Manuel Santelices

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Candace Bushnell

In cine, Cosas, Elle Espana, Libros, moda, periodismo, TV on May 6, 2010 at 2:30 pm


Son las seis de la tarde en Nueva York, y Candace Bushnell, en falda corta beige con vuelos, camisa blanca y zapatos de altísimo taco de Christian Dior, acaba de terminar de pasear a su enorme mascota, una labradora negra llamada “Blue”, por las calles del West Village.  Candace es tan chic, que incluso la bolsita plástica que usa para recoger las meducencias que “Blue” deja en el la vereda durante el paseo se ve elegante en sus manicuradas manos. “El glamour no tiene nada que ver con el dinero o con tal o cual fiesta”, dice momentos después, sentada en la terraza de un pequeño restaurante, encendiendo el primero de sus cigarrillos “Merit” y ordenando una copa de Chardonnay. “El glamour es algo que se lleva adentro, depende de cómo vea uno las cosas. Para mí conversar con la señora que atiende el almacén o sacar a pasear a mi perro puede ser muy glamoroso”.

Candace sabe de qué esta hablando. Durante más de una década como escritora y periodista ha estado observando de cerca de ese sosfosticado grupo de banqueros, “dealers” de arte, modelos, socialites, diletantes, magnates y gigolós que hacen que Nueva York sea la ciudad mas glamorosa del mundo. Y entre fiestas, galas, inauguraciones, cócteles, desfiles de moda y premieres, esta mujer toma sus anotaciones cada noche tratando de descifrar los complicados códigos que rigen la vida social de la ciudad.

Hace algunos años, el “New York Observer” le encargó una columna sobre sexo y sociedad. Ella la llamó “Sex & The City”, y al poco tiempo se transformó en la Biblia para cualquiera que quisiera saber qué sucede, a la hora de la seducción, en las mesas del Four Seasons, las habitaciones del Hotel Mercer o los dormitorios de lofts de cinco millones de dólares en el SoHo.
“Sex & The City” tuvo tal éxito que luego se transformó en un libro , y poco después en la serie del mismo nombre protagonizada por Sarah Jessica Parker, uno de los programas de mayor sintonía de la cadena HBO. De paso, Candace se convirtió en una especie de gurõ para cierto tipo de mujeres. El tipo que sale con financistas de Wall Street o productores de Hollywood, que pasa sus veranos en los Hamptons, sus inviernos en Vail, que trabaja en relaciones públicas, galerías de arte o las oficinas de Condé Nast, y que no encuentra nada de malo gastar el dinero del arriendo en un par de sandalias de Manolo Blahnik o un corte de pelo con Frederic  Fekkai.

Aunque ella dice que lo suyo no es nada mas que ficción,  no son pocos los que creen ver en sus historias un “roman a clèf” sobre ciertos personajes de Nueva York.
La delgada, tediosa, malcriada y exigente princesa que es una de las protagonistas de su segundo libro, “Four Blondes”= Cuatro Rubias- estuvo inspirada, según muchos, en Marie Chantal de Grecia. Y Carolyn Bessette y John Kennedy fueron, según otros, los modelos en que basó su columna sobre el hombre mas codiciado de Nueva York y su esposa, una rubia obsesionada con su figura, rodeada de gays, y adicta a las drogas y pastillas que publicó en la revista “Manhattan File”.
Candace lo niega todo, y solo reconoce que “Mr. Big”, el atractivo y mujeriego magnate de “Sex & The City”, está inspirado en su ex novio, el ex editor de “Vogue” y “Talk” Ron Galotti.

Hasta hace poco no había muchas diferencias entre la Bushnell y Carrie Bradshaw, la columnista interpretada por Sarah Jessica Parker en la serie de televisión. Las dos eran solteras, las dos se paseaban por Nueva York buscando a veces amor y a veces sexo, y las dos compartían un envidiable closet lleno de extraordinarios y carísimos zapatos. Pero el 4 de Julio pasado, a los 43 años, Candace decidió dejar atrás las similitudes y, en una decisión que tomó a todos por sorpresa, contrajo matrimonio con el bailarín del New York City Ballet, Charles Askegard. “Es el fin de una era”, comentó a la prensa el escritor Jay McInerney, autor de “Bright Lights, Big City” y “Model Behaviour”, uno de los mejores amigos de la novia.
El matrimonio fue tan comentado en Nueva York como el de Liza Minelli o el de Catherine Zeta- Jones, y ocupó la portada de la sección “Estilos” de “The New York Times”, que publicó una foto de los novios en la playa: el alto, rubio y atlético, en un traje de lino blanco, sosteniendo a la novia, que corrió a sus brazos con flores en el pelo, un cigarrillo en la mano izquierda y un Martíni en la derecha.

Candace está ahora trabajando en su tercera novela, la historia de una modelo de treinta y tantos años que, gracias a un suculento contrato con una marca de ropa interior, ya no tiene que seguir seduciendo magnates para conseguir  una casa en los Hamptons.

-¿De quién fue la idea de “Sex & The City”?
-Me pidieron que lo hiciera y yo acepté. El editor me dijo que quería que escribiera sobre sexo y sociedad. No podía ser una columna solo sobre sexo; era para un periódico y no habría sido apropiado. Además había otro problema: mi amigo Bret Easton Ellis escribe muy buenas escenas graficas de sexo, pero las mías seguramente serian pésimas.

-¿Por qué?
-No soy buena para eso.

-¿Te intimidan?
-Lo mío son los diálogos, me interesa mas lo que la gente dice que lo que hace durante el sexo.

-¿Cuándo decidiste incorporar tus propias experiencias en la columna? Tu romance con Mr. Big, por ejemplo.
-En la primera columna, mi editor me hizo ir a un sex club que tenia un trapecio. ¡Fue horrible! Además, cuando uno escribe solo de sexo el material se acaba rápidamente.  Por eso empecé a pensar en otras ideas. Una cosa que sucede en Nueva York, es que 10 o 20 mujeres que se conocen entre ellas han salido a veces con el mismo hombre. Eso sucedió con Mr. Big. Las reuní a todas y hablamos de sus experiencias con él.

-¿Y él no se enojó?
-No, no había nada de que enojarse. Todas hablaron bien de él, todas buscaban un hombre que fuera  como él, y todas dijeron que con él habían tenido el mejor sexo de sus vidas. ¡Cómo iba a enojarse!

-¿Es raro ver tus experiencias dramatizadas en una serie de televisión?
-Bueno, en las dos primeras temporadas la serie estuvo muy cerca de lo que es el libro. En la primera, usaron incluso el mismo diálogo, cosas que sucedieron en la vida real, que continuaron en la columna, luego en el libro y finalmente en la serie. Era muy raro ver lo que me había pasado en la vida real en la pantalla.

-¿Hay cosas tuyas en el personaje de Sarah Jessica Parker?
-De hecho, si. Todavía hay gente que se me acerca y me lo comenta. Ella tiene algunos de mis manierismos, algo mío.

-¿Son amigas?
-No la veo mucho, pero cada vez que lo hago estoy feliz. Es una chica fantástica, pero ella está muy ocupada y yo también.

-Igual como Breat Easton Ellis fue el escritor icono de los 80’s, ya estás muy identificada con la mujer soltera de Nueva York en los 90’s. ¿Es difícil deshacerse de esa imagen y seguir adelante?
-Hmm, no lo sé. No creo…Siempre quise ser novelista, desde que tenia 8 años. Nunca quise hacer nada más. Estoy feliz de que me paguen por escribir, ese era mi sueño. Me siento muy afortunada de que “Sex &The City” haya sido tan exitosa y se haya convertido en un hit de la televisión, pero lo que quiero es escribir libros. Esa es mi pasión.

-En este nuevo libro estás escribiendo sobre uno de los personajes de “Four Blondes”, la modelo que se acuesta con tipos a cambio de sus casas en los Hamptons….
-Si, y esa es una idea que alguna gente  piensa que es increíble, pero en Nueva York es muy fácil caer en un juego como ese. Y a veces ese es el único medio que una mujer tiene para conseguir una casa de verano en los Hamptons.  En mi nueva novela, la modelo ya tiene su propia casa allí y no necesita seguir haciendo lo que hacia. Eso es algo que sucede en la vida real; uno se hace adulto y las cosas que hacía a los 20 ya no las hace a los 30.

-En tus libros a veces se muestra el sexo como un arma para conseguir lo que uno quiere. ¿Lo sientes así?
-Si, creo que es verdad en ciertos casos, pero no es una regla que se aplique a todo el mundo. Las mujeres en este país saben que el sexo es poder, pero la mayoría rechaza la idea. Personalmente, no soporto la idea de acostarme con alguien que no me atraiga. No puedo imaginar nada peor. Pero a otra gente no le importa. Muchos hombres, por ejemplo, pueden tener relaciones con alguien que no les interesa realmente.

-¿Entonces el sexo es diferente para hombres y mujeres?
-No, no creo. Hombres y mujeres hacen lo mismo. Lo peor que podría pasarme es que alguien se acostara conmigo porque piensa que tengo poder. Seria horroroso. Pero le sucede a muchos hombres…

-¿Alguna vez han tratado de seducirte solo porque eres famosa?
-Si ha sucedido, no me he dado cuenta. La gente en Nueva York coquetea todo el tiempo.

-Calvin Klein dijo hace años en una entrevista con Play Boy que no le importaba que alguien se le acercara porque era rico o famoso, porque siempre se iban con la satisfacción de haber tenido un sexo espectacular con él…
-Ohhh…Lo que pasa es que en Nueva York la gente es seductora por naturaleza, y siempre asumo que no significa nada. Es su forma de comportarse socialmente. La gente siempre te dice “I love you”, no importa si son amigos o apenas conocidos. Uno puede meterse en problemas si malentiende eso.

-Has pasado de se una escritora reconocida a convertirse en una celebridad. ¿Cómo te ha afectado?
-Bueno, créeme, me encantaría que mas gente me reconociera. Probablemente se apurarían mas con mi ropa en la lavandería. No es algo que me afecte. Es muy agradable ir a fiestas, que te fotografíen…es divertido. Pero no es algo que  cambie tu vida. Al final, tengo que levantarme todos los días igual que antes, sentarme en el computador y enfrentarme a mi misma.

-¿Te consideras exitosa?
-Si, pero me gustaría serlo más.

-¿Cómo?
-Me gustaría vender más libros y ganar más dinero. Si uno quiere escribir libros, tiene que saber que se trata de un negocio.

-¿Tienes eso en tu cabeza cuando estas escribiendo?
-Cada media hora cuento cuantas palabras llevo escritas, cuantas páginas he terminado. Y si escribo 500 palabras en media hora, me siento feliz, triunfante. Cuando revisaron los manuscritos de Tolstoi descubrieron unos números al lado de los párrafos y nadie sabia que eran. ¡Y eran la cuenta de cuantas palabras llevaba escritas! Gracias a Dios ahora lo hace el computador.
Hace 10 años no tenia un centavo, ni siquiera sé cómo sobreviví. La gente me decía, “por qué no consigues un verdadero trabajo”. Pero yo estaba decidida a ser escritora. Hay gente que piensa que en esta ciudad no se aceptan los fracasos, pero los verdaderos triunfadores en Nueva York son las personas que sobreviven los momentos que habrían quebrado a cualquier otra persona, en cualquier otro lugar. Esta es la mejor ciudad, la ciudad de los sueños, y si tienes éxito aquí la gente te aprecia mucho. Todo lo que yo quería era ser escritora. Si no pudiera escribir, me habría suicidado.

-Tu vienes de Texas…
-Nací en Connecticut, pero fui a la Universidad en Texas. Llegué a Nueva York cuando tenia 18 años.

-¿Cómo llegaste a conocer tanta gente en la ciudad?
-No sé. En Texas conocía a algunas personas que vivían en Nueva York, vine a visitarlos y ellos eran bastante “trendy”. Iban al “Studio 54”, me llevaron con ellos y al poco tiempo empecé a ir al “Studio 54” y a conocer mas gente…

-¿Qué te pareció interesante de ellos?
-Es un tema interesante como cualquier otro. Supongo que fue porque vengo de una ciudad pequeña y siempre tuve esta idea sobre Nueva York como una ciudad muy sofisticada, donde la gente es muy ambiciosa. Siempre quise vivir aquí. En Nueva York uno puede encontrar a cualquier tipo de personaje, es como un gran escenario, donde es mas fácil estudiar la naturaleza humana. Creo que si se vive en el Medio Oeste o en el campo, no existe el mismo nivel de ambición y de éxito. Por supuesto hay personas interesantes en todas partes, pero no al mismo nivel. Aquí pasan muchas cosas que están constantemente poniendo tu moral a prueba y definiendo que tipo de persona vas a ser. ¿Vas a ser una mujer que pasa por sobre todo el mundo para lograr lo que quiere? ¿O vas a  ser una persona amable? ¿Vas a tratar de utilizar a la gente? ¿Vas a sentir remordimientos? Esta es una ciudad llena de tentaciones y eso es muy interesante.

-¿Crees que Nueva York cambia a las personas?
-Creo que desafía tu autoestima, el como te sientes respecto a ti mismo. Uno va a todas estas fiestas y ve a todas estas celebridades, y nadie parece muy seguro de si mismo.

-Jay McInerney dijo una vez que no importaba a cuantas fiestas fuera una noche, siempre sentía que se estaba perdiendo algo…
-Exacto. Ese es un sentimiento que definitivamente se siente en Nueva York. Pero curiosamente no es algo que yo experimente muy seguido.

-¿Porque te invitan a todas partes?
-No, no es eso. Si  estoy en una fiesta y hay otra mas glamorosa, la verdad es que no me importa. Prefiero tener una conversación interesante con alguien, y no me importa si esa persona es un peluquero o un barman. Nueva York está llena de gente interesante. El barman de este mismo restaurante es divertidísimo. Aquí todo el mundo tiene una historia que contar.

-¿Por qué aquí existe tanta desesperación por entrar a la fiesta adecuada, conocer a la celebridad de turno..?
-Es la forma como se dan las cosas en Nueva York. Aquí la gente sale y se muestra, no tiene pudores. Uno puede ver a chicos golpeando las puertas de las fiestas y sabe que en unos años ellos van a ser los anfitriones, los que van a manejar la lista de invitados, Pero no todos pueden triunfar.

-¿Es una ciudad cruel?
-Puede serlo. Pero cualquier ciudad puede ser cruel. Guy de Maupassant escribió un libro llamado “Bel Ami” que leí hace uno seis meses, y lo que describe ahí se parece mucho a Nueva York. Habla de Paris a comienzos del siglo XX, y cuenta la historia de un periodista que usa a las mujeres, que publica artículos que no son suyos pero que llevan su firma…Son cosas que pasan en las grandes ciudades. Cualquier lugar puede ser cruel. Lo que me interesa es la naturaleza humana. Quizás podríamos ser mejor de lo que somos, pero todos somos humanos y, por lo tanto, todos tenemos debilidades. En el libro que estoy escribiendo hablo del destino, lo que no podemos controlar, y también hablo de cómo los defectos nos llevan a meternos en problemas.

-¿Es mas fácil ser soltera aquí que en otras partes?
-Creo que sí, porque la ciudad está llena de gente como uno. Es una ciudad de solteros. Y aquí, si eres mujer, no hay que tener un hombre al lado para salir. Puedes ir a fiestas, a comer, a bailes de beneficencia, galas…Yo he hecho todo sola. Así fue como conocí a mi marido, en una gran gala de ballet, sola.

Elle/ Cosas, 2002

Patricia Field

In cine, Elle Espana, moda, TV on June 23, 2009 at 11:26 pm

patricia-field
“A veces los directores dicen que soy una diva, y les dijo, ‘No me ofendas; no soy una diva. Soy una mujer que trabaja muy duro. Estoy tratando de darte lo mejor que puedo, y si no lo quieres, allá tú”. Con el pelo inflamado de rojo, la piel aceitunada y un guardarropa lleno de faldas gitanas, pañuelos, sandalias y miles de brazaletes, Patricia Field es la María Callas de la moda. Igual de temperamental e igual de talentosa. Aunque lleva casi treinta años como reina de la moda “downtown” en Manhattan, su nombre no se hizo internacionalmente conocido hasta que comenzó a vestir a Sarah Jessica Parker en tutús y Manolo Blahniks en “Sex & The City”, convirtiendo a esa serie en “la máxima autoridad en el mundo del fashion” como exclamaron, admiradas, las editoras de moda.
Ahora Patricia vuelve al ataque en “El Diablo se Viste de Prada”, la película que se estrenó hace unas semanas en Estados Unidos y que se ha convertido rápidamente en la nueva Biblia cinematográfica de los “fashionistas”. En el filme- basado en el best seller de Lauren Weisberger del mismo nombre- Meryl Streep y Ann Hathaway aparecen como una poderosa editora de modas, Miranda Priestley, y su asistente, Andy Sachs, ambas enfrascadas en una lucha de poder y egos mientras arrastran joyas de Fred Leighton, pieles de Fendi y Dennis Basso, vestidos de Dolce & Gabbana, Calvin Klein, Michael Kors y Bill Blass, y, por supuesto, un centenar de carteras y zapatos de Prada. Este no es cualquier guardarropa. Los precios de algunas carteras se elevan a los 14 mil dólares, y todos los días Miranda lanza sobre el escritorio de su aterrada subordinada suficientes zorros, chinchillas y minks como para provocar el colapso de cualquier defensor de los animales.
La Field, según dice, disfrutó enormemente su trabajo, aunque le resultó más difícil de lo que esperaba. El libro de Weisberger, basado en su experiencia de un año como asistente de Anna Wintour, editora en jefe de “Vogue”, fue ampliamente considerado una “traición” en el mundo de la moda y las revistas en Nueva York. Y como sabe cualquiera a estas alturas, las traiciones no le caen bien a esta mujer que ejerce su poder con la mano férrea de un dictador. Muchos diseñadores, aterrados de herir la sensibilidad de la poderosa editora, se negaron a colaborar con la producción de la película, pero la estilista entiende bien sus razones. “Anna ha ayudado a muchos de estos diseñadores, y, por supuesto, ellos no querían ofenderla”. Sin embargo, gracias a sus contactos, Patricia consiguió que marcas como Hermès, Dior, Chanel y especialmente Prada, entregaran gustosos sus modelos. Valentino fue aún mas allá, y aparece en un divertido “cameo” en el filme.
Aunque su éxito podría parecer del día a la mañana, la Field es bien conocida en el universo fashion de Manhattan. La diseñadora y estilista abrió su primera tienda, “The House of Field”, en 1976 a un costado de la Universidad de Nueva York, en el West Village. De inmediato el lugar- repleto de T-shirts de los “Sex Pistols”, faldas punk, pantalones de vinyl, pieles vintage, boas de plumas, pelucas multicolores y ‘lingerie’ de strass- se convirtió en el favorito de una multitud de modelos, disco-divas, travestis, fashionistas y más de alguna socialite que, en busca de aventura y creación, llegaban a buscar ahí lo que no podían encontrar en ningún otro lugar.
La originalidad es la marca de fábrica de la Field, y no importa si está trabajando con una novicia starlet o un icono como la Streep, si tiene a su mano diamantes de Van Cleef o una cartera usada de los cincuenta, su “look” es siempre único y reconocible. Su trabajo continuará en los meses siguientes, cuando vista a las protagonistas de la versión norteamericana de “Betty La Fea”, de la serie de ABC “Six Degrees”, y a Sarah Michelle Gellar en la versión cinematográfica del best seller “The Girls’ Guide to Hunting and Fishing”.
-¿Qué te ha parecido “El Diablo se Viste de Prada”?
-Me gustó mucho. La vi terminada en mi cabeza antes de verla en la pantalla, y no quedé desilusionada. La ropa se ve bien, y creo que es un éxito en el sentido que eleva la moda, la historia y especialmente los personajes, que en el libro original eran un poco simplistas. En la película están mejor desarrollados.
-¿Crees que la imagen que muestra del mundo de la moda es acertada?
-No, no lo es. Pero no estábamos filmando un documental. En lo personal, estaba tratando de crear un filme que se viera bien y que fuera alegre e interesante. Mi inspiración fue “Desayuno en Tiffany’s”. Holy Golightly era una chica pobre del campo, y ahí estaba, frente a la vitrina de Tiffany’s en un vestido de Givenchy.
-¿Decidiste usar marcas muy conocidas, como Chanel, Prada o Valentino, para hacer la película más interesante para personas que no están necesariamente interesadas en la moda?
-Traté de crear una película para un público amplio, no solo para “fashionistas”. Además, el guión dictó mucho el aspecto de los personajes. ¿Qué encuentra Andy, la asistente, cuando entra al closet de “Runaway”? Las marcas más conocidas del mundo. No quería que fuera un closet solo para “insiders”. La mayoría de la gente no sabe quién es Proenza Schouler, por ejemplo…!La mayor parte ni siquiera sabe quién es Anna Wintour!
-¿Cómo creaste el “look” de Miranda?
-Pensé en el personaje, y llegué a la conclusión de que era la líder de un imperio editorial. Desde el momento en que piensas en la palabra imperio, piensas en una emperatriz. Para mí, ella es realeza, y Meryl Streep es realeza también en su propio campo. Es una mujer que trabaja, y por lo mismo no tenia sentido vestirla en lo más nuevo de la temporada. Miranda tiene su propio estilo, donde mezcla una chaqueta con pedrería, una perfecta blusa blanca y una falda a rayas con absoluta seguridad e individualidad.
-¿Cómo fue vestir a Meryl Streep, que a diferencia de Sarah Jessica Parker no es talla 2?
-No tuve ningún problema. No quise vestirla en las últimas tendencias, ni muy a la moda, ni como se vestiría una modelo muerta de hambre. Ella no es eso. Es una mujer mayor, madura, e incluso si tuviera talla 2, ese ‘look’ no era el apropiado. El personaje de Miranda tenia que ser elegante, con ropa muy lujosa, y no en lo último de Dolce & Gabbana o Dior. Miranda tiene acceso a todo, y por lo mismo no se deja sorprender con lo “trendy”.
-¿Te inspiraste en el “look” de editoras de moda reales?
-No. Primero porque no hay ninguna editora que pueda compararse con Meryl Streep. ¿Quién podría ser? No se me ocurre nadie. Segundo, si me hubiera inspirado en Anna Wintour, por ejemplo, habría sido una limitación a mi creatividad. Prefiero tomar a Meryl y convertirla en una estrella de la industria de la moda mundial. ¿Cómo se vería? ¿Cómo eligiria su guardarropa? Así fue como creé el “look”.
-¿Meryl tuvo influencia en el aspecto de su personaje?
-Ella tiene una persona que trabaja en su maquillaje y peinado que la acompaña a todas partes. Cuando me reuní con ellos por primera vez, me dijeron que pensaban que el pelo blanco y un maquillaje muy pálido eran una buena idea. Y eso me encantó, porque me daba una tela blanca donde trabajar.
-¿La decisión de mantenerte lejos del “look” de Anna Wintour fue deliberada?
-Sí. La película entera se alejó de ella, excepto por la decoración de la oficina de Miranda, que es una copia exacta de la de Anna. Nunca he estado en su oficina, así que cuando vi la que construyeron en el set de la película me pareció bonita y adecuada. Pero después vi un articulo sobre ella en un periódico inglés donde posaba en su oficina. Era igual que la de la película. Eso me desilusionó.
-¿Has conocido a la Wintour?
-No, nunca. La he visto en desfiles de moda y fiestas, pero nunca la he conocido.
-¿Qué opinas de su estilo?
-Me parece básico, con un toque de esnobismo.
-¿Hubo diseñadores que no quisieron colaborar con la película por miedo a Anna Wintour?
-Hubo algunos que sintieron que el asunto era delicado y supongo que Anna ejerció ahí alguna presión. Algunos de esos diseñadores son mis amigos, salimos a menudo a comer juntos, y no era mi intención presionarlos. Si sentí que los estaba incomodando, simplemente nos les pedí nada. No iba a decirles, ‘!Si no me das ropa, arruinaré tu carrera!’.
-¿No es un poco exagerado ese terror frente a Anna Wintour?
-Siempre lo he encontrado un poco estúpido. Todos hacemos lo que hacemos, trabajamos duro y eso es todo. Por otro lado, la controversia ayudó mucho a publicitar la película y no la afectó negativamente en ningún modo.
-¿Hay algo que las editoras de moda tengan en común, respecto a su estilo?
-Lo único que puedo decir es que cada una tiene su propio estilo, lo que es muy importante. Ninguna de ellas usa un uniforme.
-En la película, Miranda usa muchas pieles. ¿Cuál fue la mas cara?
-No lo sé, porque no pagué por esos abrigos y nunca miré los precios. Hay muchos de Dennis Basso, como el primero que aparece en la película, una chinchilla espectacular. Debemos haber filmado unos 20 abrigos de piel, pero no sé cuantos aparecen en la edición final del filme.
-¿Que ‘look’ buscaste para Andy, la asistente de Miranda?
-Ella sufre una gran transformación en la película y después de negarse a la moda, finalmente se da cuenta que la ropa tiene cierta importancia para ella. Por eso se lanza con los brazos abiertos, usando grandes marcas. Chanel tenia mucho interés de trabajar conmigo en este proyecto, lo que fue una suerte porque su estilo tiene mucho que ver con el personaje y con Ann Hathaway, la actriz que lo interpreta. Pero también la vestí con otros diseñadores: Calvin Klein, John Galliano, Dolce & Gabbana…
-Hay una escena donde aparece en Chanel de pies a cabeza…
-Esa fue mi forma de decirles, ¿Quieren Chanel? ¡Aquí está Chanel!.
-¿Es posible cambiar de estilo de un día para otro, como hace Andy?
-Claro que sí. En su caso no se trata solo de la ropa, sino del maquillaje, el peinado…Si uno se siente bien con lo que lleva puesto, se va a ver bien. Y Andy, el personaje, se siente bien con su nuevo “look”.
-¿Se puede comprar el estilo?
-Se puede, pero se necesita la materia prima. Puedes gastar mucho dinero en ropa y accesorios, pero si no tienes estilo propio, no te verás especial.
-Para ti, ¿Cuál es el personaje con más estilo en la película?
-Nigel y Emily, porque aman la moda desde el fondo de su corazón.
-Mientras Sex & The City reverenciaba al mundo de la moda, esta película se ríe un poco de él. ¿Tuviste dudas en aceptar el proyecto?
-Si una no se puede reír de si misma, es mejor meterse a la cama y cubrirse con las frazadas. De lo que estamos hablando no es una religión ni un dogma; es ropa. Dicho eso, la película es distinta al libro en el sentido que trata de entender el mundo de la moda desde dentro y, desde ahí, hace comentarios sobre él. Mi intención nunca fue llegar al set y destruir el mundo de la moda. ¡Es mi mundo! Quiero ayudar a que sea mejor. Creo que esta película va a ser positiva para la moda, igual como lo fue “Sex & The City”.
-¿Qué es más importante para una mujer, verse bonita o única?
-Para mi, “bonita’ no es nada. Una mujer con un estilo único es mucho mas interesante. Lo único es mas original, creativo e inteligente. Lo único no necesariamente es lo mas atractivo, es cierto, pero la belleza no es algo que me interese per sé.
-¿Cuántos diseñadores aparecen en el filme?
-Debe haber unos cien, y en total debemos haber ocupado cerca de un millón de dólares en ropa y accesorios. Mi presupuesto era mínimo, no mas de 100 mil dólares, así que no podríamos haberlo hecho jamás sin la ayuda de mis amigos en la moda. El nivel de los abrigos de piel, de las carteras…!Dios mío!. Los zapatos de gamuza burdeos de Prada que Meryl usa en la primera escena cuestan 445 dólares. La cartera, seis mil dólares…
-¿Quién tiene, a tu modo de ver, el mejor estilo en Hollywood?
-Gwen Stefani, precisamente por lo que hablamos antes. Es única, no se ve como nadie más. Cuando veo a las actrices jóvenes de Hollywood, me parece que todas se ven iguales. Eso no ocurre nunca con Gwen.
-¿Cuál es tu diseñador preferido?
-Me encanta Alber Elbaz, de Lanvin. Sus diseños, aunque son un poco retro, son bellisimos. Me hacen sentir bien, igual que un viejo filme de Hollywood. El fue uno de los que no quiso colaborar con la película, pero lo entendí, porque ha recibido mucha ayuda de Anna Wintour, igual que Zac Posen o Proenza Schouler. ¿Qué iban a hacer?
-¿Cómo te inspiras para tu trabajo?
-Mi estética esta mas influenciada por el cine que por el trabajo de los actuales diseñadores. En mis sueños, el mundo de la moda es mucho mas glamoroso que en la realidad. Me encanta la extravagancia del viejo Hollywood. Me encanta observar a Fred Astaire. ¡Es todo tan hermoso! Por supuesto sé que esa fue otra época, pero siempre voy en esa dirección. Lo que vemos en el cine es una hiper-realidad. Si fuera por mi, estaría poniendo sombreros y guantes en todo el mundo. Algunos directores me frenan. Como sé que me van a pedir que me deshaga de algunas joyas, pongo aun más.
-¿Hay alguna estrella a la que te encantaría vestir?
-Durante un tiempo le dije a todo el mundo que me gustaría vestir a Hillary Clinton, porque creo que podría beneficiarse de mis servicios. Pero nunca escuché una palabra da ella. Quizás ahora, si ve “El Diablo…” y le gusta como se ve Meryl, acepte mi oferta.

Manuel Santelices

Elle Espana, 2007

Carmen Electra

In actores, Ocean Drive Espanol, TV on June 23, 2009 at 10:33 pm

Carmen-Electra-2
Hace algún tiempo, Carmen Electra estaba viendo un documental sobre prisiones en HBO cuando se dio cuenta que su fotografía adornaba la mayoría de las celdas. “Me puse a gritar, ¡Oh, no!”, recuerda, aunque a estas alturas las fantasías que provoca en la población masculina- dentro o fuera de cualquier prisión- no deberían sorprender a nadie. Desde que hace mas de un década apareció en las pantallas y escenarios de la mano de Prince, Carmen ha construido una exitosa carrera de sex-symbol que la ha llevado a las páginas de Play Boy y Maxim, al cine en peliculas como “Cheaper by the Dozen” y “Scary Movie 4”, al burlesque con las “Pussycat Dolls” y su nuevo grupo, “The Bombshells”, y a la televisión con “Baywatch” y su propio reality, “’Til Death Do Us Part: Carmen & Dave”, donde las cámaras de MTV siguieron todos los preparativos de su boda con el rockero Dave Navarro el 2004. Desde Septiembre del año pasado, además, es el rostro exclusivo de Max Factor.

Aunque con semejante resume cualquiera esperaría encontrar a una voluptuosa seductora, una devoradora de hombres que camina envuelta en sensualidad, en persona Carmen tiene el aspecto- y en ocasiones la actitud- de una adolescente. “La gente siempre piensa que soy ‘larger than life’’, reconoce, “ que soy fuerte, que mido 6 pies de alto…En realidad, mido apenas 5.3, y puedo ser muy tímida y vulnerable. Claro que hay otro aspecto de mi personalidad que es muy fuerte, muy guerrera, pero eso es algo que uso como protección frente a mis inseguridades”.

Carmen creció a las afueras de Cincinatti, Ohio, en una familia de músicos. A los nueve años se inscribió en el School for Creative and Performing Arts, a los doce ya participaba en musicales y creaba sus propias coreografías, y a los quince fue descubierta por Prince, que la adoptó como miembro de su grupo y la contrató como bailarina para su nightclub en Los Angeles.

-¿Eso es legal?
-Bueno, al principio tuve que mentir sobre mi edad y nunca hice ‘stripping”- explica.

Vestida con una simple T-shirt negra y jeans, los únicos rastros de divismo que esta famosa “pin-up” mostró el día de nuestro encuentro, fueron su pelo color miel perfectamente peinado y las espesas pestañas postizas que rodeaban sus ojos verdes.

“A veces es un poco surrealista estar hablando tanto de una misma”, dijo refiriéndose a la ronda de entrevistas que estaba concediendo para promocionar “Scary Movie 4”, “Pero también funciona como una especie de terapia. Yo trato de mantener mi vida privada, privada, pero soy un libro abierto y siempre termino hablando de lo que esta sucediendo en mi vida’’

-¿Has dicho algo de lo que después te arrepientas?
-Sí, muchas veces. En ocasiones una dice algo que parece natural o divertido en una conversación, pero que se ve muy distinto cuando aparece publicado. Curiosamente, me sentí muy cómoda en nuestro ‘reality’, pero fue porque no teníamos cámaras por toda la casa como los Osbourne y pudimos mantener control sobre nuestra intimidad.

-¿También te sientes cómoda posando sexy para las revistas?
-Sí, no tengo problemas con eso, y tampoco con el baile, que es algo que siempre me ha apasionado. La danza es algo muy sensual, incluso cuando se trata de ballet clásico. La única vez que me he sentido incomoda fue cuando posé por primera vez para Play Boy.

-¿Por qué lo hiciste?
-Fue mas por una corazonada que una decisión bien pensada. Sentí que debía hacerlo. Siempre fui muy tímida- ni siquiera me cambiaba de ropa delante de mi mamá-, y aparecer desnuda en una revista como esa me pareció un gran desafío. Fue como enfrentar un gran miedo.

-¿Con el tiempo se te ha hecho más fácil?
-¡Oh, sí! Cuando empiezas la sesión de fotos puede ser un poco raro. Pero después del segundo rollo de film ya sientes que no es ‘big deal’. Nadie te presta atención en el estudio…O al menos pretenden no prestarte atención. La gente que trabaja en estos sets lo hace todos los días, para ellos es algo muy natural.

-¿Vienes de una familia conservadora o liberal?
-Mi familia siempre fue mas bien liberal. Mis padres eran músicos, así que éramos un poco diferentes al resto. Tengo cuatro hermanos y una hermana que murió hace unos años. Siempre fui la ‘baby’ de la familia, y aunque nunca tuvimos mucho dinero, mis padres se preocuparon de darme la posibilidad de una vida que ellos nunca tuvieron. Me apoyaron en todo, en mis clases de baile, en mis audiciones…Pero también crecí en un área muy católica y esos son valores que te marcan mucho.

-¿Todavía arrastras la culpa católica?
-Por supuesto. De pronto hago cosas que no son tan terribles, pero que me hacen sentir como una chica mala. De todos modos, mi colegio era muy abierto, muy diverso y muy liberal. Se parecía al colegio de la película “Fama”.

-¿Eras la chica mas popular?
-No creo…Como era tan tímida, nunca me preocupó ser la estrella del ballet o en los musicales. Hace poco me reuní con mi profesora de ballet, y me dijo que mi carrera la sorprendía mucho porque cuando era estudiante siempre quedaba satisfecha siendo una más en el grupo. Ahora estoy frente al público todo el tiempo. Es algo que disfruto, pero que nunca busqué. Mi sueño era llegar a ser bailarina en Broadway.

-¿No has pensado hacer ese sueño realidad?
-Han habido un par de oportunidades, pero hasta el momento no se han concretado. Es un gran compromiso, un trabajo muy duro, y a estas alturas estoy un poco malcriada y prefiero proyectos que me den mas libertad.

-Howard Stern, hablando de ti, dijo una vez que debía ser muy raro ser siempre la persona más hermosa en cualquier lugar. ¿Lo sientes así?
-Este es un negocio muy complicado, pero con el paso del tiempo he aprendido algunas lecciones, y la primera es que no debes dejarte seducir por tu ego. Cuando voy a alguna parte, nunca estoy pensando que soy la más bonita. Si alguien me dice un piropo, lo aprecio, pero no ando todo el día mirándome al espejo. A veces, por mi propia inseguridad, actúo mas fuerte y mas fría de lo que realmente soy.

-¿Qué te ha diferenciado de tantas otras mujeres hermosas que buscan triunfar en Hollywood?
-Al final, todo depende de la pasión que sientes por lo que haces y de tu ambición. Hay muchas chicas bonitas en Hollywood, es cierto, pero la mayoría lo abandona todo después de un tiempo. Yo, en cambio, soy una guerrera. No me rindo nunca. Además me gustan  desafíos, me excitan. Por eso estoy tan feliz con mi contrato con Max Factor y me siento muy orgullosa de mi rol en “Cheaper by the Dozen”, porque me permiten mostrar algo distinto a lo que hago generalmente. Esos son mis verdaderos triunfos.

-¿Te aburre que te ofrezcan siempre el mismo rol de sex-symbol?
-Sí, pero no me quejo, porque he hecho una carrera con mi imagen y me encanta. Además, estoy acostumbrada a cierto tipo de vida, a tener cosas buenas, y para eso necesito ganar dinero y trabajar duro. Pero también me gusta probar cosas nuevas y muchas veces acepto ofertas que no necesariamente son atractivas económicamente. Yo estoy bailando en ‘dance clubs” desde que tengo catorce años. Lo hice con Prince, luego con las Pussycat Dolls, y ahora lo hago con la Bombshells, y mientras más underground y bohemio sea el sitio, mas ‘cool’ me parece. Y eso no tiene nada que ver con lo que me pagan.

-Con tanto trabajo, ¿Donde queda el matrimonio?
-No tengo mucho tiempo para mi matrimonio. Ha sido difícil, porque después de nuestro reality en MTV se abrieron muchas puertas y comenzamos a trabajar muy intensamente. Pero por otro lado, eso nos permite darnos mucho espacio y yo soy muy independiente.

-¿El no se molesta contigo lejos todo el tiempo?
-No, aunque es duro. Dave es un hombre muy amoroso, mi ‘little bunny”. Lo amo porque es mi mejor amigo y me permite ser quien soy. Puedo estar lejos durante meses filmando una película, y nunca me pone problemas.

-Eso es raro en un hombre…
-Sí. En mi vida he estado en relaciones muy enfermizas, con hombres muy controladores. Pero yo también estaba en otra etapa. Una crea sus propias circunstancias y hace con su vida lo que busca hacer. Después de estar sola durante un tiempo- algo que nunca había hecho-, me di cuenta que lo necesitaba era una relación como la que tengo con Dave ahora. Afortunadamente lo conocí, y ha sido maravilloso.

-¿Eras una ‘serial dater’?
-Si. Tenia terror de estar sola. Durante años, nunca tomé un descanso entre relación y relación, y pasé de un novio a otro. Pero al final te das cuenta que necesitas un tiempo de soledad para cuidarte a ti misma. Durante ese periodos no salí con nadie ni fui a nightclubs ni nada. Creo que si no hubiera sido por esa etapa de crecimiento, Dave y yo no podríamos estar juntos.

-¿Cómo lo conociste?
-En una cita a ciegas. Unos amigos en común pensaron que haríamos una buena pareja y no se equivocaron.

-¿Te gustó enseguida?
-Sí. Siempre lo había encontrado muy atractivo y talentoso, pero una cosa es admirar a una persona por su música o verlo en televisión, y otra estar junto a él en persona y lograr una verdadera conexión. No es fácil encontrar una estrella del rock que ha tenido una gran carrera, y descubrir luego que también es un hombre dulce y una buena persona. Entre nosotros hubo una atracción instantánea.

-Cuando decidiste casarte con él, ¿Tuviste temor de cometer otro error tan público como tu corto matrimonio con Dennis Rodman?
-Definitivamente. No quería involucrarme en una relación tan pública a menos que fuera real, fuerte, y con alguien con quien pudiera sentirme segura. Al principio fue un poco atemorizante, pero Dave es un hombre fantástico y eso es algo de lo que me di cuenta en cuanto lo conocí.

-¿Piensan tener hijos pronto?
-Quiero esperar un poco, pero me encantaría ser madre un día. Tengo varios sobrinos, y aunque los veo poco porque están en Cincinatti, pienso en ellos todo el tiempo. Me encantan los niños y me encantan los animales. Tengo dos perritos que son mis ‘babies”.

-¿Te molestan los comentarios en la prensa sobre tu matrimonio?
-Me cansan. Yo he estado en relaciones con personas conocidas antes y sé como funcionan las cosas, pero Dave no ha tenido esa experiencia y por lo mismo tiendo a protejerlo. Por otro lado, hemos estado juntos durante cinco años y nos conocemos muy bien. No puedes perder el tiempo el tiempo concentrándote en rumores. La gente puede decir lo que quiera; el y yo nos conocemos y sabemos como funciona nuestro matrimonio.

Ocean Drive Espanol, 2006

Kim Cattrall

In actores, cine, TV on June 22, 2009 at 9:23 pm

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Kim Cattrall apareció en un escotado traje verde de Cavalli que revelaba su busto bajo la luz de las cámaras como dos cumbres de los Pirineos en un mapa de Europa. Ahí estaban, altos y puntiagudos, desapareciendo en las colinas de su escote. En su cara tenía estampada una sonrisa, en su mano izquierda un Cosmopolitan y, a cada costado, un modelo masculino en traje de baño y con el torso desnudo. Eso, cuando el reloj recién marcaba el mediodía.

La escena –ocurrida durante la conferencia de prensa con que el ron Bacardi anunció que la Cattrall sería el rostro exclusivo de su nuevo producto, “Island Breeze”– podría haber resultado sorprendente y hasta patética en el caso de cualquier estrella, pero no en el de esta mujer que a sus radiantes 47 años es más conocida como “Samantha Jones”, la sexy, rubia y madura devoradora de hombres que durante las seis temporadas de “Sex & The City” desató fantasías y provocó escándalos con sus acrobacias de alcoba. Hasta su aparición, ninguna actriz seria se había atrevido a colgar desnuda desde un trapecio, seducir a un cura, dar instrucciones sobre sexo anal o llorar porque la anatomía de su compañero de turno no correspondía a sus estándares como hizo ella. ¿Y cuántas habrían aceptado raparse la cabeza para encarnar a una enferma de cáncer mientras sus coestrellas lucían esplendorosas melenas? Samantha Jones no sólo rompió todos los mitos y tabúes que rodean la sexualidad de una mujer, sino que demostró que una actriz pasada la cuarentena no está condenada a roles de madre abnegada, esposa engañada o solterona, como insiste Hollywood. Nadie sabe qué harían hoy las estrellas de “Desperate Housewives” si no fuera por Ms. Jones.

El exitoso rol, sin embargo, le trajo una buena dosis de malos ratos. Aparte de los gritos de protesta de más de un conservador religioso, Kim tuvo que enfrentar las críticas de su propio padre, Dennis Cattrall. “No puedo ver ‘Sex & The City’”, dijo. “Es sexo, sexo y nada más que sexo. Kim está ganando mucho dinero, pero el dinero no lo es todo. En mi libro, el respeto y la dignidad todavía son importantes”.

A pesar de las apariencias, Kim insistió el día de esta entrevista que entre ella y su personaje hay grandes diferencias. “Nos vemos igual, pero actuamos y hablamos en forma muy distinta”, dijo poniendo su coctel a un lado, sentada en el penthouse del muy chic Hotel Gansevoort: “Si alguien me invita a salir esperando encontrarse con Samantha, se va a llevar una desilusión”.

Aun así, la estrella ha sabido aprovechar bien sus extensos 15 minutos de fama. Hace algún tiempo publicó un libro sobre sexo, “El arte del orgasmo femenino”, con el que actualmente es su ex marido. El tercero. Y ahora aparecerá promocionando “Island Breeze”, una bebida alcohólica que, con la mitad de calorías que una copa de vino, promete que cualquier mujer “puede tenerlo todo”.

“Estoy nuevamente soltera y salir con mis amigos a bares y restaurantes a divertirme forma parte importante de mi vida”, aseguró con un tono de voz tan susurrante y profundo como el de su célebre personaje. “Pero también soy muy activa, me preocupo de las calorías y no quiero despertar al día siguiente con un dolor de cabeza. Por eso acepté este contrato, porque se trata de pasarlo bien, pero en forma responsable”.

–¿Estás decidida a romper tabúes? Primero “Sex & The City”, ahora una marca de alcohol…
–Busco proyectos que me desafíen. Me parece positivo que la gente observe su propio estilo de vida y tome opciones. No importa si se trata de cuidar las calorías, la sexualidad o el derecho al aborto, son los temas que me importan y que quiero compartir con los demás. Ya no soy una adolescente, tengo experiencia. La gente no tiene por qué seguir mis consejos, pero espero que lo hagan porque lo que les entrego son herramientas para que tomen control sobre sus propias vidas.

–¿Tuviste dudas antes de aceptar el papel de Samantha?
–Claro que sí. En un principio lo rechacé, porque no estaba segura de poder interpretarlo como se merecía. Pensé que a estas alturas de mi vida debería estar encarnando a la mamá de alguna estrella joven. Pero después me di cuenta de que los 40 son un buen número, y que las historias de las mujeres maduras son a menudo más ricas, profundas y significativas que las de otras más jóvenes. Como actriz no me interesa ser simplemente la esposa o la novia de alguien, busco personajes que sean reales y completos.

–¿Samantha te ayudó a mejorar tu autoestima?
–Absolutamente. Me ayudó a comprender muchas cosas sobre mí misma, cosas sobre las que no estaba segura. Una de ellas es confiar en mis instintos. Como actor, si no tienes instintos no tienes nada; es lo que te hace único, la forma cómo reaccionas e interactúas con los demás. Samantha me permitió sentirme tremendamente libre. Yo crecí en un ambiente muy británico, y aunque tuve muchos novios, nunca fui como ella. La usé para decir cosas que yo, como Kim Cattrall, jamás habría dicho.

–Te deben llegar muchas ofertas para repetir personajes similares…
–Constantemente. Pero no me interesa repetir a Samantha hasta el cansancio, aunque busco mujeres que se parezcan a ella, que tengan fuerza de voluntad, valentía, mucho carácter. No me interesa interpretar a víctimas o mujeres aburridas que no tienen nada que decir. También quiero convertirme en un símbolo.

–¿Símbolo de qué?
–De que no importa cuántos años tengas, cada década tiene algo maravilloso para celebrar. El miedo te paraliza, y el temor al paso de los años puede ser horrible para una mujer. Hay que entender que es un proceso natural, y que aunque con el tiempo hay cosas que ya no son las mismas, hay otras experiencias nuevas que sólo llegan con la edad.

–¿Estás tan cómoda con tu sexualidad como tu personaje en la serie?
–He vivido mucho y me siento muy cómoda, pero no soy una terapeuta sexual. Después de Samantha, se me acerca gente en la calle a contarme sus secretos más íntimos. Por eso escribí mi libro, que es una guía para que hombres y mujeres exploren el sexo. Quería compartir ciertas sensibilidades y técnicas, cosas que nunca son discutidas en detalle, y agregar los elementos de confianza y cariño que no siempre estuvieron presentes en “Sex & The City”.
“No importa cuántos años tengas, cada década tiene algo maravilloso para celebrar“, dijo Kim a Manuel Santelices en Nueva York.

–Ahora estás soltera…
–Sí.

–¿Es difícil conocer hombres después de interpretar a Samantha?
–Cuando una es soltera, debe ser cuidadosa y tener sus ojos bien abiertos sin importar cuál sea la situación. Un hombre tiene que hablar conmigo sólo dos minutos para darse cuenta de que no soy Samantha. Es un proceso muy rápido, y después de eso están preparados para conocer a la persona escondida debajo de la piel.

–¿Eres muy exigente cuando se trata de hombres?
–No necesariamente, pero busco a alguien que sea seguro de sí mismo, que se conozca bien y que sienta tantos deseos de vivir como yo. Ya no me importa cuánto dure el romance. Lo esencial es disfrutar el paso del tiempo con alguien. Antes pensaba que el amor debía durar para siempre, pero ahora no espero que nada siga hasta la eternidad.

–¿Cuál es el mayor mito respecto a ti?
–Creo que la gente piensa que soy mucho más dura y fuerte de lo que soy. Puedo manejar muchas situaciones, pero soy humana. Samantha era mucho más fuerte y menos romántica que yo. Yo soy una romántica incurable, me encanta la poesía, los viajes, los regalos… A ella también le gustaban, pero tenían que ser increíblemente caros. No es mi caso.

–La prensa asegura que no te llevabas bien con el resto del elenco de “Sex & The City”. ¿Es cierto?
–Seguimos en contacto, aunque no las he visto durante muchos meses, porque estuve una temporada haciendo teatro en Londres. Nos queremos mucho y siempre nos hemos llevado de maravillas.

Cosas, 2007

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