Ricardo Arjona

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“Cuidado con ese tipo”, le habrá dicho mas de alguna madre a su hija. Y la hija- como tantas madres también- habrá hecho oídos sordos, porque nada atrae más a ciertas mujeres que la idea de un hombre de pelo largo, camisa abierta y cruz al cuello, que lo único que hace es prometer las penas del infierno.
Hace un par de meses el Madison Square Garden de Nueva York se llenó de mujeres como estas, que como monjas al santón, siguieron cada paso, cada mirada, cada provocación de Ricardo Arjona, un seductor de gran calibre que detrás de un par de atractivos ojos negros- y otro par de atractivos negros jeans- esconde un corazón sentimental que, sin embargo, no tiene nada de romántico.
“Hablemos de una enfermedad a la que los noticiarios jamás le han dado el espacio que se merece”, dijo en Nueva York, mientras los gritos de casi 20 mil admiradores- la gran mayoría mujeres- ahogaban sus palabras. “Hablemos de esa enfermedad terrible, pero sabrosa, que es el mal de amores”.
¿Puede haber una carnada mas perfecta? La gigantesca arena se vino abajo en gritos y suspiros frente a esta promesa de romances contrariados que continuó con la canción “Te Conozco”. Usted conoce la letra, y si no la conoce, apuesto a que puede adivinarla: “Te conozco…del pelo hasta la punta de los pies”.
Si no sabe lo que viene después, es porque no sabe nada de Arjona. No tiene idea que este es un cantante guatemalteco con millones de discos vendidos, que ha ocupado cientos de portadas, que llena estadios de Madrid a Buenos Aires, y que en sus conciertos dice cosas como “quiero escuchar lo que dicen tus ojos”, “quiero cometer el error mas grande del mundo”, o algo que no alcancé anotar en la oscuridad del Madison Square Garden y que se refería a una sonrisa y una falda.
Pero si piensa que estamos hablando de otro cliché musical latinoamericano, está equivocado. Al menos en parte.
Arjona no tiene problemas en cambiar rápidamente de tema, abandonando la dulzoneria de esas frases y lanzándose a asuntos mas complicados como la política o la inmigración. En Nueva York canciones como “Si el Norte fuera el Sur” o “Mojado” tocaron un nervio vital con letras como:

“El mojado, el indocumentado
carga el bulto que el legal
no cargaría ni obligado”.

Así es él. Mezcla de play boy y gurú, de poeta sensible y amante malcriado, Arjona resiste las interpretaciones fáciles y, quizás, ahí está el secreto de su fama y de su éxito.
Después de todo lo que se ha dicho y escrito acerca suyo, sigue siendo un misterio, un enigma. Y aunque una entrevista como esta, realizada después de un importante concierto en Nueva York cerca de la una de la madrugada, en una sala blanca y vacía, probablemente no aclarará todas las dudas, seguro dará pistas sobre este hombre que a menudo se esconde en el mas seguro de los refugios: el escenario.

-¿Cómo quedas después de un concierto como este?
-Estaba recién hablando con alguien sobre esto, porque es muy raro que dé entrevistas después de un concierto, y especialmente uno en el Madison Square Garden. No entiendes la reacción que vas a tener; a veces quedas muy excitado y otras destruido.
-¿Te viene un bajón? ¿El anti clímax?
-Si, regularmente si, cosa que no me han dejado tener ahora.
-¿Cómo es tu vida cuando estás en gira?
-Mi vida en medio de una gira se resume a tener alguna posibilidad de dormir. Es lo único que te salva. Me encantaría tener algo mas interesante que contarte, pero generalmente lo que uno hace cuando termina un concierto es ir y tomar un trago con los amigos, cenar, y asimilar todo lo que has vivido esa noche. No puedes hacer otro concierto al día siguiente si no has dormido como se debe.
-¿Una gira como esta es energética o desgastadora? ¿O las dos cosas?
-Es un desgaste extraño, que no terminas de entender. Es un tremendo desgaste físico.
-¿Cómo te mantienes en estos periodos?
-Portándome bien, que es una condena.
A mi me gustaría mucho portarme un poquito mal, y a veces lo hago, pero cuando volteas el calendario y te das cuenta lo que falta,..pues no te queda mas que portarte bien. También hago un poco de ejercicio, que me ayuda a despejarme. Y viajo con mi guitarra, porque normalmente en medio de las giras la guitarra me ayuda a asimilar la soledad.
-¿Soledad?
-Claro, porque después del concierto llegas a tu habitación de hotel, estás completamente solo y ahí la guitarra es fundamental. La mayoría de las canciones que aparecen en mis discos han sido escritas mientras estuve de gira. Yo podría viajar acompañado, pero trato de no hacerlo justamente para dejarme golpear por la soledad, que me parece muy inspiradora.
-¿Te acomoda estar solo?
-A mi la soledad me gusta mucho. Hay dos clases de soledad, la que tu escoges y la que te llega porque no hay otra opción; y la primera me acomoda mucho. Yo soy un tipo que, por ejemplo, puedo estar en el estudio que tengo en mi casa durante largo tiempo. He llegado a contar hasta veinte días sin salir. Mis amigos me llaman, porque claro, está solo el pobrecito, pero no se dan cuenta que es algo que disfruto enormemente. Nunca estoy mejor que cuando estoy solo.
-¿Son tus periodos mas creativos?
-Absolutamente. Pero si la creatividad no viene, no aguanto ni una semana en soledad. De hecho, salto constantemente entre la compañía y la soledad, porque no soy un tipo que sirva para la rutina.
-¿Vives solo?
-Si…Bueno, comparto mi vida con gente, pero cuando estoy trabajando, cuando estoy creando, no puedo estar acompañado. Cuando estoy de gira, le pongo doble llave a mi habitación para que nadie siquiera trate de entrar y me encierro con mi música, con mis libros.
-¿Tienes un libro que te haya marcado especialmente?
-Muchos, pero mi escritor favorito es García Márquez. Ahora mismo estoy viajando con un libro suyo de su época de periodista que me gusta mucho, esas historias cortas que son fantásticas.
-En el concierto hablaste varias veces de Dios y llevas una cruz colgada al cuello. ¿Eres religioso?
-No, no, no…Yo no creo en las religiones. Me parece que las religiones han jugado un papel importante para dar una supuesta calma social con frases como esa que dice que es mas fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico por el reino de los cielos. Eso no es otra cosa que una invitación a que nos quedemos todos tranquilos. Jodidos, pero tranquilos.
-¿Entonces no crees en Dios?
-Creo en una relación de contacto directo; no me gusta pasar por sucursales cuando se trata de Dios.
– ¿Y de qué hablas cuándo te refieres a Dios?
-Cuando me paro frente al mar, tengo que creer en algo. Y ese algo es Dios. Hay tanta luz que nos rodea en medio de tanta porquería- toda aportada por nosotros- que no te queda mas remedio que creer en algo. La naturaleza, que no la creamos nosotros, es perfecta. También estoy perfectamente consciente de que Dios tiene cosas mucho más importantes que hacer que ocuparse que de mi, y por lo mismo jamás le pido que me vaya bien en un concierto, por ejemplo. Me daría vergüenza. Yo lo molesto poco a Dios, y si lo hago, es para agradecerle.
-¿Creciste en un ambiente religioso?
-De pequeño fui a un colegio de monjas, y luego a uno donde no creían en nada y que me marcó muchísimo mas. Mi familia no va a misa ni cree mucho en esas cosas, pero sí tiene fe en Dios. Mi fe está basada en cosas reales, y pienso que después de haber sido puestos en este mundo, cada uno tiene la posibilidad de crear su propio destino.
-¿Siempre pensaste que el tuyo era el que has tenido?
-No, para nada. Yo tenia ganas de cantar, de compartir mi música con la gente, pero lo mío era más en la onda de los bares. De pronto me vi con un manager, cosa que no estaba para nada en mis planes. Luego me vi con disquera, lo que fue mas un asunto de capricho que de necesidad. Y después me vi en medio de un torbellino de cosas- los impuestos, por ejemplo- de las que no entiendo absolutamente nada. Mi vida cambió en cuestión de meses. Saqué el disco “Animal Nocturno” y durante nueve meses no pasó nada; luego empezaron a pasar y de pronto pasé de ser un cantante de bar con un público de ocho personas a llenar ocho conciertos multitudinarios en Ciudad de México. Fue muy confuso, no sabia que hacer.
-¿Qué te paso con ese cambio tan repentino? ¿Con los halagos, la vanidad…?
-Ya en ese entonces no me lo creía y ahora me lo creo menos. Yo no me creo mucho las cosas en general…Soy el mismo tipo de siempre y hago mi trabajo con la misma convicción.
-¿La gente trata distinto?
-Si, me tratan distinto. A veces me siento muy triste en mi país, porque siento que mis amigos me tratan mejor. pero me quieren menos.
-¿La fama crea distancia?
-Claro que si, pero tengo mi entorno bastante definido. Vine al Madison Square Garden, y si allá afuera hubiera habido 20 personas y no la multitud que hubo, y si todos estuvieran hablando del fracaso de Ricardo Arjona en Nueva York, yo regresaría igual a mi casa, le hablaría a los mismos amigos y ellos llegarían a tomarse un trago con la misma disposición. No pasa nada. Y llamaría a mi madre o mi padre o mis hermanas, y todos me querrían igual. Mis hijos seguirían pensando lo mismo de mi. Lo otro es algo que entretiene y que me entretiene, y, más que eso, que me emociona y me hace sentir muy vivo. Pero no tiene nada que ver con mis afectos.
-En algunas de tus canciones hay un claro contenido político. ¿Crees que es responsabilidad de los artistas dar su opinión sobre estos temas?
-No. Hay artistas que se pueden poner la camiseta de querer cambiar el mundo, pero el mundo jamás cambió por una canción. No ha habido ninguna revolución generada por una canción o un poema. Lo único que han hecho los artistas es matizar las revoluciones, pero esa es otra historia. Lo único que puedes pretender es cambiarte a ti mismo.
-¿Y el poder que tienes de decir algo en el escenario con toda esa gente escuchando atentamente tus palabras?
-Es un poder que a la hora de escribir canciones debes dejar fuera del estudio. Tienes que cerrar la puerta con llave y no dejar que cosas como esas entren, porque hacen mucho daño. Junto a ese poder tendrías que dejar entrar a la responsabilidad, la idea de que lo que vayas a decir va a ir a parar a muchos oídos. Si dejas que eso influya, comienzas a fabricar canciones para generar cosas. Estás intentando quedar bien con algunas personas o no quedar mal con otras, que es básicamente lo mismo.
-¿Has enfrentado ese peligro?
-Hay una canción que escribí, “Tu Reputación”, que fue prácticamente censurada en toda Latinoamérica. La canción tiene una frase que fue censurable, y me habría tomado medio segundo cambiarla por otra. Hay 600 frases que podría haber usado, pero esa frase fue la que se me vino a la cabeza, la que me golpeó para escribir esa canción…No podía darme el lujo de pensar en el costo que pagaría por eso. Yo no puedo sentarme a analizar donde llegará una canción cuando la escribo. No tiene sentido. Seria paralizante.
-Otro asunto importante en tu música, obviamente, son las relaciones de pareja. ¿De verdad crees que el amor es tan complicado como lo presentas en tus canciones?
-No, no…Ok. Bueno, el amor es complicado. fácil no es. La relación de pareja es bonita, pero difícil. Los hombres y las mujeres somos habitantes de planetas completamente distintos, y lo que pasa es que como somos tan opuestos, nos atraemos. Yo creo que si el amor fuera mas fácil, no seria tan bonito. El amor tiene que ser jodido. El amor tiene que doler. Cuando uno pasa por un proceso de separación, se da cuenta que aquellos que dicen que comenzarán una nueva relación pero en forma más inteligente están locos. Eso es mentira. El amor tiene que ser estúpido, irracional. Y tiene que caer siempre en los mismos errores. El que piensa, no se enamora.
-¿Entonces todos los romances están condenados?
-No lo sé. El amor es bonito mientras dura. Lo que pasa es que hay abogados que te hacen firmar papeles y esas cosas…Pero el amor y la pareja deben durar lo que duran. Hay parejas que duran toda la vida y hay otras que solo duran seis meses. Hay una recurrencia en mi, seguramente por algo que sucedió en mi vida, que me hace insistir en estas historias de amor que terminan pero que continúan. ¿Me entiendes?
-Creo que si…
-Son los amores de la gran mayoría que vive en este planeta; ese trato de costumbre en que se ven las parejas que ya llevan diez años de relación, que siguen juntos porque no hay nada mas que hacer.
-¿Has vivido esa experiencia?
-Claro. Yo creo que todos hemos vivido esa obligación a la que nos somete la sociedad de continuar con un amor que ya se fue. Eso genera la separación, el divorcio… ¿Ya se puede divorciar uno en Chile?
-Si, ya se puede…
-¿Desde cuándo?
-Cuatro o cinco años…
-Me parece una cosa muy grande, porque yo, de verdad, creo que la fiesta mas grande debería ser la del divorcio, no la de la boda.
-¿Por qué?
-Porque la boda depende de muchas cosas. Hay muchas mujeres que sueñan con la boda desde que son niñas; las crían así, con la idea del vestido blanco y el cuento de hadas. La gente se casa por eso y por muchas otras cosas- porque es bonito, porque les da libertad sexual- , pero se divorcia por una sola razón: porque decide hacerse dueña de su vida. Y eso debe celebrarse.
-¿La fama, el dinero, hace más fácil o más difícil enamorarse?
-¡Ah, mucho mas difícil! Hace mas fácil otras cosas, pero no enamorarse. Pero hay un cierto mecanismo de defensa que uno crea cuando las cosas van bien. Yo siempre digo que no hay nada mejor para encontrar el amor que estar bien jodido. Cuando las cosas van bien, es un muy mal momento para enamorarse, porque uno genera el mecanismo del que te hablaba…
-¿Y cuál es ese?
-Una cosa es enamorarse del tipo que cantó durante dos horas en el escenario, de esa energía, de esa fama. No es difícil encontrar a alguien que quiera venirse conmigo a pasar una temporada, pero otra muy distinta es que esa misma persona me vea pegando gritos mientras compongo canciones encerrado en una habitación, sin hablar, sin comer, y que me odie por eso. Uno tiene que estar claro en la diferencia.
-¿Hay una gran diferencia entre el Arjona que está arriba del escenario y el que está abajo?
-Yo creo que se parecen bastante. Pero si tengo que ser honesto, debería que decir que creo que finjo mas en la vida real que en el escenario. Parece un cliché, pero es la verdad. En el escenario me siento cómodo, dueño de mi, se me van los complejos, me siento mas grande y muy seguro. En la vida real las cosas son distintas.

Manuel Santelices

Cosas, Septiembre 2009

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