Number One” de Nueva York. Curiosamente, en ese mismo ejemplar de “WWD” aparece la foto de otros dos chilenos, un acontecimiento que probablemente no ocurrió nunca antes ni ocurrirá nunca después: Raymundo Larrain y Marta Montt, con un espectacular tocado de plumas que dejó a todo Nueva York mudo de admiración, aparecen haciendo su triunfal entrada al “Bal de Téte” de Serge Obolensky en el Hotel Pierre.

“Nací para la vida social”, dice Guy sentado frente a un pequeño escritorio en su departamento de la calle 52 de Manhattan.

A los 8 años, mientras sus amigos se preparaban con religioso fervor para la primera comunión, él estaba mas preocupado de organizar la lista de invitados que en su confesión. A los 13 comenzó a ir a fiestas en casas de amigos y conocidos, y pronto su foto y su nombre se hicieron infaltables en las columnas sociales de la época. “Yo aparezco en los diarios desde que tengo 15 años”, cuenta, “Debe ser porque no soy tímido. No me impresiono por los títulos, ni por la plata, ni por nada. Voy completamente natural”.

Guillermo Burgos Ossa fue el hijo único del abogado, poeta y ex Presidente de la Corte Suprema Guillermo Burgos y de Marta Ossa. “Mi mamá siempre pensó que era una reina. Y si ella era una reina, yo entonces tenia que ser el príncipe”, dice Guy.

El príncipe brillaba en los salones, siempre compuesto, siempre con el pelo oscuro peinado hacia atrás. los ojos atentos y la sonrisa perfecta para enfrentar a las cámaras. En el colegio, sin embargo, el éxito no era tan arrollador. “Fui pésimo alumno”, reconoce él, tal cual, como si su vida escolar hubiera sido un simple trámite, la excusa para ampliar aun más su circulo de amigos. Aun así, cuando finalmente se graduó, entró a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Chile, una carrera apropiada y, más importante aun, corta. ¿Qué más podía hacer? En esos días, en el provinciano y adormecido Santiago de fines de los ’50, si el papá era abogado, el hijo lo seria también. Y si el papá era Presidente de la Corte Suprema, el hijo, bueno, tenia que al menos llegar a ser embajador. Con esa idea don Guillermo Burgos llamó a su viejo compañero en la escuela de Leyes, Jorge Alessandri, entonces en La Moneda, y le pidió una audiencia. “Vamos a ir donde el Presidente”, le anunció luego a  su hijo, y los Guillermo Burgos partieron, muy serios, hasta el palacio de gobierno.

Guy consiguió, gracias a la poderosa influencia del Presidente, un puesto en la Cancillería. De ahí, cuando terminara sus estudios, iría de tercer secretario a  alguna embajada, segundo secretario a otra, primer secretario a una tercera y, con el tiempo, obtendría, por supuesto, la seguridad, tranquilidad y respetabilidad de un embajador. Para Guillermo, sin embargo, un embajador, por muy seguro, tranquilo y respetable que fuera el puesto, seguía siendo un burócrata. Y él, que ya conocía los encantos de un buen cóctel y que adivinaba que el mundo seguía más allá de los limites de Santiago, no estaba dispuesto a llevar la existencia de un elegante oficinista.

Para escapar de la aletargada rutina de la universidad y la cancillería, se inscribió en la academia de teatro de Teresa Orrego y Pedro Orthus. En cuestión de meses pasó a integrar el elenco de “La Pérgola de las Flores”, y cuando la compañía fue invitada a una gira europea con su director, Eugenio Guzmán, Guy, “el último pelagato del elenco”, como se autodenomina, partió con ellos en 1961, abandonando para siempre la universidad, la cancillería y los grandiosos sueños de su padre y el Presidente.

Los sueños del propio Guillermo resultaron ser, como se enteró todo el mundo después, infinitamente más grandes que los de su familia. En España, la primera parada de la gira, el triunfo del Teatro del Ensayo de la Universidad Católica fue apoteósico. Después de la función, los camerinos se llenaban de reporteros, críticos, productores y socialites ansiosos de conocer y saludar a los actores. Un día, un señor se acercó a Guy y, confundiéndolo con Héctor Noguera, uno de los protagonistas de la obra, lo invitó a comer al restaurant más elegante de Madrid. Guy aceptó y llevó con el a la actriz Lucy Salgado, que en ese tiempo era algo así como su novia. Ahí estaban sentados los anfitriones y los dos jóvenes actores cuando, de pronto, el maitre se acercó a anunciar que “sus majestades” deseaban conocer a las estrellas de “La Pérgola de las Flores”. Sus majestades eran Juan de Borbón, la señora Dampierre, una de las infantas y el Marqués de Marisma, que terminó siendo uno de los mejores amigos de Guy en España. Tan fascinados quedaron los nobles con este joven y conversador actor, tan felices de conocer a parte de la compañía que estaba dando tanto que hablar en Madrid por esos días, que invitaron, a través de Guy, a todo el elenco a una fiesta.

Cuando Guillermo llegó al teatro e informó de la invitación, claro, nadie le creyó. Solo cuando el Marqués llamó personalmente a Eugenio Guzmán para recordarle de la fiesta, todos se dieron cuenta de la hazaña social, la primera entre muchas, que había realizado este asombroso actor que aunque con suerte tenia un parlamento en la obra, se había convertido en la máxima estrella de la compañía.

Cuando “La Pérgola…” llegó a Paris, Guy supo de inmediato que no volvería a Chile. Paris, en esos días, era la ciudad más y glamorosa del mundo, y estaba a años luz de distancia del opaco mundo que Guy había conocido. Durante dos años vivió entre Paris, Madrid y Barcelona. Obtuvo becas, una para estudiar  Historia del arte en España y otra para la Sorbonne. Trabajó como modelo, actor y pintó departamentos. Pero esa era la sobrevivencia. Su vida, su verdadera  vida, estaba en la noche, cuando envuelto en su mejor y único smoking, partía en metro a las  fiestas y comidas de sus nuevos amigos: los Romanones, el Marqués de Marisma y su amiga y acompañante en esos días, Natalia Figueroa,  hija  del Marqués de Santofloro y actual esposa del cantante Raphael.

Cuando Guy finalmente volvió a Chile, lo hizo mas por obligación que por agrado, y la experiencia, como cualquier podría haber adelantado, fue un desastre. Antes de viajar a Europa se había comprometido con una joven chilena, no muy distinta de cualquiera de las que aparecían en la páginas de “Zig- Zag”, la pareja perfecta, pensaban todos, para un hombre como él. Pero el Guillermo que volvió era muy distinto del que se había ido, y la vida en Santiago se le hizo insoportable. “Conseguí trabajo en una corredora de propiedades y de pronto vi mi futuro: ganando poco, con una señora, niños, y los pañales secándose en la chimenea”, cuenta. En apenas seis meses partió de nuevo, esta vez a Nueva York, dejando atrás a la novia con anillo puesto y la promesa de venir a buscarla cuando hubiera consolidado una todavía incierta carrera.

Guy Burgos llegó a Nueva York en 1963 y casi de inmediato se convirtió, como diría “Town & Country” años después, en uno de los “inmigrantes” más destacados de la escena social de la ciudad.

Después de un corto periodo como vendedor en una prestigiosa librería de la Quinta Avenida y como modelo de la agencia Ford, Guy reunió, creando posters para la Feria Mundial de Nueva York de 1964, una pequeña fortuna que le permitió abrir su primera galería de arte. La “Burgos Gallery” fue el trampolín desde donde el joven chileno, de apenas 24 años, saltó a lo que quedaba del nostálgico “Café Society” y a la estratosfera del naciente “Jet- set”.

La inauguración de la primera exhibición, que incluía trabajos de de Chirico, Legér y su amigo y socio, el pintor Gustavo Novoa, obtuvo una asistencia inusitada, y entre los presentes estaban, entre otros, madame Rockefeller, Bill Blass, y hasta el elegantísimo Gabriel Valdés.

Desde ese día la prensa social de Nueva York siguió los pasos de Guy con la misma perseverancia con la que lo había hecho la prensa santiaguina. Y por eso no fue curioso que el Domingo 14 de Febrero de 1965, día de los enamorados, la columnista del “New York Journal”, Suzy Knickerbocker, publicara la siguiente nota: “Guy Burgos dio una encantadora comida en ‘Le Caprice’ para lady Sarah Russell, su hermana, lady Carolina Waterhouse, y su hermano, lord Charles Spencer Churchill. No necesito decirles”,  continuó la informada Suzy, “que los tres son hijos del duque de Marlborough. También estaban presentes Joseph Meehans y su mujer, y las hijas de Lady Sarah, Serena y Mimi Russell. Si ustedes se están preguntando quién es Guy Burgos, es el dueño de esa encantadora y pequeña galería de en la calle 61. Y es tan, tan chic”.

Guy había conocido a Sarah, que además de hija del duque de Marlborough es sobrina del ex Premier Británico Winston Churchill, nieta de Consuelo Vanderbilt y bisnieta del multimillonario norteamericano Cornelius Vanderbilt, en una comida en Southampton junto a  sus amigos Phillip y Charles van Rensalaer. El recuerda esa noche como si hubiera sucedido hace apenas unas horas. “Estábamos solos los cuatro, y aunque ella habló durante toda la noche sin parar, no me miró en ningún momento a los ojos. Le daba miedo. Cuando salimos del restaurante, antes de subir al auto, la agarré y le di un beso. La traté igual como trataba a las niñas chilenas, y nunca se me pasó por la mente que no se iba a enamorar de mi si yo quería”.

La estrategia. Sin duda, dio resultado. A los pocos días lady Sarah, una de las mujeres más ricas y respetadas de Inglaterra, casada, con cuatro hijos y 44 años, comenzó a rondar la galería de la calle 61 con la esperanza de cruzarse con este, el ser más exótico que había conocido en su vida.

Por ese entonces, Guy recibió una carta de su novia en Chile anunciándole, sin rodeos, que el compromiso estaba roto, que se había cansado de esperar, y que planeaba casarse con uno de sus mejores amigos. Guy, confiesa, sintió un poco de rabia, pero mas que nada sintió alivio. Finalmente estaba libre para pasar a ser parte de a familia del Noveno Duque de Marlborough.

Lo que siguió se ha convertido en casi una leyenda. Lady Sarah se divorció, y en cuando el decoro se lo permitió, se casó con su joven y atractivo novio, casi veinte años menor que ella.

La noticia del matrimonio ocupó primeras planas en casi todos los periódicos en Estados Unidos y en Londres. Y por supuesto también en Chile. Poco tiempo después de la boda, Guy le escribió a sus padres: “Queridos, aquí estoy en la casa de mis suegros pasando el fin de semana. Es sin duda la casa mas linda del mundo y con toda razón llamada Palacio. Somos 14 personas y este es un wiken de caza. Cazamos faisanes, y aunque nunca antes lo había hecho me fue muy bien; donde pongo el ojo pongo el cartucho. Para los ingleses es muy importante ser un buen “sportsman’…me enteré que el matrimonio tuvo muy mala publicidad en Chile. En una revista salió un articulo muy estupido en que se refieren a “el ceniciento”. No se preocupen, todo el mundo es  envidioso de la felicidad ajena. Besos de su hijo”.

La “casa de los suegros” a la que se refiere Guy en la carta, es el magnifico palacio Blenheim, la propiedad privada más grande y famosa de Inglaterra, una soberbia construcción rodeada de parques, jardines, lagunas y campos, que ha pertenecido a los Spencer Churchill desde el siglo XVIII, cuando la reina Ana le obsequió los terrenos al primer duque de Marlborough. “ ¿Me casé bien?”, pregunta orgulloso Guy cuando muestra las fotos del increíble palacio.

Poco antes del matrimonio, y después de una corta visita a Paris para asistir a un baile de los Rothschild, y a Roma, donde se reunieron con Nöel Coward para estar presentes en el matrimonio del príncipe de Torlonia, Guy y Sarah se dirigieron a Londres para la pedida de mano oficial de la novia. Meses antes habían viajado hasta Santiago, donde Sarah, con la franqueza de una noble, le dijo a su futura suegra: “Yo sé que soy la última mujer que usted quisiera como esposa de su hijo. No soy católica, soy divorciada y extranjera. Además, no puedo tener mas hijos así que no le voy a dar nietos. Pero le prometo una cosa: siempre estaré al lado de Guy y siempre lo voy a querer’.

En Blenheim, como era de esperarse, las cosas no fueron tan fáciles. Los Spencer Churchill, con el duque a la cabeza, no estaban fascinados con la idea de que Sarah volviera a casarse, y mucho menos con un hombre menor que ella, sin fortuna considerable y con la apariencia sospechosa de un “latin lover”.

“Yo estaba muy consciente de lo que sucedía, de lo que estaba haciendo”, recuerda Guy, “y por eso no estaba nervioso”.

Cuando llegaron al palacio, se les informó que esa misma noche habría una comida de etiqueta con 40 invitados. “Ahí me empezaron los nervios”, reconoce. “Mi dormitorio estaba lejos del comedor, como a diez minutos caminando, y cuando llegué al salón ya habían terminado sus Martinis y estaban listos para sentarse a la mesa. Casi todos eran ingleses, y casi todos miembros del Parlamento. Por suerte a mi lado estaba Maria Gabriela de Saboya, a la que ya conocía, que me dijo “!Que bueno que estés aquí también! Claro, ella era italiana. Después de la comida las mujeres se pararon y los hombres nos quedamos fumando y tomando oporto”.

El duque, que según Guy era un hombre “divertido y difícil”, sabia perfectamente quién era él y por qué estaba ahí, pero aparte de presentarlo como “Mr. Burgos de Chile”, no dio ninguna muestra de querer hablar del tema. Eso, hasta la mañana siguiente, cuando Sarah, nerviosa como una adolescente, le dijo que “daddy” quería mostrarle los campos.

Así salieron Guy y el duque de Marlborough, en un auto, a enfrentar el curioso destino iba a unirlos para siempre.

“Tengo entendido que quiere pedirme la mano de Sarah”, dijo finalmente el duque.”Si señor”, contestó tímidamente Guy. “Para qué se molesta”, le dijo finalmente el duque, “si ya tiene todo el resto”.

El matrimonio se realizó el viernes 11 de Noviembre de 1966 en el fabuloso “townhouse’ de la novia, en la calle 72, y Suzy Knickerbocker relató todos los detalles en su columna del “World Journal Tribune”. “La boda tendrá lugar a las 5 de la tarde, en el salón de la mansión de Lady Sarah, que está lleno de muebles franceses, finas pinturas y objetos de arte heredados de su abuela, Consuelo Vanderbilt, la desaparecida novena duquesa de Marlborough. La ceremonia, que la novia asegura que durará quince minutos, no más, no menos, será oficiada por el reverendo G. Sutken y asistirán cerca de 25 invitados, todos amigos cercanos de los novios”. Entre los asistentes estaban Jerome Zipkin, el príncipe Marino Torlonia, Juan S. de Santa Cruz, Carolina Herrera, y Eliana Vidiella, que fue la madrina del novio.

Mas adelante, Suzy continuó describiendo el vestido de novia, un traje de seda azul agua diseñado por Cosmo Sirchio. Y aunque Sarah no llevó ningún tocado en la cabeza, nadie dejó de advertir lo que llevaba en el tercer dedo de su mano izquierda: un anillo de compromiso compuesto por un enorme diamante “marquise” en el centro, otros dos mas pequeños en los costados, y decenas de pequeños diamantes alrededor de la argolla. “El regalo del novio a la novia fue un par de aros de perlas y diamantes que ella, naturalmente, llevará consigo a su viaje de luna de miel a Madrid, Roma y Londres”, siguió la columnista. “Sarah y Guy, como se les conoce, pasarán el primer fin de semana de Diciembre en el palacio de Blenheim con el padre de Sarah. En Paris verán a Mimi Russell, la bellisima segunda hija de Sarah, que está haciendo sensación en esa ciudad como modelo. La princesa Peggy D’Aremberg les dará un baile en Paris antes de que viajen a Nueva York para asistir al baile de Truman Capote y Serge Obolensky. Y hoy Sarah ofrecerá su propia fiesta, un pequeño baile para 200 personas”. Finalmente la periodista concluye que está feliz de poder entregar la exclusiva de este matrimonio entre “lady Sarah y Guy, hijo de un distinguido abogado chileno y nieto del marqués de Ossa”.

Los largos romances no siempre aseguran largos matrimonios, y el de Guy Burgos y lady Sarah Churchill comenzó a  mostrar públicamente sus trizaduras en menos de un año. El 24 de Mayo de 1967, Nancy Rudolph, la poderosa columnista del “Daily News”, se preguntó si “el temperamental chileno” volvería de su “molesto viaje a Europa” a tiempo para la inauguración de la temporada de arte en Southampton, donde él y Sarah, ahora socios en la Burgos Gallery, habían organizado una grande “vernissage” con más de mil invitados. “Algunos de ellos”, señaló la Rudolph, “han escuchado los rumores de separación de la pareja”.

Lady Sarah, con un candor inexistente en nuestros días, le explicó a la columnista: “Guy es latino y reacciona a las cosas muy emocionalmente. Yo soy mayor que mi marido y muy asertiva en muchos sentidos. Eso puede hacer que Guy se sienta inseguro, supongo, y sensible. Ha estado trabajando muy duro. Ayer hablamos por teléfono y me dijo que iba a tratar de estar presente en la recepción”.

Meses mas tarde, el “New  York Post” informó que “Guy ha abandonado su hogar y a Lady Sarah para partir, después de una pelea familiar, a Marbella. No es nada serio: volverá después de comprar nuevas pinturas para su galería”.

El 20 de junio del mismo año, la periodista Doris Lilly, en su columna “Party Line”, contó a sus lectores: “!Guy lo hizo nuevamente! Durante un crucero por las islas griegas, Guy Burgos, el joven y atractivo marido de lady Sarah, partió dejando atrás a Sarah, su padre, sus anfitriones, el barco, Grecia y posiblemente Europa. ¿No les da la sensación de que Guy está tratando de decir algo?”.

“Sarah pensó que yo era parte de sus dominios”, reconoce ahora Burgos., “que tenia su cocinero, su ‘nurse’, sus niñas y su marido. Si me demoraba minutos más de lo acostumbrado en el camino desde la galería, comenzaba a interrogarme. Me retaba porque me acostaba tarde, por esto y por lo otro. ¡Yo tenia 25 años! Y era latino. La rutina me estaba agobiando. Estaba aburrido del matrimonio, los niños, la casa, el padre, los viajes, el palacio…Nada eso me interesaba. Quería pasarlo bien”.

La última pelea fue en Jamaica, cuando lady Sarah, tratando infructuosamente de domesticar a su inquieto marido, ordenó cerrar las puertas de la casa con llave. “Salí al camino tal como estaba, con un pantalón y una camisa de lino. Hice dedo y tome el primer avión a Nueva York. Acá era invierno y llegué a la ciudad envuelto en una frazada de Pan Am”, cuenta.

Cuando lady Sarah llegó días después a Nueva York, su marido ya había volado a Paris, a buscar una nueva vida.

El 24 de Agosto del año siguiente, los periódicos anunciaron el divorcio del matrimonio Burgos, firmado en Juárez, México, por “incompatibilidad de caracteres”.

La llegada de Guy Burgos a Paris después de su rápida salida de Nueva York y el abrupto fin de su matrimonio con lady Sarah Churchill, fue más auspicioso de lo que cualquiera podría haber imaginado. Incluso él. Después de una corta estadía en Marbella, Guy se convirtió en director de la nueva galería Wally Findlay en la Avenue Matignon, sucursal de la célebre sala de mismo nombre en Nueva York. La galería, un impresionante espacio de cinco pisos en pleno corazón de Paris, fue el nuevo y perfecto escenario para que Guy desarrollara su mayores talentos: la vida social y la promoción del arte. “Yo conocía Paris, conocía a la gente…”, recuerda, “y con este puestazo me sentía como un surfista en la cresta de la ola”.

La galería puso un auto a su disposición para que saliera con los clientes y una presupuesto ilimitado. “Vivía como un príncipe”, cuenta, “en un enorme departamento decorado por Alberto Pinto frente a mi oficina”.

Su primera exhibición tuvo un éxito sin precedentes. Con impresionante habilidad logró crear una mezcla perfecta entre arte, negocios y vida social convenciendo a su amigo, Salvador Dalí, de que exhibiera su curiosa colección de joyas por primera vez en Francia. “Dalí ha sido de las personas más importantes en mi vida”, asegura Burgos, “lo conocí poco después de mi llegada a Nueva York, en un restaurant donde estaba comiendo con Mia Farrow. Me llamó a su mesa y me dijo, ‘usted se parece a mi cuando era joven. Es tan guapo como era yo a su edad’”. El genial artista quedó fascinado por el reflejo de su propia imagen en Guy. “Lo que nos unió fue la belleza y el arte”, dice Burgos, “y aunque en un principio pensé que su interés podía ser sexual, nunca hubo nada de eso”.

Hasta la Avenue Matignon llegaron la princesa Ghislaine de Polignac, Jacqueline de Ribes, el duque y la duquesa de Orleáns y Nati Abascal a suspirar admirados frente a las magnificas joyas de Dali, entre las que encontraban un corazón de rubíes que latía gracias  a un pequeño motor, y una mariposa de brillantes que abría y cerraba sus alas. La recepción de la muestra ocupó decenas de páginas en diarios y revistas, y Guy Burgos se transformó, como diría alguien años mas tarde, en la “turbina” de la sociedad parisina. “Mis fiestas en la galería se hicieron célebres porque eran muy sociales, algo absolutamente inédito en el mundo del arte”.

La estrategia de Guy comenzó a dar resultados casi inmediatos. En un mes llegó a vender 14 Renoir, y en un simple crucero por las islas griegas con uno de los hombres más ricos de estados Unidos vendió 23 millones de dólares en pinturas.

“Los ricos americanos que nunca habían comprado una obra de arte, pensando que iban a codearse con los nobles europeos, llegaban hasta la galería a adquirir cuadros”, explica. “Mi formula resultó. Una duquesa por acá, una princesa por allá, fotos, y todo con el telón de la galería Findlay. ¿Dónde estuvo la condesa? En la galería Findlay. ¿Dónde estuvo la princesa? En la galería Findlay”.

Una de las fiestas más comentadas de Guy en esos años fue el “Baile de los Leopardos” que organizó en el club “Safari” para recibir a su amigo y ex socio, el pintor Gustavo Novoa. “Esa noche un mono escapó por la Avenue Foch, una hermosísima mujer negra- que resultó ser Grace Jones- llegó desnuda, y los anfitriones lucieron poleras con fieras pintadas por Novoa con ojos brillantes avaluados en mil dólares”, informó en Nueva York el “Women’s Wear Daily”. Entre las bestias sociales que aparecieron esa noche estaban Kiki Lagier, la duquesa d’Uzes, Alexis de Redé, y la exótica y bellisima viuda del ex Presidente de Indonesia, Dewi Sukarno.

Guy había conocido a la Sukarno meses antes, en “Maxim’s”, donde la princesa Soraya había presentado a su nuevo y joven acompañante, Arnaud de Rosnay. Después de la cena, Soraya y Rosnay subieron a un auto, y Dewi y Guy a otro. Desde entonces y durante mas de dos años, fueron inseparables. Siguiendo la agotadora agenda del entonces llamado “jet-set”, la pareja viajó incansablemente de Paris a Nueva York, de Río de Janeiro a Baden- Baden, de Saint Tropez a Londres, y cada vez que salían, recuerda Guy, había un fotógrafo esperándolos en la puerta. “Dewi es una mujer encantadora, sensual, inteligente y dominante, y yo era el extranjero mimado de la sociedad francesa”, explica. “Entre los dos recibíamos la atención de todo el mundo”.

La revista alemana “Stern” publicó algunas fotos de Dewi y Guy paseando por Saint Tropez en el verano de 1974, ella con una falda gitana, un sombrero de paja y un minúsculo top, y el bronceado, sin zapatos y apenas cubierto por un pequeño traje de baño. Esa misma temporada, en España, la revista “Hola”, siempre atenta a estos menesteres, visitó a la pareja en la villa que habían arrendado en la costa Azul. “Comenzamos hoy nuestras páginas dedicados a los famosos este verano del ‘74”, señaló “Hola” en su tradicional estilo, “con la figura mas ‘in’ del actual mundo ‘jet’ del viejo continente: Ratna Dewi Sukarno, la riquísima viuda del que fuera presidente de Indonesia. El lugar elegido para sus vacaciones ha sido este año Saint Tropez, donde aparece con su habitual ‘chevalier servant’, Guy Burgos”. Las fotos muestran a Dewi y Guy en la magnifica piscina de la villa de madame Patrick Leroy, ella feliz con su poodle en los brazos y su cabeza envuelta en un turbante, y él nuevamente sin mas ropa que un traje de baño, como surfista en la cresta de la ola.

El romance terminó poco tiempo después, en parte porque detrás de su piel de porcelana y sus suaves modales, Dewi esconde un carácter de hierro. Años después “Vanity Fair” publicó un articulo, enérgicamente desmentido por Dewi y sus amigos, incluyendo a Guy, en el que el periodista Bob Colacello la describía como una cantante de cabaret que, entre otras cosas, había amenazado a su ex novio, el duque Elzear de Sabran, con una pistola calibre 6.3, iniciado una batalla legal con Regine que había durado tres años, y herido a un hombre llamado Manuel Miranda en un ataque de ira en un restaurant de Nueva York. Dewi demandó a la revista y logró limpiar su célebre nombre. “Les enseñamos que esas cosas no se hacen”, dijo.

Ese no fue el primer ni el ultimo affaire de Guy que llegó a las páginas de la prensa. En enero de 1974, “Hola” aseguró que Burgos era el “firme candidato” para convertirse en el nuevo marido de la entonces septuagenaria duquesa de Windsor. “Éramos muy amigos, pero nunca pasó nada entre nosotros”, asegura Guy. Sin embargo, “Hola” dijo otra cosa: “Norteamericana, divorciada dos veces, y viuda del que pudo haber sido el rey Eduardo VIII, la duquesa recobra la alegría al lado de un hombre de 29 años, director de una galería de arte en Paris, llamado Guy Burgos. Se conocieron en una fiesta en la capital francesa. La duquesa lo acogió como un hijo, y él la acompaña en salidas a cenas y a pasear, llevándola cogida de la mano en las mañanas de invierno por el Bois de Boulogne”.

La verdad es que Guy había conocido a los duques de Windsor años atrás, cuando todavía estaba casado con Sarah Churchill. “La duquesa no tenia titulo real, y por lo tanto las mujeres británicas no tenían obligación de hacerle reverencia”, explica Burgos, “pero Sarah se inclinaba frente a ella y por eso la duquesa la adoraba. ‘Su marido es tan divino’, le decía. Cuando estábamos invitados a alguna fiesta, la duquesa le decía a la dueña de casa ‘ponga al señor Burgos a mi lado’. Yo le gustaba porque la hacia reír. En cambio si la sentaban al lado de algún príncipe o ministro, tenia que hablar de cosas serias”.

Según recuerda Guy, la relación entre los Windsor era extremadamente cariñosa. “El la llamaba ‘mi romance’”, cuenta, “aunque ella era una mujer muy dominante. Todas esas mujeres son dominantes”, reflexiona finalmente. “Por eso no me he casado mas veces”.

A comienzos de  1975, Guy comenzó a viajar cada vez mas frecuentemente entre Paris y Nueva York, hasta que, a mediados de ese año, decidió volver definitivamente a vivir en Manhattan. “Me enamoré de una mujer en Nueva York y abandoné mi vida en Paris, igual como antes había abandonado mi vida junto a Sarah. Después de todo, cuando uno llega donde quiere llegar, ¿qué mas?, ya llegó”.

La nueva compañera de Guy, que estaría junto a el los cuatro años siguientes, era la heredera australiana Mónica Lorraine, una mujer atractiva y tan inquiera socialmente como el propio Guy.

Con su experiencia en Paris y sus impresionantes conexiones, Burgos no tuvo mayores problemas para integrarse al ritmo de la ciudad. Apenas unos meses después su nombre volvió a ocupar las páginas de la prensa, esta vez con la inauguración de un exclusivo club llamado “Cecil’s” del que Guy no era dueño, sino, más importante aun en esos días, anfitrión. “Nunca he sido ambicioso y el dinero nunca me ha importado en lo más mínimo”, señala, “lo que me mueve es la energía”.

En “Cecil’s” había energía y dinero en abundancia. El club, justo al frente del legendario “Morocco”, había sido remodelado y redecorado a un costo de medio millón de dólares, una cifra escandalosa en esos tiempos. El “Cecil’s” tenia un jardín inglés, un enorme bar de madera de roble, alfombras orientales y chandeliers del siglo XIX. En el primer piso estaba el bar, y a través de una extraordinaria escalera en espiral se subía al cabaret y la sala de “backgammon” en el segundo piso.

“!Los pobres siempre han sido pobres. Otros, como nosotros, siempre hemos tenido suerte!”, exclamó Howard Oxemberg, el ex marido de la princesa Elizabeth de Yugoslavia, el día de su inauguración, mientras en un costado Guy recibía besos y abrazos de Diane Von Furstenberg, Alexis Smith y Joan Fontaine. Salvador Dali también hizo una de sus apariciones esa noche, con su bastón de empuñadura de plata en una mano y Amanda Lear en la otra, anunciando a toda voz que “!Dali esta más escandaloso que nunca!”.

Durante un año en Nueva York no se habló mas que de “Cecil’s”, un lugar, como estableció “Women’s Wear Daily”,  donde a diferencia de los clubs de Paris, uno tiene que vestir chaqueta y corbata. Si no, es expulsado’. Y así siguió Guy, noche tras noche, recibiendo con dos besos, uno en cada mejilla, a la lista de celebridades que llegaron a sus fiestas.

Esta, por supuesto, no era su única actividad. Con clientes como Christian Dior y Givenchy, y con una oficina en la Olimpic Tower de Manhattan, el edificio donde Onassis tenia sus cuarteles generales, Guy era el relacionador pùblico mas brillante de la ciudad. “Egon von Furstenberg dice que no ha conocido a ningún hombre que trabaje más que yo”, asegura. Y si uno cree todo lo que dice la prensa, pareciera ser verdad.

El “New York Times” informó el 20 de marzo de 1975 que mas de 700 personas, incluyendo a Kenneth Jay Lane, Nan Kempner, Monique van Vooren y, por supuesto, Guy Burgos, habían llegado hasta la estación del metro en la calle 56 para celebrar el estreno de la película “Tommy’. El “Daily News” publicó en Marzo de 1979 que Guy había organizado un “brunch” en el Bistro Pascal para dar la bienvenida a los mellizos DuPont que habían comprado recientemente un duplex en el East Side. Sentados en la mesa estuvieron Spiros Niarchos, Paul Getty, el príncipe Egon von Furstenberg, Andy Warhol y John Fairchild. “Fue un rico desayuno”, concluyó el periódico.

Entre sus clientes, Burgos tenia además a los gobiernos de Jamaica y Brasil, que lo habían contratado para organizar viajes con celebridades a Kingston o Río. Curiosamente, nunca recibió ofertas desde Chile. “Tenia que encargarme de todo”, cuenta él, “desde la limousine en que pasaba a buscar a los invitados, el champagne, la comida con el ministro de turismo, y algún paseo en bote o a caballo”. Estos viajes se convirtieron en el arquetipo del jet-set: un grupo de elegante y bronceados gitanos deslizándose en un jet de fiesta en fiesta.

“En Brasil soy mucho mas conocido que en Chile o en cualquier parte”, asegura Guy.”Debe ser porque decidieron convertirme en algo así como un himno nacional”. La razón de semejante popularidad, sin duda, se debe a una invitación que el alcalde de Río de Janeiro hizo a nueve personas para participar en el carnaval de 1977. Guy era el único hombre, y entre el resto de los invitados estaban Raquel Welch, Margaux Hemingway, Marisa Berenson y Jacqueline Bisset. “No había ninguna mujer en Brasil que no quisiera conocerme”, recuerda Guy. “Y todos los hombres querían conocerme también, para que los presentara. Nunca en mi vida he sido más popular’. Meses mas tarde, el PlayBoy brasilero publicó una entrevista titulada “Guy Burgos: Play Boy, a mucha honra”.

Guy tuvo la oportunidad de justificar su reputación poco tiempo después, junto a Jacqueline Bisset. “Jacqueline, algo que nunca antes me había pasado, me trataba como un objeto sexual”, cuenta.

El romance se inició en Río, y a su regreso a Nueva York Guy terminó con Mónica Lorraine para continuar su relación con la espectacular actriz, que en esa época estaba preparando su rol en “El magnate Griego”, donde encarnaba a Jackie Kennedy, junto a Anthony Quinn como Onassis. Halston era el encargado de su vestuario para la película, y la Bisset viajaba todas las semanas a hacerse pruebas en el atelier del diseñador en Nueva York. “Me llamaba desde el avión”, cuenta Guy, “y me decía, ‘a las siete de la tarde en el hotel’, como si me hubiera estado pagando”.

El romance fue corto pero conocido.

“Para absorber aun más la personalidad de la Onassis, Jacqueline Bisset almorzó y cenó, en el mismo día, con Guy Burgos en ‘Coup de Fusil’, uno de los restaurantes favoritos de Jackie”, publicó el “New York Post”.

La pareja atrajo aun mas atención días después, cuando asistieron juntos al cumpleaños de Bianca Jagger organizado por Mick Jagger y Halston en el “Studio 54”, y bailaron en forma tan apasionada y escandalosa, que las fotografías fueron publicadas en todo el mundo. “Hacíamos locuras juntos”, cuenta Guy. “Salíamos a la calle a las siete de la mañana fumando marihuana y cosas así. Lo pasamos divino, pero al final me pasó lo contrario de lo que siempre me pasaba: ella me dijo que no tenia intenciones de casarse y que yo me estaba poniendo posesivo, lo que era verdad”.

No pasó mucho tiempo antes de que Guy apareciera junto a la actriz Barbara Carrera y Jacqueline junto al bailarín ruso Alexander Godunov. El affair había durado casi lo mismo que el “Studio 54”.

El domingo 22 de mayo de 1977, la agencia Associate Press informó que el “Studio 54” había sido clausurado la noche anterior después de una redada policial. “Cerca de 700 personas, incluyendo varias estrellas de cine, estaban dentro del club celebrando el cumpleaños del socialite Guy Burgos cuando llegó la policía”, señalo el cable. “Entre los invitados, ninguno de los cuales fue arrestado, se encontraban Jack Nicholson, Warren Beatty, Mick Jagger y la modelo Margaux Hemingway”. El alegre grupo, cargando sus pieles y sus cajas de champagne, siguió la fiesta en otro lugar, Pero Steve Rubell, dueño del “54”, no tuvo tanta suerte y fue arrestado por una ridícula infracción a la ley de alcoholes.

Anthony Haden- Guest, autor de “La Ultima Fiesta: el Studio 54 y la  Cultura Disco”, recuerda en su libro que Guy le estaba contando que veía a “trescientos amigos en la discoteque”, cuando de pronto llegaron unos policías, se acercaron al bar y pidieron un trago. El barman pensó que se trataba de fanáticos del grupo gay “Village People”, pero cuando les entregó su bebida lo esposaron. Lo que siguió fue un escándalo del que nadie puede dar total explicación. Lo único que Haden- Guest puede decir con certeza es que Guy y sus invitados abandonaron el lugar, mientras los policías requisaban las botellas llenas y Rubell, montado sobre el bar, anunciaba “!Vuelvan, estaremos abiertos mañana!”. Al día siguiente el club estuvo abierto y Guy escuchó nuevamente su “Happy Birthday”, pero las cosas no volvieron a ser las mismas, y meses después Rubell y su socio, Ian Schrager, fueron encarcelados por evasión de impuestos.

Guy era buen amigo de ambos. “Le hice relaciones públicas a ‘Studio 54’ hasta que cerraron”, dice. “Mi trabajo era llevarles gente y consumir champagne”.

Cuando a Rubell le preguntaron cuanto le pagaba a Guy por su trabajo, él contestó que su trabajo no tenia precio y que, si quería, se podía llevar la discoteque completa. En esos días demenciales, el “Studio 54” reunía bajo su techo más poder, influencia y dinero que la Casa Blanca, y Guy, con el apoyo de Rubell y Schrager, estaba sentado ahí, en el lugar más alto de Nueva York. “Mi teléfono recibía sesenta llamadas al día”, dice, “ gente de Chile, Argentina, Australia, Londres, París, que quería entrar al ‘Studio 54’”.

Cuando uno le pregunta que pasó con esa vida social, dónde están  todos, Guy, sin un asomo de nostalgia, contesta: “No sé. Lo que pasa es que las ‘turbinas’ ya nos retiramos”.

Aunque su vida social sigue igual de agitada y las invitaciones se acumulan, Guy Burgos, a punto de cumplir 59 años, lleva una existencia muy distinta. “Salgo menos porque estuve algo enfermo”, dice mientras prepara una maleta para viajar a un baile en Alemania y luego pasar el verano en la casa de amigos en Southampton y Newport., la clara muestra de que quizás sale menos pero está lejos de ser un ermitaño. “Sigo en relaciones públicas, pero también estoy trabajando conmigo mismo, con mi filosofía de vida. Ya he hecho todas las frivolidades posibles; ahora quiero llegar a un nivel espiritual limpio,  porque las cosas que importan en la vida son el amor, la compasión, la lealtad. En esas cosas yo me manejo bien. Pero hay otras en que tengo que esforzarme más, como la paciencia o la humildad”.

Cuenta que el año pasado sufrió una terrible hepatitis y que, tal como le ha pasado en ocasiones anteriores, estuvo al borde de la muerte. Pero Guy no es de los que se quedan fríos frente a un desafío, y en constante actividad, rodeado siempre de gente joven, talentosa y atractiva de la cual, como dice él, absorbe energía, está listo para seguir viviendo lo que el destino le tenga preparado”.

Cosas, 1997

Alejandro Jodorowsky

In arte, cine, Cosas, Libros on October 26, 2011 at 6:10 pm

(Una tarde de invierno de 1992, en París, visité a Jodorowsky en su casa de Vincennes. Aquí, nuestra conversación, publicada en Cosas ese mismo año).

Si no fuera por ese color púrpura furioso que lleva en su bata y sus calcetines perfectamente combinados, por esa gata Iris misteriosa y regalona que se sienta en su falda y de ahí no sale, y por esa mirada que tiene algo de loco y algo de genio y que es por donde se le asoma su alma de surrealista embravecido, Alejandro Jodorowsky podría ser un caballero cualquiera. Pero no lo es. Jodorowsky es un poeta, un escritor, un cineasta, un fanático productor de comics, un actor, un mimo. Jodorowsky es una mente lúcida y distinta que hace cuarenta años marcó a Chile con sus pensamientos revolucionarios, cuando junto a Enrique Lafourcade y Enrique Lihn, tan rebeldes como él, se paseaban por Santiago leyendo a Rimbaud en voz alta y soñando con el mundo refinado y delirante con que suenan los poetas.

Quizás porque en 1953 se fue de Chile y  no volvió hasta el año pasado, porque no vivió los mil días de Allende ni los 17 años de Pinochet, porque no vivió ni huelgas ni booms, ni supo de utopías socialistas o libremercadistas, es que esos sueños permanecieron intactos, como guardados en el tiempo. Y por eso también es que los jóvenes de hoy, igual o más que los de ayer, se vuelven a fascinar con sus relatos. “El Loro de Siete Leguas”, una de sus últimas novelas, se convirtió en el libro preferido del ‘under’ nacional. Sus películas, entre las que están “Santa Sangre” y “El Topo”, circulan en videos piratas por las calles de Bellavista o por entre las mesas del Café de la Plaza del Mulato Gil. Y sus Comics, pesadillas y ensoñaciones en tinta china, son devorados por los fieles seguidores de la iglesia surrealista o, mejor aun, la del Pánico, ese movimiento intelectual que el creó para reírse a gritos de la cultura “establecida”.

En 1953 Jodorowsky partió a Francia, a París, a seguir clases de pantomima con Marcel Marceau. Llevaba un plan de cinco años: el primero iba  a estudiar con Marceau; el segundo formaba su propia compañía; el tercero hacía cine; el cuarto se empezaban a exhibir sus películas en todas partes y el quinto se hacia conocido mundialmente. Luego volvía a Chile cargado de fama y honores.

“Era un plan muy grande”, reconoce ahora, sentado en un sillón en el tercer piso de la casona que tiene en el barrio de Vincennes, a las afueras de París. Los cinco años se transformaron en cuarenta y las ambiciones de grandeza quedaron enmarcadas en los límites de su propia vida, traicionadas por sus propias exigencias artísticas. Así, hubo veces en que pudiendo publicar sus propios libros, publicó los de otros. Así, hubo veces en que pudiendo conseguir grandes presupuestos para sus películas, renunció a ellos para no perder el timón de sus propias obras.

En Chile, la figura de Jodorowsky se convirtió en un leyenda, un mito romántico. Por eso, el año pasado, cuando volvió al país, no hubo escritor o cineasta que se lo perdiera, no hubo Universidad que no visitara, no hubo periodista que no quisiera conocerlo. Fue un huracán intelectual la visita de Jodorowsky. Y él, feliz, encantado de la vida y de saber que este país, del que siempre se acuerda, nunca lo olvida.  Seria imposible olvidar una mente tan original y él lo sabe. Por eso defiende tan ferozmente su individualidad, su derecho a ser distinto. “La diferencia es la felicidad total”, dice. Y si Jodorowsky lo dice…

“Una vez vi en Nueva York dos mil rabinos, todos iguales. Casi me morí de dolor”, cuenta. “El gran problema de la actualidad es la falta de diferencia; lo que provoca la televisión, Mao, Hitler, Stalin, las dictaduras, la Coca Cola…Todo aquello que provoque igualdad es totalitario, dictatorial y nefasto. Nosotros debemos luchar por la diferencia y el respeto a ella entre nosotros. Para la persona vulgar, el gran horror es la diferencia. Pero para la persona evolucionada, la diferencia es la felicidad total”.

-¿Por qué se demoró tanto en ir a Chile?

-Porque nadie me invitó nunca y ahora me invitaron. No es que quisiera que me pagaran el pasaje, pero sí que me dijeran que fuera a hacer algo.

-¿Cuál fue su impresión del país?

-Desde luego uno cree que no se va a impresionar, pero ya cuando pone los pies en el suelo como que se emociona y llora. Es algo que no tiene nada que ver con lo que ve, con la ciudad, sino que es poner los pies ahí. Es una vibración inconsciente, porque uno vivió ahí desde que nació. Es como recuperar el cordón umbilical.

-¿Usted pensó que no iba  a sentir nada después de tanto tiempo?

-Claro, vinieron dos o tres personas a entrevistarme y no sabia ni qué responder. Estaba muy cansado. Y después ver Chile, que cambia y sigue siendo igual.

-¿En que sentido?

-Es difícil definirlo, es una manera de ser que sigue siendo lejana. Chile es un país lejano. Es una manera de vivir lo lejano, en el aislamiento y en una adolescencia perpetua. Chile es un país adolescente, lo que es una maravilla. Hay muchas cosas que no cambian, como las relaciones entre la gente. Para mi no cambió nada. Todos mis amigos estaban ahí. Algunos muertos, otros abuelos. Mis novias eran abuelas.

Yo no pasé las desgracias, las luchas y todo lo que hubo en Chile. No pase por Allende ni pasé por Pinochet. No podía tener reacciones viscerales no en pro ni en contra de lo que había pasado. Lo único que podía tener era un gran entusiasmo por 1991. Era una mirada un poco ingenua y virgen. No me tocó reaccionar como reaccionaria un chileno normal que ha estado en Chile y que ha padecido o ha triunfado”.

-¿Cree que esas experiencias marcaron a los chilenos?

-Los marcaron y mucho. Vi cambios sociales fuertes en la gente que conocía, de donde están ahora y donde estaban. Claro que los marcaron.

-¿Y usted cómo vivió lo que sucedió en Chile, la UP, Pinochet…?

-Yo tenia amigos en los dos lados. En la época en que salí de Chile, nos mezclábamos. Nosotros, los artistas, nos mezclamos en todas las clases sociales. Si había una fiesta, venia la Marta Montt, nieta de dos Presidentes, Enrique Lihn Carrasco, que era mezcla de alemán y chileno, un boxeador, y Julio Escamez, que era obrero; había judíos, árabes, de todo. Las amistades fueron completas. Y cuando yo salí, había unos de un lado y otros del otro. Yo no podía tomar partido. Y si lo tomaba, tenia que ser en forma íntima.

-¿Alguien se lo echó en cara?

-No, nunca.

-¿Por eso no fue a Chile?

-Claro, para no tomar partido. No me consideré digno de tomar partido. Esa es la verdad. Fue muy difícil, muy doloroso, como vivir sin raíces.

-¿A quienes vio ahora en Chile? ¿Qué hizo?

-Vi a todo el mundo. Para eso fui, para tener un contacto con quien quisiera. De pronto, terminando una charla con alumnos de la universidad Católica, justo tres días después del asesinato de este político…

-Jaime Guzmán.

-Claro, un amigo, que había sido expulsado de Chile, un hombre de ultra izquierda, me dijo que no fuera a la Universidad porque me iban a matar, que iba a la boca del lobo y no se que mas….Yo le pregunté a un chofer que yo tenia, y él me dijo ‘usted no puede dejar de ir’. Y yo le obedecí al chofer y estuve feliz. Fue maravilloso. Nos reímos como dos horas, todos. Así también fue con los dibujantes de comics. Estuve con mis antiguos amigos, con Nicanor Parra, con Lafourcade…

-¿Usted se  siente parte de esa generación?

-Yo no me siento parte de nada, incluso ahora. En Chile nosotros éramos una generación de poetas mas jóvenes que Nicanor Parra; estábamos Enrique Lihn, Mario Espinosa, Yaconi…La que se llamó por Lafourcade la generación del Cincuenta. Nuestros grandes monumentos espirituales eran cinco: Nicanor, Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral y Huidobro.  Y entre esos pasaba Diaz Casanueva, Prado y otros poetas que considerábamos menos apasionantes aunque buenos también. Sí siento que pertenecí a esa gente. Mis emociones van a eso. Mi mas grande amigo fue Enrique Lihn. Ahora vi a su hija.

-¿Le dan ganas de volver definitivamente?

-Dan ganas. Para ser honesto, dan ganas de vivir seis meses allá y seis meses acá. Acá en París la vida es dura. No hay un país mas desolado que Francia. En francés la palabra “sufranse” es  sufrimiento, pero “sus” es bajo y “France” es Francia. La Francia es un país que está lleno de sufrimiento, de miedo al futuro, de mal humor. Cada persona vive aislada; tener amigos franceses es extremadamente difícil. Yo los tengo, trabajo con ellos, pero uno se demora entre diez y veinte años en conseguirlos. En Chile uno llega y los tiene. En Chile veo siempre viejos mezclados con jóvenes, no hay diferencias generacionales, porque todo el mundo es adolescente. Nicanor Parra es un maravilloso adolescente. El lado humano es maravilloso, pero hay un lado cultural que le falta.

-¿Por qué cree que sucede eso, si Chile es un país de gente que escribe, gente que pinta…?

-Porque la televisión vino a arruinar todo en el mundo. Yo soy best seller en Chile ¿Y qué es ser best seller?, vender dos mil ejemplares. Estoy en la segunda edición de “El Loro de Siete Leguas”, pero recién estoy en cuatro mil ejemplares. Ser best seller no es nada. Hay dos mil lectores. En Chile no se lee y los libros son carísimos. No sé por qué se habla mucho de la poesía y nadie la lee; yo voy al aeropuerto y lo único que veo a es Neruda. Se diría que Chile tiene un solo poeta. Para conseguir un libro de Pablo de Rokha tuve que ir a las librerías de viejos en San Diego.

-Dicen que usted es el ultimo surrealista…

-Yo soy el creador del grupo Pánico, post surrealista. Ahora, el movimiento surrealista para mi fue una maravilla pero limitado por André Breton, una persona digna de todos los respetos, pero también digno de todos los gargajos, porque un movimiento que pudo haber sido mucho mas vasto e importante, lo redujo a una corte donde él imperaba. Es un stalinista más, disfrazado. No me considero surrealista si pienso en Breton. Si no lo considero, sí me siento surrealista.

-¿Y qué significa ser surrealista?

-Siempre significó poner los sueños en la realidad, entrar en el inconsciente y manifestarlo sin critica. Se confunde a veces el surrealismo con Freud, pero el surrealismo chocó profundamente con Freud, porque el surrealismo niega toda la interpretación científica de lo que sucede en el inconsciente.

Yo creo que hay un lado oscuro de nuestro ser y otro luminoso, y que la razón está del medio y que decide entre los dos lados. El lado oscuro para mi corresponde al pasado, y el luminoso al futuro.

-¿Terminó el surrealismo?

-Si, el surrealismo terminó en el momento que a Breton se le hizo una gran exposición en una casa en la que yo estuve, en Boubourg. Esa es la muerte del surrealismo. El surrealismo no admitía premios, ni publicaciones de lujo; no salía en revistas, no tenia libros de bolsillo.

-¿El gran premio fue la lápida?

-Fue la lápida. Pero la actitud surrealista no depende de un grupo. Uno es surrealista desde el momento que sueña. En el sueño, uno está por lo menos ocho horas fuera de la vida racional, y digo por lo menos, porque a veces en la vida racional también tenemos actitudes irracionales, sin saber por qué. En realidad, estamos casi siempre en una actitud irracional, con pocos momentos de lucidez. Somos surrealistas siempre.

-¿Hay herederos del movimiento surrealista?

-Debe haber gente que se llama surrealista, pero a mí no me interesan. Nadie que se llame surrealista hoy puede ser interesante. Por eso creamos el Pánico y nos burlamos del surrealismo. Creamos un grupo que no existió nunca.  Estamos, no sé, en cuarenta divisionales y hay convenciones de Pánico, pero lo que quisimos fue burlarnos de la historia cultural y hacer un movimiento que no ha existido nunca y que, sin embargo, va a pasar a la historia. Y pasó a la historia una cosa de la que nunca hubo nada. Lo único que hicimos fue ponerle “Pánico” a todo lo que hacíamos. Hacíamos teatro, y le poníamos teatro- pánico. Una película, película- pánico.  Era un movimiento sin contenido; nunca hubo un manifiesto. Y ahora en los libros de arte y todas esas cosas aparece “el Pánico”. Y eso  fue para demostrar que la cultura es falsa, y lo demostramos.

-¿No encuentra usted que hay una actitud de desencanto en su generación respecto a las ideologías políticas también?

- ¿Es que quién no está desencantado ahora, con lo que pasó en Rusia, donde la última utopía se fue al suelo? Yo estoy feliz porque es la primera vez en mi vida y en la historia del ser humano en que no hay ningún intelectual que sepa que está pasando. Están en pánico. No se pueden afiliar a nada. El pensador actual ya no sabe donde está. Lo único que puede hacer es comentar los periódicos, que están mucho mas en la realidad que los filósofos.

-¿Estamos viviendo sin filosofía?

-Ya no tenemos moral, no tenemos filosofía, no tenemos utopía.

-¿Por cuánto tiempo podemos vivir así?

-Es lo que no sabemos.  ¡Que maravilla! Vamos a vivir así hasta que se destruya el planeta. Nadie pensaba que lo que iba a estar en juego era la supervivencia del ser humano. Antes se hablaba de los obreros, de los pobres, de los explotados. Ahora el explotado es el planeta y están los explotadores del planeta. Hacia eso vamos.

-Pero los problemas no se han acabado…

-Ningún problema se acaba. Pero es bueno, porque así como la pareja humana es una crisis constante, la vida humana es una crisis constante. Es una gran fiesta tremebunda.

-¿Le gusta vivir esta etapa de la historia?

-Es la mejor que nos ha tocado nunca. No quisiera otra. Yo quisiera vivir mínimo ciento veinte años.

-¿Con quién vive usted en esta casa?

-Va cambiando. Actualmente vivo con mi gata, con la que duermo, y tres de mis hijos. Uno ya se casó, no sé si se casan o viven, y mi hija ya está encinta también. O sea, se me fueron dos. Se van nada mas que cuando se reproducen.

-¿Cuántos hijos tiene?

-Cinco. Cuatro hombres y una mujer. La mamá de tres es mexicana; del otro la mamá es francesa, y de la otra la mamá es alemana. En la casa, eso sí, siempre hablamos español.

-¿Cuantas veces se casó?

-¿Casarme o vivir con…?

-Da lo mismo…

-Como buen chileno ya no llevo la cuenta. Madres hay tres. Pero viví con una mujer diez años y no tuve hijos, serian cuatro. Quizás cuatro o cinco, o cinco o seis, no sé.

-¿Ahora está con alguien?
-Ahora estoy separado. Tengo una amiga…claro que no todos los días.  Uno a mi edad, tengo sesenta y dos años, ya no puede coger todos los días; pero con una vez cada quince días me conformo. Y después conversación y esas cosas. Ya no puedo tres veces diarias o cosas así, ya no puedo.

-¿Usted es un romántico o un seductor?

-Yo siempre decía, como me sentía muy mal pero tenia buen físico, que era como un sapo viviendo dentro de un príncipe. Ahora me siento como un príncipe viviendo dentro de un sapo. A los sesenta y dos años no te puedes acercar a una mujer y seducirla así no mas, porque ya no tienes como. Además, el funcionamiento sexual no es delirante. Ya ves a las mujeres como seres y te interesa su espíritu. Claro que también te interesa su cuerpo, como de costumbre. Pero ya desconfías, porque se pueden acercar a ti para que les soluciones la vida económica. A esta edad, uno es el papá de la mujer, es un Edipo, ya no es normal. Ya nada es gratis. Uno tiene que responder. Uno ve a una mujer y calcula cuanto le va a costar, y ahí decide si quiere meterse o no. Yo tengo amigas de treinta, e inmediatamente quieren que les haga un niño. Porque una mujer de treinta que se mete con un caballero de sesenta, es porque no ha realizado realmente su vida. Tienen un complejo de Edipo que no han solucionado, sienten que la vida se les va y buscan un papá que les solucione todo. Pero después viene el príncipe azul y te la lleva. En la lucha por la mujer, uno puede vencer todo menos la juventud. No se puede con las hormonas; aparece un joven, les da la locura, y uno no puede hacer nada. Te vencen; cualquier muchacho te vence. Entonces uno ya esta mas humilde.

-¿Le ha costado aceptarlo?

-Las primeras veces me ha dolido. Pero después no, uno se contenta con lo que le den.

-¿No siente celos?

-No. Uno da las gracias por lo que dura. Una mujer tendría que estar loca para meterse y sacrificar su juventud por un caballero de mas de sesenta. Y uno lo sabe. Ya no puede ser seductor.

-¿Y el amor a usted se le da en historias cortas o hay un gran amor?

-Uno, a medida que progresa, encuentra su alma. El alma se encuentra en los sueños cuando tienes unos profundos amores con una mujer desconocida, que es el alma. Cuando has solucionado tus problemas con esa mujer, luego la puedes encontrar fuera, y sin embargo ya no puedes porque pasó el tiempo, ya es demasiado tarde.

-¿Tanto demora uno en enamorarse del alma?

-Mi padre a los sesenta años se enamoró por primera vez, de una mujer de cuarenta. Ahora tiene noventa y un matrimonio que el dice feliz. Además que a los setenta lo pillaron engañando. El amor… ¿Qué es el amor? El amor tiene diferentes capas. Hay diferentes clases de amor, y el amor final, es el amor divino, que pasa por el amor consciente, ese amor en el que uno esta feliz solo por la existencia del otro.

Gladys Marin

In Cosas, periodismo, politica on August 19, 2011 at 9:41 pm

(En Septiembre de 1999, durante un viaje de trabajo a Chile, entrevisté a Gladys Marín, la Presidenta del Partido Comunista chileno y por entonces pre-candidata Presidencial. Gladys Marín era una leyenda en la izquierda chilena, y, en persona, como entrevistada, de las mujeres mas honestas y abiertas que me ha tocado conocer. Aquí, parte de nuestra conversación, que tocó la política pero se concentró en la mujer.)

 -¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser comunista?

-Cuando alguien me hablo del comunismo, en los años 50, cuando estudiaba en la Escuela Nacional.

 -¿Qué edad tenia?

-Quince años. Yo siempre tuve una gran rebeldía interna y una gran sensibilidad social. Vengo de un hogar muy modesto. Mi madre, que felizmente está viva, debe haber sido una mujer muy alzada para su época y me transmitió esos valores. Hoy es común que haya hogares dirigidos por mujeres, pero en esos tiempos era un escándalo. Esas mujeres eran casi un atentado, unas libertinas.

 -¿Y donde estaba su padre?

-Se había ido. El fue siempre un trotamundos, un señor que se creía quizás qué, y que fue dejando hijos por donde pasaba. Yo me encuentro en muchas ciudades de Chile con hermanos míos, y además, el caballero se permitía repetir los nombres, así que me he encontrado con varias Gladys Marín.

 -¿Su rebeldía tenia rabia también?

-Yo sentía rebeldía, pero no con tristeza ni con resentimiento. Incluso antes de entrar a las Juventudes Comunistas, a las que ingresé muy, muy joven, íbamos a hacer clases de alfabetización al Cerro Blanco, que era un cerro muy marginal. Yo tenia inquietud y fermento social, pero lo canalizaba entonces en hacer deporte, escribiendo poesía…También fui siempre de grupos, de patotas, una cosa muy colectiva, por lo que no me costó ingresar al partido.

 -¿Su madre también tenia inquietudes políticas?

-No, pero diría que ella era una mujer progresista, abierta a la vida.

 -¿Tuvo alguna relación con su padre después de que se fue?

-No.  Creo recordar de niña, a los seis o siete años, que la nana que nos crió a mi y a mis tres hermanas nos trajo a Santiago a ver a mi papá. El era algo así como un comerciante, creo, y nos traía dulces del sur. Yo encontraba a mi papá tan maravilloso, tan generoso, que cuando me enojaba con mi mamá de chica, agarraba una maleta y le decía que me iba con él. Después vine a saber de él, poco antes de que muriera, en Temuco, y lo fui a visitar. Tenia ocho hijos con la señora que vivía…después de eso no supe mas.

 -¿Eso no le creo desconfianza con los hombres?

-No. Porque creo que cada cosa, cada persona y cada grupo tiene sus signos. A pesar de todo, yo fui tremendamente feliz en mi infancia y mi adolescencia. Fui una persona de cerros, de ríos, de esteros, de arrancarme e irme a la casa de los gitanos. Fui tremendamente feliz.

 -¿Nunca lo culpó por haberlas abandonado?

-No, no. A veces me daba sentimiento de culpa con mi mamá, porque siento que yo hasta le tenia admiración a mi papá por la libertad con que vivía.

 -¿Además de la cosa social, le interesó alguna vez el feminismo?

-No puedo decir que no me haya interesado, pero no lo conocí. Me interesaba mucho mas el mundo juvenil, lo social, y, sobre todo, el descubrimiento del asunto de las clases, la existencia de una clase obrera, los asalariados, la historia del movimiento obrero. Sentí desde muy temprano una gran admiración por los trabajadores, a los que siento como mi mundo.

 -¿Y que le pasa cuando sale de ese mundo, cuando se enfrenta a empresarios o gente de otra clase?

-A veces me cuesta.

 -¿Qué le cuesta?

-Empezar a hablar. Yo siento que ellos tienen prejuicios hacia mi, que me ven como un bicho raro, “la comunista”. Pero cuando una entabla relaciones con gente de otros sectores sociales y políticos, al final sale todo muy natural.

 -¿Cuándo se enamoró por primera vez?

-Uf, yo era lo mas enamorada que hay.

 -¿Sigue igual?

-Sigo igual. Menos mal que entré a las Juventudes Comunistas.

 -¿Por qué?

-Porque si no habría sido como La Negra Ester- dice riendo-. Era muy enamorada. A mi me encantan los pueblos chicos, y yo estudié durante algún tiempo en la escuela básica de Talagante. Ahí la vida giraba mucho en torno a la plaza, donde una iba a bailar, donde llegaban los cadetes. Yo tuve mis primeros pololos a los 14 años. Un montón de pololos.

 -¿Y su primer amor?

-Enamorarme, enamorarme, debe haber sido cuando me enamoré de Jorge, mi compañero. Si me hubiera enamorado antes, me habría casado. Me casé a los 20 años, y debe haber sido porque estaba completamente enamorada. Lo otro tiene que haber sido entusiasmo nada mas…

 -¿Es coqueta?

-Debo haber sido coqueta. Después me puse mas seria, porque ya estaba en las filas del Partido Comunista.

 -¿La obligaron a ponerse mas seria?

-No, nadie me obligó. Es que yo llegué al partido en una época, a comienzos de los ’60, en que las cosas se pusieron muy difíciles. He pasado tantas clandestinidades, tantas persecuciones, tantos campos de concentración…!Cómo no voy a defender a este partido!

 -Y en medio de todo ese drama, ¿el amor le ha traído calma o le ha dado aun más problemas?

-Yo no podría haber seguido adelante sin amor, no podría haber vivido sin él. Son sentimientos distintos, que te llenan de una forma totalmente diferente.

 -¿Qué le gustó de Jorge (Muñoz, su marido desaparecido)?

-Me llamó la atención que fuera serio, tan distinto a mi. Jorge era muy estudioso, muy culto, estaba egresando de Ingeniería en la Chile cuando lo conocí y, además, era muy, muy buenmozo. Me llamó mucho la atención.

 -¿Cómo se conocieron?

-Nos conocimos yo como estudiante normalista y él de la Universidad de Chile, yendo a trabajos voluntarios en la Población La Victoria, donde había una toma de terrenos. Ahí nos empezamos a conocer y me gustó. El me ayudó, me enrieló un poco. Yo en ese tiempo era tan rebelde que ni siquiera usaba medias para ir en contra de lo establecido. Jorge me fue calmando. Tuvimos una relación muy buena, pero no exenta de dificultades, como toda relación amorosa.

 

-¿Y después, con la desaparición, que es lo que echaba de menos de él?

-Su apoyo, sus consejos. Tengo una gran cantidad de cartas que algún día voy a publicar. Yo era la catarata que se desbordaba en él, llena de inquietudes, de rabias y de incomprensiones…Eso fue después del Golpe. Yo era muy critica de mi propio partido. Me obligaron a ir al exilio, me obligaron a exiliarme…Jorge me mandaba, no se como explicarlo…me mandaba el aire. Me decía que tenia que estar tranquila, que las cosas iban por un rumbo y que no podían ser manipuladas. Y siempre me decía, “sube la montaña. Sube, sube, y no te quedes abajo”.

-¿Cuándo aceptó que quizás no lo iba a ver nunca mas?

-Ay- dice suspirando- quizás recién ahora. Una ya lo reconoce. Y aun así, cuando el año pasado en “Ercilla” alguien salió diciendo que tenia antecedentes de que existía gente con vida, yo me deshice. Me he pasado mil películas. Además, mi intuición y mi imaginación funcionan mucho, y he pensado e imaginado que lo tienen en alguna parte…Por algún motivo, siempre me lo imaginé en Paraguay, pensé que se lo habían llevado para allá.  Interiormente es muy difícil aceptar la desaparición.

 -¿Le costó crear otra relación de pareja sin saber qué había pasado con su marido?

-Me ha costado por eso, pero sobre todo me ha costado por lo que me ha tocado vivir, que ha sido anormal. Después del Golpe no he tenido ninguna normalidad en mi vida. Imagínese que viví 12 años de clandestinidad y me veía con los que me veía y nada mas.

 -¿Cómo se las arregla para expresar su feminidad en un mundo tan masculino como el de la política?

-Yo le diría que actuando como soy. La mujer que ingresa a la política y que llega a tener un papel mas o menos sobresaliente, esta sometida a caricaturas. O una es la amante de todos los tipos que pasaron por su lado, cosa que me importa un pito, o es dura y poco femenina Yo ya pasé todas esas etapas. Soy como soy y me relaciones con la gente tal cual.

 -¿Han dicho cosas sobre usted que le hayan dolido?

-Una piensa que ya ha superado algunas cosas, pero todavía duelen. Hace como un mes fui a Iquique, y allá una mujer que había sido alcaldesa designada por Pinochet y hoy es concejala de la UDI, dijo por televisión que quienes nos quejábamos por los detenidos desaparecidos habíamos hecho el gran negocio de nuestras vidas, que recibíamos ayuda económica, y que a ella le constaba que Jorge Muñoz, mi compañero, mi esposo, vivía en Canadá con una mujer regia y no una loca como la Gladis Marín. Eso me dolió, a pesar de que ya había escuchado tonteras parecidas.

 -¿Cuándo fue la ultima vez que lloró?

-Llore por la Sola Sierra. Encontré que era una injusticia que se muriera, con todo lo que había hecho y entregado, y que sigan vivos otros que, a lo menos, deberían estar pagando frente a la justicia.

 -En términos humanos, ¿cómo define sus sentimientos por Pinochet?

-Tiene bien merecido lo que le está pasando. Y que bueno que sienta algún dolor, que sienta algo parecido a los sinsabores, que en su caso no tienen nada que ver con lo que sufrió nuestra gente.

 -¿Cómo ha sido su relación con la iglesia durante su campaña (pre-presidencial)?

-Depende de lo que usted entienda por Iglesia. Si entiende la jerarquía, no tengo relación y no porque no quiera, sino porque no he tenido ninguna respuesta. Yo me alegro mucho de tener un importante grupo de cristianos en mi comando, tanto de la Iglesia Católica como de la Protestante. Tengo gran respeto por la gente con inquietudes religiosas y por todas las diversidades en general. Aquí, en el PC, tenemos todo tipo de personas, de pe a pá. Y, por ejemplo, hemos conseguido el respeto por la diversidad sexual, lo que ha sido un gran paso adelante.

 -¿Fue difícil?

-Costó. En el partido había un prejuicio al respecto, pero yo tenia grandes amigos que murieron con gran valor, como héroes, y que eran homosexuales. Por eso a mi no me vienen con cuentos. Y siempre pensé que si uno de mis hijos era homosexual, lo iba a querer y aceptar como era. A partir de los ’90 hemos integrado este concepto con todas sus palabras y sus letras en los estatutos del partido.

 -¿Existe machismo en el PC?

-Menos que en otras partes.

-¿Lo ha notado respecto a usted?

-Yo diría que el tema ha sido mas fluido de lo que seria en otros conglomerados. La izquierda, el PC y los partidos obreros, tienen la integración de la mujer muy enraizada en su historia. El obrero toma a su mujer como su compañera, como puede verse en esas pinturas impresionantes de las marchas de los trabajadores. No como una mujer que se queda en la casa, sino como la mujer que lo acompaña en las buenas y en las malas. El “contigo, pan y cebolla” es una realidad entre los obreros. Aun así, hay compañeros que, porque estamos insertos en esta sociedad y en este mundo político, pueden no sentirse tan bien siendo dirigidos por una mujer. Pero nunca he sentido una cosa pesada.

 -¿Cómo es su relación con sus hijos?

-Difícil.  Fueron tantos años sin verlos. Tenia que inventar que venia de Europa para verlos en la clandestinidad, o salir clandestina para encontrarme con ellos en Argentina. El primer choque emocional, cuando los vi después  de ocho años, fue tremendamente fuerte.

 -¿Los reconoció de inmediato como sus hijos?

-Fue muy duro, el momento más duro de mi vida. Habían crecido, y no supe en un primer momento cual era cual. Es muy fuerte. Ellos habían pasado momentos muy terribles, habían perdido a su padre, y aunque estaban conscientes de todo lo que había pasado, hubo, durante mucho tiempo, un pasarme cuentas.

 -¿Y usted se sentía responsable o pensaba que el ajuste de cuentas era injusto?

-Sentí que era injusto.  Incluso no quería aceptar…Cuando me decían, ‘cuenta, cuenta, ¿qué pasó contigo?’, y yo todavía estaba en una etapa de mentir para sobrevivir, les decía, ‘pero para qué quieren saber esto o lo otro’. Me defendía. Pensaba que lo que me había pasado, que no era dulce, era una experiencia personal que no podía compartir con ellos. Fue un error mío. Pero ahora nuestra relación es muy normal, muy de amigos.

 -¿Tiene nietos?

-Si, dos niñitas.

-¿Se siente abuela?

Para nada…Para que le voy a mentir. No fui madre tradicional y menos voy a ser abuela. Pero la relación es buena. Ellos me aceptan así, como soy. Somos una familia distinta, pero familia al fin.

 

COSAS, Septiembre 1999

Oliver Jeffers

In arte, Cosas, Diseño on November 26, 2010 at 4:45 pm

En “El Increíble Niño Come Libros”, Oliver Jeffers cuenta la historia de un niño que siente tanto apetito de conocimiento e inteligencia, que un día se come una palabra, luego un párrafo, después una frase y al poco tiempo comienza  a devorar un libro detrás otro hasta quedar no solo con indigestión, sino también totalmente confundido, incapaz de digerir toda la información que ha consumido.

Es poco probable que Jeffers- que a los 32 años y con media docena de libros infantiles publicados se ha transformado en uno de los autores e ilustradores más populares y comentados del mundo- tenga ese problema. Sentado en un café de Brooklyn hace pocos días, habló de su vida y su trabajo saltando de la pintura a la ilustración, y de ahí a las matemáticas, la psicología o la religión sin poner siquiera una coma entre un tema y otro, todo parte de un enorme caudal intelectual que se transforma en pura emoción en cuanto aterriza en un lienzo o una página.

La ilustración es solo parte de su trabajo, el que también incluye el arte, el diseño de productos y la literatura.

Aunque sus libros están pensados para niños,  sus historias tienen una profundidad que toca a menudo corazones mas adultos. En “Lost and Found”, por ejemplo, un niño se embarca en un largo y heroico viaje para ayudar a un nostálgico pingüino a regresar al Polo Sur. En “The Way Back Home” , otro niño rescata a un pobre marciano perdido en la luna.  Son cuentos de soledad y aislamiento que, a diferencia de otros, no siempre tienen un perfecto y dulce final feliz. “Lo que me importa es la idea central”, dice, “si viene acompañada de alguna moraleja, mejor, pero no es algo que me preocupe demasiado”.

Jeffers creció en Belfast, Irlanda del Norte, y se instaló hace tres años en Nueva York.  Este año contrajo matrimonio y formó una nueva empresa de diseño con dos colaboradores. “Nos dimos cuenta que había muchos productos que buscábamos y no existían. Entonces, pensamos, ¿por qué no diseñarlos nosotros?”.

Jeffers viajará a Chile por estos días para una serie de presentaciones personales, talleres literarios y conferencias. Será un viaje de diez días, el primero a Sudamérica, y la excitación es tan evidente en su voz como su acento irlandés.

- ¿Por qué decidiste instalarte en Nueva York?

-Vengo del norte de Irlanda, un lugar muy bonito con gente fantástica, pero donde existe una mentalidad un poco estrecha que me estaba produciendo mucha frustración, Quería rodearme de gente que tuviera una visión más amplia de las cosas.

-¿Cómo ha afectado la ciudad a tu trabajo?

-La productividad ha disminuido, porque aquí hay muchas distracciones, pero la calidad y la dirección de mi trabajo han mejorado y mi mente esta mas clara que nunca. Mi obra está mejor, porque estoy constantemente rodeado de gran arte y grandes artistas.

-¿Cómo nació tu interés en el arte?

-Vengo de una familia con inclinaciones artísticas. Mi tío es dramaturgo, mi otro tío es un documentalista y tengo un tercero que es profesor de arte. Mi mamá pinta, y mi bisabuelo fue un poeta bastante conocido en Irlanda. Crecí sintiéndome muy estimulado a hacer lo que me interesara, y lo que me interesó siempre fue pintar y dibujar.

-¿Qué artistas te influenciaron?

-Muchos, y eso siempre ha sido algo problemático para mi: el saber qué tipo de artista quiero ser. Me encantan muchos tipos diferentes de trabajo, como el de los ilustradores Quentin Blake o Tomi Ungerer, pero también el de artistas como Edward Hopper o John Singer Sargent. Me fascina el trabajo de algunos directores de cine, escritores, y músicos…Creo que tuve mucha suerte de crecer y vivir en estos tiempos, porque actualmente los limites creativos ya no tienen mucha importancia.  La gente ya no se guía por las barreras que dividen cada disciplina. En mi caso, primero viene la idea y luego la ejecución; concibo un proyecto y después busco el mejor método para ejecutarlo.

-¿Qué fue primero, los libros o la pintura?

-La pintura, pero la mayoría de mis primeras obras exploraron la relación entre imágenes y palabras. Desde un principio me fascinó el cómo una palabra puede cambiar el sentido de una imagen y viceversa. Un día, trabajando en una serie de pinturas que terminaron siendo la portada de mi primer libro, me di cuenta que había tanta narrativa en mi trabajo que en realidad lo que estaba haciendo no era una serie pictórica, sino un libro.. Una vez que llegué a esa conclusión, la transición fue muy fácil.

-¿Desde un principio supiste que seria un libro para niños?

-Si. La historia se hizo más y más importante, y me di cuenta que un libro era la perfecta plataforma para mezclar imágenes y palabras. Después de eso, nunca mas puse palabras en mis pinturas. Los libros no solo transformaron mi carrera, sino también mi pintura.

-¿Que seas un famoso ilustrador va a favor o en contra de tu carrera como pintor?

-En contra, aunque eso está cambiando. Los libros infantiles no son muy ‘sexies’, que es la palabra clave en el mundo del arte. Los artistas asiáticos fueron muy sexies hace dos años, luego vino el regreso de la pintura figurativa, que también fue muy sexy…En el ultimo año hay muchos pintores reconocidos y celebridades que han comenzado a hacer libros de ilustraciones, lo que es malo y bueno. Malo, porque la calidad de muchos de estos libros no es la mejor, pero bueno porque ha hecho que la atención se desvíe hacia la ilustración. Se ha puesto de moda.

-¿Estás sorprendido por el éxito de tus libros?

-Un poco, pero no realmente. Creo que hago un buen trabajo, e incluso antes publicar mis propios libros siempre pensé que este era un campo donde había mucho que hacer. Veía los libros disponibles en el mercado y me daba cuenta que no eran muy buenos; la gente se había vuelto un poco floja respecto a la ilustración. En mi caso, los hago lo mejor que puedo y pongo todo mi esfuerzo en ellos. Pero no me gusta pensar demasiado en el éxito, porque eso podría afectar la manera en que trabajo. Cada libro es una progresión del anterior.

-¿Qué relación ves entre tus pinturas y tus libros?

-Muchas de mis pinturas hablan de aislamiento y tienen mucho espacio vacío, algo que temáticamente también está presente en mis libros. Uno de los ejemplos mas claros es “El Increíble Niño Come Libros”, que sueña con ser la persona más inteligente del mundo. Trabajé en ese libro al mismo tiempo que hacia una serie de pinturas llamada “Información Adicional”, donde aplicaba ecuaciones matemáticas y teorías de la física quantum a las obras. Los dos proyectos se referían a la adquisición de inteligencia, pero en formas muy diferentes.

-¿De donde vienen tus historias?

-Siempre tengo un pequeño cuaderno en mi bolsillo donde anoto cosas que escucho, pensamientos que se me ocurren en el día, situaciones estúpidas que veo en la calle…Es una combinación de cosas.

-¿Hubo algún libro que fuera especialmente importante en tu niñez?

-Si, “The Grouchy Ladybug” de Eric Carl. Ese libro me marcó mucho, porque había una enorme rueda en la última página y me costó entender por qué, si era del mismo tamaño que las ruedas que aparecían en cualquier otro libro, parecía tan grande. Y era porque la “chinita” estaba a su lado, como un punto en la página. Sentí que había descubierto el secreto de un mago; que podía hacer que algo se viera grande poniendo algo pequeño a su lado. Eso cambió totalmente mi forma de dibujar y mi sensación de escala.

-Partiendo por el trabajo de Andersen a los hermanos Grimm, los libros para niños tocan frecuentemente temas muy duros, casi aterradores. Los tuyos hablan de aislamiento, soledad…

-Creo que seria irresponsable evitar esos temas y presentar una realidad completamente azucarada a los niños. No se puede decir que todo tendrá siempre un final feliz, porque no es así. En México descubrí una actitud muy refrescante sobre este tema; alguien me dijo que los niños deberían estar  expuestos a una gran gama de emociones, buenas y malas, porque ese es el mundo en que vivimos y no tiene sentido ocultárselos. En Inglaterra y Estados Unidos existe la tendencia a mantener a los niños en una burbuja, pero trato de mantenerme al margen de eso. Creo que el conflicto hace que las historias sean mas interesantes y que los niños puedan identificarse con ellas en forma mas real. Los niños son mucho mas inteligentes de lo que la gente piensa.

-¿Cómo es tu relación con ellos cuando estás en “book tour”?

-Depende de la edad de los niños, pero generalmente no les importa quien soy. Muchas veces no entienden que soy el autor del libro hasta que empiezo a dibujar, y solo entonces hacen la conexión. Es muy interesante ver como el trabajo que hago en la soledad de mi estudio llega a tanta gente y produce un impacto tan fuerte.

-En YouTube hay muchas versiones cinematográficas de tu obra. ¿estás involucrado en todas ellas?

-Estoy involucrado en dos: una entrevista que me hizo un amigo en mi estudio, y la sinopsis de “Lost and Found”. Con el resto no tengo nada que ver.

-¿Eso te molesta?

-No, para nada. Al contrario, me halaga. Seguramente hay mil leyes de propiedad intelectual que están siendo infringidas, pero no me importa. Nadie está diciendo que es su obra.

-Esta entrevista aparecerá en nuestra edición de fiestas de fin de año. Viniendo de Irlanda supongo que la Navidad ha tenido importancia en tu vida y tu trabajo.

-Una de las cosas que no quiero hacer es un libro de Navidad. Una de las fiestas que más me gusta en Estados Unidos es el día de Acción de Gracias, porque tiene mucho espíritu pero no está marcada por el comercialismo ni tiene una carga religiosa. Eso no significa que no me guste la Navidad. Me encanta, y  mi trabajo tiene muchas imágenes de invierno que seguramente se relacionan con esta época del año y con la estética de la Navidad.

-¿Sientes nostalgia cuando pasas la Navidad lejos de Irlanda?

-Este año será el primero en que me quedaré aquí y no viajaré a Irlanda a reunirme con mi familia. Será el primero, también, que pasaré con mi mujer en Nueva York. Estoy muy entusiasmado con la idea.

 

Cosas, Noviembre 2010

Candace Bushnell

In cine, Cosas, Elle Espana, Libros, moda, periodismo, TV on May 6, 2010 at 2:30 pm


Son las seis de la tarde en Nueva York, y Candace Bushnell, en falda corta beige con vuelos, camisa blanca y zapatos de altísimo taco de Christian Dior, acaba de terminar de pasear a su enorme mascota, una labradora negra llamada “Blue”, por las calles del West Village.  Candace es tan chic, que incluso la bolsita plástica que usa para recoger las meducencias que “Blue” deja en el la vereda durante el paseo se ve elegante en sus manicuradas manos. “El glamour no tiene nada que ver con el dinero o con tal o cual fiesta”, dice momentos después, sentada en la terraza de un pequeño restaurante, encendiendo el primero de sus cigarrillos “Merit” y ordenando una copa de Chardonnay. “El glamour es algo que se lleva adentro, depende de cómo vea uno las cosas. Para mí conversar con la señora que atiende el almacén o sacar a pasear a mi perro puede ser muy glamoroso”.

Candace sabe de qué esta hablando. Durante más de una década como escritora y periodista ha estado observando de cerca de ese sosfosticado grupo de banqueros, “dealers” de arte, modelos, socialites, diletantes, magnates y gigolós que hacen que Nueva York sea la ciudad mas glamorosa del mundo. Y entre fiestas, galas, inauguraciones, cócteles, desfiles de moda y premieres, esta mujer toma sus anotaciones cada noche tratando de descifrar los complicados códigos que rigen la vida social de la ciudad.

Hace algunos años, el “New York Observer” le encargó una columna sobre sexo y sociedad. Ella la llamó “Sex & The City”, y al poco tiempo se transformó en la Biblia para cualquiera que quisiera saber qué sucede, a la hora de la seducción, en las mesas del Four Seasons, las habitaciones del Hotel Mercer o los dormitorios de lofts de cinco millones de dólares en el SoHo.
“Sex & The City” tuvo tal éxito que luego se transformó en un libro , y poco después en la serie del mismo nombre protagonizada por Sarah Jessica Parker, uno de los programas de mayor sintonía de la cadena HBO. De paso, Candace se convirtió en una especie de gurõ para cierto tipo de mujeres. El tipo que sale con financistas de Wall Street o productores de Hollywood, que pasa sus veranos en los Hamptons, sus inviernos en Vail, que trabaja en relaciones públicas, galerías de arte o las oficinas de Condé Nast, y que no encuentra nada de malo gastar el dinero del arriendo en un par de sandalias de Manolo Blahnik o un corte de pelo con Frederic  Fekkai.

Aunque ella dice que lo suyo no es nada mas que ficción,  no son pocos los que creen ver en sus historias un “roman a clèf” sobre ciertos personajes de Nueva York.
La delgada, tediosa, malcriada y exigente princesa que es una de las protagonistas de su segundo libro, “Four Blondes”= Cuatro Rubias- estuvo inspirada, según muchos, en Marie Chantal de Grecia. Y Carolyn Bessette y John Kennedy fueron, según otros, los modelos en que basó su columna sobre el hombre mas codiciado de Nueva York y su esposa, una rubia obsesionada con su figura, rodeada de gays, y adicta a las drogas y pastillas que publicó en la revista “Manhattan File”.
Candace lo niega todo, y solo reconoce que “Mr. Big”, el atractivo y mujeriego magnate de “Sex & The City”, está inspirado en su ex novio, el ex editor de “Vogue” y “Talk” Ron Galotti.

Hasta hace poco no había muchas diferencias entre la Bushnell y Carrie Bradshaw, la columnista interpretada por Sarah Jessica Parker en la serie de televisión. Las dos eran solteras, las dos se paseaban por Nueva York buscando a veces amor y a veces sexo, y las dos compartían un envidiable closet lleno de extraordinarios y carísimos zapatos. Pero el 4 de Julio pasado, a los 43 años, Candace decidió dejar atrás las similitudes y, en una decisión que tomó a todos por sorpresa, contrajo matrimonio con el bailarín del New York City Ballet, Charles Askegard. “Es el fin de una era”, comentó a la prensa el escritor Jay McInerney, autor de “Bright Lights, Big City” y “Model Behaviour”, uno de los mejores amigos de la novia.
El matrimonio fue tan comentado en Nueva York como el de Liza Minelli o el de Catherine Zeta- Jones, y ocupó la portada de la sección “Estilos” de “The New York Times”, que publicó una foto de los novios en la playa: el alto, rubio y atlético, en un traje de lino blanco, sosteniendo a la novia, que corrió a sus brazos con flores en el pelo, un cigarrillo en la mano izquierda y un Martíni en la derecha.

Candace está ahora trabajando en su tercera novela, la historia de una modelo de treinta y tantos años que, gracias a un suculento contrato con una marca de ropa interior, ya no tiene que seguir seduciendo magnates para conseguir  una casa en los Hamptons.

-¿De quién fue la idea de “Sex & The City”?
-Me pidieron que lo hiciera y yo acepté. El editor me dijo que quería que escribiera sobre sexo y sociedad. No podía ser una columna solo sobre sexo; era para un periódico y no habría sido apropiado. Además había otro problema: mi amigo Bret Easton Ellis escribe muy buenas escenas graficas de sexo, pero las mías seguramente serian pésimas.

-¿Por qué?
-No soy buena para eso.

-¿Te intimidan?
-Lo mío son los diálogos, me interesa mas lo que la gente dice que lo que hace durante el sexo.

-¿Cuándo decidiste incorporar tus propias experiencias en la columna? Tu romance con Mr. Big, por ejemplo.
-En la primera columna, mi editor me hizo ir a un sex club que tenia un trapecio. ¡Fue horrible! Además, cuando uno escribe solo de sexo el material se acaba rápidamente.  Por eso empecé a pensar en otras ideas. Una cosa que sucede en Nueva York, es que 10 o 20 mujeres que se conocen entre ellas han salido a veces con el mismo hombre. Eso sucedió con Mr. Big. Las reuní a todas y hablamos de sus experiencias con él.

-¿Y él no se enojó?
-No, no había nada de que enojarse. Todas hablaron bien de él, todas buscaban un hombre que fuera  como él, y todas dijeron que con él habían tenido el mejor sexo de sus vidas. ¡Cómo iba a enojarse!

-¿Es raro ver tus experiencias dramatizadas en una serie de televisión?
-Bueno, en las dos primeras temporadas la serie estuvo muy cerca de lo que es el libro. En la primera, usaron incluso el mismo diálogo, cosas que sucedieron en la vida real, que continuaron en la columna, luego en el libro y finalmente en la serie. Era muy raro ver lo que me había pasado en la vida real en la pantalla.

-¿Hay cosas tuyas en el personaje de Sarah Jessica Parker?
-De hecho, si. Todavía hay gente que se me acerca y me lo comenta. Ella tiene algunos de mis manierismos, algo mío.

-¿Son amigas?
-No la veo mucho, pero cada vez que lo hago estoy feliz. Es una chica fantástica, pero ella está muy ocupada y yo también.

-Igual como Breat Easton Ellis fue el escritor icono de los 80’s, ya estás muy identificada con la mujer soltera de Nueva York en los 90’s. ¿Es difícil deshacerse de esa imagen y seguir adelante?
-Hmm, no lo sé. No creo…Siempre quise ser novelista, desde que tenia 8 años. Nunca quise hacer nada más. Estoy feliz de que me paguen por escribir, ese era mi sueño. Me siento muy afortunada de que “Sex &The City” haya sido tan exitosa y se haya convertido en un hit de la televisión, pero lo que quiero es escribir libros. Esa es mi pasión.

-En este nuevo libro estás escribiendo sobre uno de los personajes de “Four Blondes”, la modelo que se acuesta con tipos a cambio de sus casas en los Hamptons….
-Si, y esa es una idea que alguna gente  piensa que es increíble, pero en Nueva York es muy fácil caer en un juego como ese. Y a veces ese es el único medio que una mujer tiene para conseguir una casa de verano en los Hamptons.  En mi nueva novela, la modelo ya tiene su propia casa allí y no necesita seguir haciendo lo que hacia. Eso es algo que sucede en la vida real; uno se hace adulto y las cosas que hacía a los 20 ya no las hace a los 30.

-En tus libros a veces se muestra el sexo como un arma para conseguir lo que uno quiere. ¿Lo sientes así?
-Si, creo que es verdad en ciertos casos, pero no es una regla que se aplique a todo el mundo. Las mujeres en este país saben que el sexo es poder, pero la mayoría rechaza la idea. Personalmente, no soporto la idea de acostarme con alguien que no me atraiga. No puedo imaginar nada peor. Pero a otra gente no le importa. Muchos hombres, por ejemplo, pueden tener relaciones con alguien que no les interesa realmente.

-¿Entonces el sexo es diferente para hombres y mujeres?
-No, no creo. Hombres y mujeres hacen lo mismo. Lo peor que podría pasarme es que alguien se acostara conmigo porque piensa que tengo poder. Seria horroroso. Pero le sucede a muchos hombres…

-¿Alguna vez han tratado de seducirte solo porque eres famosa?
-Si ha sucedido, no me he dado cuenta. La gente en Nueva York coquetea todo el tiempo.

-Calvin Klein dijo hace años en una entrevista con Play Boy que no le importaba que alguien se le acercara porque era rico o famoso, porque siempre se iban con la satisfacción de haber tenido un sexo espectacular con él…
-Ohhh…Lo que pasa es que en Nueva York la gente es seductora por naturaleza, y siempre asumo que no significa nada. Es su forma de comportarse socialmente. La gente siempre te dice “I love you”, no importa si son amigos o apenas conocidos. Uno puede meterse en problemas si malentiende eso.

-Has pasado de se una escritora reconocida a convertirse en una celebridad. ¿Cómo te ha afectado?
-Bueno, créeme, me encantaría que mas gente me reconociera. Probablemente se apurarían mas con mi ropa en la lavandería. No es algo que me afecte. Es muy agradable ir a fiestas, que te fotografíen…es divertido. Pero no es algo que  cambie tu vida. Al final, tengo que levantarme todos los días igual que antes, sentarme en el computador y enfrentarme a mi misma.

-¿Te consideras exitosa?
-Si, pero me gustaría serlo más.

-¿Cómo?
-Me gustaría vender más libros y ganar más dinero. Si uno quiere escribir libros, tiene que saber que se trata de un negocio.

-¿Tienes eso en tu cabeza cuando estas escribiendo?
-Cada media hora cuento cuantas palabras llevo escritas, cuantas páginas he terminado. Y si escribo 500 palabras en media hora, me siento feliz, triunfante. Cuando revisaron los manuscritos de Tolstoi descubrieron unos números al lado de los párrafos y nadie sabia que eran. ¡Y eran la cuenta de cuantas palabras llevaba escritas! Gracias a Dios ahora lo hace el computador.
Hace 10 años no tenia un centavo, ni siquiera sé cómo sobreviví. La gente me decía, “por qué no consigues un verdadero trabajo”. Pero yo estaba decidida a ser escritora. Hay gente que piensa que en esta ciudad no se aceptan los fracasos, pero los verdaderos triunfadores en Nueva York son las personas que sobreviven los momentos que habrían quebrado a cualquier otra persona, en cualquier otro lugar. Esta es la mejor ciudad, la ciudad de los sueños, y si tienes éxito aquí la gente te aprecia mucho. Todo lo que yo quería era ser escritora. Si no pudiera escribir, me habría suicidado.

-Tu vienes de Texas…
-Nací en Connecticut, pero fui a la Universidad en Texas. Llegué a Nueva York cuando tenia 18 años.

-¿Cómo llegaste a conocer tanta gente en la ciudad?
-No sé. En Texas conocía a algunas personas que vivían en Nueva York, vine a visitarlos y ellos eran bastante “trendy”. Iban al “Studio 54”, me llevaron con ellos y al poco tiempo empecé a ir al “Studio 54” y a conocer mas gente…

-¿Qué te pareció interesante de ellos?
-Es un tema interesante como cualquier otro. Supongo que fue porque vengo de una ciudad pequeña y siempre tuve esta idea sobre Nueva York como una ciudad muy sofisticada, donde la gente es muy ambiciosa. Siempre quise vivir aquí. En Nueva York uno puede encontrar a cualquier tipo de personaje, es como un gran escenario, donde es mas fácil estudiar la naturaleza humana. Creo que si se vive en el Medio Oeste o en el campo, no existe el mismo nivel de ambición y de éxito. Por supuesto hay personas interesantes en todas partes, pero no al mismo nivel. Aquí pasan muchas cosas que están constantemente poniendo tu moral a prueba y definiendo que tipo de persona vas a ser. ¿Vas a ser una mujer que pasa por sobre todo el mundo para lograr lo que quiere? ¿O vas a  ser una persona amable? ¿Vas a tratar de utilizar a la gente? ¿Vas a sentir remordimientos? Esta es una ciudad llena de tentaciones y eso es muy interesante.

-¿Crees que Nueva York cambia a las personas?
-Creo que desafía tu autoestima, el como te sientes respecto a ti mismo. Uno va a todas estas fiestas y ve a todas estas celebridades, y nadie parece muy seguro de si mismo.

-Jay McInerney dijo una vez que no importaba a cuantas fiestas fuera una noche, siempre sentía que se estaba perdiendo algo…
-Exacto. Ese es un sentimiento que definitivamente se siente en Nueva York. Pero curiosamente no es algo que yo experimente muy seguido.

-¿Porque te invitan a todas partes?
-No, no es eso. Si  estoy en una fiesta y hay otra mas glamorosa, la verdad es que no me importa. Prefiero tener una conversación interesante con alguien, y no me importa si esa persona es un peluquero o un barman. Nueva York está llena de gente interesante. El barman de este mismo restaurante es divertidísimo. Aquí todo el mundo tiene una historia que contar.

-¿Por qué aquí existe tanta desesperación por entrar a la fiesta adecuada, conocer a la celebridad de turno..?
-Es la forma como se dan las cosas en Nueva York. Aquí la gente sale y se muestra, no tiene pudores. Uno puede ver a chicos golpeando las puertas de las fiestas y sabe que en unos años ellos van a ser los anfitriones, los que van a manejar la lista de invitados, Pero no todos pueden triunfar.

-¿Es una ciudad cruel?
-Puede serlo. Pero cualquier ciudad puede ser cruel. Guy de Maupassant escribió un libro llamado “Bel Ami” que leí hace uno seis meses, y lo que describe ahí se parece mucho a Nueva York. Habla de Paris a comienzos del siglo XX, y cuenta la historia de un periodista que usa a las mujeres, que publica artículos que no son suyos pero que llevan su firma…Son cosas que pasan en las grandes ciudades. Cualquier lugar puede ser cruel. Lo que me interesa es la naturaleza humana. Quizás podríamos ser mejor de lo que somos, pero todos somos humanos y, por lo tanto, todos tenemos debilidades. En el libro que estoy escribiendo hablo del destino, lo que no podemos controlar, y también hablo de cómo los defectos nos llevan a meternos en problemas.

-¿Es mas fácil ser soltera aquí que en otras partes?
-Creo que sí, porque la ciudad está llena de gente como uno. Es una ciudad de solteros. Y aquí, si eres mujer, no hay que tener un hombre al lado para salir. Puedes ir a fiestas, a comer, a bailes de beneficencia, galas…Yo he hecho todo sola. Así fue como conocí a mi marido, en una gran gala de ballet, sola.

Elle/ Cosas, 2002

Toni Braxton

In cantantes, Cosas, Uncategorized on April 28, 2010 at 2:20 pm


“Hello love, how are you?, dice Toni Braxton al otro lado del teléfono desde Londres, y la voz suena inmediatamente reconocible; cálida, profunda y sensual como una copa de coñac. En el papel, la pregunta parece inocente, pero escúchela en vivo y en directo y las cosas cambian. Esta es una mujer que podría recitar la lista del supermercado y hacer que palabras tan simples como huevos, leche o detergente adquieran de pronto el tono sugerente de una romántica balada.
Es eso, su capacidad para transmitir sensualidad y romanticismo en cada nota, lo que la convirtió en una de las cantantes mas célebres de la década de los noventa, con seis Grammys, 40 millones de discos vendidos, y una generación completa de admiradores atrapada en las promesas de intensos romances y dolorosas rupturas que forman su repertorio.
La Braxton ha tenido la dosis de altibajos personales y profesionales que se esperan de una baladista como ella. Utilizando el conocido cliché hollywoodense, alguien podría decir que es una ‘sobreviviente” del mundo del espectáculo.
Su mas reciente aparición en las pantallas de Estados Unidos fue, por supuesto, en un reality show, “Dancing with the Stars”, donde su diminuto cuerpo se agitó al ritmo del paso doble y el cha cha chá. Aceptó esa oferta, dice, para sentirse viva y vigente. Y ahora el resurgimiento de su carrera continua con “Pulse”, su primer álbum en cinco años.
“Siento que este el año del regreso de las divas”, asegura. Y cuando lo dice con esa voz, es imposible no creerle.
-¿Por qué te tomó tanto tiempo lanzar un nuevo álbum?
-Soy madre, tengo dos niños, el menor sufre de autismo y quería asegurarme que estuviera bien en sus primeros años. Estaba en eso cuando me diagnosticaron una enfermedad al corazón y tuve que cuidarme. Pero ahora que estamos todos mejor, es el momento de volver a trabajar.
-¿Te sientes físicamente en forma para enfrentar el lanzamiento del disco y la serie de conciertos que tienes planeada?
-Si, hice mucha rehabilitación cardiaca, me estoy manteniendo muy saludable y estoy tomando una fracción de los medicamentos que me habían recetado en un principio.
-Nadie que te haya visto competir en “Dancing with the Stars” habría creído que tenias problemas al corazón…
-Por eso hice ese show…Mi enfermedad me hizo sentirme muy aislada, no salía a ninguna parte, y creo que estaba profundamente deprimida. Sentí como que me había retirado, que nunca mas seria capaz de subir a un escenario. Mis médicos me aseguraban que no era así, que era solo cuestión de tiempo, pero la sensación era esa. Ahora, en cambio, me siento estupendamente.
-¿El nombre “Pulse” de tu nuevo álbum tiene que ver con esa experiencia?
-Le puse ese titulo porque después de haber sentido tanto miedo, de haberme sentido tan perdida, volví a recuperar mi pulso. Este es un álbum donde no solo le hablo a las mujeres, como ocurría antes, sino también a los hombres.
-¿Y qué quieres decirle a los hombres?
-Quiero enseñarles a que hablen con su corazón, y explicarles que si tratan un poco mejor a las mujeres, ellos también saldrán beneficiados. Los hombres no se dan cuenta que las mujeres queremos una sola cosa de ellos: tiempo. Ellos lo complican todo, sin darse cuenta que lo único importante es el tiempo para compartir en pareja.
-La mayoría de los hombres piensa que las mujeres son las complicadas.
-Eso no es verdad. Quizás tengo una opinión distinta porque soy mujer y entiendo a mi sexo, pero me parece que somos criaturas mucho mas simples de lo que ellos se imaginan.
-¿Cómo fue el proceso de creación de este álbum, considerando todo lo que estabas viviendo?
-Empecé a grabarlo en Marzo del 2008, justo antes de enfermarme, y lo terminé a fines del 2009. El primer single que lanzamos, “Hands Tied”, nos pareció la canción perfecta para que el público se reencontrara con mi voz y no se asustara pensando que estaba haciendo algo radicalmente distinto a lo había hecho en el pasado.
-¿Lo reconocible que es tu estilo y tu voz puede ser a veces limitante?
-Si, por eso hay que actuar en forma inteligente cuando tratas de introducir cualquier cambio. Como cantante me interesa la evolución, lo nuevo, pero también quiero convertirme en un clásico. Hacer las dos cosas simultáneamente es siempre un desafío. Lo único que pido son buenas canciones y la oportunidad de interpretarlas lo mejor que pueda. Por algún motivo el público parece recordar solo mis baladas, canciones como “Unbreak My Heart”, y no otro tipo de música que, en su momento, también tuvo éxito.
-¿Estas entusiasmada con la idea de promover el álbum y realizar una gira mundial después de tanto tiempo?
-Si, muchísimo. Este año voy a estar en todas partes, y eso me tiene muy excitada. Ha pasado mucho tiempo desde que hice mi última gira mundial. Para mi es muy importante mantenerme ocupada, y gracias a Dios tengo a mis padres, mis hermanas y mis abuelos para que cuiden a mis niños cuando yo no estoy. Trabajar y criar hijos sin un marido no es fácil. Durante la grabación, viajé cada dos semanas a pasar un tiempo con ellos en Atlanta.
-¿Ellos saben lo famosa que es su madre?
-No, para nada. Ni siquiera les gusta mucho mi música. Prefieren a Kelly Clarkson o los Black Eyed Peas. No quieren escuchar “Unbreak My Heart”, sino la música de Rihanna.
-¿Les cantas las canciones que a ellos le gustan?
-Trato de hacer un poco de rap y hip hop para ellos, pero no los convence. Me dicen que mi voz es muy ronca, muy masculina. Ok, entonces la mamá no va a cantar, les digo. Cuando hablo con ellos por teléfono lo hago siempre en un tono muy alto, para que no me critiquen.
-¿Qué música te gustaba a ti de niña?
-Es difícil contestar esa pregunta, porque cuando era niña no tenia permitido escuchar ninguna música que no fuera Gospel. La música secular estaba prohibida en mi casa.
-¿Cómo así?
-Fui educada muy a la antigua, en una forma muy tradicional. Mi padre estudiaba en la Universidad para convertirse en Ministro de la Iglesia Apostólica, que es muy rígida. De niña no podía usar pantalones ni tampoco celebrábamos la Navidad, porque era según mis padres una fiesta pagana. Si salía a la calle tenia que hacerlo con sombrero, con mi pecho y mi cuello cubiertos, y si escuchaba música secular tenia que hacerlo a escondidas. La primera vez que la escuché fue en el bus escolar. El chofer ponía canciones de Chicago, Journey, Fleetwood Mac, Natalie Cole; música que no tenia nada que ver con la que escuchaba en la iglesia. Ahí fue donde me enamoré de esas canciones.
-¿Te sentías culpable cuando escuchabas ese tipo de música?
-Claro, porque nos habían ensenado que era la música del diablo. Con el tiempo mis padres cambiaron, se hicieron mas abiertos al punto que mis hermanas menores no tienen idea de qué hablo cuando hago estos recuerdos. Pero en lo personal, esa fue la forma en que fui educada. Eso me hizo sentir siempre muy distinta al resto.
-¿Te queda algo de esa rigidez? ¿Te sientes incómoda a veces en el escenario o cantando ciertas letras?
-En el escenario es donde me siento más cómoda y segura de mi misma. Estar ahí fue mi sueño desde el principio. La música me dio siempre paz, porque era algo que me pertenecía por completo. Mis padres y mis profesores me imponían sus leyes y creencias, pero la música era sola y únicamente mía, un área donde tenia absoluto control. Quizás por eso siento tanta confianza en el escenario. Si me das un micrófono, estoy lista.
-¿Y qué pasa con la sensualidad de tus videos o de ciertas canciones?
-Lo sexy tiene que ver con como te sientes contigo misma. Cuando soy Toni Braxton, la cantante, me siento muy sexy. Pero cuando estoy en mi casa con mis niños, soy el tipo de mujer que no abandona sus jeans y sus t-shirts. Son mis dos caras.
-¿La religión sigue teniendo algún lugar en tu vida?
-No soy religiosa, pero si espiritual. No voy a la iglesia, a no ser que sea el día de la madre o algo así. No tengo un ritual religioso para mi espiritualidad. Cuando quiero escuchar la voz de Dios, la busco dentro de mi.
Cosas, Abril 2010

Sam Haskins

In arte, Cosas, Diseño, moda, modelos on October 16, 2009 at 5:54 pm

haskinsblogdef
Después de la muerte de Irving Penn hace poco más de una semana, y de Richard Avedon y Helmut Newton hace un par de años, Sam Haskins es, a los 84 años, posiblemente el último gran fotógrafo de modas de su generación.
El nombre quizás no es inmediatamente reconocible, porque, a diferencia de sus contemporáneos, Haskins no creó su carrera bajo el ala protectora de Vogue o Harper’s Bazaar, sino con plena independencia, fotografiando lo que se le daba la gana, como se le daba la gana, a menudo con escasos presupuestos y modelos no profesionales.
Sus primeros calendarios fueron rechazados a comienzos de la década del 50 por las editoriales británicas, que consideraron sus imágenes demasiado arriesgadas, demasiado atrevidas y, mas importante aun, poco atractivas para un mercado todavía atado al conservantismo de esa época. Haskins decidió entonces publicarlos él mismo, y su enorme éxito no solo fue una revancha- y un augurio de lo que traería la década siguiente-, sino también la puerta de entrada a mas de cincuenta años de constante y aplaudido trabajo.
Su primer libro, “Five Girls”, de 1962 , es todavía considerado como uno de los más influyentes en la fotografía de modas del siglo veinte. Curiosamente, no es exactamente un libro dedicado a la moda, sino al espíritu de los 60’s, encarnado en un puñado de atractivas e inocentes jovencitas para las que su sexualidad parece ser solo un juego. Algo similar sucede con “Cowboy Kate”, publicado dos años después, donde una modelo no profesional inspira a Haskins a explorar los mitos norteamericanos con toda su libertad, sensualidad e ingenuidad.
Incluso si usted no ha visto las imágenes originales, las ha visto mil veces. Ahí están, en avisos publicitarios, en pasarelas de moda, en el trabajo de otros fotógrafos y directores de arte, en el cine y la televisión, y, por supuesto, en la portada de Elle hace un tiempo, donde Madonna, rubia y en sombrero negro, hizo su propia versión de “Cowboy Kate”.
Haskins, como queda claro en esta entrevista, recibe estas imitaciones con una mezcla de orgullo y rabia, pero no le da mayores vueltas al asunto. No tiene tiempo. Aunque vive en semi reclusión en Australia, lejos de Sudáfrica, donde nació, y de Europa, donde vivió durante largo tiempo, su existencia es sorprendentemente activa.
En la ultima década su colaboración con Vogue Francia ha sido productiva y fructífera para ambas partes, llevándolo a trabajar, por primera vez, con editores, asistentes y estilistas. “Cuando era un fotógrafo joven, tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces, equipo…ahora llego a la sesión con mi manos en los bolsillos”, explica riendo.
El fotógrafo estuvo hace unas semanas en Nueva York lanzando su nuevo libro, “Fashion Etcétera”, el primero en dos décadas, una completa revisión de toda su carrera. El libro fue publicado en dos ediciones, una regular y otra de lujo patrocinada por Tommy Hilfiger que, además, organizó una exhibición de las imágenes incluidas en el libro en la Milk Gallery de Manhattan.
Pocas horas antes de la inauguración, conversamos con este genio de la fotografía.

-¿Por qué tuvimos que esperar 20 años por un nuevo libro?
-Estaba ocupado haciendo otras cosas, enseñando, trabajando en proyectos de moda y publicidad…ganándome la vida.
-¿Cómo fue revisar sus archivos? ¿Es algo que hace a menudo?
-¡No, nunca!. Hay fotos que no había visto en 30 años. Hay otras que había olvidado. Y hay otras que en su momento fueron rechazadas en la edición y ahora las miras y te preguntas por qué. Son fantásticas.
“Con este libro quise compartir el trabajo de toda una vida, especialmente con los fotógrafos jóvenes. Durante décadas he trabajado en diferentes países, y hay grandes vacíos en el conocimiento que la gente joven tiene de mi trabajo”.
-El nombre “Fashion Etcétera” sugiere que su fotografía va mucho mas allá de la moda…
-Si, incluye muchas otras cosas. La moda y el estilo son grandes influencias en mi obra, pero no lo son todo. Mis imágenes están mas interesadas en la forma en que la modelo juega con su pelo, por ejemplo, que en lo que lleva puesto. Hay muchos gestos pequeños en mis imágenes que no tienen nada que ver con tendencias ni modas.
-Pero que aun así capturan el espíritu de la moda…
-Exactamente. Hay una cita de Coco Chanel que incluí en el libro y que explica muy bien este concepto. “La moda no solo existe en los vestidos. Existe en el aire, nos llega con el viento, es posible sentirla. Está en el cielo y en la calle; depende de ideas, costumbres y acontecimientos’. Eso explica muy bien mi filosofía respecto a la moda y mi fotografía.
-En un principio usted hizo una fotografía que no tenia nada que ver con lo que mostraban las revistas de la época, fotos de “catalogo” como las llamaba usted. ¿Le costó imponer su propia visión?
-Durante mucho tiempo no tuve mayor interés en la moda, y por lo mismo no presenté mi trabajo a revistas o editores. Estaba muy ocupado haciendo trabajo publicitario o calendarios, donde además servia como director de arte y tomaba todas las decisiones. Eso me gustaba mucho. Luego, a través de un agente, conocí y comencé a trabajar con editores y es una experiencia que ha sido muy satisfactoria. Especialmente con los mas jóvenes, que son gente muy profesional. Además, trabajar con revistas te da acceso a modelos bonitas, ropa fantástica, hermosas locaciones…!Y ellos pagan por todo! Cuando era un fotógrafo joven tenia que acarrear mis cámaras, trípodes, luces y equipo. Ahora llego a la sesión con mis manos en los bolsillos.
-¿Cuándo comenzó su interés por la fotografía?
-Me interesó desde que era niño. Pero no solo la fotografía, sino también la ilustración. En mis cuadernos de colegio lo mas importante eran mis ilustraciones, a las que dedicaba mucho tiempo y esfuerzo.
-¿Eso se tradujo finalmente en fotografía?
-Después del colegio estudié arte en Johannesburgo, y después de graduarme, aprovechando una oferta de la Universidad, tomé un curso de fotografía una vez a la semana durante un año. Fue ahí donde me enamoré de este medio. Luego partí a Londres, donde pensé que podrían enseñarme mucho mas. Pero no fue así; en los cursos semanales que había tomado en Sudáfrica aprendí todo lo que necesitaba: las reglas básicas y los buenos modales de la fotografía.
-¿Qué año llegó a Londres?
-El 49, y fue fantástico. El 51 se organizó el “Festival of Britain” que creó un nuevo interés en el arte y el diseño después de la guerra. Fue un momento maravilloso para estar ahí. Todo se hizo mas vivo, mas interesante. Había arte por todas partes.
-¿Se sintió parte de una generación de artistas?
-En su momento uno no piensa en esas cosas. Lo mismo que durante los 60’s, cuando tantas cosas pasaban en Inglaterra. Ninguno de nosotros pensamos que estábamos viviendo un momento especial. Simplemente nos sentíamos abiertos, listos para participar, muy influenciados por lo que existía en el aire. Por eso muchos nos consideran “fotógrafos de los 60’s”, pero ese no es un titulo que nosotros hayamos inventado. Fue, en todo caso, un tiempo fabuloso: los Beattles, el “Love Power”, Mary Quant…
-Muchos piensan que el mundo se ha hecho mucho mas conservador desde entonces. ¿Está de acuerdo?
-No, no me parece que sea así. Pienso que hoy las cosas son mas libres y abiertas que en los 60’s. Esa fue una época que trajo gran libertad, pero hay que pensar que veníamos de los 50’s, que fue una era muy conservadora. Los 60’s estuvieron llenos de música, color y diversión, pero si miras una revista de hoy, tiene una libertad de expresión mucho mayor de la que existió en esa época.
-Una de las cosas mas interesantes de sus imágenes es la mezcla de provocación e inocencia. ¿Es deliberada?
-Muéstrame una imagen…
-Esta, por ejemplo…(Abro el libro y le muestro a una modelo desnuda, con el pelo amarrado con dos cintas y actitud despreocupada).
-Esta era una mujer muy joven, estudiante de arte, que venia a mi estudio por las tardes después de clases. Estaba interesada en crear imágenes conmigo, y a mi me parecía muy, muy sexy, pero también tenia esa inocencia de la adolescencia. Esa tensión me ha parecido siempre muy atractiva.
-¿No era entonces una modelo profesional?
-No, para nada. Cuando comencé a hacer mis libros en blanco y negro y mis calendarios, no había agencias de modelos ni agentes. Todo el mundo usaba a conocidos.
-¿El proceso de trabajo era distinto que con una profesional?
-Un aspecto muy importante de mi trabajo es que trato de evitar ser un titiritero. No quiero controlar los brazos, las piernas o las cabezas de mis modelos. Ellas son seres humanos y pueden moverse por si mismas. Lo que hago es mantener una conversación durante la sesión, un dialogo, y trato de que eso se traduzca en las imágenes. Son conversaciones guiadas por mi, claro, pero donde hay dos participantes, no un director y una dirigida. Muchas veces modelos muy importantes descubren su expresión favorita y la usan constantemente. Uno puede tomar veinte fotos, y la primera va a ser igual que la vigésima. Eso se hace muy aburrido para la modelo, el fotógrafo y obviamente para el público.
-¿Cuando era niño o adolescente, tenia iconos o grandes referentes en moda, arte o fotografía?
-En el colegio me arrancaba a menudo de clases y me iba a la biblioteca pública. Ese fue mi referente mas grande. Vengo de una familia que no estuvo expuesta al arte, y Johannesburgo, donde crecí, no era tampoco una ciudad importante en esos términos. Todo venia, entonces, de la biblioteca.
-¿Y luego?
-Cuando llegué a Londres ya me había enamorado de la fotografía, pero no me di cuenta de sus enormes posibilidades hasta que visité el Victoria & Albert Museum. Ahí tenían un salón dedicado solamente a revistas de arte, y revisándolas descubrí el trabajo de Irving Penn, que esa época todavía no era demasiado conocido en Europa. Su obra me abrió los ojos, me di cuenta de que con la fotografía podía hacer cosas que jamás había ni siquiera soñado. Ese fue el gatillo de mi pensamiento artístico. Luego descubrí lo que estaba haciendo Richard Avedon y eso me llevó a experimentar aun mas.
-¿Tuvo alguna relación con ellos?
-No. Ellos estaban aquí en Estados Unidos, y yo en Sudáfrica e Inglaterra. Conocí a Penn en una oportunidad y tuvimos una muy buena conversación. Quedé sorprendido, porque sabia mucho de mi trabajo. Habló de fotos mías en particular, lo que encontré muy halagador.
-¿Por qué cree que en un mundo tan obsesionado con la juventud como el de las revistas de moda, fotógrafos como usted o los que menciona pueden seguir adelante hasta los 80 o 90 años?
-No sé la razón, pero es algo maravilloso. Sin duda sucedió con Penn, que a los 92 seguía tan profesionalmente activo como siempre.
-Si tuviera que explicar como ha madurado su trabajo desde un comienzo hasta ahora, ¿Qué diría?
–Una de las cosas mas difíciles en la fotografía es la manipulación de las personas. Muchos fotógrafos jóvenes hacen un trabajo maravilloso con paisajes, arquitectura o naturalezas muertas, pero tienen problemas cuando se enfrentan a una figura. No es fácil trabajar con personas frente a la cámara, pero la madurez ayuda y la tarea se hace mas fácil. Lo otro importante con el paso de los años, es que uno crece visualmente y su aprecio por el arte en general se hace también mas grande.
-Cuándo ve sus antiguas fotos, ¿Recuerda cuando las tomó? ¿En qué circunstancias?
-¡Oh, por supuesto! Revisando los archivos regresan todos los recuerdos. Algunos felices, otros no tanto. Algunas imágenes estuvieron repletas de problemas, pero el que hayas sido capaz de solucionarlos y lograr una buena foto es algo que da cierto orgullo. Es como ver un álbum familiar, reconoces cada cara, cada momento.
-¿Qué le parece que su trabajo haya inspirado a tantos fotógrafos y directores de arte que, no sé como ponerlo, han ‘re-creado’ su trabajo?
-De hecho, la palabra adecuada es robo- dice riendo-. Me gusta influenciar a otros fotógrafos, estimularlos para que hagan su trabajo. Pero cuando llega un tipo que no tiene una sola idea original en su cabeza y simplemente toma las mías, me molesta. Esto no es algo que me suceda solo a mi, ocurre con todos los grandes fotógrafos. Cuando el trabajo es copiado, nunca es tan bueno como el original. El aspecto negativo de todo esto es que hay mucha gente que no sabe cuál fue la primera foto, no puede distinguir el original de la copia. Eso es irritante.
-Leí en alguna aparte que detesta las fiestas de moda…
-¡Odio las fiestas! Pero no soy el único. Nunca vi a Avedon o Penn en las páginas finales de alguna revista, fotografiados en fiestas. Hay gente a las que les encanta. Si Lagerfeld no va a un cocktail, o Mario Testino, la fiesta es un desastre. No necesito eso en mi vida, prefiero la tranquilidad. Tengo demasiado trabajo que hacer. Y tengo además una biblioteca llena de libros que amo en mi casa. Eso me entretiene más que cualquier fiesta.

Manuel Santelices

Cosas, October 09

Ricardo Arjona

In cantantes, Cosas on September 25, 2009 at 7:24 pm

arjona

“Cuidado con ese tipo”, le habrá dicho mas de alguna madre a su hija. Y la hija- como tantas madres también- habrá hecho oídos sordos, porque nada atrae más a ciertas mujeres que la idea de un hombre de pelo largo, camisa abierta y cruz al cuello, que lo único que hace es prometer las penas del infierno.
Hace un par de meses el Madison Square Garden de Nueva York se llenó de mujeres como estas, que como monjas al santón, siguieron cada paso, cada mirada, cada provocación de Ricardo Arjona, un seductor de gran calibre que detrás de un par de atractivos ojos negros- y otro par de atractivos negros jeans- esconde un corazón sentimental que, sin embargo, no tiene nada de romántico.
“Hablemos de una enfermedad a la que los noticiarios jamás le han dado el espacio que se merece”, dijo en Nueva York, mientras los gritos de casi 20 mil admiradores- la gran mayoría mujeres- ahogaban sus palabras. “Hablemos de esa enfermedad terrible, pero sabrosa, que es el mal de amores”.
¿Puede haber una carnada mas perfecta? La gigantesca arena se vino abajo en gritos y suspiros frente a esta promesa de romances contrariados que continuó con la canción “Te Conozco”. Usted conoce la letra, y si no la conoce, apuesto a que puede adivinarla: “Te conozco…del pelo hasta la punta de los pies”.
Si no sabe lo que viene después, es porque no sabe nada de Arjona. No tiene idea que este es un cantante guatemalteco con millones de discos vendidos, que ha ocupado cientos de portadas, que llena estadios de Madrid a Buenos Aires, y que en sus conciertos dice cosas como “quiero escuchar lo que dicen tus ojos”, “quiero cometer el error mas grande del mundo”, o algo que no alcancé anotar en la oscuridad del Madison Square Garden y que se refería a una sonrisa y una falda.
Pero si piensa que estamos hablando de otro cliché musical latinoamericano, está equivocado. Al menos en parte.
Arjona no tiene problemas en cambiar rápidamente de tema, abandonando la dulzoneria de esas frases y lanzándose a asuntos mas complicados como la política o la inmigración. En Nueva York canciones como “Si el Norte fuera el Sur” o “Mojado” tocaron un nervio vital con letras como:

“El mojado, el indocumentado
carga el bulto que el legal
no cargaría ni obligado”.

Así es él. Mezcla de play boy y gurú, de poeta sensible y amante malcriado, Arjona resiste las interpretaciones fáciles y, quizás, ahí está el secreto de su fama y de su éxito.
Después de todo lo que se ha dicho y escrito acerca suyo, sigue siendo un misterio, un enigma. Y aunque una entrevista como esta, realizada después de un importante concierto en Nueva York cerca de la una de la madrugada, en una sala blanca y vacía, probablemente no aclarará todas las dudas, seguro dará pistas sobre este hombre que a menudo se esconde en el mas seguro de los refugios: el escenario.

-¿Cómo quedas después de un concierto como este?
-Estaba recién hablando con alguien sobre esto, porque es muy raro que dé entrevistas después de un concierto, y especialmente uno en el Madison Square Garden. No entiendes la reacción que vas a tener; a veces quedas muy excitado y otras destruido.
-¿Te viene un bajón? ¿El anti clímax?
-Si, regularmente si, cosa que no me han dejado tener ahora.
-¿Cómo es tu vida cuando estás en gira?
-Mi vida en medio de una gira se resume a tener alguna posibilidad de dormir. Es lo único que te salva. Me encantaría tener algo mas interesante que contarte, pero generalmente lo que uno hace cuando termina un concierto es ir y tomar un trago con los amigos, cenar, y asimilar todo lo que has vivido esa noche. No puedes hacer otro concierto al día siguiente si no has dormido como se debe.
-¿Una gira como esta es energética o desgastadora? ¿O las dos cosas?
-Es un desgaste extraño, que no terminas de entender. Es un tremendo desgaste físico.
-¿Cómo te mantienes en estos periodos?
-Portándome bien, que es una condena.
A mi me gustaría mucho portarme un poquito mal, y a veces lo hago, pero cuando volteas el calendario y te das cuenta lo que falta,..pues no te queda mas que portarte bien. También hago un poco de ejercicio, que me ayuda a despejarme. Y viajo con mi guitarra, porque normalmente en medio de las giras la guitarra me ayuda a asimilar la soledad.
-¿Soledad?
-Claro, porque después del concierto llegas a tu habitación de hotel, estás completamente solo y ahí la guitarra es fundamental. La mayoría de las canciones que aparecen en mis discos han sido escritas mientras estuve de gira. Yo podría viajar acompañado, pero trato de no hacerlo justamente para dejarme golpear por la soledad, que me parece muy inspiradora.
-¿Te acomoda estar solo?
-A mi la soledad me gusta mucho. Hay dos clases de soledad, la que tu escoges y la que te llega porque no hay otra opción; y la primera me acomoda mucho. Yo soy un tipo que, por ejemplo, puedo estar en el estudio que tengo en mi casa durante largo tiempo. He llegado a contar hasta veinte días sin salir. Mis amigos me llaman, porque claro, está solo el pobrecito, pero no se dan cuenta que es algo que disfruto enormemente. Nunca estoy mejor que cuando estoy solo.
-¿Son tus periodos mas creativos?
-Absolutamente. Pero si la creatividad no viene, no aguanto ni una semana en soledad. De hecho, salto constantemente entre la compañía y la soledad, porque no soy un tipo que sirva para la rutina.
-¿Vives solo?
-Si…Bueno, comparto mi vida con gente, pero cuando estoy trabajando, cuando estoy creando, no puedo estar acompañado. Cuando estoy de gira, le pongo doble llave a mi habitación para que nadie siquiera trate de entrar y me encierro con mi música, con mis libros.
-¿Tienes un libro que te haya marcado especialmente?
-Muchos, pero mi escritor favorito es García Márquez. Ahora mismo estoy viajando con un libro suyo de su época de periodista que me gusta mucho, esas historias cortas que son fantásticas.
-En el concierto hablaste varias veces de Dios y llevas una cruz colgada al cuello. ¿Eres religioso?
-No, no, no…Yo no creo en las religiones. Me parece que las religiones han jugado un papel importante para dar una supuesta calma social con frases como esa que dice que es mas fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico por el reino de los cielos. Eso no es otra cosa que una invitación a que nos quedemos todos tranquilos. Jodidos, pero tranquilos.
-¿Entonces no crees en Dios?
-Creo en una relación de contacto directo; no me gusta pasar por sucursales cuando se trata de Dios.
- ¿Y de qué hablas cuándo te refieres a Dios?
-Cuando me paro frente al mar, tengo que creer en algo. Y ese algo es Dios. Hay tanta luz que nos rodea en medio de tanta porquería- toda aportada por nosotros- que no te queda mas remedio que creer en algo. La naturaleza, que no la creamos nosotros, es perfecta. También estoy perfectamente consciente de que Dios tiene cosas mucho más importantes que hacer que ocuparse que de mi, y por lo mismo jamás le pido que me vaya bien en un concierto, por ejemplo. Me daría vergüenza. Yo lo molesto poco a Dios, y si lo hago, es para agradecerle.
-¿Creciste en un ambiente religioso?
-De pequeño fui a un colegio de monjas, y luego a uno donde no creían en nada y que me marcó muchísimo mas. Mi familia no va a misa ni cree mucho en esas cosas, pero sí tiene fe en Dios. Mi fe está basada en cosas reales, y pienso que después de haber sido puestos en este mundo, cada uno tiene la posibilidad de crear su propio destino.
-¿Siempre pensaste que el tuyo era el que has tenido?
-No, para nada. Yo tenia ganas de cantar, de compartir mi música con la gente, pero lo mío era más en la onda de los bares. De pronto me vi con un manager, cosa que no estaba para nada en mis planes. Luego me vi con disquera, lo que fue mas un asunto de capricho que de necesidad. Y después me vi en medio de un torbellino de cosas- los impuestos, por ejemplo- de las que no entiendo absolutamente nada. Mi vida cambió en cuestión de meses. Saqué el disco “Animal Nocturno” y durante nueve meses no pasó nada; luego empezaron a pasar y de pronto pasé de ser un cantante de bar con un público de ocho personas a llenar ocho conciertos multitudinarios en Ciudad de México. Fue muy confuso, no sabia que hacer.
-¿Qué te paso con ese cambio tan repentino? ¿Con los halagos, la vanidad…?
-Ya en ese entonces no me lo creía y ahora me lo creo menos. Yo no me creo mucho las cosas en general…Soy el mismo tipo de siempre y hago mi trabajo con la misma convicción.
-¿La gente trata distinto?
-Si, me tratan distinto. A veces me siento muy triste en mi país, porque siento que mis amigos me tratan mejor. pero me quieren menos.
-¿La fama crea distancia?
-Claro que si, pero tengo mi entorno bastante definido. Vine al Madison Square Garden, y si allá afuera hubiera habido 20 personas y no la multitud que hubo, y si todos estuvieran hablando del fracaso de Ricardo Arjona en Nueva York, yo regresaría igual a mi casa, le hablaría a los mismos amigos y ellos llegarían a tomarse un trago con la misma disposición. No pasa nada. Y llamaría a mi madre o mi padre o mis hermanas, y todos me querrían igual. Mis hijos seguirían pensando lo mismo de mi. Lo otro es algo que entretiene y que me entretiene, y, más que eso, que me emociona y me hace sentir muy vivo. Pero no tiene nada que ver con mis afectos.
-En algunas de tus canciones hay un claro contenido político. ¿Crees que es responsabilidad de los artistas dar su opinión sobre estos temas?
-No. Hay artistas que se pueden poner la camiseta de querer cambiar el mundo, pero el mundo jamás cambió por una canción. No ha habido ninguna revolución generada por una canción o un poema. Lo único que han hecho los artistas es matizar las revoluciones, pero esa es otra historia. Lo único que puedes pretender es cambiarte a ti mismo.
-¿Y el poder que tienes de decir algo en el escenario con toda esa gente escuchando atentamente tus palabras?
-Es un poder que a la hora de escribir canciones debes dejar fuera del estudio. Tienes que cerrar la puerta con llave y no dejar que cosas como esas entren, porque hacen mucho daño. Junto a ese poder tendrías que dejar entrar a la responsabilidad, la idea de que lo que vayas a decir va a ir a parar a muchos oídos. Si dejas que eso influya, comienzas a fabricar canciones para generar cosas. Estás intentando quedar bien con algunas personas o no quedar mal con otras, que es básicamente lo mismo.
-¿Has enfrentado ese peligro?
-Hay una canción que escribí, “Tu Reputación”, que fue prácticamente censurada en toda Latinoamérica. La canción tiene una frase que fue censurable, y me habría tomado medio segundo cambiarla por otra. Hay 600 frases que podría haber usado, pero esa frase fue la que se me vino a la cabeza, la que me golpeó para escribir esa canción…No podía darme el lujo de pensar en el costo que pagaría por eso. Yo no puedo sentarme a analizar donde llegará una canción cuando la escribo. No tiene sentido. Seria paralizante.
-Otro asunto importante en tu música, obviamente, son las relaciones de pareja. ¿De verdad crees que el amor es tan complicado como lo presentas en tus canciones?
-No, no…Ok. Bueno, el amor es complicado. fácil no es. La relación de pareja es bonita, pero difícil. Los hombres y las mujeres somos habitantes de planetas completamente distintos, y lo que pasa es que como somos tan opuestos, nos atraemos. Yo creo que si el amor fuera mas fácil, no seria tan bonito. El amor tiene que ser jodido. El amor tiene que doler. Cuando uno pasa por un proceso de separación, se da cuenta que aquellos que dicen que comenzarán una nueva relación pero en forma más inteligente están locos. Eso es mentira. El amor tiene que ser estúpido, irracional. Y tiene que caer siempre en los mismos errores. El que piensa, no se enamora.
-¿Entonces todos los romances están condenados?
-No lo sé. El amor es bonito mientras dura. Lo que pasa es que hay abogados que te hacen firmar papeles y esas cosas…Pero el amor y la pareja deben durar lo que duran. Hay parejas que duran toda la vida y hay otras que solo duran seis meses. Hay una recurrencia en mi, seguramente por algo que sucedió en mi vida, que me hace insistir en estas historias de amor que terminan pero que continúan. ¿Me entiendes?
-Creo que si…
-Son los amores de la gran mayoría que vive en este planeta; ese trato de costumbre en que se ven las parejas que ya llevan diez años de relación, que siguen juntos porque no hay nada mas que hacer.
-¿Has vivido esa experiencia?
-Claro. Yo creo que todos hemos vivido esa obligación a la que nos somete la sociedad de continuar con un amor que ya se fue. Eso genera la separación, el divorcio… ¿Ya se puede divorciar uno en Chile?
-Si, ya se puede…
-¿Desde cuándo?
-Cuatro o cinco años…
-Me parece una cosa muy grande, porque yo, de verdad, creo que la fiesta mas grande debería ser la del divorcio, no la de la boda.
-¿Por qué?
-Porque la boda depende de muchas cosas. Hay muchas mujeres que sueñan con la boda desde que son niñas; las crían así, con la idea del vestido blanco y el cuento de hadas. La gente se casa por eso y por muchas otras cosas- porque es bonito, porque les da libertad sexual- , pero se divorcia por una sola razón: porque decide hacerse dueña de su vida. Y eso debe celebrarse.
-¿La fama, el dinero, hace más fácil o más difícil enamorarse?
-¡Ah, mucho mas difícil! Hace mas fácil otras cosas, pero no enamorarse. Pero hay un cierto mecanismo de defensa que uno crea cuando las cosas van bien. Yo siempre digo que no hay nada mejor para encontrar el amor que estar bien jodido. Cuando las cosas van bien, es un muy mal momento para enamorarse, porque uno genera el mecanismo del que te hablaba…
-¿Y cuál es ese?
-Una cosa es enamorarse del tipo que cantó durante dos horas en el escenario, de esa energía, de esa fama. No es difícil encontrar a alguien que quiera venirse conmigo a pasar una temporada, pero otra muy distinta es que esa misma persona me vea pegando gritos mientras compongo canciones encerrado en una habitación, sin hablar, sin comer, y que me odie por eso. Uno tiene que estar claro en la diferencia.
-¿Hay una gran diferencia entre el Arjona que está arriba del escenario y el que está abajo?
-Yo creo que se parecen bastante. Pero si tengo que ser honesto, debería que decir que creo que finjo mas en la vida real que en el escenario. Parece un cliché, pero es la verdad. En el escenario me siento cómodo, dueño de mi, se me van los complejos, me siento mas grande y muy seguro. En la vida real las cosas son distintas.

Manuel Santelices

Cosas, Septiembre 2009

Isabel Allende

In Cosas, Libros on June 23, 2009 at 10:49 pm

isabel allende

Cruzando el Golden Gate desde la ciudad, la bahía de San Francisco pierde todos sus dramáticos acantilados y se convierte en una playa de suaves colinas conocida como Sausalito. Con sus eucaliptos, sus casas colgando de los cerros y su aire relajado y casual, el lugar tiene cierto parecido a Zapallar o Concón, pero si a eso agregamos una larga costanera llena de restaurantes, librerías y boutiques, un aire de perfume new age y propiedades con algunos de los precios más altos de la costa del Pacífico Norte, no quedan dudas de que estamos en California.

Aquí, en Sausalito, es donde vive y trabaja Isabel Allende en una casa estilo mediterráneo que comparte con su marido, el abogado –y ahora también escritor– William Gordon, ubicada a sólo dos pasos de la de su hijo Nicolás y sus nietos. Al lado de la piscina está la oficina donde se encierra a escribir entre ocho y 10 horas diariamente, y ahí tiene un teléfono que sólo recibe llamados de su marido, su hijo, su asistente y su agente en España. Nadie más. “Y nadie me llama para fregar”, explica Isabel, “si ese teléfono suena, sé que es importante”.
El teléfono sonó el 8 de enero del año pasado y la escritora se encontró con la voz de Carmen Balcells, su poderosa representante, al otro lado de la línea pidiéndole que le leyera la primera frase de su nuevo libro.

Isabel, como ya sabe todo el mundo, comienza siempre una nueva obra los días 8 de enero.

¡Son las ocho de la mañana!”, le contestó ella, “no he escrito nada todavía”.

¿Y qué vas a escribir?”, le preguntó Carmen.

Isabel le dijo que tenía toda la investigación hecha para una novela histórica ambientada en el Caribe en los años 1700.

“No, no, no…”, le dijo la agente. “Lo que tienes que hacer ahora son unas nuevas memorias”.

Así, casi por encargo, Isabel se puso ese día a escribir “La Suma de los Días”, el libro que lanzará en España y Latinoamérica en septiembre y que cubre los 13 años que han pasado desde que terminó “Paula”, esa larga y dolida carta a su hija muerta en 1992, a los 29 años, que muchos consideran su mejor obra.

Es imposible entender en su totalidad el impacto que esa tragedia tuvo en la vida de la escritora, pero basta decir que no puede leer “Paula” en español sin ponerse a llorar. Es una herida abierta.

Eso no le ha impedido, no obstante, continuar adelante con su matrimonio, su familia –un extenso y diverso clan que ella protege con tal ferocidad que la llaman “El Padrino”– y, obviamente, con su carrera.

Su éxito es apabullante bajo cualquier punto de vista. Ha vendido cerca de 50 millones de libros; sus obras han sido traducidas a tantos idiomas que, en ocasiones, ni siquiera es capaz de reconocer su propio nombre en la portada; sus presentaciones personales son sólo comparables a las de una estrella del cine y, en el último vuelco de sus triunfos, Peter Jackson –el director de “El Señor de los Anillos– dirigirá la versión cinematográfica de su trilogía “La Ciudad de las Bestias”.

A los 65 años, Isabel es una mujer rica y famosa, abrazando a Antonio Banderas u Oprah Winfrey en algún programa de televisión, desfilando junto a Sofía Loren y Susan Sarandon en las últimas Olimpíadas de Invierno o, como sucedió en su reciente cumpleaños, recibiendo desde obras de arte a pulseras de oro de parte de admiradores desconocidos.

Pero tampoco le han faltado problemas en los últimos 13 años, como descubrirá cualquiera que recorra las páginas de “la Suma de los Días”. Divorcios, adicciones, cárcel, bancarrota y relaciones complicadas forman parte de la ecuación, pero Isabel ha aprendido a aceptar estos dramas como parte de la vida. Sería ridículo pensar que los busca, pero no es difícil sospechar que a estas alturas los espera con más curiosidad que temor.

Al terminar el libro, ¿qué sensación te quedó de esta última década de tu vida?
–No lo pensé en esos términos. Para escribirlo me referí a las cartas que le escribo diariamente a mi madre, porque si hubiera tenido que acordarme de todo lo que ha pasado en estos 13 años, no tendría idea. Tengo mala memoria y la vida pasa muy rápida, se van confundiendo los tiempos, no sabes si algo pasó antes o después… Pero en esas cartas todo está muy fresco.

Se las mandas por e-mail…
–Sí, ahora sí. Y ella me las devuelve todas a fin de año. Mi mamá tiene 87 años y dice que no quiere morirse y que las cartas caigan en manos moras. Por eso las imprime, me las manda empaquetaditas y yo las guardo en un clóset que ya está repleto.

¿Qué buscabas en las cartas?
–Bueno, ahí hay mucha tontería que no sirve para nada, pero también los momentos importantes de esa pequeña tribu con la que vivo. La casa de la fundación, donde funcionamos todos, es una casona victoriana del 1800. Arriba trabaja mi marido, al lado está mi nuera a cargo de la fundación, abajo estamos yo y mi asistente, Juliette, y más abajo trabaja el contador chino. Todos son personajes del libro porque, aunque no estemos relacionados por sangre, lo estamos por convivencia. Vivimos y trabajamos juntos, nos peleamos, nos cuidamos, nos queremos… Aparte de ellos está mi familia: mi hijo, mis nietos, mi ex nuera, que se divorció de mi hijo pero que, para mí, sigue siendo parte de la familia. Todos entramos y salimos constantemente de esta gran tienda beduina que compartimos.

Y donde ha pasado de todo…
–De todo. Divorcios, muertes, relaciones curiosas. Mi ex nuera, por ejemplo, se enamoró de la novia de mi hijastro, y ahora las dos mujeres viven juntas desde hace 10 años y son una estupenda pareja. ¡Y mi hijo y mi hijastro quedaron colgados de la brocha! La única observación que le hice a mi mamá cuando terminé el libro, es que no podía ser más distinto a “La Casa de los Espíritus”?

¿Aunque los dos hablen de familia?
–“La Casa de los Espíritus” habla de una familia conservadora, católica, patriarcal, típica del Chile antiguo. Esta, en cambio, es una familia moderna de California, armada a pedazos, con gente de distintas lenguas, nacionalidades y razas. No tenemos nada de conservadores.

¿Y es una familia matriarcal?
–Así es, y yo soy la matriarca. Aquí me dicen “El Padrino” porque no sólo los defiendo, sino que los quiero a todos en un recinto cerrado y con guardaespaldas para que no se me escapen. Pero, como cuento en el libro, la matriarca ha llegado a un momento en su vida en que se da cuenta de que ya no los puede proteger. Cada uno tiene su vida y sus riesgos.

¿Eso te duele?
–Soltar las riendas es duro, porque los quiero tanto y quisiera que estén siempre bien… Pero si no pude proteger a la Paula de la muerte, ¿cómo voy a proteger a éstos de la vida?

¿Ves diferencia entre la mujer que escribió “Paula” y la de este nuevo libro?
–La muerte de mi hija me cambió en formas que en ese momento no noté, porque estaba completamente absorta tratando de salvarla primero, y luego en su agonía, y finalmente en el dolor de su muerte. Ahí hay un cambio enorme, que creo se nota en “La Suma de los Días”.

¿Por qué volviste a tu propia vida, después de años escribiendo ficción?
–No fue mi idea, sino la de mi agente. Yo le expliqué que a mi familia no le gusta verse expuesta. “A ninguna familia le gusta”, me dijo ella, “tú escribe unas doscientas páginas y yo me encargo del resto”. Pero no fue tan fácil. Me demoré más de un año y medio entre ires y venires.

¿Por qué?
–Les mostré y discutí el primer manuscrito con todos los que aparecen en el libro. Tuve que traducirlo, porque la mitad no habla español. Luego cada uno vino a darme su “feed back”, y sus versiones no siempre coincidían con las mías. Fue un tira y afloja tratando de balancear su verdad sin traicionar lo que yo consideraba que era la mía. Tampoco era mi intención dejar bien a todo el mundo.

¿Cuál fue la observación más común?
–Que yo no aparecía en el libro, que simplemente hablaba sobre todos los demás. Pero eso no es totalmente cierto, porque yo soy la narradora. Es mi mundo. Por supuesto al final no quedamos todos completamente de acuerdo, pero, como dice mi hijo, al menos estamos de acuerdo en que queremos seguir juntos en el futuro. Eso ya es bastante.

¿Cuál fue el capítulo más difícil?
–La historia de mi hijastro, Harleigh, el hijo menor de Willie que yo crié cuando empezamos nuestra relación. Harleigh es un chico que estuvo metido con drogas desde los 13 a los 28 años. Aunque ahora supuestamente no está consumiéndolas, no le gustó verse retratado como un drogadicto. Con él tuve una discusión mucho más larga que con el resto y finalmente le dije que lo mejor sería sacarlo del libro, porque nunca llegaríamos a un acuerdo. Tampoco quería traicionarlo, porque habría sido fácil cambiar el nombre; pero todos habrían adivinado que se trataba de él.

Hablando de gente tan cercana a ti, ¿te frenaste cuando ibas escribiendo?
–No, porque no doy opiniones. Cuento lo que pasó y dejo que el lector juzgue. Lo que interesa no es mi opinión, sino la historia. En lo que sí tuve que frenarme fue en el humor, porque cuando te empiezas a burlar de la gente puedes causar mucho daño.

Tú has dicho que en tu cabeza el límite de lo imaginario y lo real es difuso. ¿Cómo juega eso en un libro como éste?
–Gracias a Dios, tenía esas cartas, que me dan una idea fresca y una cronología de lo que sucedió. Pero aun así es mi versión, y yo nunca he pretendido, en ninguno de mis libros, ceñirme a la verdad. Soy incapaz. Si estuviera haciéndote esta entrevista, pondría en tu boca lo que yo quiero decir. Por eso como periodista soy un espanto.

–¿A que atribuyes esa relación casi apasionada que tus lectores tienen contigo?
–Yo creo que la gente se da cuenta de que no tengo secretos, que todo lo que digo y escribo es mi verdad y que no me importa nada exponerme. Yo nunca me guardo las espaldas…

¿Nunca sientes pudor?
–Nunca, porque no he hecho nada en mi vida que otros no hayan hecho. Siempre me da risa cuando pienso en el escándalo que la familia de José Donoso armó por un capítulo en sus memorias. Si mi familia me dijera algo así, yo pongo el capítulo doble y con mayúsculas. No tengo esa pacatería chilena, nunca la tuve y lo poco que podría haber tenido lo perdí en Venezuela. Ahí me terminé de ventilar. Por eso puedo contar cualquier cosa, porque no me parece que nada que nos haya pasado a mí o a mi familia sea especialmente vergonzoso.

¿Crees que la gente te conoce bien a través de tus libros?
–Eso no lo sé. No sé cómo me ven mis lectores, pero si sé que son muy cariñosos. Ahora, yo parto de la base que hay mucha gente que me detesta y encuentra que mis libros son un espanto, pero esas personas no se dan la molestia de contactarse conmigo. Aparte de algún crítico, de repente, nunca tengo malas reacciones.

¿Lees las críticas?
–Muy poco. No le hago caso a las malas, pero tampoco le hago caso a las buenas. La única que leo es la de “The New York times”, porque es la primera que buscan cuando alguien quiere estudiar mi trabajo.

Tú que perteneces a la generación feminista, ¿piensas que las mujeres de 2007 están donde las habrías imaginado?
–No, yo pensé que iban a estar mucho más adelante y que el movimiento estaría mucho más extendido. Nunca pensé que en 2007 iba a haber mujeres debajo de una burka; niñas que se venden a la prostitución, el trabajo forzado o el matrimonio prematuro. No creí que iba a haber mujeres obligadas a tener los hijos que no quieren o no pueden mantener, que habría mujeres golpeadas y asesinadas con total impunidad, o que las mayores víctimas de la guerra serían las mujeres y los niños. Eso no me lo imaginé nunca.

¿Vamos en retroceso?
–No, ha habido un avance. Hay momentos difíciles, como los que están viviendo las mujeres de Afganistán. Pero, aun así, creo que los avances que hemos conseguido en las últimas décadas son irrevocables. Yo soy mucho más libre que mi mamá, que es 22 años mayor que yo, y mis nietas son mucho más libres que yo. Lo que lamento es que las mujeres que más recursos y educación tienen –las estadounidenses y europeas– no parecen interesadas en el problema.

¿A qué lo atribuyes?
–Comodidad. No tuvieron que luchar por lo que tienen; lo heredaron de sus madres y abuelas, y no se dan cuenta lo precioso que es. Igual como uno no se da cuenta lo preciosa que es la democracia, la salud o el amor hasta que los pierde.

¿Cómo te sientes al envejecer?
–Me carga envejecer. No hay nada agradable en que tu cuerpo se vaya cayendo a pedazos. Pero hace poco estuve en Santa Fe, en el museo de Georgia O’Keefe, y vi a esta mujer que vivió hasta los 99, pintando, trabajando, andando en moto con un novio 50 años menor que ella. Es una excepción, pero es muy inspiradora. Si tengo suerte, la vejez no será más que otra etapa de la vida. Y de morirme no tengo ningún miedo.

¿Cómo está tu relación con Dios o como quieras llamarlo?
–No soy una persona religiosa ni pertenezco a ninguna religión organizada, por supuesto. Pero tengo una práctica espiritual, un grupo con el que escarbamos el alma tratando de sacarla de esa armadura que te da la vida, dejando que emerja como era en la infancia, con alegría e inocencia.

Manuel Santelices

Cosas, 2006

Jaime Bayly

In Cosas, Libros on June 23, 2009 at 10:46 pm

bayly[1]
Después de diez libros, centenares de crónicas, columnas y artículos, e incontables apariciones en televisión y entrevistas, Jaime Bayly continúa siendo un misterio. El escritor peruano usa su ironía como una espada y su pluma como un escudo en esa guerra de escándalos, genio y talento que ha sido su carrera, y cuando sus lectores- que no son pocos- piensan que ya lo han descubierto todo sobre él y que secretos no le quedan, pues bien, Bayly abre una nueva puerta que hasta entonces nadie había visto ni imaginado y hace pasar a todos a un nuevo campo de batalla. “No se lo Digas a Nadie”, su primera novela, no mantuvo la promesa de su titulo, se convirtió en la comidilla del mundo literario latinoamericano y una sinopsis de los temas y obsesiones que desde entonces se han convertido en sus constantes. La opresión de la burguesía limeña donde creció, el dolor que le produjeron las garras del Opus Dei, los flirteos con las drogas, los romances inconvenientes y la bisexualidad, lo han acompañado novela tras novela, creando, como ocurre solo con los grandes escritores- o los muy insistentes- un universo propio fácilmente reconocible. Su fama de “enfant terrible” ha aumentado con los anos. Después de su matrimonio con su ex-mujer, Sandra, que vive en Perú y con la que tiene dos hijas, Bayly se instaló en Miami y actualmente mantiene una relación con el periodista y escritor argentino Luis Corbacho. “Mi Amado Mr. B”, se llamó el “Roman a Clèf” que Corbacho escribió hace poco mas de un año, revelando el romance entre un joven periodista y un célebre y egocéntrico escritor que, considerando el titulo de la novela y la identidad de su autor, todos reconocieron como Bayly. “Cuando la leí, me reí mucho y amé más a Luis, a pesar de que hizo un retrato bastante crudo y demoledor de mí”, dice Bayly, “Pero sentí que no podía haberme retratado de otra manera y que era de una justicia poética que por fin alguien hiciera conmigo lo que yo había hecho con tantos y tantos amantes y amigos y enemigos, es decir recrear sus vidas sin compasión en la literatura”.
El 14 de Abril se estrenará en Estados Unidos “La Mujer de Mi Hermano”, la película basada en el libro de Bayly que esta vez, a diferencia de “No se lo Digas a Nadie”, fue escrita y producida por el propio escritor. “No me gustó del todo la adaptación de “No Se lo Digas a Nadie”, y además no gané todo el dinero que pude haber ganado. Pero nunca es tarde para ponerse al día”, señala.
-¿Te parece que cine y literatura son buenos compañeros?
-Sí, claro, son amantes, amantes apasionados, aunque a veces, la mayor parte de las veces, son amantes infieles, amantes traicioneros, algo que, por lo demás, está en la naturaleza misma de los amantes.
-Si algún día hicieran la película de tu vida, ¿Cuál seria el titulo? ¿Quién seria el director perfecto? ¿Quién te interpretaría?
-“Las mujeres que hay en mí”, dirigida por Sophia Coppola y actuada por el chico que hace de Harry Potter (algunos de mis amigos más dipsómanos me dicen Harry Potter).
-¿Qué te mueve a escribir?
-La rabia, el desasosiego, la infelicidad que siento cuando no escribo.
-El periodista Jorge Ramos dijo una vez que había que ser muy valiente para escribir libros como los tuyos. ¿Estás de acuerdo?
-Jorge dice esas cosas excesivas porque es un amigo generoso al que aprecio y admiro mucho. Yo no soy valiente, soy muy cobarde. El coraje no ha sido nunca una de mis virtudes. Yo sólo he sido lunático, imprudente, kamikaze. No me interesa la aventura de estar vivo sin la excitación deliciosa de correr riesgos creativos y personales.
-¿Qué has perdido y qué has ganado revelándote tanto en tus libros?
-He perdido por completo la buena reputación y el sentido mínimo del decoro, si es que los tenía, cosa harto discutible. He perdido ciertos amigos, ciertos amantes, el afecto de ciertos parientes. He ganado una carrera literaria. He ganado algunos premios menores. He ganado la tranquila satisfacción de haber hecho con mi vida lo que en verdad quería. He ganado algunos amigos mejores que los que perdí y algún amante infinitamente mejor que todos los amantes que perdí.
-Tus novelas a veces parecen intentos de despercudirte de los demonios de tu niñez y tu adolescencia. ¿Las sientes así?
-Sí, absolutamente. Cada novela es una catarsis, un viaje peligroso al corazón de uno mismo, una montaña rusa de emociones encontradas. Cuando termino, siento que he perdido un pedazo de vida en ese viaje vertiginoso y brutal y, al mismo tiempo, que he renacido, que he salido purificado y fortalecido de ese descenso a los infiernos.
-De todas ellas, ¿Cuál es la que mejor refleja tu propia existencia?
-“Yo amo a mi mami”, porque recrea el mundo contradictorio y feliz de mi infancia, de mis afectos, de mis dos familias, la biológica y la de los sentimientos.
-Tu creciste en medio de una familia burguesa, católica, latinoamericana. ¿Que te queda de esa herencia?
-Nada o casi nada. No veo a mis padres ni hablo con ellos hace años. Es una pena, pero son del Opus Dei y tienen por eso una mirada homofóbica que nos ha impedido querernos bien, respetar nuestras diferencias sin lastimarnos. Yo soy agnóstico y creo que la religión católica, como todas las religiones, es profundamente intolerante, machista, homofóbica y antiliberal. Yo creo en la libertad personal y me niego a vivir mi vida intimidado por una determinada religión.
-¿Cuándo comenzaste a mostrar tus primeros signos de rebeldía?
-A los trece años, cuando me escapaba de la casa de mis padres y del colegio. Me escapé tres veces de casa de mis padres y muchas del colegio. No fueron fugas menores. Una de ellas fue minuciosamente planeada y ejecutada: robé una joya de mamá, la vendí o malvendí y pasé un mes inolvidable en hoteles de Lima, hasta que me encontró un detective contratado por papá. Me parece que todo eso ocurrió porque no podía tolerar más ciertos agravios, ciertas humillaciones.
-¿Cuál fue tu relación con la Iglesia Católica cuando estabas creciendo?
-De niño era muy religioso, mi madre me llevaba a clubes del Opus Dei, a misa todos los domingos, me decía que tal vez yo iba a ser cura, que debía oír la voz de Dios en mi corazón. Ahora soy agnóstico, salvo cuando estoy en un avión en una zona de alta turbulencia.
-Tu has dicho que no eres un romántico ¿Lo fuiste alguna vez?
-No, no he sido nunca una persona romántica. Nunca me han gustado las canciones inflamadas de amor o las personas aturdidas o idiotizadas por el amor o la idea convencional del amor en la que hemos sido educados, es decir que uno no puede alcanzar una cierta felicidad a solas, que la felicidad está siempre en otra persona más o menos elusiva, en la vida en pareja, en dormir con esa persona y mirarla embobado media vida. Yo no creo en eso. Soy bastante egoísta, me gusta estar solo, me parece cursi y penosa esa tradición tan nuestra que consiste en cantar a gritos que sin ti la vida no es nada, que cuando te fuiste mi vida se arruinó, que yo soy un inservible o un parásito o un bobo llorón si tú no estás, que si no vuelves me mataré. Yo creo que la vida es mucho más divertida cuando tu amante te deja o no está, porque así tú puedes hacer lo que de verdad te viene en gana. Pero la gente le tiene miedo a la libertad.
-¿El amor, o como quieras llamarlo, que sentiste por tu mujer, es igual al que sientes por Luis?
-No, es muy distinto. A Sandra la amé mucho, pero fue un amor tremendo, suicida, desgarrador, al borde siempre del abismo. Creo que ella sufrió mucho conmigo y me enseñó una forma de amor que yo no conocía y, sabiendo quién era yo y cuáles eran mis debilidades, se atrevió a darme dos hijas maravillosas, y por eso la amaré siempre. A Luis lo he amado y lo amo de una manera más traviesa y tranquila, menos dramática, más libre, pero sobre todo más serena.
- ¿Cual crees que es el más falso de los mitos sobre ti?
-Hay dos ideas sobre mí que son falsas pero que sin embargo me halagan y divierten mucho. La primera es que soy un adicto al sexo. Todo lo contrario: mi vida sexual es tan intensa como la de una planta o una amoeba. Y la segunda es que soy frívolo y glamoroso. Me encantaría serlo, pero la verdad es que casi no hago vida social, no me interesan las fiestas, evito sistemáticamente a la gente feliz, uso todos los días la misma ropa vieja y ahuecada de hace años, me aburre comprar ropa o cosas de lujo y me encanta usar ropa vieja y pasada de moda.
-A diferencia de tantos escritores, tu pareces disfrutar las cámaras de televisión ¿Te parecen un buen medio para promocionar tu literatura?
-Me encanta la tele. Me gusta verla pero más me gusta meterme en ella. Warhol decía eso: alguna gente piensa que la tele se ha inventado para mirarla, otros pensamos que se ha inventado para meternos en ella. Los escritores son muy mentirosos en esto, porque hablan mal de la tele, pero se pasan la vida viendo tele a escondidas y cuando los invitan a la tele, saltan de alegría y van corriendo a hacerse los serios intelectuales. Yo he aprendido más de la vida (y ciertamente me he reído más) viendo los Simpson que leyendo a Carpentier.
-En novelas aparentemente tan cercanas a tu realidad, ¿Cómo evitas cruzar la línea entre la honestidad y el exhibicionismo?
-He cruzado esa línea en casi todas las líneas que he escrito, pero no me arrepiento, porque todo escritor es un exhibicionista más o menos impúdico que baila con las palabras y hace strip tease frente a sus lectores.
-El éxito que has tenido, ¿Te hace más fácil o más difícil empezar una nueva novela?
-No sé si he tenido éxito. Para mí el verdadero éxito consiste en dormir diez horas diarias y esto es algo que no hago a menudo. El éxito es un malentendido, y la frase no es mía. Siempre es difícil comenzar una nueva novela, pero mentiría si dijera que ahora es más difícil que antes: creo que fue mucho más duro escribir “No se lo digas a nadie”, mi primera novela, porque sentía que estaba caminando sobre una cuerda floja, entre rascacielos, sin redes que me sostuvieran si me caía, y sabía que iba a caerme, que estaba cayéndome.
-Y hablando de éxito, ¿Cómo manejas la vanidad?
-Lo mejor es hablar mal de uno mismo. Cuando alguien habla mal de mí, yo inmediatamente coincido con esa persona y le doy toda la razón y celebro su buen gusto. Eso ahorra muchos disgustos y muchas discusiones inútiles. No hay nada más conveniente que tener una mala reputación, y la frase tampoco es mía. Es un estrés pasarse media vida defendiéndose o tratando de demostrar que uno es bueno o virtuoso. La vanidad es por eso un lastre del cual es bueno deshacerse. Nadie es tan importante, al final te mueres y nadie o casi nadie se acuerda de ti.
-La gente se ha acostumbrado a saborear tus “bon mots” y el aire de escándalo que te rodea a ti y tu trabajo. ¿Se te hace una responsabilidad complacerlos?
-Sí, es tremendo, es una responsabilidad agobiante, el peso abrumador de ser siempre irreverente, de decir alguna insolencia suave, de provocar un nuevo escándalo. Y lo que de verdad me escandaliza es que tantas personas se escandalicen con las boberías que escribo y digo por ahí. En Latinoamérica no hace falta mucho talento para escandalizar a las beatas y los santurrones, sólo hace falta un poco de sentido del humor.
-¿Estas de acuerdo con Truman Capote en que “Toda literatura es chisme”? ¿Son todos los escritores unos chismosos?
-Sí, claro, Truman lo supo mejor que nadie, y yo por eso de joven llevaba una foto suya en mi billetera y un día mamá la encontró y pensó que ese señor con sombrero, tan apuesto, de mirada de tan inquietante y herida, era mi amante. Todos los escritores somos chismosos, vanidosos, mentirosos, egomaníanos, niños malcriados, malas personas, gente en la que no se debe confiar. Pero sabiendo todo eso, tiene un encanto irresistible ser amigo de un escritor escandaloso y contarle entre susurros tus pecadillos más inconfesables y rogarle que nunca escriba de ellos sabiendo en el fondo de tu alma torturada que nada te haría más feliz que leerlos en alguna novela suya.
-Cuando te encuentras con alguien que no ha leído tus libros y te pregunta de que se tratan, ¿Qué contestas?
-Es una pregunta atroz, imposible de responder. Pero, si me apuran, miento y digo que tratan sobre el amor.
-¿Estás trabajando en alguna nueva novela? ¿Cuál?
-Estoy empezando a conspirar una novela. Para mí una novela es un complot, una emboscada, un plan de ataque, robo masivo y fuga. La novela perfecta es aquella en la que no te toman prisionero ni pierdes la vida y te llevas el botín y luego lo celebras con tu amante en Río (aunque Buenos Aires tampoco está mal).

Manuel Santelices

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