Manuel Santelices

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Ron Galella

In arte, Esquire, periodismo on August 13, 2009 at 6:17 pm

redfordgalella
“Un paparazzo debe saber conducir’, dice Ron Galella al volante de su enorme Chrysler negro, mientras avanza rápido por las serpenteantes calles del suburbio de New Jersey donde vive.
En el camino cruza centros comerciales, estaciones de servicio, restaurantes de fast-food, un par de carreteras, gigantescos caserones, pequeños bungalows, y esos jardines americanos tan perfectamente cuidados que parecen falsos. “Un paparazzo no puede viajar en taxi”, continua, “Un taxi no va a pasar una luz roja para seguir a una estrella, y uno jamás puede perder su presa por una luz roja. Esa es la primera lección”.
Galella sabe bien de qué esta hablando. En medio siglo de carrera, el fotógrafo de celebridades mas famoso del mundo ha cometido mas infracciones de tránsito de las que probablemente le gustaría recordar. Y no solo eso. Ha pasado horas escondido detrás de algún arbusto o en el guardarropía de un elegante restaurant. Ha dormido incómodo en el asiento de un viejo automóvil o la banqueta de un hotel. Ha coqueteado con mucamas y dado propinas a porteros a cambio de información. Se ha montado sobre tarros de basura para captar a alguna estrella en su jardín de Beverly Hills. Se ha camuflado bajo sombreros, pelucas y postizos. Ha demandado y ha sido demandado en los tribunales. Y, por supuesto, ha recibido mas de algún puñetazo. Pero jamás, en todos estos años, ha perdido su presa.
“Uno tiene que romper las reglas. Esa es la segunda lección. Romper las reglas, evitar los intermediarios y dirigirse siempre a la persona mas importante”, dice mientras vira violentamente el automóvil hacia un cul-de-sac, “Déjame darte un ejemplo: estaba en Las Vegas y Frank Sinatra ofrecía un evento. El encargado de seguridad, que me conocía y no me tenia simpatía, me dijo ‘!Galella, aquí no entras! ¿Qué hice yo? Me fui directamente a Sinatra…!Lo encontré comiendo en un restaurante!”.

Así son la mayoría de las historias de Galella, una anécdota que comienza con una advertencia, sigue con un golpe de suerte que incluye el nombre de uno o dos famosos, y termina con la inevitable moraleja de que para conseguir la foto perfecta un paparazzo no debe seguir mas reglas que las propias.
“Hay que sorprender a la estrella, porque esa es la foto mas interesante. Cuando la encuentras desprevenida, natural…Warren Beatty en el garaje del Beverly Whilshire, por ejemplo. Aparezco por detrás de un auto estacionado, le grito ¡Warren!, y disparo el flash. ¡Perfecto! Luego Warren se detiene, sonríe, pero ya no me parece tan interesante. El comienzo de una sonrisa es mucho mas revelador que la sonrisa en sí. Cuando aparecen los dientes, se acaba el misterio”.
Para cuando termina la historia de Beatty, el fotógrafo ya ha cruzado los dos monumentales conejos de piedra que, como leones a la entrada de algún palacete, cuidan la entrada de su casa.
“A mi mujer, Betty, y a mi nos gustan los conejos”, anuncia en un tono que suena mas a advertencia que explicación. “Teníamos nueve, pero se los comieron los mapaches”.
Ahora los conejos muertos descansan en su propio cementerio construido por las mismas manos de Galella en el patio trasero de su hogar, una enorme “McMansion” que en su momento fue considerada por la cadena HBO para servir como hogar a Tony Soprano y su familia de mafiosos en la serie “The Sopranos”.
El recuerdo de las mascotas, sin embargo, sigue vivo en los conejos de yeso, cerámica y plástico instalados en el garaje y la terraza; en los pequeños conejitos escondidos entre los muebles, los libros y los objetos en la sala; en las orejas y pompones que se asoman por la cocina o el comedor; y también, claro está, en la habitación del segundo piso que, para efectos prácticos, es un museo de memorabilia conejuna con una enorme vitrina levantada como un altar y dedicada exclusivamente a los delicados conejos de Limoges.
“Betty y yo no tuvimos niños, pero tuvimos nuestros conejos”, dice Galella en un profundo vozarrón, quizás sin advertir la ironía de ver a estos adorables “bunnies” derretir el corazón de un hombre como él. Un hombre de 76 años con imponentes espaldas, nariz de boxeador y la reputación de ser uno de los paparazzo mas duros y astutos en un negocio donde astucia y dureza son la moneda obligada. Un hombre que fue amenazado por Richard Burton, Ryan O’Neal y Jackie Kennedy, y que provoco la ira de Sean Penn, Sam Shepard, Liz Taylor y Doris Day. Un hombre que, en un legendario episodio, perdió cuatro dientes después de recibir una golpiza a manos de Marlon Brando.
Vamos a esa historia, que vale la pena.

El 12 de Junio de 1973, Galella, como había hecho tantas veces antes, fue a instalarse a las puertas del estudio donde Dick Cavett grababa diariamente su célebre programa de entrevistas. ¿El invitado de esa noche? Marlon Brando, que por entonces terminaba de rodar “El Ultimo Tango en Paris” con Bertolucci.
Después de la entrevista, el actor y Cavett se dirigieron a un restaurant de Chinatown con Galella siguiéndoles los pasos y disparando su cámara insistentemente; una foto mas, y una mas, flash, clic, una mas y otra mas, hasta que Brando, con voz profunda e intimidante le pidió que se acercara.
Galella, quizás advirtiendo peligro, se acercó pero le habló a Cavett. “Siempre habla con el mas amistoso del par”, señala, dando otra lección, “Si quieres a Brando, habla con Cavett. Si quieres a Paul Newman, habla con Joan Woodward”.
Así, le pidió a Cavett que ambos se sacaran los lentes de sol. La foto era ridícula, le dijo, tomada de noche con los dos en gafas oscuras…y en eso estaba, hablando de las gafas, cuando sintió el puñetazo que le dislocó la quijada y le arrancó los cuatro dientes frontales inferiores.
Brando, sin advertencia alguna, dejó salir su furia con tal fuerza que al día siguiente se vio obligado a ir al hospital con su mano infectada.
“Lo demandé por un cuarto de millón de dólares”, recuerda Galella, “Pero negociamos un acuerdo fuera del tribunal. No fue mucho, poco menos de 40 mil dólares. El abogado se llevó una buena parte, así que quedé con 25 mil dólares. Y Brando, por supuesto, tuvo que pagar por mis cuatro operaciones a los dientes”.
Pero el fotógrafo no es rencoroso, y mantiene la atractiva imagen del actor junto sus otros grandes “hits” en un mural a la entrada de su casa. Ahí está, peligroso y seductor, junto a Jackie, la princesa Diana de Gales, Liz Taylor, Richard Burton, Robert Redford, Barbra Streisand…
Galella habla sin cuidado, casi divertido, sobre ese y otros líos legales. Cuenta que recibió 10 mil dólares después de demandar a Armand Aassante por asalto, otro tanto de una revista que publicó sus fotografías sin permiso, y una pequeña fortuna de una tienda francesa que usó su imagen de Robert Redford sin pagar derechos… “¡¿Cuánto ganamos en esa ocasión?!”, le pregunta a Betty, que permanece en la otra habitación.
“!No hablamos de dinero en entrevistas!”, advierte ella, “Eso es ‘off the record’”.

Galella conoció a Betty en 1978, después de mas de dos años de conversaciones telefónicas negociando la venta de sus fotografías para una revista con la que ella colaboraba en Washington D.C. El flechazo fue instantáneo. Cinco minutos después de verse cara a cara, Galella le ofreció matrimonio. Mas sorprendente aun, ella aceptó.
¿Por qué?
“Era un ‘Hunk”’, dice Betty, arrastrando el halago en uno de esos acentos sureños que parecen filtrados en whisky y miel, “Tenia talento, y una vida fascinante llena de aventuras. Me pareció irresistible”.
Galella también tenia, hasta entonces, una vida solitaria. “No me casé hasta los 48 años, porque fue imposible encontrar una mujer que se integrara a mi vida de paparazzo”, cuenta. “Pero la soledad no es mala, porque hace crecer el alma. Para mi fue una suerte, porque otros fotógrafos se iban a sus casas a ver sus mujeres, sus novias o sus madres. Yo en cambio tenia todo el tiempo para seguir a Jackie”.

Hasta la llegada de Betty, Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis fue la mujer mas importante en la vida de Ron Galella.
Cada vez que Jackie abandonaba su departamento de 15 habitaciones en el 1040 de la Quinta Avenida, a solo pasos del Museo de Arte Metropolitano, ahí estaba él y su cámara esperándola. En el mejor de los casos Jackie lo ignoraba. En el peor, ordenaba a sus agentes del servicio secreto que lo arrestaran y destrozaran su filme. Así, día a día. Galella la acompañó de compras en Bloomingdale’s, en sus paseos con Aristóteles Onassis por Madison Avenue, a la entrada de la Opera o mientras comía con I.M Pei en un restaurant “downtown”. A veces lo hizo a escondidas y otras a plena luz; siempre inoportuno, ansioso, irritante, insistente y, claro, peligrosamente halagador.
“Jackie era la modelo perfecta para lo que yo llamo ‘el estilo paparazzo’”, recuerda el fotógrafo, “Jamás posaba, y por lo mismo siempre aparece en las fotos espontánea, con la guardia baja, cándida…todas las cualidades que busco en una fotografía. Por supuesto, también había un buen mercado para sus fotos. ‘Modern Screen’, ‘Photoplay’, “Silver Screen’, todas esas publicaciones que ya no existen pagaban hasta mil dólares por una foto de Jackie. Pero ella odiaba esas revistas de cotilleo, de mentiras…Decía que ella no era una estrella de cine, que no pertenecía a esos pasquines, y en cierto modo tenia razón”.
Durante largo tiempo Galella organizó sus días alrededor de la agenda de Jackie. Llegaba a su departamento cerca de las once de la mañana para ver si salía de día. Si no era así, volvía a las siete de la tarde a esperar que saliera al teatro, el ballet o la Opera, o a las ocho, por si salía a comer. La vigilaba en eventos y cenas, y luego la fotografiaba nuevamente de regreso a su casa. Los fines de semana la seguía a Central Park con sus hijos, Caroline y John, o a Hyannis Port, New Jersey, al aeropuerto y, en un par de ocasiones, la siguió hasta la isla de Skorpios, donde una vez se disfrazó de marinero griego para fotografiarla nadando en el Mediterráneo.
Si Jackie se quedaba una noche en su casa, Galella iba al “Studio 54”, donde fue bien recibido hasta que un día fotografió a Ali McGraw sin corpiño, mostrando mas de lo aconsejable en la pista de baile. Play Boy publicó la foto y después de eso Steve Rubell le prohibió la entrada a su legendario club. “Era un pequeño Cesar”, recuerda el fotógrafo, “y un mentiroso, porque Ali nunca se enojó por esa foto. Fue él”.
Una noche era Brooke y otra Farrah. Una Cher y otra Liza. Y todas las noches era Bianca. Pero ninguna de ellas, a los ojos de Galella, alcanzó jamás el brillo de Jackie.

Esta “relación de amor y odio”, como la define él, alcanzó su clímax en 1971, cuando la ex Primera Dama, hastiada de tanta persecución, presentó una demanda por acoso en su contra que le impidió acercarse a menos de 50 yardas de distancia de ella y sus hijos y que, de paso, lo convirtió en el paparazzo mas célebre y controvertido del mundo.
Durante el juicio, Jackie presentó como evidencia fotos que la mostraban arrancando del fotógrafo en Central Park, igual como un ciervo arrancaría de un cazador. Galella recuerda perfectamente el día que las tomó.
“Llegué una mañana a su departamento y el portero me dijo que habían ido a Central Park con sus raquetas. Encontré a Caroline practicando tenis, tomé un par de fotos, y de pronto me di cuenta que Jackie también estaba ahí, apoyada en un árbol. Traté de fotografiarla, pero dio vuelta la cara. De pronto le dijo algo al oído a su servicio secreto y se puso a correr. Pensé que iba a acusarme a la policía, porque había un auto patrulla ahí cerca; pero no, siguió corriendo y yo detrás, jadeando, porque estaba en muy mal estado físico. No podía mas, pero un paparazzo nunca pierde su presa. Después me di cuenta que lo había planeado todo…”.
Con el juicio Galella perdió sus derechos, pero no su obsesión. Continuó fotografiando a Jackie a la distancia, desde tejados y arbustos, y en una imagen de su libro “No Pictures” aparece en medio de un enjambre de fotógrafos rodeando a la ex Primera Dama mientras se sube a una limousine, sonriente con su cámara colgando del cuello y una cinta de medir en las manos.
En 1982 hubo un segundo juicio y Galella se declaró culpable de no haber respetado la distancia establecida una década antes. De ahí en adelante, por ley, no pudo jamás volver a dirigir su cámara a Jackie. Sin embargo en 1994, cuando su musa, su presa favorita, su máxima estrella ya había muerto, firmó un acuerdo con John Kennedy Jr. que aceptó ser fotografiado por Galella siempre y cuando fuera solo en eventos públicos. “Así pude captar los últimos tres años de su vida”.

A pesar de su reputación, Galella se considera a sí mismo un caballero. Como evidencia número uno, cuenta su historia con Greta Garbo, a la que encontró un día de tormenta rumbo a su departamento por Sutton Place.
“Yo no he hecho nada, ¿Por qué me molesta?”, le dijo la solitaria diva, y él, sin saber qué responder, disparó su flash cinco o seis veces y la dejó seguir su camino al anonimato.
¿Otra historia de caballerosidad? Ahí está la de Truman Capote en Southampton.
“!Betty! ¿Qué fue lo que dijo Truman?”- llama el fotógrafo a su mujer, para que otorgue el necesario dramatismo a la anécdota. “Estábamos en Montauk, donde van muchos famosos en el verano”, comienza entonces a contar ella con el tono afectado de una heroína de Tennessee Williams. “Leímos en el periódico que Truman había sido internado en el hospital de Southampton por un problema de drogas o alcohol. No recuerdo cual de los dos. Llegamos al hospital y no había nadie en la recepción, así que abrimos el libro de pacientes, vimos que Truman estaba en la habitación 205 y nos dirigimos ahí sin que nadie nos detuviera. Truman no quiso que Ron lo fotografiara porque no estaba afeitado, y Ron le dijo que bien, que lo fotografiaría en otra ocasión. Y así fue. Truman dijo entonces que quería regresar lo antes posible a su departamento en el U.N. Plaza de Nueva York para darse una buena afeitada y seguir con su proyecto.
-‘¿Tu nuevo libro?’- le pregunté.
-‘No, mis cajas de decóllage. Tomo cajas ordinarias de cartón y las convierto en algo extraordinario pegándoles imágenes de serpientes”- dijo.
-‘!Truman!, ¡que exótico…! ¿Cómo encuentras tiempo para hacer algo así?- le pregunté.
-‘Dahhhling, lo único que tengo es tiempo’”.

Galella recibe la historia de su mujer con una gran carcajada, como si fuera la primera vez que la escucha. Su risa tiene algo de nostalgia, porque aunque no pierde mucho tiempo pensando en “the good old times”, a estas alturas está bien consciente que no volverán. El ya no es el mismo vigoroso paparazzo que un día fue, y el mundo de las celebridades, su mundo, ya no es esa glamorosa, decadente y sensual fiesta que tan bien conoció.
“No tengo idea como sobreviven los fotógrafos de hoy”, dice, “Fui a una premiere hace un tiempo con Angeline Jolie y Brad Pitt. Gran premiere, mucha gente. Me asignaron el numero 65 entre los fotógrafos. ¡El 65! Y llegaron al menos veinte mas, todos tomando la misma foto de Angelina en la alfombra roja. Un paparazzo ya no tiene el acceso de antes”, agrega, “Hay mucha seguridad alrededor de las estrellas, ya no puedes acercarte. Solo te dan la entrada y la salida, y uno esta siempre detrás de un cordón. Los encargados de relaciones públicas son terribles, peor que los de seguridad, peor que la policía. No me interesa mucho”.
Afortunadamente para él, aquellos días en que pasaba una noche entera esperando la aparición de una estrella han terminado. Ahora su trabajo, que creció en los últimos y mas menospreciados peldaños de la cultura popular, es considerado, tratado y transado como una obra de arte, expuesto en lujosos libros con introducciones escritas por Tom Ford o Diane Keaton, y en los muros de algunas de las galerías especializadas mas prestigiosas del mundo, incluyendo “Stanley Wise Gallery” en Nueva York, donde su nombre aparece junto al de otros grandes fotógrafos como Avedon, Steichen o Cartier Bresson.
Nada podría ponerlo mas orgulloso.
Nada, excepto quizás el documental que el conocido director Leon Gast (When We Were Kings) está preparando sobre él, un filme que lleva el certero titulo de “I Am a Camera; The Unwelcome Art of Ron Galella”, y que será estrenado en el Festival de Cine de Sundance en Febrero próximo.
¡Ah, el encanto de vivir la alfombra roja desde el otro lado del cordón! Galella no puede dejar de sonreír con satisfacción con solo pensar en la ironía.
“Mi profesor de italiano en el colegio, el señor Costanza, siempre decía que en esta vida eres alguien o eres un Don nadie, y eso quedó muy grabado en mi mente”, cuenta. “Tengo un gran ego. Todas las grandes estrellas tienen un gran ego. Pero ellas interpretan personajes y se pierden en ellos. Yo, en cambio, soy yo mismo en esta película. Aquí el director no me da ordenes. El director, en mi película, es Dios”.

Manuel Santelices

Esquire Espana, 2009

Tommy Hilfiger

In Esquire, moda on June 22, 2009 at 5:47 pm

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-El éxito te da autoestima. En el colegio mi autoestima era muy baja porque era malo para los deportes y tenia poca altura. Cuando empecé a triunfar en los negocios adquirí confianza y aprendí a creer en mí mismo.

-Me he dado cuenta que puedo tener éxito en lo que me proponga. Podría ser un estupendo ejecutivo musical o productor de cine; podría ser miembro de una banda de rock, actor, artista. Podría ser un excelente conductor de taxi o mesero. Podría hacer lo que sea y siempre lo haría bien.

-Mi padre fue siempre muy critico conmigo, pensaba que no servia para nada. Yo también pensaba que era un ‘looser’, un perdedor, pero en el fondo de mi corazón sabia que no era así.

-Siempre fui ambicioso. Me interesaba ganar dinero, porque mi familia no lo tenia y desde un principio tuve que ganarlo para comprar mi ropa, mi auto y costear el estilo de vida que quería vivir. Trabajé en una gasolinera, en una tienda de deportes y cortando el césped de los vecinos.

-No importa en qué parte del mundo te encuentres, hoy todos somos iguales y vivimos de la misma forma. Todos bebemos Coca- Cola, conducimos el mismo Mercedes, Toyota o Porshe, llevamos un Rolex o un Cartier en la muñeca y usamos zapatillas Converse. No es bueno para el mundo, pero es bueno para mí como marca y hombre de negocios.

-El pasado es pasado. Tiene cosas buenas, otras malas; algunos errores y algunos aciertos. Es mejor disfrutar el presente y concentrarse en el futuro.

-Mi hija es artista, mi hijo músico, y aunque el mas pequeño todavía es muy joven, creo que se dedicará al negocio de la moda. Mi padre nunca me apoyó, y yo he tratado de hacer lo opuesto con mis hijos. Lo que hagan, ahí estoy para apoyarlos..

-Mi padre no quería que fuera diseñador. Prefería que me dedicara a las leyes o la medicina. En cambio, me dejé crecer el pelo, comencé a vestirme como una estrella del rock, y puse una tienda de jeans.

-Decepcioné a mi padre, claro.

-Adoro la música desde que era adolescente. Me sentaba en mi habitación a escuchar mis discos y observaba las fotos de los Rolling Stones y Jimmy Hendrix. Mi sueño era verme como ellos.

-Siempre pensé que las estrellas del rock tenían una gran vida. Viajes, autos caros, hermosas mujeres, fabulosas casas….Pero después de un tiempo me dí cuenta que ese tipo de vida involucra mucho trabajo y responsabilidad.

-Ya no salgo tan a menudo. Hago yoga, duermo la mayor cantidad de horas posibles y actúo con moderación. No me interesa ir a un concierto rock; prefiero verlo por televisión.

-Mi casa en Mustique es un paraíso. Ahí vivo un lujo primitivo, un lujo descalzo. No tengo que preocuparme del tráfico o de llamados telefónicos.

-En el mundo de la moda es fácil dejarse llevar por la tormenta. He visto a muchos naufragar y quiero evitar que me suceda a mí. Al final de cuentas es tu elección: te ahogas o llegas a tierra.

-El lujo y la calidad se siente de una manera muy distinta en la piel. Cuando salgo de la ducha quiero la mejor toalla. Si me pongo una camisa, quiero que sea del mejor algodón.

-Todos los días uso un traje, que es lo mas fácil. Con o sin corbata. Camisa blanca o azul.

-Ya no me pongo nervioso antes de un desfile. Solo me aseguro que todo esté en su lugar; no quiero ver modelos cayendo de la pasarela o que la ropa luzca mal. He estado en este negocio durante veinte años y solo trabajo con gente extremadamente profesional.

-No me interesa la reacción de la prensa sobre mi trabajo. La opinión de los críticos no hace gran diferencia.

-Hace tres o cuatro años tuve una muy mala critica en “The New York Times”, que me produjo mucho enojo y frustración. Después me dí cuenta que no valía la pena desperdiciar mi energía en algo así. Era una critica que no merecía ni un solo minuto de mi tiempo.

-Hasta que Bush se convirtió en Presidente, nunca me interesó la política. Estoy tan desilusionado del sendero por el que ha llevado a este país, sobre como somos percibidos ahora en el resto del mundo, que decidí involucrarme.

-Hubo un momento en que todos amaban América. Ahora todos nos relacionan con balas, armas y tortura. Es terrible.

-La persona adecuada puede cambiar las cosas. Para mí esa persona es (Barack) Obama.
Esquire, 2008

Javier Bardem

In actores, cine, Esquire on June 22, 2009 at 12:15 pm

Javier es una estrella a regañadientes. Mientras Francis Ford Coppola asegura que es mas talentoso que Pacino o Nicholson, el Telegraph de Londres lo llama “el mejor actor de su generación”, “Hola” paga casi 200,000 euros por las fotografías que lo muestran de vacaciones con Penélope Cruz en las Maldivas y en Hollywood su nombre se rumorea, una vez mas, como candidato al Oscar, el, como si nada. Sigue con la misma mirada recia de boxeador; la misma conversación intensa, profunda y pausada; y la misma pasión por su oficio, que hace que sea el gran ausente en medio de ese huracán de comentarios, halagos y prensa que le rodea por estos días..
Ahora, que todo el mundo sueña con la fama y pocos tienen problemas en despojarse de toda dignidad- y en ocasiones de buena parte de su ropa- a cambio de una portada, Bardem muestra un refrescante desdén por la celebridad. No le gusta, no le interesa y siente por ella una genuina desconfianza.

“Yo tengo un gran respeto por la profesión de actor”, dice, “Mis abuelos eran actores. Los padres de mis abuelos también, en una época en que los actores ni siquiera tenían derecho a ser enterrados en un cementerio porque eran considerados putas y maricones. Mi madre es actriz, mi tío también…Pero ese respeto lo pongo en mi trabajo. Cuando no estoy trabajando, voy por la calle y soy un ciudadano mas, no tengo obligación de comportarme como quieren que me comporte. Prefiero perder un espectador que un minuto en la vida”.
Su existencia, asegura, es simple. Vive en un piso en pleno centro de Madrid, en una calle peatonal repleta de gente que le permite cierto anonimato en medio de la multitud. Si alguien le pregunta que hace en su tiempo libre, levanta los hombros, sonríe y dice que lo mismo que todo el mundo- pasear, leer, ver amigos, hacer deporte-, y que su vida no tiene nada de excepcional. Lo que no hace es ver televisión, que le parece “un veneno, una caja tonta”.
“Soy un hombre muy urbano, me gusta recorrer la ciudad, hacer mis cosas”, añade, “Y de vez en cuando me gusta perderme en algún lugar donde nadie me conozca y ese sitio, generalmente, está fuera de España”.
Esos brochazos de normalidad, claro está, son cada vez mas escasos, y él responde a la jaula pequeña de su propia fama con una mezcla de rabia y resignación. “A veces la gente se aproxima cariñosamente, tú dices gracias y sigues tu camino Pero otras, sobre todo en España donde la gente es muy impetuosa, llegan tipos, me cogen el brazo y me dicen ¡Hola Bardem!. Yo les digo que no me hablen, que no me molesten y me dejen en paz. Esa persona, obviamente, nunca más a ir a ver una de mis películas, pero yo he ganado un minuto de mi vida”.
El actor- hijo de la legendaria actriz Pilar Bardem y sobrino del director Juan Antonio Bardem- comenzó a aparecer como extra en peliculas cuando tenia apenas ocho años. En su adolescencia, el rugby y la pintura eran sus verdaderas pasiones. Cuando cumplió 18, alguien le ofreció un par de frases en una pelicula y empezó a tomarse,entonces, la profesión de actor en serio.
Su salto a la fama fue en 1992, cuando apareció como un romántico, violento y algo bruto modelo de ropa interior en la película “Jamón, Jamón” de Bigas Luna. Ahí toreó desnudo, devoró a Penélope Cruz a besos y enfrentó a su rival a golpes con una pata de jamón. El cine español, sin saber qué hacer con semejante ejemplar de virilidad, decidió que había encontrado a un nuevo símbolo sexual, pero Bardem tuvo una opinión diferente, y temiendo ser empaquetado y vendido como un atractivo trozo de carne, se retiró de las cámaras, consiguió trabajo como camarero, y se sentó a esperar a que apareciera un papel adecuado.
Aunque hizo otras películas de por medio, ganando en el camino mas premios de los que es posible recordar, su gran salto a la fama internacional llegó con “Antes que Anochezca”, el filme de Julian Schnabel donde interpretaba al poeta y escritor gay cubano Reynaldo Arenas, un papel que le otorgó el honor de ser el primer español nominado al Oscar.
“Yo pertenezco a ese cinco por ciento de actores que trabajan en el mundo; hay un noventa y cinco por ciento que esta desempleado. Eso ya lo celebro. Trabajar en algo que me gusta y que más encima me paguen, me parece maravilloso. Pero si además tengo el honor de poder esperar por un buen papel, porque no soy millonario pero tengo una casa y eso ya es mucho en España, ¿Por qué no hacerlo? Ya esperé antes, y eso me llena mucho más que hacer cinco películas de corrido”, dijo tiempo despues, mientras promocionaba en Nueva York “Mar Adentro”, la pelicula de Alejandro Amenábar. En ella encarnaba a Ramon Sampedro, el tetrapléjico decidido a poner fin a sus dias que se convirtió, a su pesar, en la bandera de quienes promueven la eutanasia.
El filme obtuvo el Oscar a la mejor pelicula extranjera, consolidó la estatura internacional de Bardem, y desde entonces las largas esperas por buenas oportunidades han desaparecido.
“Hasta ahora siempre había hecho proyectos que me dejaban un espacio de tiempo, y dejaba un año o año y medio entre película y película”- recuerda-, “En los últimos tiempos, sin embargo, solo he tenido un mes de descanso entre proyectos. Era algo que no quería hacer, pero lo hice y me di cuenta que se puede. De pronto te encuentras con papeles que te interesan, que quieres hacer, y si no los haces ahora, ¿Cuándo?”.
A los 38 años, Bardem está acumulando una impresionante lista de créditos que lo ha llevado a trabajar con algunos de los directores mas importantes del mundo, incluyendo a Milos Forman (Los Fantasmas de Goya), Joel y Ethan Cohen (No es País Para Viejos), Mike Newell (El Amor en los Tiempos del Cólera), y Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona). Mas adelante vienen Rob Marshall, que según informaciones de presa le dirigirá en la versión cinematográfica del musical “Nine” junto a Penélope Cruz, Sophia Loren, Marion Cotillard y Catherine Zeta- Jones. Por último, Francis Ford Coppola, lo ha escogido para protagonizar “Tetro” con Maribel Verdiú.
Aunque no hay un solo director español en esta lista y todas son películas rodadas en inglés, Bardem sigue considerándose a sí mismo un actor español que, en ocasiones, trabaja en el extranjero.
“Yo escojo mis proyectos siguiendo mi intuición y me da lo mismo si son en Estados Unidos, España u otro lugar. Pero es verdad que últimamente han entrado mas proyectos de afuera que de aquí”, concede, “-Quizás en España consideran que ya estoy mas afuera. Es difícil trabajar en un país donde la producción es limitada, y hay muchos directores españoles con los que me gustaría trabajar pero no he tenido la oportunidad. A mi modo de ver, sin embargo, sigo siendo un actor español que trabaja fuera de España. Lo que hago fuera es lo extraordinario”.
Según dice, rodar con Woody Allen en Barcelona fue una de las experiencias mas ricas de toda su carrera “Tienes unos diálogos extraordinarios que te exigen ritmo, concentración y relajación, porque él es un director que trabaja en tiempo real y no manipula”, explica, añadiendo que el neoyorquino quedó encantado con el equipo de producción español. “Fue un proyecto casi teatral, dirigido por un señor que intenta constantemente que surja algo de verdad y que lo hace en forma muy sutil, con mucho cariño por sus actores. Woody Allen no es un tipo muy extrovertido, pero quiere mucho y respeta muchísimo el trabajo de todos”.
Cuando le preguntan si el filme es comedia o drama, el madrileño no sabe que contestar. “La verdad es que ni yo mismo lo sé”, confiesa, “Todo dependerá de cómo se edite. Hay casos en que ves la película terminada y no tiene nada que ver con la que te habías imaginado, pero esa es la naturaleza de este trabajo. Ha habido películas mías que me han desilusionado, pero no puedo dar nombres, porque seria una falta de educación, ¿No?”.
Es poco probable que “No es país Para Viejos”, la película de los hermanos Cohen, haya dejado el corazón del actor insatisfecho. Recién estrenada en Estados Unidos, el filme, basado en la célebre novela de Cormac McCarthy, es una carrusel de frenética y sangrienta violencia ejecutada a menudo por las enormes, duras y eficaces manos de Bardem.
Como el asesino Antón Chigurh- una máquina de matar con mirada funeraria y un aterrador corte de pelo- el actor ha dejado a los críticos europeos y americanos como cadáveres en el camino, incapaces de imaginar una elogio mas para ofrecer y susurrando a viva voz la palabra mas importante en Hollywood: Oscar.
Pero Bardem, con su acostumbrada despreocupación, parece hacer oídos sordos. “Esa es una batalla que abren los demás y donde uno entra en forma absolutamente involuntaria. Yo no me pongo la armadura, cojo la espada y comienzo a pelear por premios”, dice. “Hago mi trabajo y, como cualquier actor, espero que a la gente le guste y crea en mis personajes. La del Oscar y los demás galardones es una batalla enorme que exige mucho tiempo, mucha energía y que ni siquiera quieres librar. Tiene cosas muy buenas, pero también otras terribles. Está la excesiva propaganda, la sobre exposición, el hablar constantemente de ti mismo, asuntos que no tienen nada que ver con tu trabajo. ¿Qué me pasa? Que esto no va conmigo. Pero al final la energía que se produce es tan fuerte, que terminas metido en la lucha y defendiendo lo tuyo”.
Eso no significa, claro, que no le gustaría estar en Febrero próximo subido en un escenario con una estatuilla en la mano, dando agradecimientos frente a la realeza de Hollywood. “A todos nos gusta que nos aplaudan y que nos digan que hemos hecho un buen trabajo. Pero de ahí a convertir el Oscar en el lazo que cierra y adorna tu trabajo hay una gran distancia. Claro que me gusta que me den premios, pero sino me los dan me da lo mismo. Lo que quiero es seguir trabajando”.
Las comparaciones entre Bardem y Antonio Banderas son inevitables, mas ahora que posiblemente encarnara al romántico Play Boy en “Nine”, un personaje con que el malagueño arrancó aplausos en Broadway. “No estoy tomando ningún relevo a Banderas”, “ asegura menospreciando cualquier rumor de rivalidad, “Tuve el placer de verlo en ese musical y fue fantástico, un maestro en el escenario. Después fui a saludarlo al backstage y me quedé muy impresionado con su energía y su carisma. No sé qué va a pasar con esa película, pero no creo que yo ni cualquiera pueda ocupar el sitio que tiene Antonio. Yo admiro mucho lo que él hizo, porque siendo un actor con una proyección, una importancia y un peso tan grandes en España, cogió las maletas y, sin hablar inglés, se fue a Estados Unidos a hacer carrera”, agrega.
“Eso me parece de una valentía brutal”, continua, “Antonio dio un paso para hacer su carrera internacional que yo no he dado. No soy lo suficientemente valiente. Y además, le tengo mucho agradecimiento, porque gracias a él mucha gente en la industria cinematográfica giró la cabeza y miró hacia España. Banderas ha sido un héroe y nos ha hecho un gran favor a todos los actores que vinimos detrás de él”.
La relación de ambos actores con Hollywood es muy diferente. Mientras Banderas se ha lanzado a sus brazos sin pensárselo dos veces, aprovechando todos sus placeres y cayendo, en ocasiones, en sus trampas, Bardem continua como un amante desconfiado y algo infiel. “Siento mi relación con Hollywood como la relación de una noche.”, dijo hace algun tiempo en Nueva York, “ Si me están ofreciendo una buena diversión, un buen plan, voy y me acuesto con Hollywoood. ¿Qué es un buen plan? Un buen personaje. No me dejo llevar por esa belleza o riqueza artística que todos le suponen a Hollywood. Eso es algo que ha ido decreciendo cada vez más. Es una industria que hace 500 películas al año y sólo 30 son buenas. ¿Qué pasa con las 470 restantes?? Mierdas de películas, que ahora también copan todas las pantallas en Europa. Estados Unidos siempre ha sido muy hábil robando ideas de otras culturas, lo que trae cosas muy buenas, como la creación de una sociedad multi- étnica y plural, pero también otras muy malas como la falta de identidad, la conquista de otros pueblos, etc…Eso también sucede en Hollywood con los talentos y el cine. Dicen ¿Y éste que suena tanto, quién es? Para acá. ¿Cómo ganan a los actores europeos? Con cheques. ¿Cómo el actor se deja ganar? Con dinero. Pero con eso no tengo ningún problema. El día que haya dinero iré a Hollywood, pero todavía no me lo han dado. Aparte del dinero también hay que pensar en otras cosas. ¿Quién es el que se levanta a las seis de la mañana para hacer un personaje? Yo. Y más vale que el personaje me guste, porque si no lo voy a pasar mal, porque tengo respeto hacia mi trabajo y porque después de filmarla durante tres meses hay que pasar otros seis promocionándola. Esa es la lupa que uso para ver la letra pequeña”.
No es dificil adivinar que su resistencia tiene tambien otras razones.
Para un actor en Hollywood, el éxito viene acompañado de fama, y la fama acompañada de prensa. Y esa es una compañia que Bardem nunca ha buscado. Su desprecio por las imperttinencias periodisticas es legendario y solo queda rogar por aquel periodista que tenga la ocurrencia de inmiscuirse en su vida privada. Este es un hombre que puede provocar mil emociones, incluyendo la del miedo.
Aunque no lee lo que se escribe de él, dice que le llega igual y le enfurece. “Hay gente que vende su vida y allá ellos; que enfrenten las consecuencias. Pero hay otros que no lo hacemos y nos meten en el mismo saco. Eso me parece injusto”, asegura, “. Hay una prensa repugnante, la prensa rosa, que debería ir a la cárcel. Es una práctica que esta denostando la profesión del periodista. En España, el informador es un enemigo tenga el sello que tenga. Todo los medios periodísticos están saturados de ese tipo de información, e incluso profesionales muy serios han cedido al poder del rating. Es algo terrible y se ha llegado a niveles absurdos”.
El actor insiste: “Este es un pescado que se muerde la cola y todos somos responsables. Pero los máximos responsables son los directores de los medios, que dicen ‘bueno, quizás esto no es muy ético pero nos trae seis millones de espectadores’. El día que muera alguien, que alguien le clave un hacha a un periodista porque se ha metido en su baño a grabarle como caga, ahí se darán cuenta de los excesos a que hemos llegado. En nombre de la libertad de información se está atropellando la dignidad de las personas”.
Por lo mismo, de su vida privada no habla- algo que se agradece en esta era de tantas confesiones-, y cuando algun reportero insiste en arrancarle intimidades, mueve su atlético cuerpo incómodo en la silla y se escabulle mediante respuestas que no por generales son menos reveladoras.
“Yo trato a las mujeres del mismo modo que trato a los hombres”, dijo hace unas semanas en Estados Unidos promocionando “El Amor en los Tiempos del Colera” Todo depende de qué tipo de persona eres, como te consideres a ti mismo y como te relaciones con la gente. El amor mas difícil es el amor a uno mismo, y dependiendo de cómo te trates, tratarás al resto”.
Punto final. Siguiente pregunta.
Para hablar de política, sin embargo, no acepta mordazas ni autocensura. Este es un hombre que cuando se trata de Irak, Bush o Zapatero dice exactamente lo que piensa y con todas sus letras. Lo hace, asegura, como ciudadano y no como actor. “Me guste o no, tengo una posición pública y eso no es algo que pueda controlar. Las cámaras están siempre ahí para captar lo que digo, y eso es algo que uso a mi favor y con cuidado”, señala, “Mucha gente puede pensar que hago un uso indebido de mi popularidad para hablar y autopromocionarme, pero me da igual. No doy ningún crédito a esas comentarios; me remito a mis derechos como ciudadano”.
La politica como carrera no le interesa. “Cuando te conviertes en político profesional pierdes la ética”, dice sin rodeos, “La política es la constante manipulación de la opinión de una sociedad e incluso de uno mismo, porque para seguir en el poder tienes que cambiar constantemente de posición. Todos quienes han sido seducidos por el poder de la política, pierden un poco la ética y sobre todo el sentido de humanidad. Como ciudadano estoy exento de ese virus y puedo ver la política como debería ser, como una respuesta a una necesidad social. Usted, señor político, trabaja para mí y tiene que hacer lo que yo como ciudadano quiera, no al revés”.
Asi las cosas, Bardem- para alegria de los politicos, supone uno- continuará adelante como actor, desafiando y confundiendo a cualquiera que intente colgarle algun titulo, no importa si es de “actor de carácter”, “macho man”, o “latin lover”.
Un dia uno se encuentra con la fragilidad romántica de Florentino Ariza en “El Amor en los Tiempos del Cólera”, y al siguiente con la frialdad horrorosa de Anton Chirguh en “No es Pais Para Viejos”, ambos con el rostro siempre cambiante del actor.
“En mi trabajo siempre intento buscar cosas que me pongan incómodo. Es una forma de moverme de mi centro, porque, emocionalmente, no me gusta residir siempre en el mismo sitio”, explica Bardem. “ Si te quedas siempre en el mismo lugar no usas las herramientas que tienes como actor. Dependiendo de tu edad y de tu físico, te lanzan como un producto, como un perfume, como un zapato. A mi eso no me gusta, porque si me muestran de una manera nadie va a ser capaz de verme de otra. Mi trabajo como actor es tratar de cubrir la mayor cantidad de identidades posibles”.
Si ese es su trabajo, bravo Bardem, que bien hecho está.

Esquire España, 2007

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