Marc Jacobs

“Llevo una vida muy, muy saludable”, dice Marc Jacobs y luego, apagando su cigarrillo en un cenicero lleno de colillas, agrega: “excepto por el cigarrillo, claro’.

El diseñador más célebre e influyente de su generación pasa casi dos horas al día en el gimnasio, se somete regularmente a faciales, masajes, pedicures y manicures, mantiene su pelo y su barba perfectamente cortados, y sigue una estricta dieta que incluye una larga lista de exóticos granos y semillas- Goji, Noni, Mangosteen, Omega 3, sorbos de pasto y genjibre- y la absoluta falta azúcar, cafeína, harina o lácteos.

Seguir este régimen no debe ser fácil, pero ¡hay que ver sus efectos! A los 47 años Jacobs luce delgado y musculoso como un gimnasta, con su piel perfectamente humectada y bronceada, y ni una arruga profunda que delate cansancio o vejez. Tiene el look de un superhéroe, como lo describió “The New Yorker” hace un tiempo, si los superhéroes usaran como uniforme ajustadas camisas con al menos tres botones abiertos, kilts escoceses, bototos y aritos de diamantes.

Observando fotografías de hace casi una década, queda claro que esta transformación ha sido asombrosa, casi mágica. El Marc Jacobs de los 90 era un treintón algo obeso, con el pelo largo y descuidado, gruesos lentes ópticos, que se paseaba tímidamente por la pasarela al final de sus desfiles en amplios pantalones de cotelé y un enorme sweater de cashmere.

Cuando aparece en fotos por estos días, en cambio, es a menudo desnudo. Ahí está, posando con el torso desnudo para “W”, apenas cubierto con una sabana en “Harper’s Bazaar”, con un minitinikini de lycra exhibiendo sus abdominales en “The New Yorker”…El dice que finalmente se siente cómodo con su cuerpo. Y se nota.

Por lo mismo decidió desnudarse una vez más y posar para la cámara de Juergen Teller en la campaña publicitaria de su nuevo perfume masculino, “Bang”, que fue lanzado en Nueva York hace un par de meses.

Según dijo, trató de aparecer vestido en la foto, de verdad que trató, pero todo lo que se puso lo hacia sentir “ridículo”, “sin sentido”, y por eso cuando el famoso fotógrafo le sugirió que olvidaran el vestuario y se concentraran en la piel, Jacobs, sin pensarlo dos veces, arrojó pantalones, camisa y ropa interior a un costado y se lanzó a una cama impecablemente blanca con una botella de “Bang” entre las piernas.

Si lo que buscaba era impacto, lo consiguió. “Crear una fragancia de mujer es muy distinto a hacer una para hombres”, dijo a Cosas recientemente en sus oficinas del SoHo de Nueva York, “Para la de mujer busco inspiración en alguna de las chicas que me rodean en mi vida. Cuando se trata de hombres es mucho mas personal. Tiene que ser un aroma que quiera usar, que realmente ame”.

Su proceso creativo es siempre el mismo: por descarte. “No sé lo que me gusta, pero sé lo que no me gusta. Así es cuando comienzo mis colecciones de ropa, y sucedió lo mismo con este perfume. No me gustan los cítricos para hombre, no me gustan las maderas. Pero si algo de musk, de pimienta. Ese fue el comienzo y de ahí todo se fue dando en forma muy orgánica”.

El nombre “Bang” se le ocurrió- ¿dónde mas?- en el gimnasio, rodeado de ese mundo donde, según él, “todo y todos son hermosos”. Es un nombre que mezcla fuerza y sexo, dos elementos básicos en el trabajo y la vida de Jacobs, y que fue perfectamente trasladado al envase, una botella color acero inspirada en las esculturas de chatarra de John Chamberlain.

El éxito de Marc Jacobs es perfecta evidencia de que el mundo de la moda, si uno es joven y tiene talento, ofrece mas vidas que las de un gato. Su carrera comenzó en Nueva York, su ciudad, donde durante la década de los 80 ganó fama como uno de los diseñadores emblemáticos del “downtown” de Manhattan, un grupo rebelde y de glamorosa bohemia que también incluía a Anna Sui, Stephen Sprouse y Norma Kamali.

La década siguiente comenzó bien, con un perfil en “Vanity Fair” y la oferta de hacerse cargo la dirección creativa de Perry Ellis, una conocida marca americana que había perdido a su fundador y diseñador poco antes. Pero si su llegada a Perry Ellis fue comentada, mucho más comentada fue su salida.

En 1993  presentó su colección “Grunge” para la marca; camisas escocesas, bototos, largos vestidos campesinos, una línea completa inspirada en la música de “Nirvana” y el movimiento Grunge de Seattle y Portland. La colección fue un desastre. La critica la destrozó, Perry Ellis lo despidió casi de inmediato, y la carrera de Jacobs pareció quedar a medio vuelo, sin mas opciones que una estruendosa caída.

Cinco años mas tarde recibió una llamada de Bernard Arnault, el director del grupo LVMH, con una oferta para hacerse cargo de la Dirección Creativa de Louis Vuitton. Jacobs aceptó, pero su socio, el muy astuto Robert Duffy, incluyó en el contrato una cláusula que aseguraba también el financiamiento de la colección propia del diseñador: Marc Jacobs.

Desde entonces hasta ahora el éxito del acuerdo ha sido impresionante. Las ventas de Louis Vuitton se han cuadriplicado y la marca se ha convertido en pieza fundamental no solo del mundo de la moda, sino del arte y la cultura pop contemporánea. Con Marc Jacobs y su segunda línea, Marc by Marc Jacobs, sucedió algo similar: actualmente tienen 170 tiendas en 19 países, incluyendo media docena en el West Village de Nueva York, una zona también conocida como “Jacobstown”.

La fama, el éxito y la riqueza traen muchos privilegios- un townhouse en Paris y otro en Nueva York, ambos repletos de obras de David Hockney, John Currin o Elizabeth Peyton, se vienen de inmediato a la cabeza-, pero también algunas dificultades. Todos los flirteos del diseñador con sus adicciones han terminado, tarde o temprano, en los tabloides y la Internet, igual que el embriagador vaivén de sus relaciones sentimentales.

Quizás por eso, porque tanto se dice y se escribe de él, es que Jacobs no siente especial afecto por las entrevistas de prensa. El día de nuestro encuentro, sin embargo, parecia relajado y abierto, casi feliz. “Estoy en un buen momento en mi vida”, nos dijo sentado en el “showroom” de su atelier donde nos recibió a solas, con su pequeño ejercito de relacionadores públicos al otro lado de la puerta, “Me gusta que la gente tenga interés en mi. Significa que lo que hago, lo estoy haciendo bien”.

MARC AL DESNUDO

-¿Cómo surgió la idea de que posaras desnudo para la publicidad de ‘Bang’?

-El espíritu y el estilo de Marc Jacobs, lo que proyectamos, es apertura y frescura. No somos una marca aspiracional. No somos Sean Puffy Daddy o como se llame. No somos Ralph Lauren.

Mi socio Robert Duffy me lo sugirió, lo pensé y acepté. He sido fotografiado muchas veces y probablemente me siento mas cómodo con mi aspecto ahora que nunca antes. Además uno de mis grandes iconos en la moda es Yves Saint Laurent, y él se fotografió desnudo para una de sus fragancias. ¿Por qué no yo? La verdad es que no tengo problemas con sacarme la ropa.

-¿Disfrutas la atención de la gente?

-No siempre. No hay nada que disfrute siempre, todo el tiempo. Pero hoy estoy en uno de esos días en que me siento muy afortunado y feliz. Entiendo que la gente quiera saber de mi, porque cuando admiro el trabajo de un músico o un artista también quiero saber mas de sus vidas. Me parece normal que si estás interesado en moda, estés interesado en mi.

-Has dicho que “Bang” es un proyecto muy personal. ¿Qué podemos saber de ti a través de este perfume entonces?

-No importa si estoy creando una cartera, un vestido o un perfume, el proceso es siempre el mismo: una serie de elecciones creativas que vienen de lo que estoy viviendo o pensando en el minuto. En el plano personal, tuve una transformación física muy importante en los últimos años. Comencé a interesarme mucho en mi propia apariencia, a llevar una vida muy saludable, a comer sano. Cambié totalmente mi estilo de vida. En los últimos siete años comenzó también a interesarme el arte contemporáneo, empecé a vivir más de día que de noche…Ha sido una profunda y gran transformación que también se tradujo en mi aspecto físico.

-¿Qué gatilló el cambio?

-Un problema de salud. Sufro de colitis ulcerosa; fui al doctor y no pudieron tratarla a mi satisfacción a través de la medicina, así que fui a ver a una nutricionista que sugirió que cambiara mi dieta, comenzara a ir al gimnasio y dejara tiempo para relajarme, todas cosas que hasta entonces no hacia. Una vez que fui al gimnasio, que cambié mi dieta y mi aspecto comenzó a transformase, quise más y más. Esa es mi naturaleza: siempre quiero más de lo que me haga sentir bien o me de satisfacción.

-¿Te sientes ahora mas cercano a tus clientes? Después de todo, la moda se trata de verse y sentirse bien…

-Si. Nunca fui un buen representante del mundo de la moda. Siempre usé ropa sucia o  arrugada, no me importaba mi apariencia, no daba muchas entrevistas; pero cuando empecé a sentirme y verme mejor, a estar mas alerta y enfocado, también comencé a sentirme mas cerca de mis clientes. Eso me ha hecho conectarme a mi trabajo en forma mas directa y primitiva.

-¿También ha afectado tu autoestima?

-Definitivamente. Todavía tengo inseguridades, dudas, mi ánimo sube y baja, y no soy consistente las 24 horas del día, siete días a la semana. Pero eso es parte del proceso y lo acepto. No me duele tanto como antes. Ahora soy mas abierto y honesto respecto a cualquier cosa que suceda en mi vida, porque no tengo miedo.

-Tienes 47 años y te ves mas joven que nunca…

-¡Así es! Me siento mas joven y mejor que nunca antes, salvo por un terrible dolor al hombro…

-¿Qué pasó?

-Sufrí una lesión en el gimnasio…Pero tengo una energía juvenil increíble. Me encanta mi trabajo, emocionalmente estoy en un muy buen momento y me siento feliz en muchos niveles.

-Tu siempre fuiste considerado el epitome del diseñador “downtown”, y ahora eres una superestrella del “establishment” de la moda…

-Entiendo lo que dices, pero no lo siento así. Vengo a trabajar, hago lo mío, y eso es todo.

-¿Pero estás consciente de tu influencia?

-En realidad no. La gente me lo dice, pero no me detengo a pensar en eso. Cuando estoy en Nueva York, mas que en Paris, la gente se me acerca en la calle y Robert, mi socio, me dice: ¿puedes creer lo  grandes que somos? ¿La influencia que tenemos? Supongo que no estoy tan consciente de eso como él, que viaja constantemente abriendo tiendas alrededor del mundo.

-Sospecho que en un principio tu idea no fue convertirte en el mega-diseñador que eres hoy.

-No. Pasó en forma orgánica y a lo largo de muchos años. El gran reconocimiento en Estados Unidos llegó con Perry Ellis, cuando hicimos la colección “grunge”, y la segunda ola fue cuando firmamos contrato con Louis Vuitton. Eso nos trajo un nuevo nivel de fama, mas internacional.

-¿Qué aprendiste de la experiencia de Perry Ellis y la colección Grunge?

-Lo más importante fue que hay que seguir los dictados del corazón. Hicimos la colección Grunge porque me sentía muy inspirado por el tipo de música de ese momento, la sensibilidad, el cambio de actitud respecto a lo que era la moda, la belleza y la idea de perfección. había fotógrafos como Juergen Teller, Corinne Day, David Sims, Craig McDean, y estaban fotografiando a gente como Kate Moss. Había una nueva forma de entender la belleza en el mundo de la moda, algo muy distinto a lo que sucedía en los 80’s. Había una naturalidad y una honestidad casi inocente respecto al glamour, lo chic o lo elegante. Esa colección me costó el trabajo, pero me enseñó a confiar en mis instintos. Aprendí que siempre voy a ser mas feliz si hago lo que mi corazón me indica. Creo que fue  una de las mejores colecciones que he creado.

-¿Cómo comenzó tu interés en el arte contemporáneo?

-Fue hace seis o siete años, en otro punto importante en mi vida. La idea de la vida nocturna perdió todo atractivo para mi; lo llevaba haciendo tan tiempo, había sido un tipo muy ‘wild’…

-¿Te cansaste?

-Si, estaba cansado y agobiado. Ya no podía vivir de ese modo. Además sentía cierto cinismo al respecto, la noche ya no se sentía excitante ni fresca…Comencé a mirar arte, a conocer artistas, y descubrí que era un mundo muy inspirador y nutritivo. Fue como cuando un niño descubre algo nuevo y simplemente lo sigue sin pensarlo mucho, disfrutándolo. Eso fue lo que pasó conmigo. Tengo una enorme curiosidad por las cosas que no conozco.

-¿Y tu relación con Richard Prince y Takashi Murakami?

-A Richard lo conocí a través de mis amigos de Sonic Youth. Siempre me gustó su trabajo, sus referencias y apropiaciones, su imagineria americana. Takashi es una historia distinta. Lo conocí porque tuve la idea de colaborar en Vuitton con otros artistas, lo que me pareció que respondía a una antigua tradición europea de reunir a artistas y gente creativa de diversos ámbitos. El primero fue Stephen Sprouse, y luego vino Murakami…

-Lo interesante es que le vendes Murakami a gente que quizás no sabe quién es Murakami…

-¡Exacto! Hay un pequeño grupo de personas que sabe de arte, que conoce a los artistas y su trabajo. Luego están aquellos que van de vez en cuando a museos y galerías. Y finalmente están lo que no tienen idea de donde vienen estas referencias. Pero el arte es para todos, se filtra en a vida de la gente y cambia el paisaje del mundo aunque no lo notemos.

-¿Piensas que la relación entre moda y arte es mas fuerte que nunca?

-Si. Vivimos en un nuevo mundo donde los limites no están definidos ni necesitan estarlo. Me parece muy pasado de moda poner a la gente en cajón y categorizarla. La gente creativa es creativa y punto, aunque expresen su creatividad en forma distinta.

¿Y tu? ¿te sientes mas cerca del arte o el negocio?

-Todo es parte del arte de vivir. Nada de lo que hacemos es una real necesidad. Todos los seres humanos tenemos deseos, sueños y pasiones, y la buena comida, la moda, los hermosos interiores o el gran arte nos ayudan a que, en diferentes grados, la vida valga la pena ser vivida.

2010

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