Manuel Santelices

Archive for the ‘Elle Espana’ Category

Candace Bushnell

In cine, Cosas, Elle Espana, Libros, moda, periodismo, TV on May 6, 2010 at 2:30 pm


Son las seis de la tarde en Nueva York, y Candace Bushnell, en falda corta beige con vuelos, camisa blanca y zapatos de altísimo taco de Christian Dior, acaba de terminar de pasear a su enorme mascota, una labradora negra llamada “Blue”, por las calles del West Village.  Candace es tan chic, que incluso la bolsita plástica que usa para recoger las meducencias que “Blue” deja en el la vereda durante el paseo se ve elegante en sus manicuradas manos. “El glamour no tiene nada que ver con el dinero o con tal o cual fiesta”, dice momentos después, sentada en la terraza de un pequeño restaurante, encendiendo el primero de sus cigarrillos “Merit” y ordenando una copa de Chardonnay. “El glamour es algo que se lleva adentro, depende de cómo vea uno las cosas. Para mí conversar con la señora que atiende el almacén o sacar a pasear a mi perro puede ser muy glamoroso”.

Candace sabe de qué esta hablando. Durante más de una década como escritora y periodista ha estado observando de cerca de ese sosfosticado grupo de banqueros, “dealers” de arte, modelos, socialites, diletantes, magnates y gigolós que hacen que Nueva York sea la ciudad mas glamorosa del mundo. Y entre fiestas, galas, inauguraciones, cócteles, desfiles de moda y premieres, esta mujer toma sus anotaciones cada noche tratando de descifrar los complicados códigos que rigen la vida social de la ciudad.

Hace algunos años, el “New York Observer” le encargó una columna sobre sexo y sociedad. Ella la llamó “Sex & The City”, y al poco tiempo se transformó en la Biblia para cualquiera que quisiera saber qué sucede, a la hora de la seducción, en las mesas del Four Seasons, las habitaciones del Hotel Mercer o los dormitorios de lofts de cinco millones de dólares en el SoHo.
“Sex & The City” tuvo tal éxito que luego se transformó en un libro , y poco después en la serie del mismo nombre protagonizada por Sarah Jessica Parker, uno de los programas de mayor sintonía de la cadena HBO. De paso, Candace se convirtió en una especie de gurõ para cierto tipo de mujeres. El tipo que sale con financistas de Wall Street o productores de Hollywood, que pasa sus veranos en los Hamptons, sus inviernos en Vail, que trabaja en relaciones públicas, galerías de arte o las oficinas de Condé Nast, y que no encuentra nada de malo gastar el dinero del arriendo en un par de sandalias de Manolo Blahnik o un corte de pelo con Frederic  Fekkai.

Aunque ella dice que lo suyo no es nada mas que ficción,  no son pocos los que creen ver en sus historias un “roman a clèf” sobre ciertos personajes de Nueva York.
La delgada, tediosa, malcriada y exigente princesa que es una de las protagonistas de su segundo libro, “Four Blondes”= Cuatro Rubias- estuvo inspirada, según muchos, en Marie Chantal de Grecia. Y Carolyn Bessette y John Kennedy fueron, según otros, los modelos en que basó su columna sobre el hombre mas codiciado de Nueva York y su esposa, una rubia obsesionada con su figura, rodeada de gays, y adicta a las drogas y pastillas que publicó en la revista “Manhattan File”.
Candace lo niega todo, y solo reconoce que “Mr. Big”, el atractivo y mujeriego magnate de “Sex & The City”, está inspirado en su ex novio, el ex editor de “Vogue” y “Talk” Ron Galotti.

Hasta hace poco no había muchas diferencias entre la Bushnell y Carrie Bradshaw, la columnista interpretada por Sarah Jessica Parker en la serie de televisión. Las dos eran solteras, las dos se paseaban por Nueva York buscando a veces amor y a veces sexo, y las dos compartían un envidiable closet lleno de extraordinarios y carísimos zapatos. Pero el 4 de Julio pasado, a los 43 años, Candace decidió dejar atrás las similitudes y, en una decisión que tomó a todos por sorpresa, contrajo matrimonio con el bailarín del New York City Ballet, Charles Askegard. “Es el fin de una era”, comentó a la prensa el escritor Jay McInerney, autor de “Bright Lights, Big City” y “Model Behaviour”, uno de los mejores amigos de la novia.
El matrimonio fue tan comentado en Nueva York como el de Liza Minelli o el de Catherine Zeta- Jones, y ocupó la portada de la sección “Estilos” de “The New York Times”, que publicó una foto de los novios en la playa: el alto, rubio y atlético, en un traje de lino blanco, sosteniendo a la novia, que corrió a sus brazos con flores en el pelo, un cigarrillo en la mano izquierda y un Martíni en la derecha.

Candace está ahora trabajando en su tercera novela, la historia de una modelo de treinta y tantos años que, gracias a un suculento contrato con una marca de ropa interior, ya no tiene que seguir seduciendo magnates para conseguir  una casa en los Hamptons.

-¿De quién fue la idea de “Sex & The City”?
-Me pidieron que lo hiciera y yo acepté. El editor me dijo que quería que escribiera sobre sexo y sociedad. No podía ser una columna solo sobre sexo; era para un periódico y no habría sido apropiado. Además había otro problema: mi amigo Bret Easton Ellis escribe muy buenas escenas graficas de sexo, pero las mías seguramente serian pésimas.

-¿Por qué?
-No soy buena para eso.

-¿Te intimidan?
-Lo mío son los diálogos, me interesa mas lo que la gente dice que lo que hace durante el sexo.

-¿Cuándo decidiste incorporar tus propias experiencias en la columna? Tu romance con Mr. Big, por ejemplo.
-En la primera columna, mi editor me hizo ir a un sex club que tenia un trapecio. ¡Fue horrible! Además, cuando uno escribe solo de sexo el material se acaba rápidamente.  Por eso empecé a pensar en otras ideas. Una cosa que sucede en Nueva York, es que 10 o 20 mujeres que se conocen entre ellas han salido a veces con el mismo hombre. Eso sucedió con Mr. Big. Las reuní a todas y hablamos de sus experiencias con él.

-¿Y él no se enojó?
-No, no había nada de que enojarse. Todas hablaron bien de él, todas buscaban un hombre que fuera  como él, y todas dijeron que con él habían tenido el mejor sexo de sus vidas. ¡Cómo iba a enojarse!

-¿Es raro ver tus experiencias dramatizadas en una serie de televisión?
-Bueno, en las dos primeras temporadas la serie estuvo muy cerca de lo que es el libro. En la primera, usaron incluso el mismo diálogo, cosas que sucedieron en la vida real, que continuaron en la columna, luego en el libro y finalmente en la serie. Era muy raro ver lo que me había pasado en la vida real en la pantalla.

-¿Hay cosas tuyas en el personaje de Sarah Jessica Parker?
-De hecho, si. Todavía hay gente que se me acerca y me lo comenta. Ella tiene algunos de mis manierismos, algo mío.

-¿Son amigas?
-No la veo mucho, pero cada vez que lo hago estoy feliz. Es una chica fantástica, pero ella está muy ocupada y yo también.

-Igual como Breat Easton Ellis fue el escritor icono de los 80’s, ya estás muy identificada con la mujer soltera de Nueva York en los 90’s. ¿Es difícil deshacerse de esa imagen y seguir adelante?
-Hmm, no lo sé. No creo…Siempre quise ser novelista, desde que tenia 8 años. Nunca quise hacer nada más. Estoy feliz de que me paguen por escribir, ese era mi sueño. Me siento muy afortunada de que “Sex &The City” haya sido tan exitosa y se haya convertido en un hit de la televisión, pero lo que quiero es escribir libros. Esa es mi pasión.

-En este nuevo libro estás escribiendo sobre uno de los personajes de “Four Blondes”, la modelo que se acuesta con tipos a cambio de sus casas en los Hamptons….
-Si, y esa es una idea que alguna gente  piensa que es increíble, pero en Nueva York es muy fácil caer en un juego como ese. Y a veces ese es el único medio que una mujer tiene para conseguir una casa de verano en los Hamptons.  En mi nueva novela, la modelo ya tiene su propia casa allí y no necesita seguir haciendo lo que hacia. Eso es algo que sucede en la vida real; uno se hace adulto y las cosas que hacía a los 20 ya no las hace a los 30.

-En tus libros a veces se muestra el sexo como un arma para conseguir lo que uno quiere. ¿Lo sientes así?
-Si, creo que es verdad en ciertos casos, pero no es una regla que se aplique a todo el mundo. Las mujeres en este país saben que el sexo es poder, pero la mayoría rechaza la idea. Personalmente, no soporto la idea de acostarme con alguien que no me atraiga. No puedo imaginar nada peor. Pero a otra gente no le importa. Muchos hombres, por ejemplo, pueden tener relaciones con alguien que no les interesa realmente.

-¿Entonces el sexo es diferente para hombres y mujeres?
-No, no creo. Hombres y mujeres hacen lo mismo. Lo peor que podría pasarme es que alguien se acostara conmigo porque piensa que tengo poder. Seria horroroso. Pero le sucede a muchos hombres…

-¿Alguna vez han tratado de seducirte solo porque eres famosa?
-Si ha sucedido, no me he dado cuenta. La gente en Nueva York coquetea todo el tiempo.

-Calvin Klein dijo hace años en una entrevista con Play Boy que no le importaba que alguien se le acercara porque era rico o famoso, porque siempre se iban con la satisfacción de haber tenido un sexo espectacular con él…
-Ohhh…Lo que pasa es que en Nueva York la gente es seductora por naturaleza, y siempre asumo que no significa nada. Es su forma de comportarse socialmente. La gente siempre te dice “I love you”, no importa si son amigos o apenas conocidos. Uno puede meterse en problemas si malentiende eso.

-Has pasado de se una escritora reconocida a convertirse en una celebridad. ¿Cómo te ha afectado?
-Bueno, créeme, me encantaría que mas gente me reconociera. Probablemente se apurarían mas con mi ropa en la lavandería. No es algo que me afecte. Es muy agradable ir a fiestas, que te fotografíen…es divertido. Pero no es algo que  cambie tu vida. Al final, tengo que levantarme todos los días igual que antes, sentarme en el computador y enfrentarme a mi misma.

-¿Te consideras exitosa?
-Si, pero me gustaría serlo más.

-¿Cómo?
-Me gustaría vender más libros y ganar más dinero. Si uno quiere escribir libros, tiene que saber que se trata de un negocio.

-¿Tienes eso en tu cabeza cuando estas escribiendo?
-Cada media hora cuento cuantas palabras llevo escritas, cuantas páginas he terminado. Y si escribo 500 palabras en media hora, me siento feliz, triunfante. Cuando revisaron los manuscritos de Tolstoi descubrieron unos números al lado de los párrafos y nadie sabia que eran. ¡Y eran la cuenta de cuantas palabras llevaba escritas! Gracias a Dios ahora lo hace el computador.
Hace 10 años no tenia un centavo, ni siquiera sé cómo sobreviví. La gente me decía, “por qué no consigues un verdadero trabajo”. Pero yo estaba decidida a ser escritora. Hay gente que piensa que en esta ciudad no se aceptan los fracasos, pero los verdaderos triunfadores en Nueva York son las personas que sobreviven los momentos que habrían quebrado a cualquier otra persona, en cualquier otro lugar. Esta es la mejor ciudad, la ciudad de los sueños, y si tienes éxito aquí la gente te aprecia mucho. Todo lo que yo quería era ser escritora. Si no pudiera escribir, me habría suicidado.

-Tu vienes de Texas…
-Nací en Connecticut, pero fui a la Universidad en Texas. Llegué a Nueva York cuando tenia 18 años.

-¿Cómo llegaste a conocer tanta gente en la ciudad?
-No sé. En Texas conocía a algunas personas que vivían en Nueva York, vine a visitarlos y ellos eran bastante “trendy”. Iban al “Studio 54”, me llevaron con ellos y al poco tiempo empecé a ir al “Studio 54” y a conocer mas gente…

-¿Qué te pareció interesante de ellos?
-Es un tema interesante como cualquier otro. Supongo que fue porque vengo de una ciudad pequeña y siempre tuve esta idea sobre Nueva York como una ciudad muy sofisticada, donde la gente es muy ambiciosa. Siempre quise vivir aquí. En Nueva York uno puede encontrar a cualquier tipo de personaje, es como un gran escenario, donde es mas fácil estudiar la naturaleza humana. Creo que si se vive en el Medio Oeste o en el campo, no existe el mismo nivel de ambición y de éxito. Por supuesto hay personas interesantes en todas partes, pero no al mismo nivel. Aquí pasan muchas cosas que están constantemente poniendo tu moral a prueba y definiendo que tipo de persona vas a ser. ¿Vas a ser una mujer que pasa por sobre todo el mundo para lograr lo que quiere? ¿O vas a  ser una persona amable? ¿Vas a tratar de utilizar a la gente? ¿Vas a sentir remordimientos? Esta es una ciudad llena de tentaciones y eso es muy interesante.

-¿Crees que Nueva York cambia a las personas?
-Creo que desafía tu autoestima, el como te sientes respecto a ti mismo. Uno va a todas estas fiestas y ve a todas estas celebridades, y nadie parece muy seguro de si mismo.

-Jay McInerney dijo una vez que no importaba a cuantas fiestas fuera una noche, siempre sentía que se estaba perdiendo algo…
-Exacto. Ese es un sentimiento que definitivamente se siente en Nueva York. Pero curiosamente no es algo que yo experimente muy seguido.

-¿Porque te invitan a todas partes?
-No, no es eso. Si  estoy en una fiesta y hay otra mas glamorosa, la verdad es que no me importa. Prefiero tener una conversación interesante con alguien, y no me importa si esa persona es un peluquero o un barman. Nueva York está llena de gente interesante. El barman de este mismo restaurante es divertidísimo. Aquí todo el mundo tiene una historia que contar.

-¿Por qué aquí existe tanta desesperación por entrar a la fiesta adecuada, conocer a la celebridad de turno..?
-Es la forma como se dan las cosas en Nueva York. Aquí la gente sale y se muestra, no tiene pudores. Uno puede ver a chicos golpeando las puertas de las fiestas y sabe que en unos años ellos van a ser los anfitriones, los que van a manejar la lista de invitados, Pero no todos pueden triunfar.

-¿Es una ciudad cruel?
-Puede serlo. Pero cualquier ciudad puede ser cruel. Guy de Maupassant escribió un libro llamado “Bel Ami” que leí hace uno seis meses, y lo que describe ahí se parece mucho a Nueva York. Habla de Paris a comienzos del siglo XX, y cuenta la historia de un periodista que usa a las mujeres, que publica artículos que no son suyos pero que llevan su firma…Son cosas que pasan en las grandes ciudades. Cualquier lugar puede ser cruel. Lo que me interesa es la naturaleza humana. Quizás podríamos ser mejor de lo que somos, pero todos somos humanos y, por lo tanto, todos tenemos debilidades. En el libro que estoy escribiendo hablo del destino, lo que no podemos controlar, y también hablo de cómo los defectos nos llevan a meternos en problemas.

-¿Es mas fácil ser soltera aquí que en otras partes?
-Creo que sí, porque la ciudad está llena de gente como uno. Es una ciudad de solteros. Y aquí, si eres mujer, no hay que tener un hombre al lado para salir. Puedes ir a fiestas, a comer, a bailes de beneficencia, galas…Yo he hecho todo sola. Así fue como conocí a mi marido, en una gran gala de ballet, sola.

Elle/ Cosas, 2002

Donna Karan

In Elle Espana, moda on August 13, 2009 at 6:11 pm

donna_karan
“No tengo tarjeta, pero tengo etiqueta”, dice Donna Karan riendo cuando dos personas que han llegado a visitarla al estudio de su marido- el escultor, pintor y empresario Stephan Weiss-, se acercan a despedirse. La diseñadora abre su espectacular gamulán y ahí está su nombre, escrito en dorado sobre fondo negro, bien cosido al interior del abrigo.

Hace rato que esta mujer- que junto a Calvin Klein y Ralph Lauren forma parte del triunvirato reinante de la moda americana- se acostumbró a que cuando la gente se enfrenta a su nombre o su cara bronceada de oscuros ojos verdes, no vea a la mujer, sino a la marca, al imperio que comenzó a construir hace casi dos décadas en la Séptima Avenida, el centro neurálgico de la moda en Nueva York.

Después de largo tiempo como diseñadora para Ann Klein, Donna lanzó su primera colección en 1985, creando de inmediato una revolución con la mas simple y brillante de las ideas: un “bodysuit” que podía ser combinado con una docena de chaquetas, pantalones y faldas, la mayoría en negro.
El look se convirtió en el uniforme obligado de millones de mujeres que de pronto descubrieron que podían pasar del “power lunch” al ‘cocktail hour” sin más cambios que un accesorio, una fórmula que la diseñadora- que como tantas de sus clientas se las arreglaba para mantener un delicado equilibrio entre familia y carrera- había usado por largo tiempo en su propio guardarropa. Desde entonces, y a pesar del extraordinario éxito y tamaño de su empresa, sus colecciones han sido siempre muy personales. Su interés por el budismo, por ejemplo, se reflejó en prendas de marcada influencia oriental, y cuando su hija Gaby se convirtió en adolescente, lanzó DKNY, una línea juvenil que se han convertido desde entonces en uno de sus mayores triunfos.

Los últimos años han sido de grandes cambios para la Karan.
Su marido murió a mediados del 2001 después de siete largos años luchando contra el cáncer. Poco antes de su muerte, se aseguró que la compañía que había creado con su mujer fuera vendida al conglomerado Louis Vuitton Möet Hennessy, una comentada transacción de 650 millones de dólares que convirtió a Donna- que recibió al menos 400 millones- en multimillonaria y, por primera vez, en empleada de su propia empresa como Directora Creativa de Donna Karan.
La muerte de Weiss dejó a la creadora no solo sin marido, sino sin socio, sin compañero y, quizás mas importante aun para su compañía, sin un cauce por donde el enorme caudal de sus ideas pudiera hacerse realidad.

El dolor aun la acompaña, y cuando minutos antes de esta entrevista observa un video que celebra la obra y la vida de Weiss, sus ojos se convierten en un pozo de tristeza. “Mi marido siempre decía que soy como un interruptor que se enciende y se apaga”, recuerda sentada en el gigantesco estudio de Weiss en el West Village de Nueva York, rodeada de sus pinturas y esculturas. “Cuando estoy encendida, hago todo lo que tengo que hacer y entrego mi total atención. Pero también puedo desconectarme muy fácilmente. Me he quedado dormida mientras me entrevistan por televisión. La gente siempre dice que tengo mucha energía, pero no estoy de acuerdo. Estoy siempre cansada, pero me empujo a mi misma y tengo mucha pasión, que es lo que te hace seguir adelante en la vida”.

Como ocurre con tantas mujeres en casos similares, el fin de su matrimonio marcó el inicio de una nueva etapa.
Lo primero que hizo fue perder peso gracias a una dieta “cruda” de su chef, Jill Petijohn. Luego se cortó el pelo y finalmente, sola y con más dinero del que podría gastar en tres vidas, se ha entregado por completo a las que considera sus verdaderas pasiones: el arte, el budismo, el yoga y, como dice sin aires rimbombantes, “la entrega a los demás”.

Está claro que en el último tiempo Donna Karan, la mujer, va ganando terreno frente a Donna Karan, la empresa. Su agudo sentido comercial sigue ahí, como también continúan su incontenible creatividad, su necesidad de estar siempre en movimiento, su pasión por todo lo nuevo y el temerario asalto con que enfrenta los cambios. Sus prioridades, sin embargo, han cambiado. Según cuenta, pasa cada vez menos tiempo en Nueva York y, en cambio, busca refugio en su espectacular casa en East Hampton, Long Island. La casa, un cubo de tres pisos de cristal frente al mar, fue diseñada por su arquitecto Dominic Kozerski. “Esta casa es y representa el otro aspecto de mi vida, el privado, el que nadie ve. Es mi alma y mi espíritu. Voy ahí a sentarme en mi roca, que es lo mas importante en mi vida. Las rocas me aterrizan”, señala, “y necesito estar siempre cerca del agua y la naturaleza”.
Esto ultimo podría parecer una contradicción en una mujer que para muchos es el símbolo de Nueva York. “La gente piensa que soy la esencia de esta ciudad”, explica, “pero no es así. Trabajo en Nueva York, es donde hago mis negocios, y aunque tengo un departamento aquí, no vivo en la ciudad. Vengo, hago lo que tengo que hacer, y arranco”.

-¿Sigues sintiendo pasión por la moda?
-Me gusta, es un aspecto de mi personalidad, es intoxicante. Me encantan los drapeados, el cuerpo, las telas, el aspecto creativo de la moda. Es una forma de tocarme a mi misma y a mucha gente. Pero hay también otros aspectos de mi personalidad que me interesan. No hay suficiente luz en la moda, la siento un poco superficial.

-¿Siempre lo sentiste así?
-Siempre he pensado lo mismo. La moda es como “performance art”, una experiencia visceral. Todavía aprecio la creatividad que involucra, pero me molesta su falta de sentido.

-¿Cómo lidias con eso?
-No muy bien. Además, contrariamente a lo que muchos piensan, el de la moda es un mundo muy masculino. Se trata de producir, producir y producir…

-¿Tu marido era el que llevaba a la práctica tus ideas?
-Perdonando la expresión, mi marido se encargaba de toda la basura que yo no quería enfrentar. Era mi protector, mi caballero andante y, protegiéndome, me permitía hacer lo que hago. Mi marido fue el mejor, siempre tan amable, tan cariñoso, tan artístico…Ahora estoy enojada con él, así que no le hablo. Me dejó sola.

-¿Cómo cambió tu trabajo después de la venta de la compañía a LVMH?
-Ha cambiado y no ha cambiado. En la vida todo cambia, crecemos, nos hacemos mas grandes…La esencia de la vida es el cambio, y eso es lo que ha hecho la empresa. Si nos quedamos en lo mismo, morimos. Las cosas tienen que cambiar, transformarse, y todos debemos cambiar.

-En lo personal, ¿Fue difícil vender tu nombre?
-Cuando uno está atado a su empresa es difícil, pero si no lo está, no lo es. Yo hago mucho trabajo interno, porque de otra manera no podría hacer lo que hago y estaría en un asilo de enfermos mentales. Por eso, sé que hicimos lo correcto, que está todo OK, y que el proceso tiene que contar con mi apoyo.

-¿Es difícil para una americana estar en negocios con una compañía europea?
-No me considero a mi misma una americana, sino una “player’ mundial. He vivido y trabajado en Europa lo suficiente como para saber que hablamos el mismo idioma.

-¿La percepción de la moda también es la misma?
-La percepción es que en Europa hay una mejor calidad, y eso es algo que Donna Karan siempre ha tratado de igualar. Nunca me he visto a mi misma como una diseñadora americana, sino que he tratado de mezclar el lujo europeo con la sensibilidad americana, y creo que los europeos están ahora tratando de hacer lo mismo.

-¿Crees que la globalización de la moda es inevitable?
-¡Si, si!…No me gusta la globalización. Cuando visito un lugar, quiero ver las diferentes culturas. No quiero ir a Vietnam y ver Calvin Klein, Tommy Hilfiger o a personas luciendo camisetas Polo Ralph Lauren. Uno ya no sabe a quién tiene al frente, todo el mundo se viste igual, con jeans y un sweater negro. Por so viajo lo más lejos que puedo, porque mi aburro de mi misma y necesito otra cultura.

-¿Cómo ves el futuro?
-Cumplí 55, que es 5 mas 5, es decir uno. Me siento como de un año, y decidí que iba a seguir adelante con mi vida. Para mi, a estas alturas, es muy importante entregar algo al mundo. Lo hice a través de la moda, y ahora quiero hacerlo a un nivel mas emocional, mas espiritual y artístico, dejar salir mi creatividad. Quiero trabajar con artistas.

-¿Te consideras a ti misma una artista?
-Hasta cierto punto, si. Me encantaría encontrar a la artista en mí que aun no he descubierto.

-¿Una mujer como tú necesita estar siempre en control?
-“Control” es una palabra que no me gusta y que nunca uso.

-¿Por qué?
-Porque lo que hago es colaborar, no controlar. Creo que estamos fuera de control la mayor parte del tiempo. Si alguien piensa que está en control, lo único que tiene que hacer es ver lo que sucedió el 11 de Septiembre.

-¿Cómo pasaste ese día?
-Fue muy duro. Teníamos el desfile de DKNY, era el aniversario de mi matrimonio y no quería ir al que iba a ser mi primer desfile sin mi marido. Había pasado toda la noche despierta, pensando en cómo enfrentar a la gente. Cuando todo sucedió, Patty (Cohen, su publicista) me llamó, y mientras hablábamos por teléfono podía ver por mi ventana las torres en llamas. Mi hija estaba corriendo cerca de las torres, y ese mismo día estábamos trasladando obras de mi marido hacia el Armory Uptown, porque íbamos a recordar su vida. Fue un día muy difícil, en que no sabia quién era ni lo que debía hacer. Fue un despertar, nos hizo darnos cuenta que no estamos en control y que debemos enfrentar la responsabilidad de lo que hemos creado.

-¿Qué te aterroriza?
-El dolor, el sufrimiento. La idea de que algo le pueda pasar a mi familia. Pero encuentro fuerza en el budismo.

-¿Cómo llegaste a la religión budista?
-Es algo que apareció y que me hizo sentir cómoda desde un principio. Por un tiempo pensé que podía cambiar desde fuera hacia dentro, pero el cambio tuvo que ser mas profundo de lo que esperaba. Instintivamente pienso que tengo un gran corazón, y el budismo me interpreta en ese sentido. Alguien me preguntó una vez a quién me gustaría conocer, y nombré a una sola persona: el Dalai Lama.

-¿Lo conociste?
-Si, y lloré todo el tiempo. No sabia que decir.

-¿Siendo budista, crees en la re- encarnación?
-Si. Cada uno de nosotros llega a la vida a solucionar problemas que aun no han sido resueltos. Uno elige la vida que necesita para hacer lo que debe hacer.

-Hasta que llega a un nivel donde todos los problemas están resueltos…
-Si, y en mi caso nova a ser en esta vida. Todavía me queda mucho trabajo por hacer. Uno tiene que aprender a aceptar lo blanco y lo negro, y amar su lado oscuro y su lado iluminado.

-¿Qué tan cerca te sientes de ese estado?
-¡Uf! Me quedan muchos años. Volveré, no te preocupes.

-Cuando vuelvas, ¿Qué te gustaría hacer?
-Me gustaría volver como doctor holístico y sanar a la gente.

Manuel  Santelices

Elle España, 2003

Patricia Field

In cine, Elle Espana, moda, TV on June 23, 2009 at 11:26 pm

patricia-field
“A veces los directores dicen que soy una diva, y les dijo, ‘No me ofendas; no soy una diva. Soy una mujer que trabaja muy duro. Estoy tratando de darte lo mejor que puedo, y si no lo quieres, allá tú”. Con el pelo inflamado de rojo, la piel aceitunada y un guardarropa lleno de faldas gitanas, pañuelos, sandalias y miles de brazaletes, Patricia Field es la María Callas de la moda. Igual de temperamental e igual de talentosa. Aunque lleva casi treinta años como reina de la moda “downtown” en Manhattan, su nombre no se hizo internacionalmente conocido hasta que comenzó a vestir a Sarah Jessica Parker en tutús y Manolo Blahniks en “Sex & The City”, convirtiendo a esa serie en “la máxima autoridad en el mundo del fashion” como exclamaron, admiradas, las editoras de moda.
Ahora Patricia vuelve al ataque en “El Diablo se Viste de Prada”, la película que se estrenó hace unas semanas en Estados Unidos y que se ha convertido rápidamente en la nueva Biblia cinematográfica de los “fashionistas”. En el filme- basado en el best seller de Lauren Weisberger del mismo nombre- Meryl Streep y Ann Hathaway aparecen como una poderosa editora de modas, Miranda Priestley, y su asistente, Andy Sachs, ambas enfrascadas en una lucha de poder y egos mientras arrastran joyas de Fred Leighton, pieles de Fendi y Dennis Basso, vestidos de Dolce & Gabbana, Calvin Klein, Michael Kors y Bill Blass, y, por supuesto, un centenar de carteras y zapatos de Prada. Este no es cualquier guardarropa. Los precios de algunas carteras se elevan a los 14 mil dólares, y todos los días Miranda lanza sobre el escritorio de su aterrada subordinada suficientes zorros, chinchillas y minks como para provocar el colapso de cualquier defensor de los animales.
La Field, según dice, disfrutó enormemente su trabajo, aunque le resultó más difícil de lo que esperaba. El libro de Weisberger, basado en su experiencia de un año como asistente de Anna Wintour, editora en jefe de “Vogue”, fue ampliamente considerado una “traición” en el mundo de la moda y las revistas en Nueva York. Y como sabe cualquiera a estas alturas, las traiciones no le caen bien a esta mujer que ejerce su poder con la mano férrea de un dictador. Muchos diseñadores, aterrados de herir la sensibilidad de la poderosa editora, se negaron a colaborar con la producción de la película, pero la estilista entiende bien sus razones. “Anna ha ayudado a muchos de estos diseñadores, y, por supuesto, ellos no querían ofenderla”. Sin embargo, gracias a sus contactos, Patricia consiguió que marcas como Hermès, Dior, Chanel y especialmente Prada, entregaran gustosos sus modelos. Valentino fue aún mas allá, y aparece en un divertido “cameo” en el filme.
Aunque su éxito podría parecer del día a la mañana, la Field es bien conocida en el universo fashion de Manhattan. La diseñadora y estilista abrió su primera tienda, “The House of Field”, en 1976 a un costado de la Universidad de Nueva York, en el West Village. De inmediato el lugar- repleto de T-shirts de los “Sex Pistols”, faldas punk, pantalones de vinyl, pieles vintage, boas de plumas, pelucas multicolores y ‘lingerie’ de strass- se convirtió en el favorito de una multitud de modelos, disco-divas, travestis, fashionistas y más de alguna socialite que, en busca de aventura y creación, llegaban a buscar ahí lo que no podían encontrar en ningún otro lugar.
La originalidad es la marca de fábrica de la Field, y no importa si está trabajando con una novicia starlet o un icono como la Streep, si tiene a su mano diamantes de Van Cleef o una cartera usada de los cincuenta, su “look” es siempre único y reconocible. Su trabajo continuará en los meses siguientes, cuando vista a las protagonistas de la versión norteamericana de “Betty La Fea”, de la serie de ABC “Six Degrees”, y a Sarah Michelle Gellar en la versión cinematográfica del best seller “The Girls’ Guide to Hunting and Fishing”.
-¿Qué te ha parecido “El Diablo se Viste de Prada”?
-Me gustó mucho. La vi terminada en mi cabeza antes de verla en la pantalla, y no quedé desilusionada. La ropa se ve bien, y creo que es un éxito en el sentido que eleva la moda, la historia y especialmente los personajes, que en el libro original eran un poco simplistas. En la película están mejor desarrollados.
-¿Crees que la imagen que muestra del mundo de la moda es acertada?
-No, no lo es. Pero no estábamos filmando un documental. En lo personal, estaba tratando de crear un filme que se viera bien y que fuera alegre e interesante. Mi inspiración fue “Desayuno en Tiffany’s”. Holy Golightly era una chica pobre del campo, y ahí estaba, frente a la vitrina de Tiffany’s en un vestido de Givenchy.
-¿Decidiste usar marcas muy conocidas, como Chanel, Prada o Valentino, para hacer la película más interesante para personas que no están necesariamente interesadas en la moda?
-Traté de crear una película para un público amplio, no solo para “fashionistas”. Además, el guión dictó mucho el aspecto de los personajes. ¿Qué encuentra Andy, la asistente, cuando entra al closet de “Runaway”? Las marcas más conocidas del mundo. No quería que fuera un closet solo para “insiders”. La mayoría de la gente no sabe quién es Proenza Schouler, por ejemplo…!La mayor parte ni siquiera sabe quién es Anna Wintour!
-¿Cómo creaste el “look” de Miranda?
-Pensé en el personaje, y llegué a la conclusión de que era la líder de un imperio editorial. Desde el momento en que piensas en la palabra imperio, piensas en una emperatriz. Para mí, ella es realeza, y Meryl Streep es realeza también en su propio campo. Es una mujer que trabaja, y por lo mismo no tenia sentido vestirla en lo más nuevo de la temporada. Miranda tiene su propio estilo, donde mezcla una chaqueta con pedrería, una perfecta blusa blanca y una falda a rayas con absoluta seguridad e individualidad.
-¿Cómo fue vestir a Meryl Streep, que a diferencia de Sarah Jessica Parker no es talla 2?
-No tuve ningún problema. No quise vestirla en las últimas tendencias, ni muy a la moda, ni como se vestiría una modelo muerta de hambre. Ella no es eso. Es una mujer mayor, madura, e incluso si tuviera talla 2, ese ‘look’ no era el apropiado. El personaje de Miranda tenia que ser elegante, con ropa muy lujosa, y no en lo último de Dolce & Gabbana o Dior. Miranda tiene acceso a todo, y por lo mismo no se deja sorprender con lo “trendy”.
-¿Te inspiraste en el “look” de editoras de moda reales?
-No. Primero porque no hay ninguna editora que pueda compararse con Meryl Streep. ¿Quién podría ser? No se me ocurre nadie. Segundo, si me hubiera inspirado en Anna Wintour, por ejemplo, habría sido una limitación a mi creatividad. Prefiero tomar a Meryl y convertirla en una estrella de la industria de la moda mundial. ¿Cómo se vería? ¿Cómo eligiria su guardarropa? Así fue como creé el “look”.
-¿Meryl tuvo influencia en el aspecto de su personaje?
-Ella tiene una persona que trabaja en su maquillaje y peinado que la acompaña a todas partes. Cuando me reuní con ellos por primera vez, me dijeron que pensaban que el pelo blanco y un maquillaje muy pálido eran una buena idea. Y eso me encantó, porque me daba una tela blanca donde trabajar.
-¿La decisión de mantenerte lejos del “look” de Anna Wintour fue deliberada?
-Sí. La película entera se alejó de ella, excepto por la decoración de la oficina de Miranda, que es una copia exacta de la de Anna. Nunca he estado en su oficina, así que cuando vi la que construyeron en el set de la película me pareció bonita y adecuada. Pero después vi un articulo sobre ella en un periódico inglés donde posaba en su oficina. Era igual que la de la película. Eso me desilusionó.
-¿Has conocido a la Wintour?
-No, nunca. La he visto en desfiles de moda y fiestas, pero nunca la he conocido.
-¿Qué opinas de su estilo?
-Me parece básico, con un toque de esnobismo.
-¿Hubo diseñadores que no quisieron colaborar con la película por miedo a Anna Wintour?
-Hubo algunos que sintieron que el asunto era delicado y supongo que Anna ejerció ahí alguna presión. Algunos de esos diseñadores son mis amigos, salimos a menudo a comer juntos, y no era mi intención presionarlos. Si sentí que los estaba incomodando, simplemente nos les pedí nada. No iba a decirles, ‘!Si no me das ropa, arruinaré tu carrera!’.
-¿No es un poco exagerado ese terror frente a Anna Wintour?
-Siempre lo he encontrado un poco estúpido. Todos hacemos lo que hacemos, trabajamos duro y eso es todo. Por otro lado, la controversia ayudó mucho a publicitar la película y no la afectó negativamente en ningún modo.
-¿Hay algo que las editoras de moda tengan en común, respecto a su estilo?
-Lo único que puedo decir es que cada una tiene su propio estilo, lo que es muy importante. Ninguna de ellas usa un uniforme.
-En la película, Miranda usa muchas pieles. ¿Cuál fue la mas cara?
-No lo sé, porque no pagué por esos abrigos y nunca miré los precios. Hay muchos de Dennis Basso, como el primero que aparece en la película, una chinchilla espectacular. Debemos haber filmado unos 20 abrigos de piel, pero no sé cuantos aparecen en la edición final del filme.
-¿Que ‘look’ buscaste para Andy, la asistente de Miranda?
-Ella sufre una gran transformación en la película y después de negarse a la moda, finalmente se da cuenta que la ropa tiene cierta importancia para ella. Por eso se lanza con los brazos abiertos, usando grandes marcas. Chanel tenia mucho interés de trabajar conmigo en este proyecto, lo que fue una suerte porque su estilo tiene mucho que ver con el personaje y con Ann Hathaway, la actriz que lo interpreta. Pero también la vestí con otros diseñadores: Calvin Klein, John Galliano, Dolce & Gabbana…
-Hay una escena donde aparece en Chanel de pies a cabeza…
-Esa fue mi forma de decirles, ¿Quieren Chanel? ¡Aquí está Chanel!.
-¿Es posible cambiar de estilo de un día para otro, como hace Andy?
-Claro que sí. En su caso no se trata solo de la ropa, sino del maquillaje, el peinado…Si uno se siente bien con lo que lleva puesto, se va a ver bien. Y Andy, el personaje, se siente bien con su nuevo “look”.
-¿Se puede comprar el estilo?
-Se puede, pero se necesita la materia prima. Puedes gastar mucho dinero en ropa y accesorios, pero si no tienes estilo propio, no te verás especial.
-Para ti, ¿Cuál es el personaje con más estilo en la película?
-Nigel y Emily, porque aman la moda desde el fondo de su corazón.
-Mientras Sex & The City reverenciaba al mundo de la moda, esta película se ríe un poco de él. ¿Tuviste dudas en aceptar el proyecto?
-Si una no se puede reír de si misma, es mejor meterse a la cama y cubrirse con las frazadas. De lo que estamos hablando no es una religión ni un dogma; es ropa. Dicho eso, la película es distinta al libro en el sentido que trata de entender el mundo de la moda desde dentro y, desde ahí, hace comentarios sobre él. Mi intención nunca fue llegar al set y destruir el mundo de la moda. ¡Es mi mundo! Quiero ayudar a que sea mejor. Creo que esta película va a ser positiva para la moda, igual como lo fue “Sex & The City”.
-¿Qué es más importante para una mujer, verse bonita o única?
-Para mi, “bonita’ no es nada. Una mujer con un estilo único es mucho mas interesante. Lo único es mas original, creativo e inteligente. Lo único no necesariamente es lo mas atractivo, es cierto, pero la belleza no es algo que me interese per sé.
-¿Cuántos diseñadores aparecen en el filme?
-Debe haber unos cien, y en total debemos haber ocupado cerca de un millón de dólares en ropa y accesorios. Mi presupuesto era mínimo, no mas de 100 mil dólares, así que no podríamos haberlo hecho jamás sin la ayuda de mis amigos en la moda. El nivel de los abrigos de piel, de las carteras…!Dios mío!. Los zapatos de gamuza burdeos de Prada que Meryl usa en la primera escena cuestan 445 dólares. La cartera, seis mil dólares…
-¿Quién tiene, a tu modo de ver, el mejor estilo en Hollywood?
-Gwen Stefani, precisamente por lo que hablamos antes. Es única, no se ve como nadie más. Cuando veo a las actrices jóvenes de Hollywood, me parece que todas se ven iguales. Eso no ocurre nunca con Gwen.
-¿Cuál es tu diseñador preferido?
-Me encanta Alber Elbaz, de Lanvin. Sus diseños, aunque son un poco retro, son bellisimos. Me hacen sentir bien, igual que un viejo filme de Hollywood. El fue uno de los que no quiso colaborar con la película, pero lo entendí, porque ha recibido mucha ayuda de Anna Wintour, igual que Zac Posen o Proenza Schouler. ¿Qué iban a hacer?
-¿Cómo te inspiras para tu trabajo?
-Mi estética esta mas influenciada por el cine que por el trabajo de los actuales diseñadores. En mis sueños, el mundo de la moda es mucho mas glamoroso que en la realidad. Me encanta la extravagancia del viejo Hollywood. Me encanta observar a Fred Astaire. ¡Es todo tan hermoso! Por supuesto sé que esa fue otra época, pero siempre voy en esa dirección. Lo que vemos en el cine es una hiper-realidad. Si fuera por mi, estaría poniendo sombreros y guantes en todo el mundo. Algunos directores me frenan. Como sé que me van a pedir que me deshaga de algunas joyas, pongo aun más.
-¿Hay alguna estrella a la que te encantaría vestir?
-Durante un tiempo le dije a todo el mundo que me gustaría vestir a Hillary Clinton, porque creo que podría beneficiarse de mis servicios. Pero nunca escuché una palabra da ella. Quizás ahora, si ve “El Diablo…” y le gusta como se ve Meryl, acepte mi oferta.

Manuel Santelices

Elle Espana, 2007

Meryl Streep

In actores, cine, Elle Espana on June 22, 2009 at 4:52 pm

Con el pelo perfectamente blanco y ondulado, envuelta en abrigos de piel de Denis Basso o Fendi, montada en altísimos tacones de Manolo Blahnik, luciendo joyas de Fred Leighton y con una cartera Prada colgada de su hombro, Meryl Streep- se rumorea en Hollywood- parece en camino a recibir su decimocuarta nominación al Oscar por su rol de Miranda Priestley en “The Devil Wears Prada”.

Miranda, como sabe cualquier “fashionista” de Buenos Aires a Tumbuktú, es la fría, cruel, déspota, exigente e irresistiblemente chic editora de la revista “Runway”, una “Biblia de la moda” imaginaria creada por Lauren Weisberger, una periodista y escritora que convirtió sus once meses de trabajo como asistente de Anna Wintour- editora en jefe del “Vogue” americano- en el best seller que inspiró la película.

Sin embargo, entre el filme y la novela hay grandes diferencias. Mientras la Weisberger retrata a Miranda simplemente como un demonio vestido de Prada, la Streep, que tuvo completa libertad para crear su personaje, decidió darle un carácter mas humano, más complejo y, por lo mismo, aun más aterrador, el tipo de mujer que con solo una mirada o una orden susurrada puede dejar a cualquier subordinada al borde de las lágrimas.
“No la veo como una mujer cínica ni amargada”, dijo la actriz recientemente durante nuestra entrevista en Nueva York, “Tampoco la veo como una villana. Creo que es una mujer profundamente infeliz cuya mayor satisfacción viene de su trabajo. Pero la satisfacción profesional, por supuesto, puede ser a veces muy vacía, y su felicidad no es aparente para el resto del mundo”.

Radiante a sus 57 años recién cumplidos y elegantisima en un traje café de chaqueta y pantalón de Valentino, la Streep confiesa que la moda y sus vaivenes están lejos de sus preocupaciones y que esto de vestirse diariamente con la coraza “fashion” de su personaje no le resultó muy agradable. “Aparezco con 60 tenidas diferentes en la película”, explica con cierto aire de frustración, “!Teníamos carteras de 12 mil dólares! ¡Es de locos! Vestirme como ella fue como usar un traje de submarino todos los días. Para algunas mujeres puede parecer algo maravilloso, pero no para mí. Lo sentí como una camisa de fuerza”. Ella es, agrega, una mujer de “jeans y T-shirts”, y por eso dejó el “look” de Miranda en las experimentadas manos de Patricia Field, la estilista y diseñadora que en los últimos años obtuvo considerable fama creando los guardarropas de las protagonistas de “Sex & The City”.

Aunque decenas de diseñadores prestaron sus creaciones, hubo otros que se negaron, posiblemente aterrados por las eventuales represalias de la Wintour. “Si no hubiéramos tenido esa colaboración no podríamos haber hecho la película”, señala la estrella, “El presupuesto que tuvimos para guardarropa fue ridículo (100 mil dólares, de acuerdo a informaciones de prensa). Era como hacer una película sobre la conquista espacial en un garaje de New Jersey. Absolutamente imposible”.

Pero los temores de herir la sensibilidad de la editora de “Vogue” parecen, después de ver el filme, injustificados. Meryl Streep no muestra ni el aspecto ni los modismos de Anna Wintour- supuestamente la fuente de inspiración para el personaje de la Weisberger- y su Miranda fue creada como una mezcla de otras legendarias editoras de moda como Diana Vreeland, Liz Tilberis y Polly Mellon. “Nunca fue mi intención interpretar a Anna Wintour. Me parece muy poco interesante copiar a otra persona. Quería tener la libertad de inventar mi propio personaje”, dice Meryl, sonriendo, “No tenemos suficientes mujeres en situaciones de poder que me sirvieran de inspiración, y por eso la mayor parte de las características del personaje vienen de hombres que he conocido durante mis años lidiando con Hollywood. Sé que el libro está basado en la visión de una asistente de Anna Wintour, pero no quería filmar un documental sobre ella. Para ser honesta, no sé nada de ella…”

De hecho, ambas se conocieron recientemente durante una proyección de la película realizada en el Hotel St. Regis de Manhattan. Inmediatamente después la editora se acercó a la actriz, la saludó y le comentó que el filme le había parecido “entretenido”. Dicho esto, dio media vuelta y salió del lugar sin posar para los fotógrafos.

Aunque “The Devil Wears Prada” es un festín de zapatos, vestidos, carteras y accesorios servido en medio de galas y fiestas, penthouses y magnificas oficinas llenas de flores, el director de la película, David Frankel, su guionista Aline Brosh McKenna, y los actores decidieron que era una buena oportunidad para hablar sobre feminismo, poder, fama y los peligros de un mundo donde, como ocurre en “Runway”, la “mejor dieta es no comer” y “la talla 2 es la nueva talla 6”. Este es un universo que Meryl ha evitado con tanta energía como éxito, y después de tres décadas de carrera sigue siendo una de las estrellas más celebres y más privadas de Hollywood. Cuando no está trabajando, vive una existencia sorprendentemente simple en su casa de Nueva York junto a su marido, el escultor Donald J. Gummer- con el que se casó en 1978- y sus cuatro hijos, Harry, Mary, Grace y Louisa.

-¿Cómo te las has arreglado para combinar fama e intimidad?
-No tengo una respuesta para esa pregunta. Quizás ahora las cosas son distintas para la nueva generación. No conozco las presiones que existen sobre las actrices jóvenes para que abran sus vidas y sus blusas a la prensa y los fotógrafos. Creo, sin embargo, que todavía debe haber oportunidades para decir “no”, pero quizás no tendrían una carrera…. ¿Quién sabe? Creo que para ellas este es un mundo muy duro, porque los errores que cometen son muy públicos y hay personas que ganan mucho dinero con ellos. Hoy en día, pareciera que lo primero que tienes que hacer para triunfar en Hollywood es posar desnuda en la portada de “Vanity Fair”.

-Tu perdiste peso para este rol. ¿No estás ajena a las exigencias de Hollywood para con sus actrices?
-No fue algo premeditado. Mas que nada fue la ansiedad que me produjo este personaje. Hay gente que se me acerca y me dice, ¿No fue divertido interpretar a una villana? Y no, no fue divertido estar en el cuerpo de esta mujer. Quizás asumí demasiado las presiones que ella vivía, pero me pareció que eran parte central de la historia. Leí el guión, vi que esta era una profesional que estaba a punto de ser reemplazada, y entendí de lo que estabamos hablando. Sé bien lo rápidamente reemplazables que son las mujeres maduras en nuestra sociedad. Sentí lo que ella estaba sintiendo, y no fue agradable.

-¿Tienes miedo a envejecer?
-Tengo 57 años, he tenido mucho trabajo últimamente y espero que siga así.
-¿Tenias algún interés en la moda antes de comenzar a rodar “The Devil Wears Prada”?
-No tengo gran interés en tendencias ni modas, ni tampoco sigo lo que se presenta en las colecciones en Paris o Nueva York. Pero me interesa como se viste la gente, como cada uno se expresa a través de la ropa. Sé que la moda es una industria de millones de dólares, pero también lo es la ingeniería aeronáutica y eso tampoco me interesa.

-¿Te parece que Miranda tiene algo de feminista?
-Una de las cosas que admiro de ella es su habilidad para decir exactamente lo que quiere y lo que piensa, esperando siempre que sus órdenes se cumplan de inmediato. En ocasiones esto no es lo mas atractivo en una mujer y en general somos muy intolerantes al respecto. Me gusta que ella dedique tan poco tiempo a esas diplomacias que muchas mujeres usamos para lograr lo que queremos y para ocultar nuestros pecadillos. Siempre me ha interesado el fenómeno de que una misma frase, con la misma inflexión, suena completamente distinta en un hombre o una mujer. Cuando lo dice una mujer suena mas dura, es inaceptable, y eso es algo que me fascina. Quería investigar asuntos como ese en esta película.

-¿Si Miranda fuera hombre las cosas serian distintas? ¿No seria un villano?
-La segunda vez que vi la película, traté de imaginar a mi personaje como un hombre de 1.80 metros de altura, atractivo y con el pelo gris, y me di cuenta que viniendo de él nada de lo que se decía sonaba ofensivo. Las mujeres tienen que envolver sus requerimientos en un paquete especial. En el cine, los directores hombres no necesitan hacerlo. Las directoras mujeres, sí. Es la misoginia intrínseca de nuestra sociedad.

-¿Crees que las mujeres pagan un precio mas alto por el profesionalismo y la ambición? Miranda termina divorciada…
-Es un poco peligroso generalizar en este campo. La historia de Miranda no se aplica a todas las mujeres que tienen un trabajo importante, y la naturaleza de su matrimonio no es algo en que la película esté interesada. Eso no significa, claro, que no sea un problema. Para muchos hombres es muy difícil tener una mujer a su lado que gane más que ellos o que esté algunos peldaños mas arriba en la escalera profesional.

-¿Qué opinas de las encuestas que dicen que para una mujer profesional es más difícil lograr una vida plena?
-Estadísticas como esas mezclan la verdad con la necesidad de vender revistas y periódicos. Una puede hacer una encuesta, presentar los parámetros que le plazca y sacar sus propia conclusiones. Luego publica otra encuesta y llega a conclusiones distintas. Y en ambas ocasiones vendes periódicos, porque estás publicando algo controvertido. Por eso Ann Coulter siempre va a vender libros, porque siempre tiene algo negativo que decir. Estas cosas hablan más sobre el comercio editorial- el mundo de Rupert Murdoch-, que sobre la realidad de las mujeres. Cada mujer tiene su vida especifica y personal: un novio que quizás no es muy bueno, un trabajo mediocre, la frustración con su madre…Cada vida es individual.

.-¿Qué has sacrificado a cambio de tu éxito?
-Todos sacrificamos algo. Cualquiera que tenga un trabajo importante y al mismo tiempo planee formar una familia, tiene que tomar decisiones minuto a minuto. ¿Dónde está su tiempo? ¿Su concentración? ¿Su cerebro? ¿A quién están dedicadas sus horas? Esto es muy complicado, pero es algo que las mujeres saben hacer bien y por lo mismo creo que están muy bien preparadas para liderar al mundo en el futuro. Tienen la capacidad de dirigir su atención a quince lugares distintos simultáneamente. Hay algunas que se comportan como hombres, concentrándose en un solo problema, y aunque quizás avanzan más rápido, también pierden conciencia sobre el contexto de las cosas. Una mujer debería ser capaz de percibir el mundo en 360 grados.

-¿Cómo reaccionas cuando otros actores, como ocurrió en esta película, se inhiben frente a ti?
-No sé muy bien como enfrentar ese problema. Cada set es diferente. La verdad es que no siento el peso de la fama en mi misma; no tiene residuos en mi vida de hogar, en mi familia, ni en nada que tenga que ver conmigo. Puede que cree alguna interrupción en mi trabajo, sobre todo al principio, pero rápidamente se dan cuenta que soy una persona normal. La primera vez que olvido mi parlamento, me miran con desdén y dicen “ ¿La mejor actriz del mundo?”. Y ahora, con la edad, olvido mis parlamentos cada vez más a menudo- dice riendo.

-A estas alturas, ¿Qué le pides a la vida?
-No espero ningún regalo. Hasta ahora he sido muy bendecida y una nunca sabe lo que sucederá a la vuelta de la esquina.

-Miranda es muy exigente con sus asistentes. ¿Qué esperas tú de los tuyos?
-Hay una escena donde mi personaje le dice a su asistente, ¿Qué paso con ese papel que tenia ayer in mi mano?…Esas son cosas que yo también he dicho, pero mi asistente es fantástica y generalmente sabe de qué estoy hablando. Si alguien trabaja para mí, tiene que tener sentido del humor porque mi vida es trágicamente desorganizada. Sin embargo, siendo una actriz famosa, veo la reacción que cualquier requerimiento que haga tiene en el resto. Si pido un café, por ejemplo, la petición va de asistente en asistente y cada vez con más indicaciones. “No le gusta la leche”, “Prefiere Splenda, no Sweet & Low”, “Está demasiado caliente”, “Demasiado tibio”. Y esas son exigencias que yo nunca he hecho. Yo simplemente pido mi café.

Elle España, 2006

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