Christian Louboutin

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Aunque Christian Louboutin nació en un barrio obrero a las afueras de París, sus ojos estuvieron siempre dirigidos a sitios más glamorosos, el tipo de lugar donde las mujeres prenden sus cigarrillos con encendedores cubiertos en diamantes y donde sus zapatos podrían ser perfectamente confundidos con piezas de joyería. Por eso no es raro que, en cuanto tuvo la oportunidad, arrancara a la gran ciudad y consiguiera, a los 15 años, un trabajo como asistente de las bailarinas del Follies Bergère. Fue ahí, en ese mundo mágico y femenino, donde nació su pasión por el diseño de zapatos y dio los primeros pasos de una carrera que, hoy día, lo tiene convertido en uno de los creadores más importantes del mundo.

Su lista de clientes es larga, incluyendo a la Princesa Olga de Grecia, Nicole Kidman, Cameron Diaz, Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie y Gwen Stefani. Sus legendarios mo-delos de suela de esmalte rojo –su llamativa marca de fábrica– seducen inevitablemente a las mujeres más elegantes del planeta que se lanzan a sus pies con el mismo entusiasmo que él se lanza a los de ellas.

Louboutin, según contó durante una corta pasada por Miami rumbo a Nueva York, está perfectamente feliz con el alcance de su éxito y, a diferencia de tantos otros diseñadores, no tiene intenciones de lanzar perfumes o líneas de prêt-à-porter. Eso le permite concentrarse en sus adorados zapatos y, sobre todo, mantener su libertad para viajar, reunirse constantemente con sus amigos o, como hace a menudo, recorrer el Nilo a bordo de su yate, el “Dahabibi”, que mantiene anclado cerca de su casa en Luxor.

-¿Cómo llegaste al Follies Bergère?
– Cuando tenía 12 años, un amigo de mi familia fue elegido para supervisar una revista musical en el Follies. Por eso, la compañía le dio un video tape con los mejores momentos del show en París, Viena, Cairo…¡Vi ese documental y quedé encantado! Fue como ver una vieja comedia de Hollywood, pero un Hollywood que ya no existía. Además, me pareció más interesante que los musicales americanos, porque cuando uno vive en París, no está pensando en Hollywood. Soñaba con hacer algo en mi país, y el Follies Bergère, el Moulin Rouge y el Paradise Latin eran lo que tenía más cerca.

– ¿Qué te inspiró del ambiente de las showgirls?
– Un lugar como el Follies Bergère está dedicado a las mujeres y trabajar ahí fue como sumergirse en un gigantesco harén. Es realmente un mundo femenino. En París, la mayor parte de los lugares de trabajo pertenecen a los hombres, y cabarets como estos son la excepción. Yo era un adolescente en ese mundo, y por eso me causó mucho impacto.

– ¿Qué fue lo que te atrajo de los zapatos de las bailarinas?
– Siempre me han gustados los zapatos, incluso en esas antiguas películas de los años 50. Con zapatos, las posibilidades de creación son relativamente limitadas, pero son muy importantes en el caso de las coristas que, por lo general, sólo usan plumas y zapatos. Nada más.

– ¿Cómo aprendiste a fabricarlos?
– Empecé a trabajar con las showgirls y fue entonces que aprendí muchos de los secretos de la fabricación de un zapato, aunque mis tareas principales en esa época no iban más allá de acarrerar café, pegar plumas, coser pedrería y cosas así…Cuando me di cuenta que eran los zapatos lo más que me interesaba, busqué en las páginas amarillas los números de las casas de couture y llamé. Así de simple. Una mujer muy simpática aceptó ver mis za-patos y me recomendó a Charles Jourdan, que fue donde comencé realmente mi carrera. Luego trabajé con Maud Frizon, Chanel, Yves Saint Laurent…

– ¿Cómo combinas el romanticismo de crear za-patos con la ciencia de su fabricación?
– Por supuesto, cualquier diseñador de zapatos siempre quiere diseñar los tacos más altos que pueda. Eso es lo romántico, lo glamouroso. Pero después de hacer cientos de dibujos, también comenzó a interesarme su fabricación, y cómo crear un zapato técnicamente perfecto.

– ¿Y qué fue lo más importante que aprendiste?
– Lo más importante es saber que la mujer lleva la ropa, pero el zapato lleva a la mujer. Sin importar lo frágil que se vea, debe soportar todo el peso de la persona y en una superficie muy pequeña. El secreto está en el balance, en la estabilidad.

– ¿Cómo eliges sus nombres, como “Love”, “Trash”…?
– Mi proceso creativo es muy natu-ral y no sigue estrategias ni tácticas. Muchas veces diseño un zapato y luego elijo un nombre, pero en otras ocasiones estoy pensando en un tema específico que finalmente se transforma en un zapato. Mi compañía es muy estructurada, pero yo no.

– ¿El éxito comercial ayuda o frena esa libertad?
– En mi caso, ayuda. No porque tenga 50 llamados o e-mails que responder dejo de leer lo que me interesa, viajar o reunirme con mis amigos. Hay gente que no tiene tiempo para nada y, por lo mismo, no hace nada. Una persona creativa debería ser capaz de administrar su tiempo y mantener su libertad. Si uno no tiene libertad, no es feliz. Y si no es feliz, se refleja en su trabajo, lo que es terrible cuando se trabaja en el mundo de la moda.

– ¿Tus amigos vienen principalmente del mundo de la moda?
– No, no, no. De hecho, tengo muy pocos amigos en el mundo de la moda. Desde los doce años he salido y viajado mucho, y siempre he estado rodeado por todo tipo de personas. Nunca me he limitado. Me interesan los artistas, los escritores, los cineastas, y también conozco mucha gente en India, un país que he visitado desde que tenía 16 años y que me fascina. Tengo además una casa en Egipto, que es otro país que me encanta. También me interesa mucho la arquelogía, el cine francés, donde todos hablan, hablan y hablan…Adoro muchas cosas, muchos tipos diferentes de personas.

– ¿Viajas mucho?
-Sí, mucho. Y siempre fue así, incluso antes de empezar mi compañía. Me encanta viajar solo, pero también me gusta ir acompañado, porque es una experiencia diferente. Cuando uno viaja solo está más abierto a vivir aventuras y conocer gente nueva. Además los viajes son siempre una fuente de inspiración importante. Yo trabajo constantemente y no hay una barrera clara entre mi vida personal y profesional. Amo lo que hago, así que no me importa, por ejemplo, trabajar un domingo en mi casa.

– Ahora estás creando carteras, ¿hacia dónde va tu compañía?

-Hasta donde estoy. No me interesa más que hacer zapatos y carteras, y mantener un pequeño grupo de accesorios en cuero. No quiero hacer una línea de ropa, como me han ofrecido, ni formar una enorme compañía con mi nombre. Y de todos modos, soy demasiado flojo para hacer algo más…

– ¿Cómo funcionan tus colaboraciones con el teatro, estrellas de cine o diseñadores como Diane Von Furstenberg?
– Lo más difícil es el trabajo con los diseñadores, porque generalmente para ellos los zapatos no forman parte de su visión. Son un accesorio secundario y, aparte de decidir si serán altos o bajos, de punta fina o cuadrada, jamás piensan en detalles. Para mí, en cambio, lo más importante son los detalles.

– Pero ropa y zapatos van siempre de la mano…
-Sí, pero por lo general trabajo según mi propio proceso creativo, independiente de lo que estén haciendo los diseñadores de moda. Como todo lo demás, esto también depende de con quién esté colaborando. Lo que nunca haré son zapatos pesados, cuadrados, poco femeninos. No es mi estilo.

– ¿Sientes la presión de crear el “It shoe” cada temporada?
-No, simplemente hago mi trabajo. Cuando estoy diseñando, jamás me fijo en la última tendencia o lo que está pasando en moda. Lo que me importa es que cada zapato sea un objeto importante.

-¿Trabajas solo o en equipo?

-Siempre solo. La mayor parte de las veces trabajo en Egipto, sobre todo en las colecciones de verano porque es más fácil pensar en sandalias cuando afuera hay 80 grados de calor. Para las de invierno me encierro en mi casa a las afueras de París, y pongo el aire acondicionado muy alto para sentir frío.

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