SEBASTIAN ERRAZURIZ

Portrait-Sebastian-Errazuriz-04

El año aún no termina, pero está claro que será memorable para Sebastián Errázuriz, el diseñador y artista chileno que por estos días presenta tres exhibiciones de su trabajo en Estados Unidos: en la galería Cristina Grajales y en Salon94 en Manhattan, y en el prestigioso Carnegie Museum of Art en Pittsburgh, que exhibe una importante retrospectiva de mitad de carrera con 37 de sus piezas, incluyendo sus lámparas con patos taxidérmicos, sus muebles con espinas como de puercoespín, y su muy comentado bote-ataúd, que están ganando rápidamente nuevos admiradores.

Sí, es un buen año para uno de los creadores más prolíficos e internacionalmente reconocibles que Chile haya producido en el último tiempo; un año que, como dice él mismo desde su estudio en Brooklyn, debería repetirse todos los años. “Desde muy niño tuve clara conciencia de que la vida es muy corta y que uno debería hacer algo que valga la pena cada año que pasa. Yo empecé a deprimirme por mi cumpleaños desde que cumplí cuatro y tengo una noción, bastante atípica, de entender mi vida dentro del contexto del tiempo”.

Quizás por eso en su obra- y en el resto de su vida profesional- se adivina cierta urgencia. Su sitio web (meetsebastian.com), donde es descrito como “artista, diseñador y activista”, muestra una larga lista de tempranos triunfos, incluyendo, a los 28 años, haberse convertido en el segundo artista latinoamericano incluido en la historia de la venta de Importantes Piezas de Diseño de Sotheby’s.

Su biografía oficial anuncia que nació en Chile, creció en Londres, estudió arte en Washington D.C., cine en Edimburgo , y obtuvo títulos en Santiago y la Universidad de Nueva York. También dice que es un “prodigioso y obsesivo trabajólico”, que en 2007 fue elegido como uno de los mejores diseñadores emergentes por la prestigiosa revista I.D., que en 2010 se convirtió en “diseñador chileno del año”, y que el 2011 su trabajo fue el “más comentado de Design Miami Basel”. Todo eso, cuando apenas se empinada por sobre los treinta años.

Su obra puede ser a veces fatalista, otras irreverente, pero siempre mantiene un atractivo visual y un ingenio mediático que la hacen perfecta para esta era de Instagram, Facebook y Twitter. Estas son herramientas que Sebastián usa estratégicamente y a la perfección. Su colección de zapatos para la marca brasilera Melissa, por ejemplo, inspirados en doce novias de su pasado, fue planeada para convertirse en un fenómeno viral, con fotos cuadradas que funcionan perfectas en Instagram y un zapato presentado cada día, para crear doce días de expectación.

Por lo mismo, porque parece tener buen control sobre la imagen de su obra y la suya, porque posa a menudo juntos a sus muebles y objetos con la seguridad de un modelo, porque tiene un aplomo que a veces puede parecer arrogante y muy lejano al carácter nacional, es que tiene tantos admiradores como críticos. Pero, como explica en esta entrevista, su romance no es con la fama sino con el trabajo. Es su pasión, Es su obsesión. O, como asegura, es su droga.

-¿Qué esperas que la gente que visite tu retrospectiva en Pittsburgh perciba sobre tu trabajo?

-Me encantaría que entendieran que no soy un giro sin tornillos, como me llamaron alguna vez en la prensa, ni el loco que anda haciendo las obras que se le ocurren, ni un disperso, ni un cuico que ha sacado la plata quizás de donde. Me interesa invitar a la gente a volver a mirar, a sorprenderse y explorar un trabajo que cubre una serie de disciplinas en paralelo. Lamentablemente eso no es muy común, y estamos acostumbrados a ver obras que se desarrollan en una sola área en particular. Siento que en todos los aspectos mi trabajo tiene una solidez que permite un diálogo con cualquier artista que haga un trabajo similar. En arte público, mis libros están al lado de los de Marina Abramovic; si hago diseño de zapatos, se ubican junto a los de Louis Vuitton o Lagerfeld; mis muebles, al lado de los de Marc Newson…y así sucesivamente, se van generando diálogos con algunas de las personalidades más importantes de cada área. Pero eso es algo que recién se va a entender ahora.

-Mencionaste varios mitos que existen sobre ti. ¿Crees que aparecer constantemente en la prensa, que tu cara sea conocida, ha ayudado a crear más mitos en vez de aclararlos?

-De todas maneras. Pero uno debe entender que la mala publicidad no existe, y entre que aparezca yo al lado de una de mis piezas o un modelo, me conviene mucho mas aparecer yo. Que la gente me reconozca es bueno. Si por eso algunos pensaron que era mas bien una celebridad o un socialite en Chile, la verdad no me importa. Esa es una impresión inicial y errónea.

-¿Esta retrospectiva te ha hecho ver tu propio trabajo en forma distinta?

-No, siempre he tenido muy claro hacia donde voy. Simplemente estoy esperando que el resto lo entienda. Yo no estoy trabajando para ser aceptado hoy, ni para ganar mas lucas, ni para ser el más popular, sino para llegar a los ochenta o noventa años y haber acumulado un cuerpo de trabajo de tal peso, que sea considerado una legado importante y pueda mantener por sí solo un diálogo interesante con el resto de la historia del arte y el diseño.

-Si esa es la meta, ¿cómo mides dónde estás hoy?

-Es una mezcla. Como artista te vas guiando por tu instinto e intuición. Uno se da cuenta cuando se va acercando al tipo de trabajo que su potencial le permite hacer. Una primera medida, que es muy importante, tiene que ver con asuntos como presupuestos, las galerías que te representan, la libertad que tienes para trabajar. La segunda son temas mas fundamentales: cómo sientes que está tu trabajo en relación al que hicieron otros, cómo se compara, cómo llevas la obra un poco mas adelante en la posta de las artes visuales y el diseño. También están los precios, la valorización que el mercado hace de tu trabajo. Hoy mis precios llegan hasta 200 mil dólares; si googleas el proyecto que hice de zapatos, reciben 35 millones de hits, con Lady Gaga llamando porque quiere usarlos. Esos son elementos tangibles. Voy a la inauguración de una de mis muestras, soy otro chilenito que llegó igual que cualquiera, pero ahí esta Paola Antonelli, una de las principales curadoras del MoMa, que se queda ahí todo el rato, conversando conmigo, y más allá está Wendy Goodman (editora de diseño de New York Magazine) que le dice a mis papás que soy un genio, uno en un millón, y que gracias a Dios que me tienen. Uno va sumando cosas, generando pautas que te indican que esto ya va, que está armado. Hasta qué punto puede uno dejar un legado significativo, está por verse. Lo mismo si seré o no capaz de ganar plata. ¿Moriré en la mitad? ya no importa tanto. Lo verdaderamente importante es que esto ya va. Es una época muy interesante para mi.

-¿Has armado tu carrera estratégicamente? ¿Sabes donde estarás en cinco o diez años?

-Si, claro.

-¿Y donde vas a estar?

-Por el momento estoy solo con galerías en Nueva York. Estaba esperando que se inaugurara mi retrospectiva para empezar a conversar con otras en Europa. En un año, debería tener al menos dos. En cinco años, no sé, debería estar en exhibiciones en el Pompidou o el Victoria & Albert Museum. Mi equipo de trabajo debería crecer de cinco a quince, mis precios deberían llegar a los 350 mil dólares. Lo más importante es que debería ser aún más libre para trabajar en los proyectos que me interesa desarrollar, con mejores artesanos y mas presupuestos. Mi trabajo no es muy distinto al de un científico de MIT que necesita fondos para su investigación. Yo necesito estar bien evaluado, aparecer en publicaciones, revistas y muestras, para conseguir dinero que me permita seguir adelante. Lo único que me interesa es trabajar, la fama me interesa un comino. Tengo algo de vanidad y soy un poquito egocéntrico, como cualquier artista, pero lo mío no va por ahí. Deseo crear un círculo virtuoso donde lo único que me pare en mi camino profesional y creativo sean mis propias limitaciones. En eso he sido muy riguroso. Yo estoy en el taller todos los días a las 7:30 de la mañana y me quedo hasta las 7:30 de la noche; le meto doce horas de trabajo, y eso me pone contento porque sé que mi competencia trabaja solo nueve. Son un par de horas de ventaja.

-¿Cómo reaccionas frente a los fracasos?

– Tengo fracasos constantemente. El día que se inauguró mi retrospectiva en el Carnegie me desconectaron el teléfono porque no tenia plata para pagarlo. Había habido un movimiento de dinero, y no pude pagar la cuenta a tiempo. Casi me puse a llorar en el hotel; no podía creer que a pesar de todos mis esfuerzos estuviera en ese nivel de precariedad, que me pasaran este tipo de cosas que pensaba que había dejado atrás. Sin embargo, para mí al final es un testimonio de mi nivel de entrega. Yo estoy siempre jugándomela, una y otra vez, sin cuidarme a nivel de salud, emocional o lo que sea. Pierdo kilos, me divorcio de mi señora, y ahí estoy, trabajando todo el tiempo…

-¿Eso es porque el trabajo es lo que más satisfacción te da?

-No lo tengo claro. Tal vez me faltó desarrollar amor por mí mismo desconectado de lo que hago. Tal vez no me siento suficientemente válido si no es a través del trabajo. Tal vez es un tema mas existencial, donde no creo en nada y por lo tanto mi vida, o si fui o no feliz, no tiene mucha importancia. Es un poco como ser drogadicto, no tengo opción. Yo sé que hay muchos artistas que dicen lo mismo, pero para la mayoría es mentira. Muchos se dedican después felices a otra cosa. Yo no sé como justificarlo…Mi familia se preocupa. Cada cierto tiempo me miro al espejo y descubro que bajé diez kilos. Paso por periodos en que no duermo mucho. Me da miedo, miedo de verdad. Temo que me pase algo, que me aparezca un cáncer… ¿pero qué puedo hacer? He tratado de relajarme, pero no me da.

-¿También tienes temor de no cumplir tus propias expectativas?

-No. Una vez, un amigo cura me felicitó por varios logros, y yo le quite importancia; le dije “da lo mismo”. Y él me dijo que no volviera a mentir, que no dijera que no era importante cuando yo sabia que si lo era. La verdad es que yo no conozco a nadie con más talento que yo, así de simple. Ese personaje no existe. Y si lo conozco, me miento a mi mismo. En eso soy un poco como un loquito, uno de esos que creen que el mundo se va a acabar. Pero yo me siento realmente bueno, disfruto lo que hago y estoy convencido de que dejaré un legado.

-En un principio la gente tuvo problemas con que fueras artista y diseñador a la vez. ¿Para ti esa dualidad ya no es tema?

-La diferencia entre una cosa y la otra para mi ya no existe, y creo que la sociedad en ese sentido también ha cambiado mucho. Lo que sucede en las artes visuales es similar a lo que sucede con los géneros sexuales: la gente se ha dado cuenta de que no es una cosa o la otra, sino que hay un abanico donde cada uno se inserta donde se siente mas cómodo y de donde incluso puede moverse en forma fluida. Esa idea de que cada libro tiene su lugar en la biblioteca no tiene nada que ver con la forma en que recibimos, consumimos y procesamos información hoy en día. En internet, arte, música, moda, diseño, todo está mezclado. Las barreras han ido cayendo. Y yo, por testarudo, por no aceptar que me encasillaran, me convertí en cabeza de lanza de lo que ahora podría ser considerado un movimiento.

Octubre 2014

Advertisements