Yoko Ono

YokoOno230113Con su cara como esculpida en piedra y la vista escondida detrás de sus ya legendarios lentes oscuros, Yoko Ono, esa especie de Jackie Kennedy del rock, parece justificar las cosas que se dicen de ella. Dicen, por ejemplo, que es fría y que siempre contesta con monosílabos. Que nunca habla de John Lennon. Que es dura y tozuda, y que fue ella, con su mano férrea, la que logró desbaratar a “The Beatles”. Como siempre sucede, uno no puede creer todo lo que se dice.

Ahí, sentada en el comedor de una enorme suite que ocupó en su visita a Santiago, Yoko Ono sonrió, habló de John Lennon, y la única vez que dio un golpeado ¡No!, fue cuando el fotógrafo le sugirió que se sacara los anteojos. Al menos esa tarde, no mostró ningún rastro de su supuesto mal carácter.

La artista y compositora llegó a Chile por segunda vez en pocos meses. La primera, invitada por Ricardo Lagos para reunirse con algunos artistas chilenos, y ahora, para inaugurar el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, con sus instalaciones “En trance” y “Ex it”. Por lo mismo, muchos pensaron que venia como una famosa bandera a hacer campaña por el candidato socialista. No señor, ella misma, en su conferencia de prensa y luego en esta entrevista, la única que dio a un medio de prensa en Chile, lo negó. Lo suyo, señala, es el arte, no la política.

La única mundanidad que Yoko lucia junto a sus simples jeans y su blazer azul, eran una especie de zapatillas de gimnasia con taco de “Chanel”. Un discreto recordatorio de que esta mujer fue algún día ejemplo a seguir en lo que a estilo se refiere. Pero esos eran, claro, otros tiempos. Una época de flores, paz y amor que terminó un día horroroso a comienzos de los años 80, en la puerta de un edificio en Nueva York, cuando John Lennon fue asesinado en plena calle. Ese día, el mundo que ambos habían imaginado terminó para siempre.

-¿Siente que es injusto que su arte esté siempre a la sombra de su fama, su relación con John Lennon y “The Beatles”?

-Es bueno y malo. Una moneda no existe si no tiene dos caras. Es algo que acepto. Es un principio fue difícil, porque fui desacreditada inmediatamente como artista cuando me casé con John. Por otro lado, el proceso de estar con él me inspiró muchísimo en mi propio trabajo. Para un artista, la falta de creatividad es lo mismo que la muerte. Una necesita un ambiente estimulante y cuando lo encuentra, lo sigue.

– ¿El respetaba su trabajo?

-Si, y eso fue casi un milagro. Su trabajo era muy distinto al mío, y además era muy exitoso en términos mundanos. Sin embargo, John era capaz de apreciar mi trabajo sin sentirse amenazado por él.

-¿Sintió alguna vez el peso de que eran un icono para toda una generación?
-No, nunca lo sentí. Es como cuando una está nadando. Una trata de flotar y no pensar en lo que está abajo o atrás. Simplemente flota.

-¿Hay algo en su vida que hubiera hecho diferente, de lo que se arrepienta?

-Hay ocasiones en que las decisiones que tomé quizás no fueron las mas acertadas. Pero en perspectiva, creo que he hecho lo mejor que pude. Yo acepto todo lo que ha sucedido en mi vida. La experiencia del asesinato de John, que fue tan dolorosa, probablemente fue necesaria para mi crecimiento personal. Por otra parte, cosas que me parecieron magnificas en su momento, quizás no fueron tan positivas para mi, porque estaba como ahogada en alegría y poco consciente de lo que pasaba a mi alrededor.

-¿Cuándo John Lennon fue asesinado, le ayudó de alguna manera tener al mundo entero llorando junto a usted?

-Decir que todos lloraban conmigo no es correcto. Mi tristeza, mi miseria, fue muy personal. Y estoy segura que quienes lloraron o sufrieron en esa ocasión, podrían decir lo mismo respecto a ellos. Cada uno vivió su propia tristeza.

-¿Después de tener un matrimonio tan célebre, tuvo problemas para  formar una nueva pareja?

-Lo que pasó entre John y yo fue muy especial. Fuimos muy afortunados. Los dos éramos personas muy fuertes, muy intensas. Nos podríamos haber asesinado el uno al otro si la combinación no hubiera sido la correcta. Pero lo fue, y fue una bendición que nos encontráramos y nos comprendiéramos. Los dos, cada uno a su manera, éramos personas muy solas, y por eso nos necesitábamos el uno al otro. No es el tipo de relación que se puede repetir. Ahora tengo una vida distinta, pero es continuación de la anterior.

-¿Fue difícil criar a un hijo después de la terrible muerte de su padre?

-John y yo creíamos en los derechos y la libertad de los niños, al punto que decidimos no enviar a Sean al colegio hasta que él mismo decidiera ir. Afortunadamente él quiso ir cuando era necesario. A lo mejor no fue lo correcto, pero tratamos de no imponerle mucha disciplina. En cierto modo, esa libertad e independencia lo ayudaron a superar el trauma de la muerte de John. Sean es una persona muy independiente, inteligente y considerado. Es considerado incluso conmigo; es una especie de hombre new age, muy amable con las mujeres.

-¿Cómo cambio su visión del mundo luego de la muerte de John?

-En ese tiempo cambió, fue un enorme shock. John y yo creíamos que lo sabíamos todo, que lo teníamos todo, que podíamos conseguir cualquier cosa. Nos sentíamos muy bien. El asesinato me hizo preguntarme  si acaso no habíamos hecho algo malo, si acaso no habíamos llegado demasiado lejos, al tope de la felicidad. Sean me decía, “tu, que dices que lo puedes todo, ¿por qué me mentiste? No puedes traer a mi padre de vuelta…”. Fue horrible. Fue tan doloroso escucharlo. Todos los años para el cumpleaños de Sean y John, que compartían el mismo día, hacíamos una gran fiesta. Poco después de la muerte de John, contraté a un mago para que entretuviera a mi hijo en esa ocasión. Sean me dijo después que quería que el mago volviera y le enseñara sus trucos. “Voy a convertirme en un gran mago y voy a traer de vuelta a mi papá”, me dijo. Fue terrible.

-¿Siente ese romanticismo nostálgico con que algunos miran la década del 60?
-No, no lo veo de ese modo. No es que piense que estos tiempos son mejores que aquellos, pero creo que todos vivimos en el pasado, el presente y el futuro simultáneamente. No hago diferencias entre estos estados.

-¿Lee lo que se escribe sobre usted?

-Claro que si.

-¿Cómo reacciona  a las criticas, a los comentarios negativos?

-Me hieren mucho. Tengo que recordarme a mi misma que cuando leo algo que me hiere, no debo reaccionar emocionalmente. Es malo para mi salud y mi espíritu.

-¿Por qué parece estar siempre en el centro de la controversia?

-Creo que la controversia es mucho mas interesante para los periodistas que decir que estoy muy bien.

-¿Piensa que la dejaran tranquila alguna vez?
-¿Descansando en paz? ¿Cómo cuando una muere?

-No, no me refería a eso…

-Pero simbólicamente es lo mismo. La prensa no me ha dejado descansar en paz. Me gustaría dejar un mensaje pidiendo a los periodistas que no dijeran nada sobre mi, nada, nada, después que muera.

-En su conferencia de prensa en Chile fue muy clara en decir que nunca habla de política, aunque su arte tiene implicancias políticas. ¿Tiene miedo a ser manipulada?

-Es algo que es difícil de controlar. Nunca he sido utilizada por políticos, porque soy muy enfática en no permitir que eso suceda. Al mismo tiempo, si se trata de una causa humanitaria o una situación con la que estoy de acuerdo, no la voy a evitar. No hago campañas por nadie, pero soy sensible a los temas políticos.

-En su viaje anterior muchos pensaron que venia a hace campaña por Lagos…

-No vine a hacer campaña y él no me invitó para que lo hiciera. Eso debe quedar muy claro. El nunca haría una cosa así. Cuando estuve aquí, Lagos fue muy amable, me llevó a la casa de Neruda y me invitó a un almuerzo con artistas chilenos. Me pareció un hombre culto e inteligente, con corazón. No fue el encuentro con un político, sino con un hombre de gran dignidad humana.

-¿En qué etapa de su carrera musical se siente?

-Cuando empecé en los “60 con mi música experimental nadie quería escucharme. Luego, junto a John, ya no era solo que no quisieran escucharme, sino que se reían de mi. “Yoko la gritona”, me decían. Pero ahora, con el paso del tiempo, se han dado cuenta que es arte. Estoy siendo testigo del renacimiento de todo lo que hice en el pasado.

Cosas, 1999

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