Miquel Barcelo

345+Miguel+BarceloDespués de casi una década, Miquel Barceló, según muchos el artista español más importante y comercialmente exitoso de su generación, regresó a Nueva York con una exhibición en la prestigiosa galería Acquavella en Madison Avenue. La muestra incluye dos series- veinte pinturas abstractas en textura blanca inspiradas en la arena de las playas de Mallorca, donde nació el pintor, y decenas de retratos de amigos y familiares en lejía y carbón pintados en su taller en Paris. “Parecen fantasmas, son pura luz”, explica. “Cada uno de nosotros es como una cerilla, estamos encendidos solo por un tiempo, y lo que tratamos de conseguir es trascendencia’.

Esa, la trascendencia, ha sido su batalla desde un principio, y a ojos de cualquiera parece haberla conquistado. Barceló, después de y todo, ha presentado su obra en el Centro Pompidou, en Documenta, en la Bienal de Venecia y hasta en el mismo Louvre, donde el 2004 exhibió sus dibujos de “La Divina Comedia”, convirtiéndose así en el artista más joven que haya expuesto en ese museo.

En mas de treinta años de carrera, ha sido representado por importantes marchands y galeristas, incluyendo a los legendarios Bruno Bichofberger y Leo Castelli. Este último, encantado con el joven español, lo introdujo a la escena artística de Nueva York en los 80s, y Miquel recuerda fabulosas noches junto a Julian Schnabel o Francesco Clemente, y como un día, en The Factory, fue retratado por Andy Warhol. “Sentí que estaba en la cima del mundo”, dice durante nuestra conversación en el Hotel Mercer del SoHo. “ Esta es una ciudad muy generosa en ese sentido”.

Tanto éxito-sin olvidar, obviamente, la venta de una de sus pinturas en Christie’s en 2011, “Ruedo de Toros”, por un precio de casi 6 millones de dólares-,no lo ha dejado totalmente satisfecho.

“El artista, por definición, esta más interesado en el futuro que en el pasado. No me interesa tanto lo que he creado como lo que voy crear”.

Dividiendo su vida entre Mallorca, Paris y Mali- un país que ama pero al que no ha regresado en tres años por la violencia sectaria y el horror que lo invade-, Barceló está constantemente trabajando. Dice que es lo único que quiere hacer; encerrarse en el taller y crear, crear, y crear. “Visité a Antoni Tapies muchas veces en su taller al final de su vida, y era muy inspirador verlo trabajar. Un honor, en realidad. Su cuerpo ya no era tan fuerte, pero su necesidad de crear seguía intacta. Quiero que conmigo suceda lo mismo”.

-¿Esta exhibición en Nueva York, con dos series tan distintas, es otra evidencia de la enorme diversidad de tu trabajo?

-Me gusta hacer cosas radicalmente distintas, porque no me interesa copiar algo que ya hice. Hice una cúpula en Ginebra para la sede de Naciones Unidas, y luego me pidieron que la repitiera en otro país. No quise hacerlo. A mi me parece que la repetición es el enemigo del arte. Y aunque hay algunos a los que les funciona, a mi no.

-¿Cómo es tu ritmo de trabajo?

-Trabajo desde hace años en tres lugares: Mallorca, Paris y Mali. Las cosas en Mali están ahora un poco mal, así que no puedo ir desde hace tres años. He ido al Himalaya, pero no es lo mismo porque ahí no tengo mi casa ni mis amigos, como ocurre en Mali.

-¿La violencia de Mali era algo que se veía venir?

-No, para nada. Quizás en el último tiempo, pero hace diez años jamás me hubiera imaginado que esto era posible.

-Era hasta hace poco una sociedad abierta, que apreciaba el arte…

-Si, y es también una sociedad muy diversa donde nunca antes hubo problemas étnicos. La división que existe hoy ha sido provocada. Ellos durante siglos habían tenido una que otra rencilla por una vaca, como ocurre en todas partes, pero lo arreglaban siempre con la palabra. Esta violencia se ha fabricado. Ahora hay una tonelada de armas por habitante, cuando antes había una sola escopeta para todo el pueblo. Pero claro, ahí hay petróleo, uranio…

-¿Tienes contacto con tus amigos?

-Sí, sí…El que yo no pueda ir no tiene importancia. Lo terrible es que la gente de Mali es espectadora de su propio destino. Han creado una cultura de sobrevivencia que es muy triste. No hay bencina, no hay comida para los niños, no hay remedios, ni siquiera hay preservativos, pero todos tienen teléfonos y son muy baratos, entonces me llaman y me cuentan en directo lo que está sucediendo.

-¿Cómo llegaste a Mali?

-Primero quise ir al desierto del Sahara. Había estado pintando en Nueva York en los 80’s y necesitaba una limpieza vital. Quería empezar con tabula rasa. Me fui al desierto porque, en mi ingenuidad de entonces, pensé que se parecía un poco a mis cuadros. Siempre me han gustado los desiertos, el espacio vacío. Ahí me encontré con el rio Níger, luego llegué a Mali y me enamoré de ese lugar.

-¿Qué tenia que te gustó tanto?

-Tiene una dunas preciosas, la gente es estupenda. Es una cultura diferente, pero en cierto modo más civilizada que la nuestra.

-¿Cómo afectó tu trabajo estar ahí?

-Tuve que empezar todo de nuevo, porque no podía pintar grandes cuadros como hacia en Paris o Nueva York. Se llenaban de polvo. Fue un contacto con la realidad. Me puse a dibujar, realicé muchos dibujos en mangos. Hice como hacen los niños; un pleno aprendizaje. Volviendo después a Europa, vi que mis cuadros se habían transformado. En cierto modo me liberé de esa carga cultural que uno tiene en Europa: los libros, los laberintos, la biblioteca. Hubo un momento en que me sentí heredero de toda esa cultura: Velázquez, el barroco…es una gran carga. El trabajo de limpieza que hice en África, el empezar a pintar en piedrecitas, fue una de esas experiencias importantes que te afectan para toda la vida.

-Hay gente que te conoce bien y ha dicho que eres ambicioso. ¿estás de acuerdo?

-Si. Pero nunca ha sido mi modus vivendi ni mi gran ambición crear una operación económica, sino otra cosa, mucho más profunda. De otro modo estaría viviendo de las rentas, de mi éxito, pero eso es como estar muerto. Lo que busco es la posibilidad del fracaso. El éxito es una cosa del pasado y para un artista eso significa casi nada.

-Tu tuviste éxito desde muy joven. ¿En algún momento se te fue a la cabeza?

-Si, y me fui por esa misma razón. Necesitaba alejarme de lo que estaba sucediendo en Nueva York, Paris o Londres. Ese fue en algún momento mi circuito, estaba siempre viendo a la misma gente. Estaba agotado.

-¿Cómo es tu relación con tu éxito ahora?
-Tengo más de cincuenta años y me muero de ganas de irme al taller. Eso es lo más importante para mi. Mañana vuelvo a Paris y enseguida parto a trabajar. No es algo original: siempre que escucho sobre Miró u otros artistas a los que admiro, descubro que estaban constantemente trabajando. Yo trabajo ahora más que cuando era mas joven. Hay mucho por hacer y necesitas todo tu tiempo.

-¿Encuentras siempre la energía y la presencia para trabajar, o hay periodos mas bien vacíos?

-Siempre quiero trabajar, pero hay periodos menos intensos que otros, y por eso cambio de técnica o hago otra cosa. Me voy a caminar al Himalaya, por ejemplo, y llevo pequeños cuadernos donde anoto y dibujo. Es muy saludable. O hago cerámica, que es una actividad muy física, como hacer gimnasia. Pero la mayor parte del tiempo estoy pintando en el taller.

-Con tanta variedad en tu trabajo, ¿hay algo que lo una todo?

-Si, pero no lo sé definir muy bien. Lo pienso a menudo. Ayer lo pensaba, tratando de verbalizar lo que une a los retratos con los cuadros blancos que estoy mostrando aquí en Nueva York. Es posible que con una perspectiva mayor veamos lo que los une, pero por ahora estamos demasiado cerca. Básicamente, obedecen a una misma sensibilidad y son parte de lo mismo, pero diferentes. Es como si ves un cuadro de Picasso y una escultura cubista; te das cuenta que es la misma mano aunque sean cosas muy, muy diferentes.

-¿Hay algo particularmente español en tu pintura?

-También es una buena pregunta. Yo soy de Mallorca, catalán, de ultramar, pero en el Prado dividen las cosas en “pintura flamenca, pintura española, pintura italiana..”, que es un poco limitado. Pero bueno, era la visión de la época. Yo me siento en casa en España, me reconozco, es inevitable. Estas no son cosas que uno decida. Uno no puede decidir ser un pintor afrancesado. Mi mujer es holandesa y me encanta la pintura holandesa, pero mi trabajo no tiene nada de eso. Es profundamente español, incluso a mi pesar.

-¿Por qué instalaste tu estudio en Paris y no en Madrid, por ejemplo?

-Me gustan las librerías, los cines, los museos, los mercados de las pulgas, los bares, y París tiene mucho de eso. Además es una ciudad suficientemente grande para que no sea una pesadez. En España te llaman para preguntarte tu opinión sobre un partido de futbol. En Paris no tengo ese problema. Aun así, no soportaría pasar toda la vida ahí. Tres o cuatro meses al año están bien, es lo que aguanto.

-¿Cuando vas a Mallorca sientes que vuelves a tu hogar?

-Si, porque ahí tengo mucho terreno, miles de olivos, naranjos, animales…siento una gran responsabilidad por ese lugar que yo mismo he creado. También están ahí mi madre, mis hermanos, grandes amigos de mi infancia.

-¿Creciste en un ambiente artístico?

-Mi madre pintaba, pero sin muchas pretensiones. En mi casa, eso si, había pinturas, cuadros y libros de arte.

-¿Cuándo empezaste a hacer tu propio arte?

-Desde muy joven. A los dieciséis ya tenia mi propio taller, y después me fui al Bellas Artes pero duré una semana.

-¿Por qué tan poco?

-Porque Franco estaba muriéndose, era el año 75 y todo sucedía en la calle. Estar en la Academia era como estar en el siglo 18, en un pequeño palacio alejado del mundo, y a mi no me interesaba el profesor ni nada de eso. Aprendí historia del arte por mi cuenta, y quizás fue mas difícil, pero ahora soy bastante experto. En ese momento me interesaban otras cosas, como lo que estaban haciendo los del Arte Povera en Milán, y en la academia española ni siquiera sabían qué era el Arte Povera. Estuve matriculado unos tres años, pero solo para evitar hacer el servicio militar.

-¿La movida española después de la muerte de Franco tuvo algún impacto en la pintura y el arte español?

-No creo que mucho. Hubo una especie de liberación en España; fue como abrir la puerta de algo que había estado cerrado durante mucho tiempo. Entró el aire, que era algo que todo el mundo necesitaba. Eso fue muy importante. Barcelona era una fiesta, mis amigos hacían strip tease en Las Ramblas…La movida de los 80’s fue mas comercial, aunque también muy divertida. Pero no me parece nada artístico, sino de celebración.

-¿Cómo llegaste a trabajar con Leo Castelli?

-El vino a ver mis cuadros a una iglesia en París que yo usaba como taller, le gustaron y me ofreció representarme. Había otras galerías en Nueva York interesadas en trabajar conmigo, lo que me parecía muy sorprendente.

-¿Conocías la escena artística de Nueva York?

-No, para nada. Nunca había estado en Nueva York. El primer día que llegué, fui con Castelli en su auto con chofer a la Factory de Andy Warhol. Fue como estar en la cima del mundo. Andy me hizo un retrato, después fuimos a comer…fue estupendo. Nueva York es una ciudad muy generosa en ese sentido, te permite esas cosas.

Grazia/ Cosas 2013

 

 

 

 

 

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