SEBASTIAN ERRAZURIZ

El diseñador y artista chileno se apoderó durante un mes, por tres minutos cada noche, de cincuenta pantallas gigantes en el corazón de Nueva York. Su idea fue proponer un bostezo, una pausa, pero en su caso nada detiene una carrera él mismo llama “ Kamikaze”.

A Pause in the City That Never Sleeps by Sebastian Errazuriz -Photograph by Sebastian Errazuriz Studio lowA Pause in the City That Never Sleeps by Sebastian Errazuriz - photographs by Ka-Man Tse 2 low

A las 11:37 de la noche, cada noche, por tres minutos y durante todo Enero, el rostro de Sebastián Errázuriz lanzando un largo y profundo bostezo invadió cincuenta pantallas gigantes en Times Square en Nueva York. La instalación se llamó “Una pausa en la ciudad que nunca duerme” y formó parte del programa “Midnight Moment”, donde antes participaron destacados artistas como Tracey Emin, Alfredo Jaar, Robert Wilson, JR, Ryan McGinley o Yoko Ono, entre otros. Para Errázuriz, probablemente el diseñador chileno más conocido en el exterior y un artista que ha ido ganando rápidamente prestigio y reputación en el circuito internacional, fue la culminación de un año extraordinario, el 2014, cuando presentó simultáneamente dos exhibiciones en Nueva York y una amplia, compleja y muy comentada retrospectiva de media carrera en el importante Carnegie Museum en Pittsburgh.

Debe estar feliz Errázuriz, entonces.

No necesariamente. La felicidad no parece ser ingrediente fundamental de su modo de vida, que, en cambio, está marcado por la urgencia de crear lo mejor posible en el menor tiempo que se pueda. Es una urgencia que, según dice, preocupa a quienes lo conocen, pero sobre la que él no puede hacer nada. “Es como si fuera un sicópata”, dice desde su estudio en Williamsburg, Brooklyn. “Corro contra el tiempo porque siento constantemente que se está acabando. Eso me permite aguantar, aunque todos me piden que pare. Me gustaría una pausa; gozar más el momento”.

Por lo mismo, asegura que verse reflejado decenas de veces a tamaño gigante en Times Square, más que vanidad u orgullo, le genera esperanza. “Sueño que alcanzar esta nueva meta me permita estar mas tranquilo. Verme en esas pantallas no tiene nada que ver con mi ego. Estoy tan agotado, tan hecho bolsa, que al contrario: me siento agradecido, muy pequeño y feliz de haber completado este nuevo desafío”.

Su carrera ha sido meteórica y en constante ascenso. Antes de venir a hacer su master en New York University, fue, según su propia definición, un “famosillo” con un popular programa de televisión y columnas en los periódicos. Fue un periodo en que se sintió “como ‘new rich’ de la atención, engatusado y encantado con ella”. Luego de sus estudios en Nueva York, donde se hizo tan conocido por sus ideas como por su constante rebeldía hacia la academia, comenzó su verdadero desarrollo profesional, exhibiendo en la conocida galería de Cristina Grajales en SoHo, en el Museum of Arts and Design en Manhattan y en la feria Design Miami, entre otros sitios, y acumulando una insólita cantidad de prensa y menciones en revistas y blogs. Lo único que no ha conseguido después de tanto tiempo y esfuerzo es dinero.

“Mi resolución para el 2015 es ganar plata’, anuncia. Y luego explica que la mayor parte de sus ingresos han sido destinados a mantener su estudio y producir sus obras. “Tengo 37 años, y mi nivel de reconocimiento y prensa internacional es desproporcionado a mis posesiones. No tengo auto, no tengo casa y casi nunca tengo plata en mi cuenta bancaria. Todo lo que gano va directo a la creación”.

-¿Te preocupa?

-Claro que si, porque igual que todo el mundo tengo que pagar cuentas y me gustaría tener algo de tranquilidad. Me parece muy importante empezar a cuidarme mas en esta carrera de kamikaze que he llevado adelante.

“Una pausa para la ciudad que nunca duerme” es un proyecto que preparó durante casi una década. “La idea del bostezo me interesó porque tiene algo contagioso, de empatía, se relaciona al estar aburrido, cansado. Es un síntoma muy claro del agotamiento. Cuando llegué a Nueva York, la idea se hizo aun más latente por la velocidad del ritmo de la ciudad”.

-¿La idea partió en abstracto o siempre pensaste en hacerlo aquí?

-Partió en abstracto. Antes usé bostezos en espacios públicos, los proyecté en muros y he hice pruebas. Pero cuando llegué a Nueva York, la cosa es tan fuerte acá, que se me hizo aun mas necesario generar una pausa. Dentro de Nueva York, Times Square es el centro de la agitación, el corazón de la ciudad, el gran retrato de la demencia que existe aquí. Que locura sería, pensé, si pudiera apoderarme de varias pantallas y cambiar su entorno.

-En ese minuto eso debe haber sonado a locura.

-Claro. Presenté un video montaje con mis bostezos en Times Square a mis profesores del master en NYU, y pasaron dos cosas. La primera fue que trataron de no bostezar porque no querían ser manipulados por mi; y la segunda fue que me dijeron que no lograría jamás llevar el proyecto a la realidad. Me sugirieron en cambio que lo presentara en la sala de exhibiciones de la universidad, y yo les dije que no,.

-¿Y desde un principio decidiste que serias tu el que apareciera bostezando?

-Si, porque si voy a tener un modelo neutro es mejor que sea yo, por un asunto de branding. Pero también porque este es un ejercicio de crítica al sistema, a la locura, a la velocidad y el mercado, y no me gusta hacer critica sin incorporarme. Creo que la ecuación se hace mucho más interesante y compleja si al mismo tiempo de criticar el sistema lo aprovecho, usando estos 200 mil dólares en publicidad gratis para poner mi cara en todas partes. También hago aquí una critica al mundo del arte, donde actualmente gran parte de la producción permanece ligada al comercio y donde es muy difícil proponer algo nuevo. Es un gran bostezo a ese mundo.

-¿Que tu trabajo fluya entre arte y diseño hace mas difícil escapar de lo de comercial?

-Por supuesto. La gran mayoría de los artistas y diseñadores generan un primer cuerpo de trabajo que resulta novedoso, interesante y celebrado, y luego les piden que sigan haciendo lo mismo constantemente. Pasan a dedicarse a un trabajo que es mas de branding que de creación artística.

-¿Lo de Times Square tiene que ver con tus propias obsesiones o mas bien con la búsqueda de crear un efecto en el público?

-Lo que me interesa es el público. Muchos artistas presentan su mundo interior a través de su arte, pero a mi eso no me interesa, aunque que esté usando mi cara como herramienta. Lo que quiero es que la gente vea su propio mundo. No se trata de mi. Yo no tengo un gran mundo interior que ofrecer; soy un tipo lleno de debilidades y deficiencias que apenas puede lidiar con su propia vida. Pero estoy tan obsesionado con mirar al mundo como si me fuera a morir mañana, que creo que veo cosas, igual como un comediante ve cosas, y tengo una elocuencia razonable para hacerle entender al resto lo que veo.

-¿Cómo y cuando se te ocurren las ideas? ¿Hay momentos mas propicios que otros?

-Si. Yo creo plenamente en ese cliché de que las ideas no son propias, sino que uno es mas bien una matrona que ayuda a recibirlas. No se de donde vienen, pero las disfruto tanto como espero que el resto las disfrute.

-¿En promedio, que porcentaje de tus ideas llegan a producirse?

-Yo creo que una de cada cien.

-¿Y con qué criterio eliges las que vas a producir?

-Lo primero, necesita ser icónica. Necesita también ser única, creativa, atemporal y debe tener un elemento casi sublime.

-¿Por qué que te parece tan importante que sea icónica?
-Porque cuando tienes acceso a una enorme cantidad de referencias o elementos, a veces necesitas concentrarte solo en un par de ellos para fortalecer una imagen. Por eso, en el proyecto de Times Square, yo, que tengo un rostro bastante neutro, aparezco sin camisa ni polera, con el pelo ni muy largo ni muy corto, en blanco y negro, sin nada que pueda interferir con el bostezo. La imagen es más fuerte cuando, como en todos mis proyectos, está condensada en una gota.

-¿Tu, que te defines como activista y usas el arte como medio de protesta, que piensas del ambiente creativo después de los atentados en Paris?

-Mas que nunca hay que sacar la voz. Este tipo de cosas me producen mucha empatía y pena, pero también me cargan, me energizan las pilas, porque me dan mucha rabia. Como artista, estás generalmente muy atento a las injusticias y se te hace absolutamente necesario sacar la voz y usar tu vocabulario visual para protestar. Es una responsabilidad; como la frase de Spider Man, “with great power comes great responsability”. ¿Da miedo? Claro que da miedo.

-¿Has tenido malas reacciones a tu obra?

-Me han llegado amenazas de todo tipo, incluso de muerte. Cuando hice el proyecto de los palitos de helado como crucifijos, un reverendo o ministro de alguna iglesia envió un comunicado a sus feligreses con la orden de que me hicieran bolsa. Inmediatamente después de eso recibí cerca de cien mails en mi correo con insultos y amenazas. Pero a mi me parece que cuando Obama u otro mandatario le dice a sus ciudadanos que hay que ser mas cuidadoso con el trato a la religión, lo que esta haciendo es entregar un mensaje encubierto de miedo. Es el mensaje errado. Aquellos que piensen que las ideas de otros están equivocadas tienen el derecho y el deber de decirlo. Estamos acostumbrados a que la religión evangelice y haga proselitismo con los demás, que toquen el timbre en cualquier casa para hablar de su fe. Es algo completamente aceptado. Uno nunca ve a un ateo que haga eso, que toque el timbre y que te diga que Dios no existe y que te vas a arruinar la vida pensando en tonteras.

Cosas, Febrero 2015

Advertisements