Hace unas semanas Calvin Klein lanzó su nuevo perfume de mujer, “Beauty”, y poco más de setenta periodistas y editores volaron a Nueva York para celebrar el evento. Hubo cocktails, hubo shopping y una fabulosa comida en la boutique de la marca en Madison Avenue donde en una larga mesa adornada con cientos de simples y blancas calas, Francisco Costa, el diseñador de la marca, presentó al rostro de la fragancia, la actriz alemana- y favorita de Quentin Tarantino- Diane Kruger.
¿Tanto alboroto por un perfume?, se preguntará usted. Sí, tanto esfuerzo y dinero es necesario porque “Beauty”, como sucede con casi todos los perfumes de las grandes marcas, no solo está destinado a ser una vital y abundante fuente de ingresos sino que, en el caso particular de Calvin Klein, se une a una línea de fragancias que en gran parte han definido el carácter y la personalidad de la marca. De Kate Moss frágil y semidesnuda promoviendo “Obsession”, a Christy Turlington corriendo por la playa para “Eternity”, no hay una sola fragancia de Klein que no haya dejado una huella indeleble en el mundo de la moda, la publicidad y la cultura popular.
En la serie de entrevistas que Costa concedió en los chic salones del Crosby Hotel en el SoHo de Nueva York, se enfrentó a una pregunta detrás de otra durante todo el día. ¿Cómo eliges un aroma?, quería saber Singapur. ¿Cuál es tu flor favorita?, interrogó España. ¿Como defines a la mujer moderna?, se moría por saber Sudáfrica. ¿Hay alguna comida que te inspire?, preguntó Brasil.
El diseñador contestó cada una con una sonrisa, como si la tortura periodística no le provocara nada mas que agrado, y con ritmo pausado fue revelando detalles de su trabajo, su historia y su sensibilidad.
Costa nació en un pequeño pueblo al Suroeste de Río de Janeiro, cerca de Minas, y a los 22 años, después de la muerte de su madre, se mudó a Nueva York para estudiar en el prestigioso Fashion Institute of Technology. “La ciudad a mediados de los ochenta era un sitio mágico”, dijo en una entrevista reciente, “Recuerdo tiendas como Charivarri o Parachute, que tuvieron una gran influencia en mi. Nunca había visto sitios como esos antes’.
Durante los próximos quince años el diseñador trabajó en el anonimato, a la sombra de Bill Blass, Oscar de la Renta y finalmente Tom Ford, que lo contrató, sin siquiera preguntarle primero si quería el puesto, como colaborador en su estudio en Gucci. “Estaba trabajando con Oscar y muy contento”, dice Costa, “Tom me llamó a su oficina y con su legendaria seguridad me dijo, ‘vas a renunciar y venir a trabajar conmigo. Consigue un abogado’”.
Poco tiempo después recibió otro llamado, esta vez de las oficinas de Calvin Klein. El legendario diseñador pensaba retirarse y buscaban un sucesor. “Me carga sonar esotérico, pero en una casa siempre hay una silla o un sofá que te lleva a un rincón, a un sitio donde te sientes cómodo. Para mi, ese sitio es Clavin Klein”, dice.
Sus diseños limpios, minimalistas y cerebrales se integraron rápida y fácilmente a la estética de la marca, en parte porque esa es la intención de Costa: no reemplazar a Calvin Klein, sino actualizarlo y continuar con su legado.
En el mundo de la moda, donde a menudo los egos son sofocantes, esta es una actitud generosa y refrescante.
-¿Cómo fue para un brasilero hacerse cargo de la más americana de las marcas?
-Nunca he sentido que me “hice cargo” de la marca, porque en cierto sentido no lo he hecho. Esta es una gran corporación liderada por fantásticas personas. Mi trabajo es de equipo, yo soy solo una pequeña parte del sistema.
-No tan pequeña…
-Entiendo lo que quieres decir, porque lo que hago es muy relevante para la marca. Pero somos una empresa amplia y con muchos componentes. No podría hacer lo que hizo Calvin Klein, y ni siquiera trato de hacerlo porque lo que está hecho, ya está hecho y no me interesa. Mi trabajo es desafiante, divertido y me permite aprender algo nuevo todos los días, pero Calvin realmente rompió las reglas en su tiempo. Fue el primero en crear un verdadero estilo de vida, donde bajo el paraguas de un solo nombre podías adquirir desde ropa interior a un vestido de noche. Fue un adelantado a su época. Su publicidad merece un punto aparte, porque fue siempre un verdadero fenómeno. Yo soy distinto; formo parte de un equipo y me siento muy afortunado de eso.
-¿Tienes alguna relación con Calvin? ¿Son amigos?
-Acabo de verlo en la gala del Metropolitan Museum y se veía muy bien. No nos vemos muy seguido, pero tenemos amigos en común y me parece un gran hombre, muy encantador. Me gustaría verlo mas a menudo, pero está muy ocupado construyendo sus casas y divirtiéndose.
-Tus diseños a menudo son descritos como arquitectónicos e intelectuales. ¿Estás de acuerdo con esa definición?
-Mi trabajo es mas reduccionista que verdaderamente minimalista, que creo que es mas retro que lo que hago. Nuestros patrones, por ejemplo, son muy, muy complicados, pero conseguimos algo que a primera vista se ve muy simple. Mis vestidos no lucen mucho en el colgador; necesitan ser vividos, sentidos. Adquieren vida con la mujer que los usa.
-Hace poco anunciaste que habías decidido usar modelos “mas reales” para tus desfiles. ¿Qué quiere decir eso?
-Calvin cambió el modo en que vemos a las modelos. Su trabajo con Kate Moss le permitió capturar un momento en la historia de la moda que todavía tiene mucha relevancia. Pero mi realidad es distinta y pertenece a las mujeres que compran mi ropa, personas de 35 o 40 años. ¿Por qué debería mostrar mis diseños en niñas de 16 años? No tiene sentido. Se produce una desconexión entre una cosa y la otra y eso nos estaba creando problemas. En Octubre fuimos invitados a un gran evento en Río, y decidí mostrar la colección en modelos un poco mayores y mas voluptuosas, que tuvieran madurez y espíritu. La ropa se vio mejor porque parecía mas real, y pensé que seria una buena idea continuar con esa táctica en Nueva York. No se trata de un gran cambio, sino de diversificar a nuestras modelos. Por eso contraté, por ejemplo, a Stella Tennant y Kristen McNemany, que son mujeres increíbles. Stella es un buen ejemplo de lo que busco: es bellísima, pero también tiene una personalidad interesante, una familia con dos hijos y una historia atractiva…Tengo 42 años, y quizás por lo mismo siento una relación mas cercana con una verdadera mujer que con una adolescente.
-¿Diane Kruger cae en esa categoría?
-Si, claro, y por eso la escogimos como rostro para “Beauty”. Hace dos años hicimos un evento en Los Angeles, “Women of Hollywood”, y ella terminó sentada en mi mesa. Quedé muy impresionado desde un principio con ella; es una mujer fascinante, con una seguridad en si misma que a veces podría parecer arrogancia, pero que no lo es. Es muy linda, de un aspecto casi frágil, pero tiene mucho que decir y opiniones muy formadas. Quizás su confianza viene de su herencia alemana. Creo que representa bien el espíritu de la fragancia, una mezcla de lo femenino y masculino. La mujer de hoy es fuerte, independiente, ha avanzado mucho, pero ya no necesita comprometer su feminidad ni vestirse como un banquero de Wall Street para mostrar su poder.
-Hay quienes dicen que el feminismo ya no es necesario, que ha desaparecido. ¿Estás de acuerdo?
-No. Creo que todavía existe y que es parte intrínseca del espíritu de una mujer. Esa es la razón por la que los hombres nos sentimos atraídos hacia ellas, porque exudan belleza y fragilidad, pero también fuerza, temperamento y deseo. ¿Cómo podría alguien resistirse?
2010







