
Son las seis de la tarde en Nueva York, y Candace Bushnell, en falda corta beige con vuelos, camisa blanca y zapatos de altísimo taco de Christian Dior, acaba de terminar de pasear a su enorme mascota, una labradora negra llamada “Blue”, por las calles del West Village. Candace es tan chic, que incluso la bolsita plástica que usa para recoger las meducencias que “Blue” deja en el la vereda durante el paseo se ve elegante en sus manicuradas manos. “El glamour no tiene nada que ver con el dinero o con tal o cual fiesta”, dice momentos después, sentada en la terraza de un pequeño restaurante, encendiendo el primero de sus cigarrillos “Merit” y ordenando una copa de Chardonnay. “El glamour es algo que se lleva adentro, depende de cómo vea uno las cosas. Para mí conversar con la señora que atiende el almacén o sacar a pasear a mi perro puede ser muy glamoroso”.
Candace sabe de qué esta hablando. Durante más de una década como escritora y periodista ha estado observando de cerca de ese sosfosticado grupo de banqueros, “dealers” de arte, modelos, socialites, diletantes, magnates y gigolós que hacen que Nueva York sea la ciudad mas glamorosa del mundo. Y entre fiestas, galas, inauguraciones, cócteles, desfiles de moda y premieres, esta mujer toma sus anotaciones cada noche tratando de descifrar los complicados códigos que rigen la vida social de la ciudad.
Hace algunos años, el “New York Observer” le encargó una columna sobre sexo y sociedad. Ella la llamó “Sex & The City”, y al poco tiempo se transformó en la Biblia para cualquiera que quisiera saber qué sucede, a la hora de la seducción, en las mesas del Four Seasons, las habitaciones del Hotel Mercer o los dormitorios de lofts de cinco millones de dólares en el SoHo.
“Sex & The City” tuvo tal éxito que luego se transformó en un libro , y poco después en la serie del mismo nombre protagonizada por Sarah Jessica Parker, uno de los programas de mayor sintonía de la cadena HBO. De paso, Candace se convirtió en una especie de gurõ para cierto tipo de mujeres. El tipo que sale con financistas de Wall Street o productores de Hollywood, que pasa sus veranos en los Hamptons, sus inviernos en Vail, que trabaja en relaciones públicas, galerías de arte o las oficinas de Condé Nast, y que no encuentra nada de malo gastar el dinero del arriendo en un par de sandalias de Manolo Blahnik o un corte de pelo con Frederic Fekkai.
Aunque ella dice que lo suyo no es nada mas que ficción, no son pocos los que creen ver en sus historias un “roman a clèf” sobre ciertos personajes de Nueva York.
La delgada, tediosa, malcriada y exigente princesa que es una de las protagonistas de su segundo libro, “Four Blondes”= Cuatro Rubias- estuvo inspirada, según muchos, en Marie Chantal de Grecia. Y Carolyn Bessette y John Kennedy fueron, según otros, los modelos en que basó su columna sobre el hombre mas codiciado de Nueva York y su esposa, una rubia obsesionada con su figura, rodeada de gays, y adicta a las drogas y pastillas que publicó en la revista “Manhattan File”.
Candace lo niega todo, y solo reconoce que “Mr. Big”, el atractivo y mujeriego magnate de “Sex & The City”, está inspirado en su ex novio, el ex editor de “Vogue” y “Talk” Ron Galotti.
Hasta hace poco no había muchas diferencias entre la Bushnell y Carrie Bradshaw, la columnista interpretada por Sarah Jessica Parker en la serie de televisión. Las dos eran solteras, las dos se paseaban por Nueva York buscando a veces amor y a veces sexo, y las dos compartían un envidiable closet lleno de extraordinarios y carísimos zapatos. Pero el 4 de Julio pasado, a los 43 años, Candace decidió dejar atrás las similitudes y, en una decisión que tomó a todos por sorpresa, contrajo matrimonio con el bailarín del New York City Ballet, Charles Askegard. “Es el fin de una era”, comentó a la prensa el escritor Jay McInerney, autor de “Bright Lights, Big City” y “Model Behaviour”, uno de los mejores amigos de la novia.
El matrimonio fue tan comentado en Nueva York como el de Liza Minelli o el de Catherine Zeta- Jones, y ocupó la portada de la sección “Estilos” de “The New York Times”, que publicó una foto de los novios en la playa: el alto, rubio y atlético, en un traje de lino blanco, sosteniendo a la novia, que corrió a sus brazos con flores en el pelo, un cigarrillo en la mano izquierda y un Martíni en la derecha.
Candace está ahora trabajando en su tercera novela, la historia de una modelo de treinta y tantos años que, gracias a un suculento contrato con una marca de ropa interior, ya no tiene que seguir seduciendo magnates para conseguir una casa en los Hamptons.
-¿De quién fue la idea de “Sex & The City”?
-Me pidieron que lo hiciera y yo acepté. El editor me dijo que quería que escribiera sobre sexo y sociedad. No podía ser una columna solo sobre sexo; era para un periódico y no habría sido apropiado. Además había otro problema: mi amigo Bret Easton Ellis escribe muy buenas escenas graficas de sexo, pero las mías seguramente serian pésimas.
-¿Por qué?
-No soy buena para eso.
-¿Te intimidan?
-Lo mío son los diálogos, me interesa mas lo que la gente dice que lo que hace durante el sexo.
-¿Cuándo decidiste incorporar tus propias experiencias en la columna? Tu romance con Mr. Big, por ejemplo.
-En la primera columna, mi editor me hizo ir a un sex club que tenia un trapecio. ¡Fue horrible! Además, cuando uno escribe solo de sexo el material se acaba rápidamente. Por eso empecé a pensar en otras ideas. Una cosa que sucede en Nueva York, es que 10 o 20 mujeres que se conocen entre ellas han salido a veces con el mismo hombre. Eso sucedió con Mr. Big. Las reuní a todas y hablamos de sus experiencias con él.
-¿Y él no se enojó?
-No, no había nada de que enojarse. Todas hablaron bien de él, todas buscaban un hombre que fuera como él, y todas dijeron que con él habían tenido el mejor sexo de sus vidas. ¡Cómo iba a enojarse!
-¿Es raro ver tus experiencias dramatizadas en una serie de televisión?
-Bueno, en las dos primeras temporadas la serie estuvo muy cerca de lo que es el libro. En la primera, usaron incluso el mismo diálogo, cosas que sucedieron en la vida real, que continuaron en la columna, luego en el libro y finalmente en la serie. Era muy raro ver lo que me había pasado en la vida real en la pantalla.
-¿Hay cosas tuyas en el personaje de Sarah Jessica Parker?
-De hecho, si. Todavía hay gente que se me acerca y me lo comenta. Ella tiene algunos de mis manierismos, algo mío.
-¿Son amigas?
-No la veo mucho, pero cada vez que lo hago estoy feliz. Es una chica fantástica, pero ella está muy ocupada y yo también.
-Igual como Breat Easton Ellis fue el escritor icono de los 80’s, ya estás muy identificada con la mujer soltera de Nueva York en los 90’s. ¿Es difícil deshacerse de esa imagen y seguir adelante?
-Hmm, no lo sé. No creo…Siempre quise ser novelista, desde que tenia 8 años. Nunca quise hacer nada más. Estoy feliz de que me paguen por escribir, ese era mi sueño. Me siento muy afortunada de que “Sex &The City” haya sido tan exitosa y se haya convertido en un hit de la televisión, pero lo que quiero es escribir libros. Esa es mi pasión.
-En este nuevo libro estás escribiendo sobre uno de los personajes de “Four Blondes”, la modelo que se acuesta con tipos a cambio de sus casas en los Hamptons….
-Si, y esa es una idea que alguna gente piensa que es increíble, pero en Nueva York es muy fácil caer en un juego como ese. Y a veces ese es el único medio que una mujer tiene para conseguir una casa de verano en los Hamptons. En mi nueva novela, la modelo ya tiene su propia casa allí y no necesita seguir haciendo lo que hacia. Eso es algo que sucede en la vida real; uno se hace adulto y las cosas que hacía a los 20 ya no las hace a los 30.
-En tus libros a veces se muestra el sexo como un arma para conseguir lo que uno quiere. ¿Lo sientes así?
-Si, creo que es verdad en ciertos casos, pero no es una regla que se aplique a todo el mundo. Las mujeres en este país saben que el sexo es poder, pero la mayoría rechaza la idea. Personalmente, no soporto la idea de acostarme con alguien que no me atraiga. No puedo imaginar nada peor. Pero a otra gente no le importa. Muchos hombres, por ejemplo, pueden tener relaciones con alguien que no les interesa realmente.
-¿Entonces el sexo es diferente para hombres y mujeres?
-No, no creo. Hombres y mujeres hacen lo mismo. Lo peor que podría pasarme es que alguien se acostara conmigo porque piensa que tengo poder. Seria horroroso. Pero le sucede a muchos hombres…
-¿Alguna vez han tratado de seducirte solo porque eres famosa?
-Si ha sucedido, no me he dado cuenta. La gente en Nueva York coquetea todo el tiempo.
-Calvin Klein dijo hace años en una entrevista con Play Boy que no le importaba que alguien se le acercara porque era rico o famoso, porque siempre se iban con la satisfacción de haber tenido un sexo espectacular con él…
-Ohhh…Lo que pasa es que en Nueva York la gente es seductora por naturaleza, y siempre asumo que no significa nada. Es su forma de comportarse socialmente. La gente siempre te dice “I love you”, no importa si son amigos o apenas conocidos. Uno puede meterse en problemas si malentiende eso.
-Has pasado de se una escritora reconocida a convertirse en una celebridad. ¿Cómo te ha afectado?
-Bueno, créeme, me encantaría que mas gente me reconociera. Probablemente se apurarían mas con mi ropa en la lavandería. No es algo que me afecte. Es muy agradable ir a fiestas, que te fotografíen…es divertido. Pero no es algo que cambie tu vida. Al final, tengo que levantarme todos los días igual que antes, sentarme en el computador y enfrentarme a mi misma.
-¿Te consideras exitosa?
-Si, pero me gustaría serlo más.
-¿Cómo?
-Me gustaría vender más libros y ganar más dinero. Si uno quiere escribir libros, tiene que saber que se trata de un negocio.
-¿Tienes eso en tu cabeza cuando estas escribiendo?
-Cada media hora cuento cuantas palabras llevo escritas, cuantas páginas he terminado. Y si escribo 500 palabras en media hora, me siento feliz, triunfante. Cuando revisaron los manuscritos de Tolstoi descubrieron unos números al lado de los párrafos y nadie sabia que eran. ¡Y eran la cuenta de cuantas palabras llevaba escritas! Gracias a Dios ahora lo hace el computador.
Hace 10 años no tenia un centavo, ni siquiera sé cómo sobreviví. La gente me decía, “por qué no consigues un verdadero trabajo”. Pero yo estaba decidida a ser escritora. Hay gente que piensa que en esta ciudad no se aceptan los fracasos, pero los verdaderos triunfadores en Nueva York son las personas que sobreviven los momentos que habrían quebrado a cualquier otra persona, en cualquier otro lugar. Esta es la mejor ciudad, la ciudad de los sueños, y si tienes éxito aquí la gente te aprecia mucho. Todo lo que yo quería era ser escritora. Si no pudiera escribir, me habría suicidado.
-Tu vienes de Texas…
-Nací en Connecticut, pero fui a la Universidad en Texas. Llegué a Nueva York cuando tenia 18 años.
-¿Cómo llegaste a conocer tanta gente en la ciudad?
-No sé. En Texas conocía a algunas personas que vivían en Nueva York, vine a visitarlos y ellos eran bastante “trendy”. Iban al “Studio 54”, me llevaron con ellos y al poco tiempo empecé a ir al “Studio 54” y a conocer mas gente…
-¿Qué te pareció interesante de ellos?
-Es un tema interesante como cualquier otro. Supongo que fue porque vengo de una ciudad pequeña y siempre tuve esta idea sobre Nueva York como una ciudad muy sofisticada, donde la gente es muy ambiciosa. Siempre quise vivir aquí. En Nueva York uno puede encontrar a cualquier tipo de personaje, es como un gran escenario, donde es mas fácil estudiar la naturaleza humana. Creo que si se vive en el Medio Oeste o en el campo, no existe el mismo nivel de ambición y de éxito. Por supuesto hay personas interesantes en todas partes, pero no al mismo nivel. Aquí pasan muchas cosas que están constantemente poniendo tu moral a prueba y definiendo que tipo de persona vas a ser. ¿Vas a ser una mujer que pasa por sobre todo el mundo para lograr lo que quiere? ¿O vas a ser una persona amable? ¿Vas a tratar de utilizar a la gente? ¿Vas a sentir remordimientos? Esta es una ciudad llena de tentaciones y eso es muy interesante.
-¿Crees que Nueva York cambia a las personas?
-Creo que desafía tu autoestima, el como te sientes respecto a ti mismo. Uno va a todas estas fiestas y ve a todas estas celebridades, y nadie parece muy seguro de si mismo.
-Jay McInerney dijo una vez que no importaba a cuantas fiestas fuera una noche, siempre sentía que se estaba perdiendo algo…
-Exacto. Ese es un sentimiento que definitivamente se siente en Nueva York. Pero curiosamente no es algo que yo experimente muy seguido.
-¿Porque te invitan a todas partes?
-No, no es eso. Si estoy en una fiesta y hay otra mas glamorosa, la verdad es que no me importa. Prefiero tener una conversación interesante con alguien, y no me importa si esa persona es un peluquero o un barman. Nueva York está llena de gente interesante. El barman de este mismo restaurante es divertidísimo. Aquí todo el mundo tiene una historia que contar.
-¿Por qué aquí existe tanta desesperación por entrar a la fiesta adecuada, conocer a la celebridad de turno..?
-Es la forma como se dan las cosas en Nueva York. Aquí la gente sale y se muestra, no tiene pudores. Uno puede ver a chicos golpeando las puertas de las fiestas y sabe que en unos años ellos van a ser los anfitriones, los que van a manejar la lista de invitados, Pero no todos pueden triunfar.
-¿Es una ciudad cruel?
-Puede serlo. Pero cualquier ciudad puede ser cruel. Guy de Maupassant escribió un libro llamado “Bel Ami” que leí hace uno seis meses, y lo que describe ahí se parece mucho a Nueva York. Habla de Paris a comienzos del siglo XX, y cuenta la historia de un periodista que usa a las mujeres, que publica artículos que no son suyos pero que llevan su firma…Son cosas que pasan en las grandes ciudades. Cualquier lugar puede ser cruel. Lo que me interesa es la naturaleza humana. Quizás podríamos ser mejor de lo que somos, pero todos somos humanos y, por lo tanto, todos tenemos debilidades. En el libro que estoy escribiendo hablo del destino, lo que no podemos controlar, y también hablo de cómo los defectos nos llevan a meternos en problemas.
-¿Es mas fácil ser soltera aquí que en otras partes?
-Creo que sí, porque la ciudad está llena de gente como uno. Es una ciudad de solteros. Y aquí, si eres mujer, no hay que tener un hombre al lado para salir. Puedes ir a fiestas, a comer, a bailes de beneficencia, galas…Yo he hecho todo sola. Así fue como conocí a mi marido, en una gran gala de ballet, sola.
Elle/ Cosas, 2002


