DISEÑADORES LATINOS EN NUEVA YORK: EL ESTABLISHMENT

1

Cuando le preguntan a Oscar de la Renta qué hay de latino en sus diseños, él regresa a los colores de su pasado. “De niño crecí rodeado de los colores más extraordinarios- el océano en la República Dominicana es de un azul increíble, te deja sin aliento; el mejor azul que he visto en mi vida. Mi romance con el color viene de mi herencia tropical”.

La respuesta, por supuesto, será diferente para cualquiera de los diseñadores presentados en estas páginas, todos destacados creadores latinos en Nueva York. Isabel Toledo habla de la sensualidad de las curvas y la caída de las telas; María Cornejo sobre la simplicidad y pureza de sus líneas; Narciso Rodríguez asegura que desde su niñez todo ha estado influenciado por su herencia cubana; y cualquiera que observe con cuidado los elegantes diseños de Carolina Herrera descubrirá rápidamente un tipo de elegancia y refinamiento que solo pueden ser descritos como latinos. En ocasiones esta huella es menos evidente, como en el trabajo que Lázaro Hernández realiza junto a su socio, Jack McCollough, para su marca Proenza Schouler, o el del joven y genial talento colombiano Esteban Cortázar. Pero aun así está presente. Es un aire de vitalidad, sensualidad y color que invade desde hace tiempo las calles de Manhattan.

Para algunos Oscar es el patriarca de este grupo, un hombre que con una dosis similar de encanto y talento ha ocupado un lugar principal en la moda americana desde hace casi cinco décadas.

Después de crecer y educarse en Santo Domingo, viajó a España primero y luego a París, donde trabajó en el atelier de Cristóbal Balenciaga, considerado por muchos el gran genio de la moda en su tiempo. A comienzos de los años 60, con su brillo y experiencia bien guardados en su elegante maleta, se trasladó a Nueva York, convencido de que el futuro de la moda estaba en Estados Unidos. Obviamente, no se equivocó. Su llegada coincidió con el comienzo de una era de libertad para la mujer, lo que, sumado a su natural y refinado instinto, le abrieron las puertas de la ciudad. “Amo a las mujeres, que han sido siempre mi fuente de inspiración”, asegura. “La mujer del siglo 21 es increíble. Debemos celebrar todo lo que las mujeres han conseguido en un corto tiempo. Siempre digo que lo importante es que las mujeres lleven puesto algo que proyecte su propio sentido de individualidad; eso hace nuestro trabajo mucho más difícil, pero también más excitante”.

Nadie podría hablar con mayor propiedad que Oscar sobre éxito y longevidad en un negocio tan competitivo y complicado como el de la moda. Durante su carrera ha vestido a algunas de las mujeres más elegantes, famosas e influyentes del mundo, incluyendo a Sarah Jessica Parker, Michelle Obama, Hillary Clinton, Rihanna y Taylor Swift. “ Pienso que el éxito de mi negocio se debe a que siempre he diseñado prendas extremadamente femeninas. Creo que la mujer de hoy comprende que el poder de su femineidad es importante”.

Sobre el futuro de su empresa y su marca, el diseñador es irremediablemente optimista. “Siento que la mejor parte de mi carrera en encuentra frente a mi. La marca está cambiando y creciendo mas rápido que nunca, y eso nos tiene muy excitados. La gente me pregunta frecuentemente cuándo pienso retirarme, pero solo me detendré cuando deje de aprender. Hay mucho que hacer todavía”.

La colección de primavera 2015 de Carolina Herrera, presentada hace algunas semanas en Nueva York, es, sin duda, perfecta evidencia de que después de casi treinta años de carrera la diseñadora venezolana sigue tan fresca, imaginativa, chic y moderna como siempre. Si alguna tensión le provoca ser cabeza de un imperio de moda, accesorios y perfumes, no se nota. Carolina se ve siempre impecable, relajada y compuesta en su uniforme de blusa blanca y amplia falda.

Su marca comenzó de manera inesperada. “Creo que en la vida de todo el mundo siempre hay un momento en que decides que quieres hacer algo diferente, y yo tuve la oportunidad de hacer algo ¡aquí! En Nueva York. Mi idea era diseñar telas, y Diana Vreeland, que era muy amiga de mi marido y con la que nos veíamos muchísimo, me sugirió crear una colección. Ese fue el principio”. Rudy y Consuelo Crespi también fueron importantes en esos comienzos, recuerda, y por supuesto su marido, Reinaldo Herrera, al que considera su mayor y más importante apoyo.

Puede que Carolina no haya tenido mayor experiencia como diseñadora en un primer momento, pero de que sabia de moda, sabia. Clienta frecuente de Yves Saint Laurent, Dior y otras marcas de lujo, comenzó a asistir a desfiles de costura en Paris desde que era una niña. Su estilo y refinamiento – que la han llevado a ser parte del Fashion Hall of Fame- son bien conocidos, y mucho antes de lanzar su primera colección ya era reconocida como una de las mujeres más elegantes de Nueva York.

“Elegancia no es solamente lo que tiene puesto la mujer”, advierte. “Yo siempre he dicho que tiene que ver no solo con lo usas, sino también como te mueves, piensas, tus gustos, la forma en que vives, tu casa, la forma en que expresas…Es algo que no tiene nada que ver con dinero o belleza. Es una combinación muy extraña”.

Aunque prefiere no dar consejos sobre un guardarropa básico femenino porque “para una mujer la palabra básico no existe, siempre queremos más que lo básico”, el suyo ha encontrado en las blusas blancas una prenda clave. “Siempre la he utilizado. Desde el colegio hasta la práctica de deportes como la equitación, el tenis o el golf, siempre ha habido camisas blancas en mi vida. Me encantan. Me parece que son frescas y versátiles, te las puedes poner de diferentes formas. Con una falda de baile y la adornas con joyas, o la pones para el día, sirve para todo”.

Durante estos años, Carolina ha vestido a numerosas personalidades, de Jackie Kennedy a Lucy Liu, todas seducidas por el encanto de sus modelos. “Una casa de moda como la mía debe tener un estilo y seguirlo con perseverancia, porque no puedes cambiar cada tres meses y no confundir a tus clientas. Las mujeres que se visten de Carolina Herrera saben que van a encontrar en mis colecciones. Eso es importantísimo”.

2

Su éxito en el mundo de las fragancias es enorme. Ha sabido trasladar la belleza y refinamiento de sus colecciones a sus perfumes, conquistando sin problemas el mercado internacional. “Comencé con Puig con mi perfume Carolina Herreta The Perfume, que se convirtió en un clásico”, explica.

“Hay quienes piensan que para tener éxito con un perfume basta con poner un nombre, pero el verdadero existo es cuando una mujer vuelve y compra la fragancia nuevamente. Las mías tienen flores blancas, jazmín y nardos. El primer perfume que olí fue de Patou, hace muchos años. Todo lo que huela a jazmín me recuerda mi niñez, una etapa muy feliz de mi vida. Los perfumes siempre recuerdan a algo, Las buenas memorias nunca envejecen, se quedan siempre jóvenes”.

El éxito no siempre fue fácil, “Al principio todo cuesta”, reconoce.. “Toma muchos años saber donde quieres llegar, es como un misterio. Estas tan envuelta en tu trabajo y en la creación, que no estás planeando cómo llegar. Hay que tener pasión para la moda, porque no se trata solo de lo glamoroso; hay que ver todo lo que hay detrás y no solo lo que la gente ve”.

Trampas y juegos nos pone la memoria a la hora de encontrar la raíz de nuestras obsesiones. Oscar recuerda que se enamoró de la moda una noche en España, cuando estudiaba arte en Madrid y asistió a su primer show de Flamenco. “Pilar López era la única mujer entre seis hombres. Apareció de pronto luciendo un vestido flamenco color cobalto con una larga cola y vuelos y un chal esmeralda en la espalda. Veo ese momento como si lo estuviera viviendo ahora…”
Narciso Rodríguez, que se siente orgulloso de que sus diseños sean a menudo descritos como “arquitectónicos, puros, cerebrales y sensuales”, dice que su estética y filosofía de diseño está marcada por el ambiente cubano “casi rococó” de terciopelos y dorados con que creció en Newark. New Jersey. “Sospecho que esa fue la semilla de mi estética, que me llevó en dirección opuesta. En otras palabras, desarrollé una pasión por todo lo que fuera puro y limpio. En cuanto tuve edad suficiente para cambiarlo, mi dormitorio se hizo blanco y negro”.

Después de estudiar en Parsons, colaborar con Donna Karan en Anne Klein, con Loewe y Cerutti en Europa, luego Calvin Klein, y diseñar uno de los vestidos de novia más comentados, admirados e imitados de la década de los 90- el de Carolyn Bessette Kennedy-, Narciso creó su propia marca en 1997. Desde entonces se ha hecho conocido por su sensual minimalismo y la dualidad de fuerza y delicadeza que a menudo tienen sus diseños.

“Nueva York- su arquitectura, su energía, su espíritu- es mi mayor fuente de inspiración”, reconoce. “Nunca camino por la ciudad sin mi cámara, y las fotos que obtengo son la base de mis colecciones”. Su herencia latina también es un pilar importante. “Lo más latino de mi trabajo es que celebra la femineidad de la mujer, la sensualidad pura de su cuerpo y su belleza innata. Los hombres latinos aprecian a la mujer de una forma muy romántica, y esa es la verdadera definición de mi trabajo”.

Por lo mismo no es raro que uno de los reconocimientos más importantes a su diseño, según dice, haya llegado en la forma de una carta de un hombre que le escribió: “cada vez que mi mujer usa uno de tus vestidos, nunca abandonamos la casa”.

Este año el diseñador alcanzó dos importantes logros. Primero, recibió el prestigioso Cooper Hewitt- Smithsonian National Design Award por su talento y trayectoria; y segundo, presentó “Narciso”, su nueva fragancia, que aparece una década después de su primer perfume, el muy exitoso “For Her”.

Para la campaña de marketing, Narciso escogió a la top model brasilera Raquel Zimmermann, que encarna su idea de belleza moderna a la perfección. “Es tan cautivadora, tan cool, tan singularmente hermosa…Sus fotos captan una belleza que va más allá de lo físico. Es una belleza pura y muy profunda”.

El diseñador no siente una gran diferencia entre crear una fragancia o una colección. “Lo crucial es no abandonar nunca la idea de que, no importa lo que esté creando, debe transmitir de una idea de belleza en su centro”.

Cuando habla, su tono es pausado pero intenso, decisivo y sin dudas. Su pasión por la moda es evidente. “Lo que más me excita de mi trabajo es el oficio. Es lo más desafiante y lo que más satisfacciones me trae. Cortar, probar, ver algo plano y unidimensional convertirse en una escultura en el cuerpo de una mujer, provoca una sensacion maravillosa. Fabricar una prenda de ropa que se vuelve indispensable en el guardarropa de una mujer y que la hace verse y sentirse hermosa, es lo que me mantiene interesado en el diseño”.

El cambio constante del mundo de la moda y su progresiva aceleración no le molestan. Al contrario. “El cambio es lo que mantiene a la moda vida”, señala. “Cuando comencé mi carrera, había solo un puñado de desfiles en Nueva York. Hoy en cambio llega gente de todo el mundo a mostrar su trabajo; la ciudad atrae a diseñadores jóvenes emergentes y a otros establecidos. La moda ya no es exclusiva. Se ha convertido en parte esencial de nuestra cultura, tan vibrante y excitante como cualquier otro arte creativo”.

Su futuro y el de su marca lo tiene particularmente optimista. “Mi compañía ha crecido en forma sustancial y estoy muy feliz con su nueva trayectoria. EL éxito que hemos tenido con el lanzamiento de nuestra nueva colección de zapatos y carteras ha excedido todas mis expectativas. Respecto a mi trabajo, nunca he estado más contento o satisfecho. Me siento tan afortunado de estar en este lugar, en este momento de mi vida y mi carrera”.

3

El diseñador cuenta que está trabajando en una serie de nuevos proyectos que, por el momento al menos, prefiere no comentar. “Lo que si puedo decir con absoluta confianza, es que el crecimiento de mi compañía va definitivamente por un buen camino”.

Esta renovada energía es compartida por buena parte de los diseñadores entrevistados por Vogue. En su atelier del barrio NoMad, en el corazón del Manhattan, Isabel Toledo- acompañada como siempre de Rubén Toledo, su pareja en su carrera y en la vida- nos recibe con una gran sonrisa . Este es un espacio repleto de luz y creatividad. Fotografías, pinturas, bocetos, telas y prendas de ropa aparecen repartidos por todas partes, y en el suelo descansa una enorme acuarela en la que Rubén, uno de los ilustradores más famosos e importantes del mundo, se encuentra trabajando actualmente, la comisión de una importante marca de lujo. Es imposible pensar en el trabajo de uno sin la influencia del otro, y aun así, aseguran, son completamente distintos en su modo de trabajar y crear. “Somos como el día y la noche”, explica Isabel riendo.

A Isabel, la pasión por la moda le nació temprano. A los siete u ocho años ya cosía su propia ropa para ir al colegio, y a los trece, decidida a crecer lo más rápido posible, creaba prendas para ella, sus hermanas y amigas que las hicieran sentir como verdaderas mujeres y no como adolescentes. “Cuando la conocí quedé impactado, porque Isabel, a pesar de ser todavía una niña, tenia la sofisticación de una mujer mucho mayor”, cuenta Rubén, agregando que se enamoró de ella en ese mismo instante. Amor a primera vista. A Isabel le tomó un tiempo responder a sus atenciones, pero cuando lo hizo, dio paso a una de las historias creativas- y románticas- mas extraordinarias que haya visto el mundo de la moda en Nueva York. “Tenemos una estética completamente distinta, pero somos suficientemente maduros para entenderlo. Miramos la vida en forma diferente y eso nos permite nutrirnos el uno del otro”, dice Isabel. “Verlo trabajar provoca una reacción en mi, no puedo evitarlo. Le doy mi opinión sobre lo que está haciendo porque él, como está trabajando, no puede verlo con la misma perspectiva”. Rubén asegura sentir algo similar. “Muchas veces veo aparecer una silueta antes que Isabel, porque ella permanece concentrada en el drapeado o el corte, y aun no ve la prenda con la suficiente distancia”.

Por lo mismo, no debería extrañar a nadie que Isabel no haya pensado en una carrera en la moda hasta que se casó. Eso no significa que no hubiese diseñado. Por el contrario, sus prendas eran muy populares entre el grupo de artistas y performers- gente como Joey Arias o los B 52’s- que pertenecían a su circulo de amigos en Manhattan. Pero hasta que, impulsada por Rubén, comenzó a colaborar con Diana Vreeland en el Costume Institute del Museo de Arte Metropolitano restaurando piezas de maestros como Balenciaga o Poiret, no se dio cuenta de la importancia social, artística e histórica de la moda. “Ahí me enamoré del arte de la moda, y aprendí sobre como influía y reflejaba la historia. La ropa me pareció algo mas que una prenda colgada en un colgador; marcaba un momento”.

En Enero del 2009 la diseñadora tuvo la oportunidad de marcar su propio momento y el de Estados Unidos, cuando Michelle Obama, acompañando a su marido, Barack, el día de la inauguración de su primer periodo presidencial, apareció luciendo un vestido y abrigo amarillo “lemongrass” diseñados por ella. “Ese día de tanto optimismo será recordado visualmente por ese vestido. Tuve la oportunidad de vestir la historia”.

Isabel es una criatura extraña en la moda. Aunque ha hecho numerosas y muy exitosas colaboraciones con marcas masivas como Target o Payless, continúa trabajando mas como una artesana que como la líder de un imperio. Todo lo que hace bajo su etiqueta se diseña y fabrica en el loft que comparte con Rubén; las tendencias y modas no le parecen particularmente importantes; y la quietud de su trabajo se ha hecho aun más relevante en estos días de tanta sobre exposición comercial y digital.

“Isabel ha sido siempre uno de los secretos mejor guardados de la moda. La gente la conoce, pero no es tan accesible porque nuestra producción es limitada”, explica Rubén. “Ahora, con el impacto de la internet, es aun más valiosa, Hay tanto ruido allá afuera, todos tienen un web site, todos muestran sus shows on-line, que se ha hecho mas difícil encontrarla. Pero por otro lado, eso ha creado mas hambre y sed por sus diseños que nunca”.

Cuando hace unos años ambos decidieron suspender la presentación de desfiles cada temporada, muchos, incluso algunos de sus mejores amigos, le advirtieron que era una estrategia peligrosa. Sin embargo el tiempo les ha dado la razón. “Hubo un instante en que sentí que estaban todos gritando y decidí quedarme en silencio. Sin que fuera mi plan, eso me hizo mas visible. Renuncié a quince minutos en la pasarela, pero en el intertanto tuve dos exhibiciones en el Museo del Fashion Institute of Technology”, dice Isabel

Si algo ha aprendido en todo este tiempo en la industria de la moda, es que los errores no existen. “Estás constantemente creando y experimentando. En todas mis colecciones hay un ‘patito feo’ que después de un par de temporadas se convierte en un precioso cisne. En la moda, eso es solo cuestión de tiempo”.

4

Rubén está convencido de que parte importante su carrera y la de Isabel se debe a que ambos, cubanos de nacimiento pero crecidos en Nueva York, vivieron desde muy jóvenes en un ambiente creativo y estimulante. “Como artista, necesitas ubicarte en un campo fértil. Isabel y yo tuvimos la suerte de crecer con gente mayor que nosotros que hacia lo que amaba. Hasta ahora vivimos de ese modo y tratamos de rodearnos de ese tipo de personas. Para hacer lo que hacemos, tienes que estar enamorado de tu entorno”.
Lázaro Hernández, que fundó las bases de su marca Proenza Schouler junto a su socio, Jack McCollough, incluso antes de graduarse en la prestigiosa Parsons School of Design, debe estar de acuerdo. Desde entonces los diseñadores se han convertido en protagonistas de la escena creativa de Nueva York, obteniendo el apoyo de influyentes personalidades de la ciudad, incluyendo, por supuesto, Anna Wintour, editora en jefe de Vogue USA.

Una de las colaboraciones más importantes que haya visto la moda neoyorkina en la última década comenzó cuando Lázaro y Jack se conocieron siendo todavía estudiantes. “Nos conocimos en un club el verano antes de nuestro primer año y por coincidencia terminamos en las mismas secciones en la academia”, recuerda Lázaro. “Nos hicimos amigos muy rápidamente y comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. Tenemos perspectivas muy diferentes. Es la combinación de nuestras ideas lo que crea algo interesante, ahí es donde ocurre la magia”.
Magia es una palabra apropiada para su meteórica carrera. Barneys compró completa su primera colección, y no pasó mucho tiempo antes de que Anna Wintour pusiera al dúo en las páginas de su influyente revista, mostrándolos mientras trabajaban meticulosamente en un vestido sobre el cuerpo de Demi Moore. “Anna ha sido fundamental en nuestro éxito. Nos ha dado los mejores consejos a través de los años, y su apoyo tiene un enorme significado para nosotros”.

En una historia que ya se ha convertido en leyenda, Lázaro, durante un velo, cuando todavía era estudiante, le envió una nota escrita en una servilleta a Anna, que iba sentada a algunos asientos de distancia en el avión. Poco después la editora lo ayudó a conseguir una pasantía con Michael Kors.

Haber obtenido tantos triunfos desde tan temprano no fue casualidad, dice él. “Trabajamos muy duro y somos muy apasionados por lo que hacemos. Creemos que nuestro éxito es el reflejo de nuestro esfuerzo y trabajo. Somos afortunados de tener un increíble equipo de trabajo, no podríamos haber conseguido lo que hemos conseguido sin ellos”.

Sin duda, parte del éxito de Proenza Schouler radica en su especial talento para comprender lo que una nueva generación de mujeres- activas, inquietas, creativas, con verdadera pasión por el estilo y la moda- buscan a la hora de vestirse. “La mujer Proenza Schouler es alguien que ama el lujo, la calidad y la creatividad. Es sofisticada y se cuida, pero al mismo tiempo es relajada y algo informal. Un poco de contraste es siempre positivo”.

En Febrero pasado, Lázaro y Jack viajaron a París para presentar una “retrospectiva” de sus doce años de carrera en le Bon Marché. Leigh Lezark y Dauphine Arnault, entre otros cientos de invitados, pudieron admirar piezas que hasta entonces habían estado guardadas en el archivo que Proenza Schouler mantiene en el SoHo de Nueva York. “Cada una de estas colecciones representa seis meses de nuestras vidas”, explicó el dúo por entonces.

En los últimos años, el crecimiento creativo y comercial de la marca ha sido considerable. Actualmente poseen dos boutiques en Nueva York, en SoHo y Madison Avenue, y su irrupción en el diseño de carteras y accesorios ha sido recibido con gran entusiasmo por un grupo creciente de clientas. Su reciente colaboración con MAC Cosmetics la primavera pasada los llevó a crear una serie de lápices de labios y ojos, y dos paletas de sombras y blush, una labor que duró dos años de preparación y que quizás indique, esperan muchos, su decisión de entrar definitivamente al mundo de la belleza.

A pesar de la exhilarante velocidad que ha tenido su carrera Lázaro y Jack se las han arreglado para mantener la mente clara y los pies en la tierra. En varias ocasiones, confiesan, sus decisiones profesionales han tenido que mas que ver con el tipo de vida que desean para sí mismos que con una estrategia de crecimiento comercial. ¿Evidencia número uno? La casa de campo que comparten en los Berkshires, a un par de horas al norte de Nueva York, que se ha convertido en su refugio frente a las presiones de la ciudad.

Oír a Lázaro hablar de ese lugar lleva a imaginar un paraíso de tranquilidad. “Es un campo que se trabaja”, cuenta. “Tenemos animales y un jardín de vegetales. Realmente nos gusta estar cerca de la naturaleza. Es el perfecto escape y una fuente constante de inspiración para nosotros. Nos permite transportarnos y aclarar nuestra mente”.

Con apenas 35 años, el diseñador ya posee la experiencia y madurez de los diseñadores establecidos. “Cuando vine a Nueva York el primer verano después de mi primer año en el College en Miami, conocí gente, vi la ciudad y descubrí el mundo de la moda. Me dije a mi mismo que iba a postular a Parsons y, si era aceptado, me mudaría aquí. Y así sucedió”.

Proenza Schouler presentó su nueva colección de Primavera 2015 hace algunas semanas durante la reciente Semana de la Moda de Nueva York. Su pasarela fue una nueva muestra de su talento e impecable diseño y fabricación, con vestidos y conjuntos en bloques de colores, modelos con flecos y sinuosas faldas semitransparentes que revelaron la profunda curiosidad que el dúo siente por nuevos materiales y texturas. Fue una colección refrescantemente optimista, que refleja la confianza que siente la marca sobre su propio futuro y el de la moda.

5

Ignorancia puede ser una palabra negativa en muchos sentidos, pero no para un diseñador. Eso piensa al menos María Cornejo, la diseñadora nacida en Chile, educada en Europa y actualmente radicada en Nueva York que, según dice, dedica poco tiempo a hacer investigación, revisar libros de moda o visitar exhibiciones sobre el tema. “Fui a ver la muestra de Charles James en el Metropolitan Museum y descubrí dos o tres cosas que había hecho hace cinco años en mi propia colección. Si hubiera visto su trabajo, jamás habría diseñado esas prendas. Creo que el no saber te da la libertad para ser ingenuo y creativo. Si estás mirando lo que hace el resto, sientes que de alguna manera ya está todo hecho”.

La carrera de María se ha dividido en dos. La primera parte fue en Europa, donde junto a su socio y ex pareja, John Richmond, creó la marca Richmond Cornejo a comienzos de la década de los 80. El éxito fue inmediato, y al poco tiempo mantenían una veintena de puntos de venta alrededor del mundo y ocupaban amplio espacio en las revistas de moda. “Fue demasiado y en muy poco tiempo. Quedé agotada”, recuerda ella. “Y el hecho de trabajar con mi pareja agregó aun mas presión a todo el asunto”.

La marca- y la relación- terminó poco después. María colaboró algunos años con Jigzaw y otras marcas masivas, vivió en Paris, trabajó en Japón, y en 1996, junto a su nuevo marido, el fotógrafo británico Mark Borthwick, se instaló en Nueva York. Dos años después fundó su propia marca, Zero + María Cornejo. Ese fue el comienzo de su segundo capítulo.

¿Qué lecciones obtuvo en el camino?

“La lección más importante tiene que ver con que todo funcione bajo un mismo techo. Actualmente todo lo que fabrico es hecho en este lugar”, dice refiriéndose al amplio y hermoso espacio que ocupa en Bleecker Street, en NoHo, en Nueva York. “Necesito tener control sobre lo que estoy creando, aunque sea una T-shirt. Soy una diseñadora ‘hands on’; me gusta estar en el taller, ver las costuras, los patrones, y compartir con la gente que fabrica las prendas”.

Inevitablemente, su estilo es internacional, cosmopolita y difícil de definir. Tiene el color y la sensualidad latina, la excentricidad inglesa, la sofisticación parisina, el minimalismo japonés y la eficiencia y el pragmatismo americanos. “Hay quienes ven algo mas latino, otros algo mas europeo, pero la verdad es que tomo elementos de todas partes. Mi ropa no es obvia en ese sentido”, explica María. “El único lugar donde soy autoritaria es en mis shows. Después de eso, mis diseños tienen absoluta libertad de movimiento y expresión”.

Eso le ha ganado la preferencia de una clientela esencialmente creativa, incluyendo a la actriz Tilda Swinton y la artista Cindy Sherman, entre otras.

Como diseñadora, su meta es “hacer que las mujeres que sientan bien con su cuerpo y con ellas mismas”, una tarea que por experiencia propia le parece difícil. “Las mujeres tenemos vidas demenciales. Esta entrevista es la séptima reunión del día para mí. Partí a las 8:30 de la mañana y no he parado. Sin embargo, cambias tu vestido, tus zapatos, tus accesorios, te pones un poco de maquillaje y de pronto te sientes fantástico. Nuestra misión es crear deseo, porque ropa hay en todas partes”.

Su futuro, piensa, está en el lifestyle. “Hoy la moda es mucho mas que un vestido colgando en un colgador. Me encantaría crear un perfume, por ejemplo. Me interesa lo que va más allá de una temporada, la progresión natural de las cosas. Sinceramente, no pienso mucho en términos de tendencias. Eso es a veces difícil para la prensa, pero creativamente no puedo fingir ser algo que no soy”. Actualmente está interesada, entre otras cosas, en los emojis. “Esa es la manera en que nos comunicamos: a través de signos. Además estas son imágenes que tienen sentido del humor, algo que también es importante en mi diseño. Trabajar en la industria de la moda es difícil, y por lo tanto es necesario encontrar siempre huecos de inspiración y alegría”.

Cuando era una niña, María observaba a una de sus tías en Chile, la tía Carmen, como ejemplo de estilo y elegancia. “Era la mujer más chic que conocía, hablaba inglés, trabajaba para una gran empresa norteamericana, le gustaba la moda y tenia carteras y accesorios bellísimos”.

En Inglaterra el abanico de sus iconos creció, integrando a mujeres tan diversas como Vivienne Westwood y Coco Chanel. “La moda es como la música. Tiene diferentes niveles y una absorbe diferentes cosas de modo distinto. No porque te guste una cosa no te puede gustar otra”.

6

Esteban Cortázar es un buen ejemplo de esta filosofía. Increíblemente precoz, la carrera de este joven colombiano comenzó a los trece años cuando, en un golpe de suerte y decisión, se acercó a Todd Oldham en un café en Miami para mostrarle sus diseños. El conocido diseñador le ofreció un puesto en su atelier. Esteban voló a Nueva York y poco después, a los 17 años, creó su propia marca. El éxito fue instantáneo, y su desfile en 2005 con Naomi Campbell y Carmen Kaas en la pasarela fue el must de la Fashion Week en Manhattan ese año.

Pero ese fue solo el primer capitulo de su historia.

Nadie en el mundo de la moda desconoce la ruta profesional de Esteban. De niño genio pasó a ser el flamante director creativo de Ungaro cuando tenia apenas 23 años. Su llegada a la legendaria maison parisina fue recibida con enorme entusiasmo por los clientes y la prensa, pero sus propietarios, quizás ansiosos de atención, decidieron poco después contratar a Lindsay Lohan en el difuso rol de “directora artística”. Esteban no estuvo de acuerdo, renunció, y fue reemplazado por Estrella Archs, que en menos de un año presentó también su renuncia citando “diferencias irreconciliables” con la marca.

Aun así, el diseñador- que acaba de cumplir 30 años- dice que su paso por Ungaro fue “una experiencia maravillosa”. “Me cambió la vida y, entre otras cosas, me llevó a Paris”. Luego agrega: “Todo lo que he vivido, incluido Ungaro, ha sido una escuela. Ahora me siento mas preparado. La edad te hace entender qué quieres y qué no para tu carrera y tu vida, y puedo decir con gran satisfacción que estoy parado exactamente en el lugar en que quiero estar y que tengo una claridad sobre mi trabajo que no tenia cuando empecé”.

¿Dónde está parado? En el centro del universo, si se habla de moda, gracias a una oportuna colaboración con el poderoso sitio Net- a- Porter. Su fundadora, Natalie Massenet, lo siguió durante sus años en Ungaro y luego de su salida le propuso crear su propia colección. El proyecto demoró un año y medio de preparación y fue finalmente lanzado en 2012.

Después de dos colecciones disponibles exclusivamente a través de Net- a- Porter, Esteban presentó en Julio pasado su primera colección a la venta internacionalmente. Una vez mas, su nombre está ahora presente en algunas de las mejores tiendas del mundo: Barneys en Nueva York y Los Angeles, Dover Street Market en Londres, The Webster en Miami, y Montaigne Market en Paris.

Entre la versión actual y pasada de la línea hay diferencias obvias. ”Antes el ADN de la marca no estaba tan bien puesto, yo seguía mis instintos, hacia lo que quería hacer, pero quizás era demasiado joven”, reconoce Esteban. “En París crecí mucho, y en mi nueva marca se mezclan todas las experiencias de estos últimos años. Por supuesto hay una influencia latina, porque es de donde vengo y es la cultura que amo, pero también está el elemento minimalista y escultórico que me ha dado París. Es una mezcla del intelectualismo europeo con la sensualidad latina”.

A diferencia de diseñadores y marcas mas tradicionales, Esteban ha creado su propio calendario de ventas y marketing, invitando primero a los compradores a conocer la colección en forma absolutamente íntima y reservada, y a la prensa meses después, apenas dos semanas antes de que las prendas estén disponibles en tiendas y boutiques. “Me interesa que mi colección hable del futuro, y me pareció que esa era la forma moderna de presentar mi trabajo. Hoy día con tanta red social y métodos instantáneos de promoción on- line, la ropa se siente agotada cuando finalmente llega a los clientes. Quería encontrar una nueva manera, más relevante, de compartir, comunicar y vender mis diseños”.

A pesar de su juventud, el creador es un veterano de la industria de la moda. ”Si algo he aprendido, es que tienes que mantenerte fiel a ti mismo. En este negocio es fácil creer que debes agradarle a todo el mundo, pero ahora entiendo que quiero estar solo junto a aquellos que me apoyan. No quiero golpear todas las puertas en busca de aprobación. Cada uno tiene su propio camino, y hoy, gracias al apoyo de Net- a- Porter y en buena parte de la tecnología, puedo comunicar directamente mi visión sin necesidad del resto. También he descubierto que esta es una industria que a veces se toma demasiado en serio; eso era algo que no sabia en un principio. Ahora se que nada es tan definitivo ”.

De todas las lecciones aprendidas, sin embargo, la más importante es quizás la que aprendió de Natalie. “Ella me demostró que también se puede ser muy humano en la moda, y eso es muy raro y refrescante”.

Seria imposible sacar conclusiones generales sobre la experiencia latina de la moda de Nueva York. Las carreras de Oscar de la Renta o Carolina Herrera se han desarrollado en forma distinta y han enfrentado desafíos diferentes a los que jóvenes como Esteban Cortázar o Lázaro Hernández han debido enfrentar. Sin embargo, en la conversación que Vogue mantuvo con todos ellos surge un elemento en común: la pasión.

Esta se expresa en formas diversas; a veces mas evidente y en otras mas sutil, pero está siempre presente. Puede ser en la intensidad con que Narciso Rodríguez habla de su proceso creativo, o la forma en que María Cornejo o Isabel Toledo toman un trozo de tela y lo convierten en una pieza esencial. Puede ser el infinito encanto de una falda de vuelos, una blusa escotada o una chaqueta bien cortada. O puede ser, como en la mayoría de los casos, simplemente el sueño de conquistar el mundo sin mas armas que talento y creatividad.

7

Vogue Mexico & Latinoamerica, Octubre 2014

Advertisements