(En Septiembre de 1999, durante un viaje de trabajo a Chile, entrevisté a Gladys Marín, la Presidenta del Partido Comunista chileno y por entonces pre-candidata Presidencial. Gladys Marín era una leyenda en la izquierda chilena, y, en persona, como entrevistada, de las mujeres mas honestas y abiertas que me ha tocado conocer. Aquí, parte de nuestra conversación, que tocó la política pero se concentró en la mujer.)
-¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser comunista?
-Cuando alguien me hablo del comunismo, en los años 50, cuando estudiaba en la Escuela Nacional.
-¿Qué edad tenia?
-Quince años. Yo siempre tuve una gran rebeldía interna y una gran sensibilidad social. Vengo de un hogar muy modesto. Mi madre, que felizmente está viva, debe haber sido una mujer muy alzada para su época y me transmitió esos valores. Hoy es común que haya hogares dirigidos por mujeres, pero en esos tiempos era un escándalo. Esas mujeres eran casi un atentado, unas libertinas.
-¿Y donde estaba su padre?
-Se había ido. El fue siempre un trotamundos, un señor que se creía quizás qué, y que fue dejando hijos por donde pasaba. Yo me encuentro en muchas ciudades de Chile con hermanos míos, y además, el caballero se permitía repetir los nombres, así que me he encontrado con varias Gladys Marín.
-¿Su rebeldía tenia rabia también?
-Yo sentía rebeldía, pero no con tristeza ni con resentimiento. Incluso antes de entrar a las Juventudes Comunistas, a las que ingresé muy, muy joven, íbamos a hacer clases de alfabetización al Cerro Blanco, que era un cerro muy marginal. Yo tenia inquietud y fermento social, pero lo canalizaba entonces en hacer deporte, escribiendo poesía…También fui siempre de grupos, de patotas, una cosa muy colectiva, por lo que no me costó ingresar al partido.
-¿Su madre también tenia inquietudes políticas?
-No, pero diría que ella era una mujer progresista, abierta a la vida.
-¿Tuvo alguna relación con su padre después de que se fue?
-No. Creo recordar de niña, a los seis o siete años, que la nana que nos crió a mi y a mis tres hermanas nos trajo a Santiago a ver a mi papá. El era algo así como un comerciante, creo, y nos traía dulces del sur. Yo encontraba a mi papá tan maravilloso, tan generoso, que cuando me enojaba con mi mamá de chica, agarraba una maleta y le decía que me iba con él. Después vine a saber de él, poco antes de que muriera, en Temuco, y lo fui a visitar. Tenia ocho hijos con la señora que vivía…después de eso no supe mas.
-¿Eso no le creo desconfianza con los hombres?
-No. Porque creo que cada cosa, cada persona y cada grupo tiene sus signos. A pesar de todo, yo fui tremendamente feliz en mi infancia y mi adolescencia. Fui una persona de cerros, de ríos, de esteros, de arrancarme e irme a la casa de los gitanos. Fui tremendamente feliz.
-¿Nunca lo culpó por haberlas abandonado?
-No, no. A veces me daba sentimiento de culpa con mi mamá, porque siento que yo hasta le tenia admiración a mi papá por la libertad con que vivía.
-¿Además de la cosa social, le interesó alguna vez el feminismo?
-No puedo decir que no me haya interesado, pero no lo conocí. Me interesaba mucho mas el mundo juvenil, lo social, y, sobre todo, el descubrimiento del asunto de las clases, la existencia de una clase obrera, los asalariados, la historia del movimiento obrero. Sentí desde muy temprano una gran admiración por los trabajadores, a los que siento como mi mundo.
-¿Y que le pasa cuando sale de ese mundo, cuando se enfrenta a empresarios o gente de otra clase?
-A veces me cuesta.
-¿Qué le cuesta?
-Empezar a hablar. Yo siento que ellos tienen prejuicios hacia mi, que me ven como un bicho raro, “la comunista”. Pero cuando una entabla relaciones con gente de otros sectores sociales y políticos, al final sale todo muy natural.
-¿Cuándo se enamoró por primera vez?
-Uf, yo era lo mas enamorada que hay.
-¿Sigue igual?
-Sigo igual. Menos mal que entré a las Juventudes Comunistas.
-¿Por qué?
-Porque si no habría sido como La Negra Ester- dice riendo-. Era muy enamorada. A mi me encantan los pueblos chicos, y yo estudié durante algún tiempo en la escuela básica de Talagante. Ahí la vida giraba mucho en torno a la plaza, donde una iba a bailar, donde llegaban los cadetes. Yo tuve mis primeros pololos a los 14 años. Un montón de pololos.
-¿Y su primer amor?
-Enamorarme, enamorarme, debe haber sido cuando me enamoré de Jorge, mi compañero. Si me hubiera enamorado antes, me habría casado. Me casé a los 20 años, y debe haber sido porque estaba completamente enamorada. Lo otro tiene que haber sido entusiasmo nada mas…
-¿Es coqueta?
-Debo haber sido coqueta. Después me puse mas seria, porque ya estaba en las filas del Partido Comunista.
-¿La obligaron a ponerse mas seria?
-No, nadie me obligó. Es que yo llegué al partido en una época, a comienzos de los ’60, en que las cosas se pusieron muy difíciles. He pasado tantas clandestinidades, tantas persecuciones, tantos campos de concentración…!Cómo no voy a defender a este partido!
-Y en medio de todo ese drama, ¿el amor le ha traído calma o le ha dado aun más problemas?
-Yo no podría haber seguido adelante sin amor, no podría haber vivido sin él. Son sentimientos distintos, que te llenan de una forma totalmente diferente.
-¿Qué le gustó de Jorge (Muñoz, su marido desaparecido)?
-Me llamó la atención que fuera serio, tan distinto a mi. Jorge era muy estudioso, muy culto, estaba egresando de Ingeniería en la Chile cuando lo conocí y, además, era muy, muy buenmozo. Me llamó mucho la atención.
-¿Cómo se conocieron?
-Nos conocimos yo como estudiante normalista y él de la Universidad de Chile, yendo a trabajos voluntarios en la Población La Victoria, donde había una toma de terrenos. Ahí nos empezamos a conocer y me gustó. El me ayudó, me enrieló un poco. Yo en ese tiempo era tan rebelde que ni siquiera usaba medias para ir en contra de lo establecido. Jorge me fue calmando. Tuvimos una relación muy buena, pero no exenta de dificultades, como toda relación amorosa.
-¿Y después, con la desaparición, que es lo que echaba de menos de él?
-Su apoyo, sus consejos. Tengo una gran cantidad de cartas que algún día voy a publicar. Yo era la catarata que se desbordaba en él, llena de inquietudes, de rabias y de incomprensiones…Eso fue después del Golpe. Yo era muy critica de mi propio partido. Me obligaron a ir al exilio, me obligaron a exiliarme…Jorge me mandaba, no se como explicarlo…me mandaba el aire. Me decía que tenia que estar tranquila, que las cosas iban por un rumbo y que no podían ser manipuladas. Y siempre me decía, “sube la montaña. Sube, sube, y no te quedes abajo”.
-¿Cuándo aceptó que quizás no lo iba a ver nunca mas?
-Ay- dice suspirando- quizás recién ahora. Una ya lo reconoce. Y aun así, cuando el año pasado en “Ercilla” alguien salió diciendo que tenia antecedentes de que existía gente con vida, yo me deshice. Me he pasado mil películas. Además, mi intuición y mi imaginación funcionan mucho, y he pensado e imaginado que lo tienen en alguna parte…Por algún motivo, siempre me lo imaginé en Paraguay, pensé que se lo habían llevado para allá. Interiormente es muy difícil aceptar la desaparición.
-¿Le costó crear otra relación de pareja sin saber qué había pasado con su marido?
-Me ha costado por eso, pero sobre todo me ha costado por lo que me ha tocado vivir, que ha sido anormal. Después del Golpe no he tenido ninguna normalidad en mi vida. Imagínese que viví 12 años de clandestinidad y me veía con los que me veía y nada mas.
-¿Cómo se las arregla para expresar su feminidad en un mundo tan masculino como el de la política?
-Yo le diría que actuando como soy. La mujer que ingresa a la política y que llega a tener un papel mas o menos sobresaliente, esta sometida a caricaturas. O una es la amante de todos los tipos que pasaron por su lado, cosa que me importa un pito, o es dura y poco femenina Yo ya pasé todas esas etapas. Soy como soy y me relaciones con la gente tal cual.
-¿Han dicho cosas sobre usted que le hayan dolido?
-Una piensa que ya ha superado algunas cosas, pero todavía duelen. Hace como un mes fui a Iquique, y allá una mujer que había sido alcaldesa designada por Pinochet y hoy es concejala de la UDI, dijo por televisión que quienes nos quejábamos por los detenidos desaparecidos habíamos hecho el gran negocio de nuestras vidas, que recibíamos ayuda económica, y que a ella le constaba que Jorge Muñoz, mi compañero, mi esposo, vivía en Canadá con una mujer regia y no una loca como la Gladis Marín. Eso me dolió, a pesar de que ya había escuchado tonteras parecidas.
-¿Cuándo fue la ultima vez que lloró?
-Llore por la Sola Sierra. Encontré que era una injusticia que se muriera, con todo lo que había hecho y entregado, y que sigan vivos otros que, a lo menos, deberían estar pagando frente a la justicia.
-En términos humanos, ¿cómo define sus sentimientos por Pinochet?
-Tiene bien merecido lo que le está pasando. Y que bueno que sienta algún dolor, que sienta algo parecido a los sinsabores, que en su caso no tienen nada que ver con lo que sufrió nuestra gente.
-¿Cómo ha sido su relación con la iglesia durante su campaña (pre-presidencial)?
-Depende de lo que usted entienda por Iglesia. Si entiende la jerarquía, no tengo relación y no porque no quiera, sino porque no he tenido ninguna respuesta. Yo me alegro mucho de tener un importante grupo de cristianos en mi comando, tanto de la Iglesia Católica como de la Protestante. Tengo gran respeto por la gente con inquietudes religiosas y por todas las diversidades en general. Aquí, en el PC, tenemos todo tipo de personas, de pe a pá. Y, por ejemplo, hemos conseguido el respeto por la diversidad sexual, lo que ha sido un gran paso adelante.
-¿Fue difícil?
-Costó. En el partido había un prejuicio al respecto, pero yo tenia grandes amigos que murieron con gran valor, como héroes, y que eran homosexuales. Por eso a mi no me vienen con cuentos. Y siempre pensé que si uno de mis hijos era homosexual, lo iba a querer y aceptar como era. A partir de los ’90 hemos integrado este concepto con todas sus palabras y sus letras en los estatutos del partido.
-¿Existe machismo en el PC?
-Menos que en otras partes.
-¿Lo ha notado respecto a usted?
-Yo diría que el tema ha sido mas fluido de lo que seria en otros conglomerados. La izquierda, el PC y los partidos obreros, tienen la integración de la mujer muy enraizada en su historia. El obrero toma a su mujer como su compañera, como puede verse en esas pinturas impresionantes de las marchas de los trabajadores. No como una mujer que se queda en la casa, sino como la mujer que lo acompaña en las buenas y en las malas. El “contigo, pan y cebolla” es una realidad entre los obreros. Aun así, hay compañeros que, porque estamos insertos en esta sociedad y en este mundo político, pueden no sentirse tan bien siendo dirigidos por una mujer. Pero nunca he sentido una cosa pesada.
-¿Cómo es su relación con sus hijos?
-Difícil. Fueron tantos años sin verlos. Tenia que inventar que venia de Europa para verlos en la clandestinidad, o salir clandestina para encontrarme con ellos en Argentina. El primer choque emocional, cuando los vi después de ocho años, fue tremendamente fuerte.
-¿Los reconoció de inmediato como sus hijos?
-Fue muy duro, el momento más duro de mi vida. Habían crecido, y no supe en un primer momento cual era cual. Es muy fuerte. Ellos habían pasado momentos muy terribles, habían perdido a su padre, y aunque estaban conscientes de todo lo que había pasado, hubo, durante mucho tiempo, un pasarme cuentas.
-¿Y usted se sentía responsable o pensaba que el ajuste de cuentas era injusto?
-Sentí que era injusto. Incluso no quería aceptar…Cuando me decían, ‘cuenta, cuenta, ¿qué pasó contigo?’, y yo todavía estaba en una etapa de mentir para sobrevivir, les decía, ‘pero para qué quieren saber esto o lo otro’. Me defendía. Pensaba que lo que me había pasado, que no era dulce, era una experiencia personal que no podía compartir con ellos. Fue un error mío. Pero ahora nuestra relación es muy normal, muy de amigos.
-¿Tiene nietos?
-Si, dos niñitas.
-¿Se siente abuela?
Para nada…Para que le voy a mentir. No fui madre tradicional y menos voy a ser abuela. Pero la relación es buena. Ellos me aceptan así, como soy. Somos una familia distinta, pero familia al fin.
COSAS, Septiembre 1999


En Estados Unidos, no son pocos los que todavía lloran cuando escuchan el nombre de Bill Clinton, suspirando con nostalgia por los días en que ocupaba la Casa Blanca. Después de cinco anos de haber abandonado la Presidencia, el más carismático de los políticos norteamericanos esta lejos de haber desaparecido. Su monumental autobiografía vendió millones de ejemplares alrededor del mundo, convirtiéndose en uno de los más grandes best-sellers de los últimos anos, y su trabajo en temas como el SIDA en Africa o la crisis del Tsunami en el Sudeste Asiático- donde llego acompañado de su ex-contricante, George H. Bush- lo mantienen constantemente la primera plana. De Washington a Wall Street, de Hollywood a los campos de Kansas u Ohio, Clinton sigue siendo tan adorado por sus seguidores y resentido por sus adversarios como ese día de 1992 cuando obtuvo su primer mandato como Presidente. Si algo puede decirse de esos anos, es que fueron de optimismo y juventud. Después de mas de una década de conservatismo, en Estados Unidos comenzó a hablarse de reformas a la salud y la educación, gays en el Ejercito, cooperación internacional y lucha contra el SIDA. En Hollywood, Barbra Streisand le dedico a los Clinton su canción “Happy Days Are Here Again”, y, para muchos, esa promesa de días felices se hizo realidad. Pero en los próximos ocho anos los problemas no escasearon, y aunque Bill Clinton termino su presidencia salpicado con escándalos, su reputación política sobrevivió milagrosamente intacta.